martes, 3 de marzo de 2009

Colibrí 6


Lo dicho. Uno de los pajaritos de colibrí que crecía con su hermanito en el nido afuera de nuestra ventana, voló. Esta mañana amanecimos con la noticia de que uno de ellos, el primogénito, simplemente se fue. Lo buscamos en el piso, entre las macetas, revisamos las garras de la gata, pero nada. Se fue. Creció lo suficiente y adiós. Ahora nada más tenemos uno que, suponemos, se irá en cualquier momento, siempre y cuando no termine matándolo con mis imprudencias.

Suponiendo que la madre colibrí, una vez que están creciditos, los abandona a su suerte, se me ocurrió la gran idea de alimentarlo por cuenta propia. Puse miel de abeja en la punta de un palillo y, con cara de colibrí, me subí en la escalera para ponerle miel en su piquito. Yo creo que mi cara de colibrí no fue muy convincente, porque al pobre colibrí se le erizaron las plumitas de la cabeza y se aventó al vacío. No a lo tonto, pues aleteó, de tal forma que quedó parado en una ramita, aunque era claro que no podía volar aun. Con la ayuda de Luz lo recogimos y lo volvimos a poner en el nido. Y sí, lo dejamos en paz.


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