viernes, 6 de marzo de 2009

El aracataquense


Hace dos o tres meses leí nuevamente Cien años de soledad, que había leído prácticamente en mi adolescencia. Volvió a encantarme, pero ahora entendí las razones que hacen de esa novela un libro universal (como nos gusta llamar a lo mundial), pues la sencilla y retorcida historia de los Buendía de Macondo, en sus elementales ciclos de rutina vivencial, en realidad podrían ocurrir en cualquier parte del mundo. O casi. Esta ubicuidad, creo, es la que convierte a esta novela en universal.

Me quité, también, algunos mitos personales que equivocadamente repetí durante muchos años, como el que todos los personajes se llaman Aureliano Buendía. Si bien existen 12 personajes con el nombre de Aureliano, sólo uno es directamente Buendía, y corresponde al segundo hijo de José Arcadio y Úrsula Iguarán, aunque probablemente la mayoría se apelliden así, no se sabe. En cambio, hay cuatro personajes llamados José Arcadio Buendía, y uno más, llamado José Arcadio Segundo Buendía.

Este día Gabriel García Márquez cumple 81 años de edad, en una larga vida muy bien vivida que inició en Aracataca, Colombia, en 1928. Gabo, como lo llaman allá, tuvo la capacidad de conjugar la minuciosa descripción de la realidad rural colombiana con mecanismos fantásticos e ilógicos. Los críticos, en su prurito por etiquetar, llamaron a esta novedad el Realismo Mágico, que, aunque ha tenido innumerables seguidores, no es insensato pensar que nació con García Márquez y murió con él, pues hasta el propio escritor se ha separado de esa fluidez fantasiosa, representada en la prosa por caballos de cien años, cabelleras de veinte metros, barcos en penthouse y fantasías afines, poco convincentes en nuestra realidad de nuevo milenio y su sorprendente Internet.

De cualquier forma, la obra de García Márquez está llena de sabor latinoamericano, siendo ya parte de nuestra cultura. Cien Años de Soledad será un libro legible (y maravilloso) en cualquier época de la historia.


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