jueves, 9 de abril de 2009

Albergue en la montaña de Guerrero


Leí en El País hace unos días sobre el asesinato de un sacerdote español en Brasil que me hizo recordar a Joan Armell Benavent, misionero en Rancho Viejo, municipio de Tlacoachistlahuaca, Guerrero, en lo profundo de la Montaña, a quien visité con motivo de una página de Internet municipal que realizamos para la Sedesol del gobierno federal en febrero de 1987. En Brasil, Ramiro Ludeño y Amigo, de 64 años, se dedicaba desde hace 34 años a sacar los niños de la calle en Pernambuco de Recife, en el norte brasileño. Todos lo querían, no se explican las razones que pudiera tener un adolescente de 15 años para asesinarlo.

Joan también se dedica al trabajo social con niños y adolescentes en ese pueblo mixteco de la sierra guerrerense, en una de las regiones más pobres de México. Tiene un albergue llamado Santa María la Magnífica. La entrevista la tuvimos en el comedor del albergue, después de cruzar tres habitaciones-pasillo en la que había literas para una buena cantidad de gente, quizás veinte personas. Joan es un hombre de la edad aproximada al sacerdote español asesinado, posee unos ojos interrogantes y habla con una fluidez casi nerviosa, acelerada. Es capaz de hablar durante largo tiempo.

“Vamos a cumplir diez años desde que estoy aquí en la misión pero la misión lleva trabajando ya cerca de 20. La misión se llama Misión Católica de Rancho Viejo, pertenece a una misionera Ekumene, de España, es un movimiento de gente laica comprometida, somos gente laica no clérigos, sino laicos comprometidos, yo pertenezco a misiones, por lo que lo mismo podría estar en África”.

Llegó con la ilusión de levantar el nivel cultural, es el cuarto misionero en este lugar. Ha estado solo los últimos cinco años.

“El mixteco es como chino. Para hablarlo correcto, o naces aquí o se te tienen que dar muy bien las lenguas. Nosotros tuvimos un voluntario filólogo que estudió la lengua y se hizo el diccionario y el método para aprender mixteco”. Pero reconoce que no entiende ni una sola palabra. Por el momento tiene albergados a 25 estudiantes y aclara que las literas no son de ellos, pues los jóvenes cuentan con habitaciones. Las literas “están para gente como ustedes, que tienen que dormir una noche o dos, los maestros que trabajan en los alrededores vienen aquí y duermen. Gente que sube y tiene que ir y hasta los pueblos, duerme aquí hasta que llega “la ruta”. También tenemos servicio de baños con agua corriente, con sanidad”.

Joan me explica cómo este tipo de misioneros están centrados en dos tareas, como obra ecuménica: una, ayudar en la alfabetización de jóvenes y adultos del pueblo. La otra es ayudar a que los jóvenes estudien la secundaria, para lo que los alberga y alimenta. Pero hace muchas otras cosas más: “también en la cuestión de la ambulancia del pueblo, bajamos gente, que hay urgencia, que vamos al hospital, un picado de alacrán, aquí tenemos suero, vacunamos animales, gallinas, cerdos para que no se enfermen. A ese nivel nos movemos. Y como iglesia damos las catequesis que el párroco nos pide, catequesis para bautismo, para confirmación, para primeras comuniones, para matrimonio. Ahí nos movemos y nos ocupa totalmente el espacio para no dedicarnos a nada más”. Te hablaré más de este interesante personaje.


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