jueves, 30 de abril de 2009

Por-si-no


No sé si tengo un virus o qué, pero no me siento bien. Si tuviera pulmones estarían al 50 % de su capacidad respiratoria, pero hoy apenas tengo un remedo de perfil que ni a eso llega, como si mi rostro quisiera desarticularse, escindirse, el ojo izquierdo y la boca por un lado, el resto de mi cara por otro. He ahí la imagen de un ser fraccionado, automutilado, dividido como un partido político. No es un virus porque yo no respiro, soy un objeto animado pero muerto. No estoy vivo, no respiro… ¿o sí?




miércoles, 29 de abril de 2009

Todo lo que hay que saber


Para Tono, hombre adelantado, hasta en la edad.

Mi hermano me regaló un libro que ilustra muy bien lo que quisiera decir sobre la cultura mexicana, lo que sabemos de ella. Y lo que no sabemos. El libro de llama La Cultura, todo lo que hay que saber, de un escritor alemán llamado Dietrich Schwanitz, enfocado a la cultura europea que, en consecuencia, debe interesarnos a los europeos americanos que resultamos ser los mestizos ilustrados de estos países de América, al menos mitad europeos y más, pues nuestra base cultural está sustentada en el pensamiento griego y el desarrollo de la filosofía del centro de Europa; así fuimos siendo –culturalmente, insisto- ilustrados, positivistas, científicos, habitantes modernos de occidente. Interesados en el cine y en la cultura de Europa y Estados Unidos y parte de un proceso global de colonización ideológica. Sí, europea.

Schwanitz explica que la lectura de su libro bastará para que las gentes comunes y corrientes tengan una cultura que les permita desenvolverse en cualquier círculo social de sus respectivos países. Las cosas que debe uno saber para no quedar en vergüenza frente a personas culturas e intelectuales que inevitablemente se aparecen en nuestras vidas. Schwanitz debate el lenguaje, la geografía política, las mujeres y los hombres, la inteligencia, el talento, la creatividad. Esas cosas que uno debe saber. Y el saber mismo, como entidad individual y psicológica.

¿Qué hay que saber del renacimiento?, se pregunta Schwanitz. Para poder hablar del Renacimiento tenemos que saber sobre la Reforma y el nacimiento de los Estados europeos. Conocer historias particulares, biografías de personajes como Botticelli, Da Vinci, Miguel Ángel, Tiziano, Rafael… la cultura cortesana de las regiones, Lutero, Roma, la Biblia alemana; el estado teocrático calvinista de Ginebra. La sublevación de los países bajos y la concepción del universo, de Tolomeo a Copérnico.

Planteando la misma disyuntiva que el escritor alemán, para el caso de la cultura mexicana ¿qué habría que saber sobre la mitad de nuestros orígenes como pobladores mestizos del centro de México? ¿Qué necesitamos saber sobre seres que probabilísticamente pueden ser nuestros parientes? Si nos topamos con un antropólogo especializado ¿qué saber sobre los mexicanos que cruzaron sus destinos con los de los españoles que llegaron hace apenas 500 años, dando como fruto al mestizo que ahora somos.

Mi pregunta es por esa otra mitad de lo que también somos parte, históricamente. Porque a final de cuentas no somos europeos, a pesar de nuestra orientación intelectual, tan interesada en los griegos, los romanos y la filosofía de los alemanes, los habitantes de la ciudad de México somos mitad indígenas, aunque eso pueda llegar a incomodar. Es relativamente sencillo descubrir tus propias raíces tepanecas en gente tan cercana como tus abuelos, primos, parientes de la esposa; basta con mirar tus orígenes en los pueblos del DF ubicados en alguna de cinco delegaciones políticas profundamente indígenas como Xochimilco, Tlalpan, Tláhuac, Milpa Alta y Contreras. Toda una historia familiar qué contar. ¿Por qué no nos interesa? ¿Por qué nunca nos ha interesado? Por ejemplo, la historia de los tepanecas, tan cercanos a la conquista, que con tanto detalle ha trabajado el historiador Enrique Florescano, tan importantes a finales de la era precortesana. Los tepanecas, no don Enrique.

Los tepanecas fueron los últimos habitantes prehispánicos que recibieron a los españoles y se mezclaron con ellos para procrear esa paradójica cultura que hoy formamos, la mexicana. Su legado nos pertenece en una mitad, tanto como la otra mitad pertenece a nuestros ancestros de quienes hoy cultivamos la lengua creativamente hasta llegar el grado de la confusión, pues no podemos negar que sabemos el significado de chongo, cocol, comal, copal, coyote, ejote, elote, enchilada, epazote, esquite, estafiate, guaje, guajillo, guajolote, huacal, huachinango, huapango, huarache, huauzontle, huipil, hule, ixtle, jacal, jícama, jícara, jitomate, malacate, matatena, mayate, mecate, memela, metate, mezcal, mezquite, milpa, mixiote, molcajete, molote, palabras náhoas que explican una buena parte de mi vida, vocablos que aparecen en la biografía de cualquier mexicano. Objetos entremezclados con historias, como los moles de nuestras vidas, la plática familiar. Las he usado todo el tiempo, son parte de mi vida diaria. ¿Quiénes fueron esos tepanecas que hablaban náhuatl y que son los inmediatamente cercanos al momento de la conquista, que con un 50 % de probabilidades podrían ser ancestros nuestros? Es increíble que no nos interesen, al menos con el 50 % de probabilidades de nuestro interés.

Los tepanecas cohabitaron con los chichimecas. El actual territorio de esas delegaciones del sur del Distrito Federal perteneció a la nación tepaneca, formando parte del Señorío de Coyoacán. Los tepanecas eran una de las siete tribus nahuatlacas que se establecieron en la Cuenca de México, su centro rector era Azcapotzalco y sus dominios territoriales comprendían Tenayuca, Tlalnepantla, Tacuba, Tacubaya y Coyoacán, colindando con la cordillera que corre hasta los confines de los Ñahñús, a quienes llamamos otomíes.

El primer rey tepaneca fue el príncipe Acolhuatzin, que se casó con la hija de Xólotl. Al trono le sucedió Tezozómoc, quien tuvo cinco hijos: Moquihuiztli, Ecatliztac, Cuacuacpitzáhuac, Maztlatzin y Acolhuácatl. Durante su reinado, Tezozómoc extendió el dominio tepaneca nombrando a sus hijos señores de distintos lugares. Maztlatzin reinó Coyoacán, donde se incluían los poblados. Al fallecer Tezozómoc, en el año 1426, le sucedió en el reinado Maztlatzin, enemigo acérrimo de los aztecas. Una de sus primeras acciones fue la de someterlos, matando a Chimalpopoca.

Los mexicanos, en medio de la crisis y del yugo chichimeca, eligieron a su cuarto emperador: Itzcoatl, que no tardó en exhortar a su pueblo para liberarse del yugo tepaneca, y da así principio la "Guerra de la Triple Alianza"; es decir, se unen los de Tacuba, Texcoco y México contra los Tepanecas de estos pueblos que hoy ocupan cinco delegaciones políticas.

Después de varios hechos de armas, vencieron por completo a Maztlatzin de Azcapotzalco y Coyoacán. Así es como dio principio la sujeción de los habitantes del territorio de la hoy Delegación La Magdalena Contreras, quienes pagaron tributo a los mexicas, hasta la llegada de los españoles, nuestros parientes en exacta mitad.

En Milpa Alta están los pueblos de San Juan Tepenahuac, San Pedro Atocpan, San Bartolomé Xicomulco, San Antonio Tecómitl, San Pablo Oztotepec, San Salvador Cuauhtenco, San Jerónimo Miacatlán, San Agustín Ohtenco, Santa Ana Tlacotenco, San Lorenzo Tlacoyucan y San Francisco Tecoxpa, de donde puede ser alguno de tus familiares. El vocablo nahua Milpa hace referencia a una serie de tribus que poblaron el valle de México. En este idioma significa "hombre verdadero", y es el nombre con que históricamente se conoce a los pobladores de la región más rural del Distrito Federal, junto a Xochimilco. La lengua náhuatl de Milpa Alta pertenece a la familia lingüística yuto-azteca, que es considerada la más extensa del país.
Los primeros habitantes de la región pertenecieron a familias cazadoras-recolectoras chichimecas que se asentaron al sur de los "lagos centrales" entre los siglos XII y XIII.
Los nahuas de esta zona fueron tributarios de los mexicas, quienes en la consolidación de su imperio los sometieron a través del señorío de Xochimilco; el tributo consistía en bienes y fuerza de trabajo. Posteriormente fueron sometidos por nuestra los ancestros de nuestra propia mitad, los españoles.

En la Delegación Xochimilco los pueblos de San Francisco Tlalnepantla, Santiago Tepalcatlalpan, Huichapan, San Luis Tlaxialtemalco, Santa Cecilia Tepetlapa,
San Mateo Xalpa, Santa Cruz Acalpixca, Santa Cruz Xochitepec, Tepepan, San Lucas Xochimanca, San Andrés, Xochimilco, San Gregorio Atlapulco, San Lorenzo Atemoaya, Santa María Nativitas y Santiago Tulyehualco.
El lugar donde se cultivan las flores, origen del nombre de Xochimilco, es en donde se enmarca la pasarela de la flor-mujer, la feminidad-tradición, la representante de la madre tierra, la fertilidad, la diosa, rodeada de una estela de neblina-misterio, de árboles, hortalizas y animales, el símbolo de la belleza, la tierra que cuenta con la bendición de la abundancia, en una tradición que también nos pertenece en una mitad. En 919, cuando las tribus que venían de Chicomoztoc se asentaron en los verdes lugares de Xochimilco, hasta ahora se desconoce quiénes vivían antes de que llegaran estas tribus mexicas. Xochimilco contaba con una flora y una fauna de las más ricas y variadas. En las montañas existían densos bosques mixtos, con árboles de madera dura, como el encino, y blanda como el pino, y extensas poblaciones de oyamel, la conífera más típica de las montañas del Distrito Federal.

En la Delegación Tláhuac los pueblos de San Andrés Mixquic, San Nicolás Tetelco, San Francisco Tlaltenco, Santiago Zapotitlán, Santa Catarina Yecahuizotl, San Juan Ixtayopan y San Pedro Tláhuac podrían ser la cuna de alguno de tus ancestros.
Los primeros pobladores de lo que hoy son esos pueblos originarios ocuparon hacia 1,500 a.C. las faldas orientales del volcán Guadalupe, dedicados a la pesca y a actividades agrícolas incipientes. La aldea lacustre mantenía relaciones con otras poblaciones ribereñas y así permanecieron por siglos. Hacia el siglo XII d. C. existe en la isla de Tláhuac un centro de población que domina a los poblados y aldeas vecinos, localizados en las orillas del lago de Chalco. Su población chichimeca es vencida por las siete tribus aztecas a mitad del siglo XV, a quienes pagaron tributo en adelante, hasta la llegada de los españoles en el siglo XVI.

En Tlalpan, los montañosos Santo Tomás Ajusco, San Miguel Ajusco, Magdalena Petlacalco, San Miguel Xicalco, San Miguel Topilejo, San Pedro Mártir, San Andrés Totoltepec y Parres el Guarda, pertenecen a los asentamientos humanos más antiguos en el Valle de México, localizados en el territorio que comprende actualmente la Delegación Tlalpan. Sus centros ceremoniales estaban en Cuicuilco, Ajusco y Topilejo. El más antiguo de estos tres y el que alcanzó una mayor importancia en la región fue el de Cuicuilco.
Diversos investigadores coinciden en ubicar la población de Cuicuilco entre los años 650 a. C. y 100 a. C., aunque la mayoría supone que fue antes de mediados del milenio, pues su esplendor ha sido ubicado alrededor del año 500, antes de la era cristiana. Cuicuilco fue un pueblo que se desarrolló de manera notable gracias a que basó su economía en la agricultura, en la que utilizó técnicas para aumentar la productividad, como canales de riego, la construcción de terrazas y el báculo de punta endurecida al fuego. Su población se calcula que llegó a los 20, 000 habitantes en su época de mayor desarrollo.

Por último, de la Delegación Contreras, también boscosos, los pueblos de Ocotepec,
Atlitic, Aculco y Totolapan. La presencia del hombre en el territorio de la hoy Delegación Magdalena Contreras se remonta al periodo que abarca del año 500 al 200 antes de nuestra era. A esta época se le conoce como Preclásico Superior, caracterizado por una sobrepoblación extendida territorialmente en el área de Contreras y Anzaldo. Los asentamientos allí localizados también dependían del Centro Ceremonial Cuicuilco, de origen tolteca. El desarrollo de esta cultura se interrumpió debido a la erupción del Xitle. Los habitantes huyeron a las partes más altas de la Sierra de las Cruces, buscando salir de la zona afectada, que se cubrió de lava hace aproximadamente 2,400 años. Aún en nuestros días siguen descubriéndose muestras de esta cultura debajo de la lava, en los pedregales del sur de la ciudad.

Un mexicano que quiera estar informado o tener cultura de su pasado es necesario saber de lenguas ¿cuántas hay? De qué se trata el asunto de los idiomas de los pueblos originarios. Haber leído a León Portilla y haberse interesado en discusiones y conferencias sobre las lenguas mexicanas de escritores como Carlos Montemayor o el escritor náhuatl Natalio Hernández, lo que dice la Conapo o el CDI.

La problemática de las lenguas hoy es mucho más compleja y exacta que cuando Miguel Othón de Mendizábal escribió sus hipótesis e ideas al respecto. De acuerdo a la UNESCO, la extinción de idiomas es dramática en el mundo: de las más de 6 mil lenguas que se hablan en el mundo en la actualidad, la mitad está en riesgo de desaparecer en el siglo XXI, a un ritmo de hasta dos por semana.

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura ejemplifica: aunque la muerte de idiomas es considerada de cierta forma un acontecimiento ''natural" que suele llevarse siglos enteros, el proceso ha adquirido un ritmo acelerado y dramático por la presión de las lenguas dominantes (inglés, mandarín, español o ruso), según el Atlas de las lenguas en peligro en el mundo, elaborado por el organismo internacional el año 2002.

El autor de Los pueblos indios de México, Carlos Montemayor, publicó en La Jornada del 12 de marzo de 2006, en un artículo de Ángel Vargas, la perspectiva actual de la discusión de los idiomas: los idiomas no desaparecen por razones inherentes a ellos, porque haya lenguas ''superiores o inferiores", sino por motivos políticos y económicos.

''Hacia el siglo XVI –escribe Montemayor-, se hablaban en México alrededor de 170 lenguas, a principios del siglo XX sólo 110 y en lo que va del XXI aproximadamente 62, de manera que en 500 años se han perdido más de 100 lenguas. En los próximos 20 o 40 años van a desaparecer al menos 19 y así, en poco tiempo, tendremos cuando mucho 40 lenguas".

''El inglés no es superior al zapoteco, ni el alemán al maya, ni el francés al mixteco. Esos son falsos conceptos. Los mexicanos, por ejemplo, decimos, por desinformación, que los indígenas hablan dialectos, pero todos los idiomas son sistemas complejos, culturas vivas, memorias de pueblos", concluye Montemayor. Tiene razón. (LaJornada:18.2.85)

Patrimonio intangible

El doctor Miguel León-Portilla, una autoridad en idiomas indígenas de América Latina, señala en ese encuentro de marzo del 2006, reseñado para La Jornada, que las lenguas son ''atalayas distintas para ver el mundo, cauces para acercarse a la realidad. En cierta forma, la lengua condiciona la manera de pensar y, cuando una muere, parte del mundo nombrable desaparece, y eso es terrible''.

''Las lenguas son parte del patrimonio intangible, como la literatura, los recetarios de cocina, las canciones, la música –indica el autor de Los antiguos mexicanos-. Todo eso es tan valioso o más que el patrimonio tangible", sostiene este maestro emérito de la Universidad Nacional Autónoma de México, para quien los pueblos indígenas dan una lección admirable de resistencia frente a la globalización cultural, entendida como homogeneización.

Hay muchas lenguas indígenas mexicanas en peligro de extinción, como las del norte de Baja California, el kiliwa, el pai-pai, el tipai, el cucapá o el seri, muchas de ellas habladas por menos de 100 individuos. En lo que respecta a otras lenguas más habladas, como el náhuatl, el zapoteco o el maya, "tampoco la situación es muy boyante, porque apenas en los últimos años empezaron a ser cultivadas y enseñadas en las escuelas", sostiene León-Portilla.

En contraposición a estas opiniones, el escritor náhuatl Natalio Hernández tiene una perspectiva optimista sobre las lenguas originarias, y aunque reconoce que éstas se vieron sometidas y atacadas durante siglos, afirma que presenciaremos su renacer. ''No estoy asustado, sino entusiasmado con el siglo XXI, porque será el de la consolidación de los idiomas indígenas y la diversidad lingüística".

Matices aparte, los tres estudiosos coinciden en que la protección del patrimonio lingüístico de México pasa en gran medida por la adopción de políticas de Estado, además de reconocer constitucionalmente la diversidad de idiomas como una riqueza.
Montemayor no duda en advertir: ''lo que los indígenas no consigan por su propia fuerza, nadie se los dará por misericordia o solidaridad". Como en un laboratorio descomunal, el territorio mexicano ofrece al turismo académico casos señalados donde los investigadores pueden ser testigos del deceso. Es el caso del aguacateco, un idioma en realidad ya extinto desde hace tiempo, pues ni la Comisión gubernamental para los pueblos indígenas lo registra entre los idiomas mexicanos. El aguacateco, de acuerdo a notas del periódico, se halla en el mayor peligro de extinción. De las 62 lenguas originarias que existen en México, 20 cuentan con menos de mil hablantes, lo que significa que en dos generaciones más podrían dejarse de utilizar y extinguirse, con lo cual los idiomas indígenas que han muerto desde la conquista de México aumentarían a unos 130 de un total de 170 que había en el siglo XVI. (LaJornada:25.6.85)

Según información de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI), recabada en 2002 como indicadores socieconómicos y basada en datos del Censo General de Población y Vivienda de 2000 del Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática (INEGI), la lengua en mayor riesgo es el aguacateco, pues sólo cuenta con 23 hablantes. Esta es una lengua originaria de Los Altos Cuchumatanes, Guatemala, en el municipio de Aguacatán, se habla en México a causa de la migración transfronteriza. Los 23 hablantes de la lengua, que residen en su mayor parte en Baja California y Baja California Sur, pertenecen lingüísticamente a la familia maya.

No es la única lengua amenazada. El kiliwa también se encuentra en una situación alarmante, ya que en la actualidad sólo lo hablan 52 personas. El kiliwa, que desde tiempos ancestrales cohabitan en las serranías de Baja California junto con los paipai, sobre todo en la Sierra de los Tecolotes, pertenecen lingüísticamente a la familia yumana, del tronco hokano. El cochimí, en la meseta costera del norte de Baja California, lo hablan 82 hablantes, que también pertenecen a la familia yumana.

El ixil, proveniente de la región guatemalteca, actualmente lo hablan 90 personas que viven en Campeche y Quintana Roo. Ninguno de ellos considerados por la propia Comisión en su catálogo de lenguas. También peligran el kumiai, con 161; el motozintleco o mochó, con 174; el cucapá, con 178; el paipai, con 201; el cakchiquel, con 210; el quiché, con 246; el ixcateco, con 351; el ocuilteco o tlahuica, con 466; el jacalteco, con 529 y el kekchí, con 677. Ninguno en el catálogo de la comisión, pero resaltan seis que son muy conocidos y que sí están catalogados como el chocho, con sólo 992 hablantes, el pima, con 741; el lacandón, con 635; el seri, con 458; el pápago, con 141y el kikapú, con 138

La proporción de población hablante de lengua indígena respecto a la población del país se ha mantenido en los años señalados en el cuadro de población total e indígena, incluido en este apartado en un seis por ciento, en tanto que la proporción de la población indígena estimada para 1990 y 1995 por INI - CONAPO y para 2000 por CDI - PNUD se mantiene en 10 indígenas por cada cien habitantes del país. Las entidades cuya proporción de población indígena es mayor a la nacional son: Yucatán (59%), Oaxaca (48%), Quintana Roo (39%), Chiapas (28%), Campeche (27%), Hidalgo (24%), Puebla (19%), Guerrero (17%) y San Luis Potosí y Veracruz (15%). (cdi.gob.mx)

Los valores indígenas

Existe una leyenda inducida en los pueblos por los frailes católicos para justificar la nominación de un santo para la comunidad. En todos los casos el santo se apareció en un paraje cercano y pidió la edificación de una iglesia, que invariablemente le fue concedida en un sitio estelar de la población. Es una presencia perenne de los pueblos originales, sobre todo en el centro de México, una digna iglesita que engalana los centros históricos de comunidades muy lejanas de la geografía nacional. Los frailes se salieron con la suya, pero es ahí donde entran las relatividades, pues los pueblos adoptaron con naturalidad la religión católica y la amoldaron a sus propios festejos, que convenientemente coincidían. Daba lo mismo llamar Guadalupe a Tonzntzin para un cuicateco de Santa Cruz Zenzontepec, Oaxaca, cuando sus creencias le permiten adorar, hasta la fecha, y ofrendar a sus otras deidades como la santa Abuela, el santo padre Dios, la santa madre Tierra, la santa madre Luna, los dioses del Agua, del Viento, de la Lluvia, de la Montaña, las santas Ciénegas y la santa Lumbre o santo Fuego. Religión superior, la suya, que busca un equilibrio espiritual discreto y fervoroso, “la naturaleza y lo divino-sagrado, intrínsecamente vinculados, donde los puntos de tensión han de garantizar el mantenimiento de la armonía de su universo”.

¿Cómo no considerar por parte de los mestizos la posibilidad de reconocer su otra mitad entre los pueblos originarios? Los chatinos de Santa Cruz Zenzontepec y la gente mestiza que proviene de la región tienen mucho que aportar para el conocimiento de los mexicanos. Me gustan esos valores de su religión.


Bibliografía
www.pueblosoriginarios.df.gob.mx
http://sic.conaculta.gob.mx/



martes, 28 de abril de 2009

Virus


Bueno, las autoridades locales por fin reaccionaron frente a la presión de la ciudadanía y de las autoridades federales. La gente, motu propio, corrió a comprar tapabocas y se los puso para andar en la calle; la universidad, desde antier, había suspendido todos sus eventos públicos y hoy suspendió todas sus actividades escolares, al igual que el resto de las escuelas debido al mandato federal. En fin, ya estamos en el tren de la actualidad nacional y podemos sentirnos ciudadanos comunes de este devastado país. Y a pesar de que las autoridades locales insisten en que no existe ningún caso de fiebre porcina en los hospitales, radio bemba, que es el medio de comunicación chismológico más eficiente de los que contamos, hablan ya de varios muertitos y muchos más infectaditos. Todo en diminutivo, pues se trata de gente cercana, de vecinos, ciudadanos de a pie que no tienen la importancia para formar parte de las estadísticas nacionales. A una parálisis política que ya dura tres años, se añade esta nueva parálisis de duración indeterminada. “Dios nos agarre confesados”, dice el dicho, pero ante tantas cancelaciones y cierres de cortina ¿dónde carajos nos habríamos de confesar?



lunes, 27 de abril de 2009

Juntas de caridad


Mientras en España el Ministerio de Salud recomienda no viajar a México, Puebla, a sólo 100 kilómetros de una ciudad semiparalizada por el virus de la influenza porcina, sigue su vida como si nada. Reportes del virus en Canadá, Nueva Zelanda, Australia, Escocia, Israel y Brasil no conmueven a las autoridades estatales cuya única acción ha sido declarar que en Puebla “no existe” ningún caso de la enfermedad. Y frente a las líneas de autobuses que descargan cada media hora centenares de viajeros de la capital del país, más nos valdría ir formando juntas de caridad para el momento en que se presente el primer infectado, pues las autoridades, como en el resto de las acciones sociales del sexenio, no parecen tener prisa por arremangarse la camisa. Esta pasividad tiene una larga historia, como lo muestra la memoria sanitaria de la ciudad de la que te ofrezco una probadita.

De acuerdo a los datos que nos legó don José de la Fuente en sus Efemérides Sanitarias de la ciudad de Puebla, en 1837 se registra la última gran peste sobre la ciudad, con centenares de muertos, con una duración de tres años. Ante la ausencia de instrumentos político administrativos, eran Juntas de Caridad las encargadas de enfrentar prácticamente inermes el perenne brote de epidemias. Se constreñían a acopiar el mayor número de frazadas, petates gordos y demás objetos necesarios para atender a los infectados, que eran instalados en lazaretos improvisados en los cuarteles alejados del centro; para las defunciones se habilitaban morgues en algunas iglesias, como la de San Xavier, donde se hacía la recepción y disposición de los cadáveres. Un estado de emergencia latente, que disparaba esos efímeros procedimientos en cuanto aparecían más de tres enfermos de sarampión, tuberculosis pulmonar e intestinal, tifo, viruela, erisipela, disentería, difteria, escarlatina y cólera, que eran los azotes más frecuentes en nuestro entorno, ya entrado el siglo XX.

Los pobres murieron en racimos, familias enteras eran fulminadas por el tifo que desfondaba sus desnutridas humanidades. Pero en ocasiones, como aquella de 1837, la peste agarró parejo entre la población. Vecinos conocidos, como la familia del licenciado Pablo Sierra, en la calle de Mesones, a quien el tifo le arrebató a su señora esposa y a su niño pequeño, lo infectó a él mismo y a su hija, e incluso a una pobre familiar que llegó para ayudarlos en su convalecencia. “Y como es muy posible que el contagio se extienda a los demás habitantes de la ciudad, sería conveniente adaptar precauciones para evitar su propagación”, alertaban al Ayuntamiento.
Se hizo imperativo que la policía vigilara la limpieza de las vecindades para evitar mayor propagación, pero las enfermedades no menguaban. La Junta de Caridad observa que en el cuartel Tercero se encuentran “64 enfermos de viruelas y 29 de fiebres”, la mitad están fuera de peligro, pero los graves “se encuentran diseminados por todo el cuartel”.

Desde 1850 no volvieron a reportarse cantidades masivas de muertos por epidemias, aunque hasta 1905 nunca dejaron de morirse a causa de alguna de ellas, que permanecían latentes entre la población, aparecían por los calores del verano, afloraban con los fríos del invierno, y todos sabían que estaban ahí. De ahí que convenga preguntarse: ¿no será bueno ir formando alguna junta de caridad?

José M. de la Fuente, Efemérides Sanitarias, Talleres de imprenta y encuadernación de “El escritorio”, calle Zaragoza 8, Puebla, 1910. p. 87


domingo, 26 de abril de 2009

Guernica


Como sabes, toda mi vida he sido un aprendiz de artista plástico que ha demostrado a lo largo de los años, si no calidad, al menos una consistente pasión. Desde niño y hasta el día de hoy Picasso es uno de mis pintores favoritos, me gusta su fuerza, sus sorprendentes metamorfosis y su compromiso. Y dentro de su amplia obra, desde la primera vez que lo ví, fui tocado por el encanto desastroso de su monumental Guernica –vaya, qué original, seguro soy el único-, cuadro que he reproducido total o parcialmente muchas veces en las últimas décadas. No resisto la tentación y mi atrevimiento ha llegado al grado de colorearlo –tímidamente, pero colores al fin.

El cuadro del Guernica surge por un acontecimiento ocurrido un día como hoy, 26 de abril, pero de 1937, cuando el tranquilo pueblo vasco de Guernica, en España, es bombardeado por la Legión Cóndor de los nazis, como castigo a la población civil que luchaba contra las fuerzas de Francisco Franco. Un ensayo bélico que, a pesar de los horrores subsecuentes en el mundo, sigue indignando a la humanidad.



sábado, 25 de abril de 2009

Techo


La primera quinceañera que recuerdo es a mi hermana Belina, en 1969. Sin ser nuestra familia demasiado tradicionalista, el festejo no se salvó de una solemne misa en el templo parroquial, una sesión fotográfica en el estudio fotográfico de Liborio Ronquillo y una humilde pero concurrida fiesta en tres o cuatro espacios de nuestra casa, muy pequeños cada uno. A mis once años aquello fue todo un acontecimiento. Con el tiempo asistí a los quince años de compañeras mías en la secundaria e, inevitablemente, sobrevinieron los míos propios, que por ser hombre (además de ser enano y parecer un niño de once años), pasaron sin pena ni gloria.

Sin duda mi hermana Belina era una señorita hecha y derecha, como tú, pero todo entonces era más sencillo, árido, uno llegaba a sus quinceaños sin intereses propios definidos, sin inquietudes intelectuales claros, con gustos musicales y artísticos muy difusos, definidos por una pobrísima comunicación social, revistas muy modestas y en general un entorno poco avezado a la aventura humana. Así son mis recuerdos de aquellos tiempos, seguramente parciales y poco objetivos, pero cuando pienso en ustedes, mis hijas, y las veo crecer, el único parangón que tengo para oponer a esta experiencia son mis recuerdos. Con ellos he tratado de imponer justicia y equidad en el desarrollo de sus vidas, no sea si sea un método adecuado, pero es el único que se me ocurre. Permisos, licencias y uno que otro abuso lo resuelvo junto a mamá imaginando nuestras propias adolescencias. ¿Nosotros qué hubiéramos querido? ¿cómo reaccionaríamos? ¿qué desearíamos de nuestros padres? Y probablemente no sea tan malo el tal método, pues tú haz crecido sana e interesante, haz creado una personalidad propia y definida y te defiendes del mundo como todo padre desea que su hija lo haga, con dignidad y certidumbre, al igual que Luz.

Hoy cumples quince años y no deseas fiesta, ni misa, ni nada, aceptando con humildad lo poco que nuestra actual pobreza puede darte. Lo que veo es una jovencita muy madura y adelantada, que nos ha obligado a adaptarnos a los tiempos porque la simple comparación con aquellos adolescentes de los primeros años de los setenta no alcanza para llegar a un juicio aceptable. A los 15 años nosotros no habíamos leído los libros que tú haz leído ni visto la décima parte de lo que tú haz visto: música, arte, cine, conversaciones familiares de tus interesantes tíos y amigos familiares. Años luz de distancia. Cumples quince años y cuando la revolución hormonal te lo permite somos colegas de la vida y nos reímos, hablamos y disfrutamos de la vida. Mi admirado Fernando Savater explica que no puede ser amigo de su hijo porque no tiene sus mismos gustos musicales, sus mismos gustos de vestuario y sus mismos amigos. Tiene razón, seguramente, pero, salvo con tus amigas, que no tienen por qué serlo mías, veo con sorpresa que nuestros gustos musicales son los mismos y en más de una ocasión nos hemos encontrado vestidos de la misma forma, hasta con los mismos colores. Entonces no sé. En verdad, sólo he querido ser un papá eficiente y amoroso, así que nuestra amistad es un regalo suprageneracional que no esperaba, pero que me encanta.

Techo, disfruta cada minuto de este día. Felicidades por esta nueva etapa de tu vida, espero que seas muy feliz y que sigas creciendo con provecho y con inteligencia, como hasta ahora.



viernes, 24 de abril de 2009

Plazas y plazos


Contra mi costumbre de no contar chistes, pues soy en verdad malo, no resisto la tentación de transmitirte éste que me contó Melchor el día de ayer para acabar de devastar mi ánimo de desempleado, cosa que logró.

Un licenciado de esos que viven de la política llama a su compadre, otro licenciado de ésos.

- Estoy preocupado por mi hijo, compadre, no quiso estudiar, no trabaja, no hace nada ¿no podrías conseguirme un trabajito para que aprenda cosas de la vida?
- Déjame ver, compadre, te hablo luego.

Al día siguiente vuelven a comunicarse.

- Compadre, ya lo tengo.
- Gracias, compadre.
- Mira, tiene que ir a la oficina del licenciado Paz, el diputado, no tiene que hacer nada, salvo acompañarlo de vez en cuando o hacer pequeñas cosas que le pidan. Le van a pagar 300 mil pesos al mes.
- No, compadre, va a resultar contraproducente, eso es mucho dinero.
- ¿Pos no querías que prosperara?
- Que aprendiera, compadre, que aprenda el valor de la vida.
- Pues que le paguen la mitad, compadre, yo lo arreglo. 150 mil.
- Es que sigue siendo mucho, compadre, no quiero que se me desbalague con tanto dinero.
- ¿Pues cuánto quieres que gane, compadre?
- No sé, unos seis, siete mil pesos…
- Uh, no compadre. Esos sueldos están bien peleados. Ahí sí te piden licenciatura, maestría, idiomas…

En fin.


jueves, 23 de abril de 2009

Los Libros


Hoy se celebra el Día del Libro y de los derechos de autor, jornada creada por la Vigésimo octava conferencia de la Unesco celebrada en París en noviembre de 1995, en razón, según el acta oficial, “de haber coincidido en el 23 de abril de 1616 la muerte del inca Garcilazo de la Vega, la de Miguel de Cervantes Saavedra y la de William Shakespeare.”

Pertenezco, quizás, a la última generación humana de un club indefinido de coleccionistas que durante los últimos 500 años se dedicó a la liturgia de los libros, basada en la acumulación. Diez –donados por mi hermano Antonio-, luego cien, después mil, tal vez dos mil. Hubo una época en que los conté, pero ya no. Los libros, como los niños de Cristo, vinieron a mí. Sin saber cómo, me convertí en un imán que atraía ejemplares de la más diversa catadura y sin quererlo me convertí en promotor de estos emisarios del pasado que, a todas luces, de acuerdo a mi convicción, eran la única fuente del saber formal. Tan sólo haciendo cápsulas radiofónicas en la ciudad de Puebla me hice de cientos de novedades patrocinado por tres o cuatro librerías locales (Cristal, Teorema, Contexto), a las que en años subsecuentes hice una cápsula semanal a cambio de un libro, que en muchos casos regalé a los radioescuchas. En la universidad, ante la ausencia de libros entre los alumnos –y por lo tanto de lecturas-, llevé cajas de novelas que puse a su disposición en las coordinaciones mientras duraban los semestres. Por supuesto perdí algunos, pero pude comprobar la lectura de muchos otros. Con los años aprendí que la mayoría de los libros que uno presta van a fondo perdido, pero aún así presté decenas que, por supuesto, perdí. No importa, salvo algunas joyas irrecuperables, espero que hayan sido leídos de mis cercanos ladronzuelos.

Mis libros más queridos y recordados, aquellos que recuerdo como las principales aportaciones para forjar la base crítica de lo que ahora soy, nunca fueron míos, sino libros prestados por Antonio o Jaime o sustraídos legalmente de una biblioteca y, en todos los casos, regresados. Casi siempre. Existe un derecho humano de apropiación que no pide permiso para despojar y, por supuesto, también lo he ejercido, sobre todo en mis primeros años de lector. Veo como mis hijas, con toda naturalidad, se han apropiado de una serie de libros que ellas consideran que les pertenecen por alguna reacción mágica de sus intereses particulares. Así han ido a parar a sus libreros mi breve colección de ciencia y de herbolaria y algunas de mis novelas y mis autores favoritos, sin ningún reclamo de mi parte. Considero que es parte de la vida de los libros, pues, como decía el gran Borges, un libro cerrado, guardado en un librero, es un objeto muerto. Una caja de luces apagada –esta metáfora barata es mía, ni caso tiene mencionarlo-.

Hoy es el día del libro y parece que a los periódicos y a los periodistas lo único que llama la atención es su presunta decadencia. En El País se afirma que en el 2019 aún van a existir, pero coexistiendo con los digitales y auditivos. A mí esta discusión no me interesa, no me importa. Es claro que los libros, como objeto, son árboles, y que la depredación humana no parece tener límites en sus alcances aniquilatorios. Llegará el momento en que esté prohibido cortar un solo árbol y sea imposible imprimir un solo libro. Pero eso no quiere decir que los libros vayan a desparecer. El objeto libro tal vez sí, pero no los libros, cuando se piensa en ellos como novelas, ensayos, poesía, historia, ciencia y arte. El cambio de soporte mejorará la especie, no sólo del objeto en sí, sino de los lectores, que a todas vistas, como lo vemos en el Internet, aumentarán su número. Dicho lo cual, me permito ser optimista ya he empezado a cambiar mis hábitos para adaptarme. En los últimos años he leído libros, tal vez unas decenas, frente a la pantalla de mi computadora, libros electrónicos. Facsímiles antiguos, novelas clásicas, inéditas y ensayos novedosos que, sin este recurso, tal vez no hubieran estado a mi alcance. Sí tengo dudas por su seguridad, por su permanencia en el frágil espacio de la electricidad; en el acceso presuntamente gratuito de las enciclopedias y colecciones que se forman (Google book, por ejemplo), en la equidad de copyright entre autores y neoeditoriales.
No sé ¡cómo podría saberlo!, qué sucederá en el hipotético caso de que la energía eléctrica fallara en el mundo o en alguna de sus regiones. Pero desde ahora disfruto al libro en sus nuevas versiones. Como lectora, como lector, te conmino a hacerlo mismo.


miércoles, 22 de abril de 2009

Don Nico


El 22 de abril de 1854, bajo un calcinante sol guerrerense, sale el cortejo del último insurgente. Habían pasado 30 años de la liberación y Nicolás Bravo moría en la satisfacción de ver un país que ya era soberano, aunque no pacífico como el caudillo lo hubiera deseado, toda vez que su muerte fue el producto de un atentado que mató también a su querida esposa.


Como las ideas estrafalarias se nos dan bien a los mexicanos, no faltó quien dispusiera que el cadáver del anciano Nicolás debería ser cargado en una larga procesión de Chilpancingo a la Ciudad de México, pero al llegar a Iguala la pensaron mejor. El cadáver era pesado, el calor lo descompondría antes de llegar a Cuernavaca. La sensatez, que casi siempre pierde frente al heroísmo, privó esta vez. Nicolás Bravo llegó solemne y lento en elegante carreta a la Rotonda de los Hombres Ilustres.


martes, 21 de abril de 2009

Desde Cuba punto com


Desde que José de La Colina me lo recomendó en su blog de Letras Libres, he leído el blog de Yoani Sánchez llamado Generación Y, crónica urbana desde las banquetas de la Habana, con un punto de vista opositor sin pelos en la lengua. Muy agradable e interesante. Esta joven filóloga cubana ha causado sensación y sus entradas en dos años andan en alrededor de 500 mil; en Italia acaban de publicar un libro con sus textos y en España se le dio el premio Ortega y Gasset, en la modalidad de blog. Todo un fenómeno.

Yoani es una escritora competente y fluida. Habla de su vida en la Habana y las dificultades para conseguir casi cualquier cosa; recuerda sus años de niña revolucionaria y se ríe de la solemnidad revolucionaria de sus logros. Con la visión de un ama de casa soltera, pero madre de un hijo, se queja de las colas y de las deficiencias elementales de la vida cotidiana de los cubanos, que no es, por cierto, muy diferente a la nuestra. Claro, con la triste diferencia de ni siquiera poder abandonarlo: “mis dificultades no son para entrar a otro país, sino para salir del mío”, se queja amargamente en su enésimo intento por conseguir permiso para viajar. Es una ciudadana urbana marginal, como la gran mayoría, que carece de conexión a Internet doméstica, a diferencia de tantos funcionarios y extranjeros residentes. Ella forma parte de “los desvinculados”, a quienes comúnmente se les señala por su inclinación a la vagancia.

Pero la mayoría de sus quejas nos corresponden a otros ciudadanos del mundo, como los mexicanos, que vemos diariamente la forma en que tribus políticas se reparten el país a sus anchas, y a la triste historia del longevo priísmo, vemos con indignación como los panistas, que quisieran perpetuarse un buen rato en el poder, proceden exactamente igual que sus temibles antecesores.

Las aventuras de una familia de la desmejorada clase media para adquirir un auto modesto, la mayoría de las veces imposible. Yoani afirma que tienen que esperar hasta diez años para que se les asigne un vehículo, aquí hay familias que pueden esperar generaciones enteras para adquirir su primer automóvil. “Los que somos ciudadanos independientes o individuos por cuenta propia estamos acostumbrados a las largas esperas y a las negativas”, dice una Yoani desconsolada. Pero ¿qué podemos decir de nuestros “ocupados” funcionarios incapaces de leer un proyecto con seriedad, de entender conceptos como cambio, democracia, cuentas claras? Y ni hablar de la carne, las suculentas latas de productos marinos españoles, mariscos y vinos que los ciudadanos sólo podemos ver en los atiborrados estantes de los supermercados, pero no comprarlos. Lo que me queda claro al leer a Yoani es que también aquí existe un apartheid económico que designa que los clubes deportivos, la mayoría de los deportes, los conciertos, no se diga viajes, hoteles, restaurantes y la inmensa mayoría de nuestras principales playas, son para que las veamos en el periódico, las revistas o la televisión, de la que el sistema pretende saturarnos, lográndolo ocasionalmente.

Me da pena cómo viven los cubanos de acuerdo a la versión honesta de esta joven inconforme y (verdaderamente) revolucionaria, pero en descargo de tanta amargura me gustaría decirle que los mexicanos estamos igual, y hasta peor. Porque aquí si existen las cosas, pero nomás podemos verlas en las manos de unos cuántos. Aquí no importa tu talento, tus sentimientos patrióticos, ni tu deseos de progreso nacional frente a esas pirañas en que se han convertido los políticos en México, chambistas sólo preocupados por a ver por sus altos salarios y la posición de su partido para las siguientes elecciones, que buscarán ganar por las buenas o por las malas. Si no te inclinas ante la realeza no avanzas, pero es francamente difícil acercarse a esa fauna sin contener el vómito y entonces te conviertes en uno más de los fracasados, el verdadero deporte de los mexicanos, que de tener un partido político arrasarían en cualquier elección. Pero somos demasiado flojos para organizarnos.

El blog de Yoani Sánchez está en: http://www.desdecuba.com/generaciony/
Suerte con las comparaciones.



lunes, 20 de abril de 2009

Teatrero


Los mejores juegos de mi infancia los viví en la casa de mi abuelita, que tenía una huerta detrás con unos sesenta árboles de manzana y una decena de frutos surtidos entre los que destacaban higos, chabacanos, peras, duraznos y nectarinas, todos de gran calidad. Crecí trepado en esos árboles mandando a alguno de los muchachos a sustraer la sal de la cocina de la abuela para comer manzanas verdes con sal. Una vagancia deliciosa que estaba prohibida porque soltaba el estómago. Con mis hermanos y amigos caminé incansable los parajes del pueblo, las cuevas de los portales, las lagunas del Muerto, de Bustillos, los alamitos y la vía del tren. Fueron años de paz, no había televisión, la radio era muy limitada. Veíamos películas en los dos cines, jugábamos al teatro en obras que inventaba Toño, programas de concurso y algunas dramatizaciones reales. Tan reales, que cuando tenía cuatro años hacíamos el papel de náufragos abandonados en una isla del océano Pacífico, Toño nos maquilló la cara con enormes cejas con el lápiz de cejas de mi mamá, y expresiones de ¿ahora qué vamos a hacer para sobrevivir?, de genuina veracidad. Jaime y Toño saltaron a la ventana desde la cama, y se fueron saltando asidos de imaginarias lianas entre camas y muebles para conseguir víveres y capotear el naufragio. Pensaban llegar hasta el refrigerador, pero cuando iban apenas en el cuarto de mis papás –el temible pantano-, yo, que seguramente era el protagonista de la escena, intenté seguirlos, brinqué desde la cama y me fui derechito contra el filo de la ventana. Me abrí en la frente un tajo de cinco centímetros que empezó a emanar sangre como una fuente italiana. Corrí por la imaginaria selva herido para siempre con mis hermanos detrás. Llené de sangre pisos, puertas, camas, sillas y alacenas y por quince minutos sangré y sangré mientras llegaban mis papás, que andaban en una fiesta. Era un teatro a la medida de Artaud.


domingo, 19 de abril de 2009

Ecuanimidad


Hoy he amanecido relajado. El futuro no es mejor que el de ayer pero tampoco me puedo estar quejando. Hay algo positivo en la grisura. Veo estabilidad y cierto grado de concentración. Aunque algo de mi visión se desvía en sus propósitos perentorios para el día de hoy, no creo que me llegue a incomodar y que me haga perder la perspectiva, la mejor disposición de la mayor parte de mi rostro. Hay ecuanimidad y, por lo tanto, crecimiento. Si eso perdurara un tiempo razonable lograría focalizar mis propósitos y emparejar mi ojo derecho, para acabar de cuadrar esa visión. Entonces será genial.

sábado, 18 de abril de 2009

Ale López


En agosto del año pasado me encontré con Alejandro López en el zócalo de la ciudad de Puebla. Fue un reencuentro muy agradable después de tantos años y se le veía radiante. Nos tomamos un café en el Vittorios –bueno, él se tomó tres al hilo- y hablamos de la familia, del trabajo e hicimos planes para comer la próxima vez que estuviera en Puebla. Intercambiamos e mails y me conectó con su hijo Emiliano, productor en Radio Universidad.

Dos meses después, La Jornada de Oriente me solicitó una decena de Cavaleritas, entre las que se contaba la de Alejandro López, como administrador del Parque Izta-Popo. Aunque lo conocía bien para hacerle una calavera, mis datos eran más bien de carácter íntimo, familiar, inadecuados para una publicación. Recordé entonces su loca manera de manejar, su amor por la velocidad y su temeraria manera de acometer el volante. Recordé una noche en la que pensé que sería la última en mi vida, Alejandro manejó a toda velocidad por las calles de la ciudad de México, pero en esa ocasión tuvimos suerte. Entonces me agarré de ahí, con el pretexto de su lucha por impedir la construcción de una carretera que atravesaba su querido parque nacional y que consideraba perniciosa. Ahora veo con tristeza que no estaba tan equivocado y que mi calavera resultó ser premonitoria. Decía:

Algo para lamentar
una muerte traicionera
lo agarró en la carretera
que intentaba boicotear.

En una curva, al frenar
se distrajo con los topes
fue así que Alejandro López
se fue al cielo sin chistar.

Hombre de acción cultural
expresivo, triste y loco
dejó en el parque Izta-Popo
un lío descomunal.

Descanse en paz Alejandro, mi cariño y solidaridad con Esperanza, su querida exesposa, Emiliano y cada una de sus hermosas hijas.



viernes, 17 de abril de 2009

Musa


Este día de 1695, contagiada de tifo, muere en el Convento de San Jerónimo de la ciudad de México, la célebre Juana de Asbaje y Ramírez Santillana, mejor conocida como Sor Juana Inés de la Cruz, quien naciera 44 años antes en San Miguel Nepantla, del actual Estado de México.

Al que amante me busca dejo ingrata
Al que ingrata me deja busco amante
Constante busco a quien mi amor maltrata
Maltrato a quien mi amor busca constante.

Por sus amplios conocimientos en literatura, teología, astronomía, música, pintura, filosofía y poesía, sor Juana Inés de la Cruz fue merecedora de respeto y admiración; asimismo, por ese extraño don en el manejo de la poesía, se le impuso el título de la Décima Musa.



jueves, 16 de abril de 2009

Hola y adiós


Ojalá, señor Obama, llegara usted, no por el hangar presidencial del aeropuerto de la ciudad de México, sino por la autopista a Puebla, a la altura de Valle de Chalco, para que viera usted las verdaderas condiciones en que la mayoría de los mexicanos viven gracias a las políticas que ahora vino a ensalzar; ojalá, luego de su arribo, tomara, no la llamada “bestia” que lo aísla del mundo y sus olores, sino un colectivo Chalco-Candelaria que le daría una versión más fidedigna de nuestras expresiones faciales; vería de cerca nuestra preocupación y los deseos reales de ser mejores; ojalá no fuera recibido por nuestro acartonado presidente y sus acartonados soldados de abundantes borlas y relucientes bayonetas, sino “en su casa de usted”, como decimos por acá, a disfrutar unos modestos chilaquiles elaborados por mi esposa; pasear por el “fraccionamiento” sin luz, sin seguridad; me encantaría llevarlo a la sierra norte, a Oaxaca, a Veracruz para que viera con sus propios ojos los arroyitos de mierda que bajan de las casas a la manera de drenajes dizque tradicionales; los famosos “pisos firmes” en los que se han gastado millones y millones para beneficio de nuestras estadísticas; las clínicas rurales desoladas; los “beneficios” de los programas sociales que vuelven improductivas regiones enteras y por los que nuestros excampesinos se caen de espaldas, pero de borrachos; ojalá pudiera ver la desolación que priva en nuestras alacenas y refrigeradores; a los ejércitos de desempleados que limpian parabrisas en las calles; a las atestadas salas del Seguro Social. Y desde las banquetas asoleadas, ver pasar los raudos vehículos de nuestros gobernantes, de los, líderes legales o fácticos de los poderosos sindicatos; rectores, diputados y directores de cualquier dependencia que por arte de magia se convierten en seres poderosos e intocables. Ojalá pudiéramos decirle de nuestra desolación, de nuestra desesperanza, de nuestro hastío.
Pero no. No quiero ser ingenuo. Usted lo sabe, y si no lo sabe, tampoco le interesa. Llegará a tomarse la foto. A escuchar impresionantes cifras de la lucha contra la delincuencia, de impersonales cifras de paisanos muertos en la frontera y seguramente pondrá cara de preocupación. Caminará encorvado por los hermosos jardines de Los Pinos, beberá el mejor vino acompañado de manjares, nos dirá sus planes y dictaminará nuestro destino de acuerdo a sus proyectos regionales, que tan poco tienen que ver con lo que somos. No verá a México, señor Obama. Abordará la “bestia” que lo conducirá raudo por calles cerradas al tráfico hasta el aeropuerto, subirá a su avión y verá desde lo alto a un país que no conoce, que no puede conocer, en tanto sea recibido por presuntos mexicanos que tampoco quieren saber nada de este país. Hola y adiós.


Puebla


En 1531, ante la necesidad de trazar un camino recto entre el Puerto de Veracruz y la Ciudad de México, se pensó en fundar una ciudad intermedia que sirviera de descanso a los viajeros. La Real Audiencia Gobernadora de la Nueva España comisionó a fray Julián Garcés, obispo de la Tlaxcala, para hacer la localización del sitio adecuado, situándolo finalmente entre las provincias de Cholula y Tlaxcala.

La reina de España comisionó al oidor Juan de Salmerón y al padre Motolinía para que “se entendieran en la traza y reparto de solares y tierras a los españoles” que la iban a habitar. Y aunque hubo varias fechas importantes en el proceso de la fundación, es este día el que queda registrado para el nacimiento de la Puebla de Nuestra Señora de los Ángeles, por ser el día en que se dijo la primera misa.

El 16 de abril de 1531, reunidas algo más de veinte familias de españoles y unos quinientos naturales, fue ofrecida la misa por Fray Toribio de Motolinía y se designaron los solares a orillas del río Alseseca, en el actual Paseo de San Francisco.

He vivido18 años en la ciudad de Puebla y nunca he dejado de descubrir nuevas experiencias con ella, planos y ángulos, rincones y gente que me permite suponer que nunca voy a acabar de descubrirla del todo. Nadie, quizá, pueda hacerlo, pero en lo que me corresponde, entre más me inmiscuyo en su historia, en su memoria colectiva y documental, en sus inagotables detalles de arquitectura y arte religiosos, más privilegiado me siento de vivir aquí, en esta antigua ciudad construida por los ángeles, en un sueño genial de fray Julián Garcés.



miércoles, 15 de abril de 2009

Telegrafistas


Mi papá era el telegrafista del pueblo, y cuando tenía diez años mi mamá se convirtió en la telegrafista del pueblo. Entonces mi identidad siempre fue la de ser el hijo de los telegrafistas, un pintoresco gremio de servidores públicos, orgulloso y solemne, que nos permitió a aquellos cinco niños conocer gente del sur de México, escasa por entonces, que se hospedaban en la casa por varios días mientras arreglaban algún desperfecto técnico o un arqueo institucional. Eran “los visitadores”. La oficina de telégrafos siempre estuvo en la casa, era un cuarto más, un lugar ideal para hacer tareas, dibujar, hacer experimentos y molestar a los estudiantes de telegrafía que en las noches usaban las líneas para practicar. Abría la llave de la magneta y empezaba a decir mi nombre como un loco egocéntrico que se suelta gritando su nombre en una plaza. ¡Era lo único que sabía en clave Morse! Todo paró cuando mi papá recibió una reprimenda. “Dígale a ese Tal por cual… ¿es su hijo?”



martes, 14 de abril de 2009

Vacas


A principios de año le hice una investigación a una asociación ganadera de Puebla sobre el tema de las vacas, enfocados especialmente a la promoción de la leche, por lo que las protagonistas eran las vacas lecheras, animales tan simpáticos y permanentes, presentes a lo largo y ancho de nuestra vida. Sobre todo a lo ancho. Pues lo que empieza como líquido vital en nuestra primera infancia, se convierte rápidamente en queso y crema y mantequilla y termina siendo al final de nuestra vida saludable yogurt, la presencia de las vacas lecheras y cárnicas están presentes en cada momento de nuestras vidas. Cinturones, zapatos, carteras y todos los beneficios colaterales que nos proporcionan.

La historia del ganado bovino es muy antigua. Desde tiempos de la prehistoria, cuando nuestros ancestros habitaban cuevas, las vacas y los toros formaron parte de nuestra vida cotidiana, evolucionando con el tiempo para formar la diversidad de razas bovinas que podemos encontrar hoy. Pero no sólo nos han proporcionado leche, cuero y carne estos amables animales, también han sido parte de nuestros procesos productivos y humanos, como animales de tiro en las tierras de labor y en las carretas que el hombre ha usado para transportarse, así como la diversión derivada de deportes como el taurino y el jaripeo que se practican en muchos lugares, como nuestro país.

En todo el mundo hay aproximadamente mil doscientos cincuenta millones de reses bovinas, que no son tantas si consideramos que existen seis mil quinientos millones de seres humanos. A pesar de no tener su origen en América, es de este lado del mundo donde existe la mayor cantidad de bovinos, con 450 millones. Luego sigue Asia con 300 millones, Europa con 200 millones, África con 160 millones y Oceanía con 50 millones.

El país con más reses es la India, donde por cierto no se las comen, porque lo consideran un animal sangrado. Tienen 190 millones, principalmente de cebúes; le sigue los Estados Unidos con 130 millones y luego Rusia y Brasil con 100 millones cada uno. México ocupa el octavo puesto en cantidad de bovinos, lo que nos hace un productor importante de ganado bovino.

En el mundo existe una clasificación de 115 razas de bovinos, la mayoría en Europa. España es el país con mayor número de razas, pues tiene 46; le sigue Portugal con 13; los ingleses con 11, los franceses con 8; 4 alemanas, 2 suizas y una holandesa, otra austriaca y otra belga.

En América destaca Estados Unidos con 9 razas de bovinos, aunque esa misma cantidad de razas tiene Colombia; Argentina tiene 5, Venezuela 3 y Chile y Perú una cada uno. México no tiene razas propias reconocidas, pero en muchos estados de nuestro país se crían muchas de las razas mencionadas.


lunes, 13 de abril de 2009

Memorias y repartimientos


En el Archivo Municipal de Puebla existen tres secciones primordiales: Gobierno, Legislación y Expedientes, agrupados en medio centenar de series. Casos exclusivos del siglo XVI como Extractos de los suplementos de cabildo y cartilla vieja, de 1531 a 1683, que contienen advocaciones de la ciudad y una lista de los vecinos que poblaron la ciudad desde 1533 a 1629; también la serie Censos de propiedad, de 1584 a 1587, que contiene censos sobre propiedades de particulares, de instituciones civiles y religiosas de la ciudad de Puebla. Bienes gravados como molinos, tierras, casas, estancias de ganado, tiendas, batanes, caballerías de tierra y otros, con la ubicación de cada propiedad; índice de las calles, registro de censos por calle y registro general de las escrituras de los censos.
Otras series comparten siglos partiendo del siglo XVI, como Suplementos de Cabildo, hasta 1686, que contienen actas de cabildo, mandamientos, reales cédulas y provisiones; solicitudes, mandas, permisos, cartas simples y cartas poder; memorias, repartimientos de indios, informes, visitas y mercedes de tierra. En su mayoría son documentos manuscritos, escritos en castellano antiguo y, algunos más, en latín.
La serie Reales cédulas va hasta el siglo XIX, de 1537 a 1809, y contiene reales cédulas, reales provisiones, reales órdenes, mandamientos, pragmáticas, ordenanzas, bandos y cartas poder; privilegios, mercedes, nombramientos de funcionarios, justicia, asuntos religiosos, festividades, pago y cobro de tributos, impuestos, regulación de transacciones comerciales, abasto, indios, españoles, mestizos, mulatos, negros, artesanos, oficios y otros, dentro de la sección Legislación.


domingo, 12 de abril de 2009

Retorcimiento





Definitivamente no me hables hoy. Estoy enfurruñado. Amanecí con cara de fuchi y los ojos perfectamente retorcidos, evidencia de un mal sueño. No pienso llegar a nada el día de hoy, salvo esperar el momento en que la cosa se apacigüe y presentar un mejor semblante a la vida. No me hables. ¡Espérame! Deja que pase esta pequeña crisis y volveré a sonreír.



sábado, 11 de abril de 2009

Casi menonita


De mi niñez, no quiero abusar con el pretexto de la literatura y ensartarte la historia detallada de un niño montaraz y silvestre que creció en un pueblito llamado Cuauhtémoc, en el noroeste de la capital de Chihuahua. Treinta mil habitantes en un pueblo próspero y billetudo, pues estaban ahí –y están- los menonitas que dejó colonizar Álvaro Obregón desde 1924. Crecí en una magnífica familia llena de tíos y primos reunidos en torno a la pareja de unos abuelos con personalidad exuberante, que eran el centro de nuestras vidas. Leopoldo murió cuando yo tenía nueve años y fue un fantasma inaudito para la mitad de los primos –éramos 32-, que nacieron después. Un mito que hasta hoy los llena de melancolía y una presencia muy importante en la familia, que definió casi una forma de existir y de crecer. Como treceavo nieto en la lista de edades, yo me ubicaba justo a la mitad, fui el pequeño de unos y el mayor de los demás, además de ostentar el nombre del patriarca, honor que comparto con otro de mis primos menores. Entonces soy doblemente privilegiado por haber vivido esos dos ámbitos de la historia familiar. Por mi aspecto lechoso fui apodado como “el menón”, y como mayor de los pequeños, encargado de los aspectos empresariales en el interior de la familia. Fui mago, empresario de lucha libre (y luchador, desde luego), instalé una convincente Casa de terror, un dizque cine y espectáculos de animales. El negocio consistía, no tanto en las entradas, pues muchas veces los hacía en el patio y no escaseaban los gorrones que se subían a sus techos para ver, sino en la venta de dulces para nuestros distinguidos clientes.

Mi universo comercial tenía nombre y apellido, compuesto por mis primos hermanos: los Portillo, exceptuando a Javier, que era mi ayudante, mis clientes eran Rosalinda y Juan Carlos, los gemelos; Alfredo, Juan Carlos y Gilda; los Grajeda: Jaime, Luis Enrique, Marisela y una pequeñísima Isis; los Rocha: Polo, Alberto y Raúl, que eran quienes más dinero aportaban por la generosidad de mi tía Nora y consumían varias bolsas de palomitas, vaso de Kool Aid y golosinas que vendíamos en nuestra surtida dulcería. A veces los Molina: Silvia, Humberto y Ricardo, que venían de Chihuahua. No podría decirse que mi universo de clientes era pequeño. “Javier, tres bolsas de palomitas en este rincón”.


viernes, 10 de abril de 2009

Chinameca


“Emiliano no ha muerto, Emiliano vive en Estocolmo, Suecia, donde lo quieren mucho...
El muerto que yo vi tenía sus dedos completos, y a Emiliano le faltaba uno de los meñiques...”

El coronel Jesús M. Gallardo se ganó la confianza de Emiliano Zapata, lo trabajó muy bien; fusiló a treinta soldados para darle una buena impresión, y le dio la pauta para aceptar la invitación a comer.

Emiliano Zapata, por fin, acepta.

La mañana de hoy, 10 de abril, se verán en la Hacienda de Chinameca. Al toque de una marcha de honor, en plena entrada de los zapatistas a la hacienda, los traidores abren fuego contra los visitantes y dejan al jefe Zapata como coladera. La noche de hoy el cadáver será expuesto y miles de seguidores y curiosos se agolpan para verlo por última vez. Muchos afirman que el muerto... no es Emiliano Zapata.


jueves, 9 de abril de 2009

Albergue en la montaña de Guerrero


Leí en El País hace unos días sobre el asesinato de un sacerdote español en Brasil que me hizo recordar a Joan Armell Benavent, misionero en Rancho Viejo, municipio de Tlacoachistlahuaca, Guerrero, en lo profundo de la Montaña, a quien visité con motivo de una página de Internet municipal que realizamos para la Sedesol del gobierno federal en febrero de 1987. En Brasil, Ramiro Ludeño y Amigo, de 64 años, se dedicaba desde hace 34 años a sacar los niños de la calle en Pernambuco de Recife, en el norte brasileño. Todos lo querían, no se explican las razones que pudiera tener un adolescente de 15 años para asesinarlo.

Joan también se dedica al trabajo social con niños y adolescentes en ese pueblo mixteco de la sierra guerrerense, en una de las regiones más pobres de México. Tiene un albergue llamado Santa María la Magnífica. La entrevista la tuvimos en el comedor del albergue, después de cruzar tres habitaciones-pasillo en la que había literas para una buena cantidad de gente, quizás veinte personas. Joan es un hombre de la edad aproximada al sacerdote español asesinado, posee unos ojos interrogantes y habla con una fluidez casi nerviosa, acelerada. Es capaz de hablar durante largo tiempo.

“Vamos a cumplir diez años desde que estoy aquí en la misión pero la misión lleva trabajando ya cerca de 20. La misión se llama Misión Católica de Rancho Viejo, pertenece a una misionera Ekumene, de España, es un movimiento de gente laica comprometida, somos gente laica no clérigos, sino laicos comprometidos, yo pertenezco a misiones, por lo que lo mismo podría estar en África”.

Llegó con la ilusión de levantar el nivel cultural, es el cuarto misionero en este lugar. Ha estado solo los últimos cinco años.

“El mixteco es como chino. Para hablarlo correcto, o naces aquí o se te tienen que dar muy bien las lenguas. Nosotros tuvimos un voluntario filólogo que estudió la lengua y se hizo el diccionario y el método para aprender mixteco”. Pero reconoce que no entiende ni una sola palabra. Por el momento tiene albergados a 25 estudiantes y aclara que las literas no son de ellos, pues los jóvenes cuentan con habitaciones. Las literas “están para gente como ustedes, que tienen que dormir una noche o dos, los maestros que trabajan en los alrededores vienen aquí y duermen. Gente que sube y tiene que ir y hasta los pueblos, duerme aquí hasta que llega “la ruta”. También tenemos servicio de baños con agua corriente, con sanidad”.

Joan me explica cómo este tipo de misioneros están centrados en dos tareas, como obra ecuménica: una, ayudar en la alfabetización de jóvenes y adultos del pueblo. La otra es ayudar a que los jóvenes estudien la secundaria, para lo que los alberga y alimenta. Pero hace muchas otras cosas más: “también en la cuestión de la ambulancia del pueblo, bajamos gente, que hay urgencia, que vamos al hospital, un picado de alacrán, aquí tenemos suero, vacunamos animales, gallinas, cerdos para que no se enfermen. A ese nivel nos movemos. Y como iglesia damos las catequesis que el párroco nos pide, catequesis para bautismo, para confirmación, para primeras comuniones, para matrimonio. Ahí nos movemos y nos ocupa totalmente el espacio para no dedicarnos a nada más”. Te hablaré más de este interesante personaje.


miércoles, 8 de abril de 2009

La riqueza impasible


A finales de 1987 colaboré en un proyecto de Conacyt- Ayuntamiento de Puebla que me permitió conocer los intestinos del Archivo Municipal de Puebla. Fue un privilegio enorme. Cuatrocientos setenta y seis años de historia documental representan una puntual radiografía sobre una comunidad que ha transitado las principales fases de la historia de México en circunstancias protagónicas. Sin embargo –y hay aquí una gran paradoja-, el Archivo Municipal es casi desconocido para la población, la gente no sabe que existe, mucho menos sabe de su riqueza, que es la relación puntual de sus protagonistas sociales, sus artesanos, sus profesionistas, los vivos y los muertos que con precisión estadística aparecen en millones de páginas clasificadas con enorme esfuerzo desde el siglo XVII. Son el registro de la memoria colectiva que ha visto crecer su calidad de vida en la dotación de servicios y la apertura de nuevos ámbitos urbanos que hoy se materializan en una enorme metrópoli; de la lenta pero constructiva labor de sanidad que todavía en el Siglo XX asolaba sus barrios con pestes y epidemias periódicas que diezmaban a la población. Un archivo vital que explica a los poblanos desde dentro, un espejo, una metáfora de nuestra condición humana. Hoy inicio una serie de entregas sobre esa incursión en el Archivo Municipal con la intención de mostrarte algunos contenidos muy interesantes de sus series.



martes, 7 de abril de 2009

Salud y educación


Educación y salud son dos condiciones paralelas, pues la una trae aparejada a la otra y juntas son la condición mínima de lo humanizable, lo humano.

Por desgracia, el mundo está muy lejos de poder garantizar salud y educación al conjunto de los seres que lo habitan, pues no es una tarea exclusiva de organismos afines, sino el compromiso de un conjunto que quiere mejorar la calidad de vida.
Hay que hacer algo por la salud, es decir, hacer algo por los ríos, mares y ecosistemas. Para ello hay que educarnos mejor. Por elemental que parezca, lavarse las manos después de ir al baño puede mejorar substancialmente nuestra salud. Y ahí, en el individuo, empieza todo, para luego reflejarse en la sociedad.

¿Qué podemos hacer...? como dicen en el promocional: “cualquier cosa”, lo grave es que no hagamos nada. El 7 de Abril de 1948 inicia sus actividades la Organización Mundial de la Salud, cuerpo especializado de las Naciones Unidas aprobada dos años antes por la comunidad de naciones. La finalidad de esta institución internacional es salvaguardar la salud de la niñez y los adultos marginados de todo el mundo, razón por la que este día fue declarado como El Día Mundial de la Salud.

Lo único que queda claro con los cambios de funcionarios federales, en este caso la salida de Josefina Vázquez Mota de la Secretaría de Educación, es su falta de compromiso político con la educación y el completo compromiso con su carrera personal y sus jefes políticos.


lunes, 6 de abril de 2009

Tristeza


Hoy he amanecido con semblante expectante y no tengo muchas esperanzas de que nada importante pase. Aunque me concentro fijamente hacia el frente, es decir, sí estoy atento a las circunstancias, tengo algo incómodo en la nariz que me hace pensar que en realidad estuviera viendo hacia atrás, hacia la pared, lo que no deja de inquietarme. Creo que es un día triste, no alegre, lo que debo tomar con calma y con sabiduría. “Si las cosas no tienen remedio….”, dice el proverbio chino, “no la hagas de tos”, aportan las desinencias de ese otro verbo, el nuestro. Es decir, de esas circunstancias. Si el día no es genial, aprenderé a disfrutarlo en su grisura. Al menos trataré.

domingo, 5 de abril de 2009

Guty


La noche de un día como hoy, 5 de abril, sólo que de 1932, después de su presentación, Guty Cárdenas siguió bebiendo alcohol; su ayudante sabía que era inevitable impedir que saliera al bar esa noche, lo conminó entonces a que dejara el arma de juguete, de gran realismo, que le había regalado un aficionado durante la función.

- Deja la pistola, Guty, no vayas a tener un accidente con ella, parece de verdad –le dijo tímidamente.

Guty se miró en el espejo; tenía un cigarrillo en la boca, sonreía y en verdad se veía muy bien. Se fajó el arma y se dispuso a cruzar las calles que lo separaban del elegante Salón Bach, en la avenida Madero de la ciudad de México.
Ahí llegó una dama con un hermoso vestido rojo, acompañada de dos hombres. Guty Cárdenas perdió la cabeza, molestó a los sujetos, discutió, sacó el arma, creando una gran confusión. Segundos después fue alcanzado por dos balas de una pistola verdadera.

- Ha matado usted a Guty Cárdenas, seño –gritó uno de los meseros.

Augusto Cárdenas Pinelo tenía veintisiete años de edad, había nacido en Mérida y era una de las promesas más florecientes de la farándula mexicana. Ocho décadas después lo seguimos lamentando.



sábado, 4 de abril de 2009

Conformismo


Nada más sospechoso que una mirada de cíclope. La vista penetra por una suerte de gusano espacio-tiempo y se difumina como alcanzada por un rayo. En verdad, no deseas que nadie te mire así. Es la mirada más pesada y conflictiva de todas las que existen. Te mira a ti, pero se miran a sí mismos, una dualidad lamentable. Miran hacia delante y hacia atrás, y sólo gracias a la línea de la nariz es posible suponer dimensiones. Gracias, nariz, por devolverle algo de volumen a una vida tan plana. Tengo esperanzas, sí, pero eso no quita que hoy mi vida aparezca aplastada por la uniformidad y el conformismo.



Palmerín


Una mañana como hoy de 1888, en Tekak, Yucatán, nace el músico y compositor Ricardo Palmerín, creador de la moderna canción yucateca.
Entre sus obras más conocidas está Peregrina, que hizo por encargo del gobernador Felipe Carrillo Puerto para uno de sus grandes amores. Con esta sola pieza le hubiera bastado a Palmerín para quedar en las páginas de la historia musical de México, no obstante, fue un prolífico compositor.

viernes, 3 de abril de 2009

Teo


Querido Teo: tu nacimiento no estuvo exento de intervenciones imprudentes del tío Polo. Así como atropellé a Martha un mes antes de que pariera a Julio, este día de 1981 me presenté en el hospital, debidamente borracho, para festejar tu nacimiento. Pero no había, de momento, nada qué festejar, pues tu pobre madre, aunque experimentada, vivía los fragores de las contracciones, mientras que un nervioso Jaime no acataba a tomarle la mano o tomar de la botella que subrepticiamente sacaba yo de mi chamarra, por lo que muy pronto todo aquello fue una confusión. Sobre todo para mí, que me tomaba las partes correspondientes a María, a Jaime e incluso la tuya, que afortunadamente no tomabas en ese momento. Tras algunos momentos, yo fui amablemente despedido, cosa que amablemente acaté, pues, contra lo habitual, era un borracho dócil.

Mientras tanto, María le insistía a la enfermera que el bebé venía, noticia que era desdeñada por la señorita que, a todas vistas, no sabía mucho del asunto. De tal forma que fuiste una lata desde tu mismo nacimiento, pues sin decir agua va, a Jaime le tocó vivir una experiencia ya vivida por el abuelo Leopoldo, que fue recibir a uno de sus hijos del vientre de su esposa. Pero qué digo recibir, cachar, que fue más bien lo que le ocurrió a ese padre primerizo. Es ahí donde entran las especulaciones ¿te dejó caer lastimándote la cabeza? ¿Usó fóceps provocándote una lesión cerebral? Todo es confuso, lo cierto es que desde el principio fuiste un niño excepcional. Extraordinariamente raro, tendría que decir. No gateabas como todos sino que caminabas como mandril, usabas el lenguaje de los zarahuatos y comías arañas y alacranes. Bueno, una acendrada inclinación a la mitonomía familiar –casi siempre derivada hacia la burla de alguna víctima-, construyó a tu alrededor toda una leyenda. Y la merecías, que duda cabe. Así pasaron los años en los que escribiste –es un decir- algunas de las más famosas anécdotas familiares, casi todas preocupantes. A la distancia veo un niño pachuquín, muy estilero, ataviado con unos pantalones de pana detenidos con tirantes, saltar de una azotea a otra, lanzando piedras a los visitantes, escabulléndose entre los árboles. Pasaba el tiempo y regresaba a Tlalmanalco mientras tú crecías, no tanto en centímetros como en habilidades corporales. Una vez, llegando por la avenida principal, pasó un bólido en patineta a una velocidad escalofriante. Por supuesto eras tú, adolescente. Por estos tiempos destacan tus habilidades verbales, tus respuestas rápidas, agudas. Vivíamos en tu casa y tú nos corrías más o menos una vez a la semana. “Teo, despiertas a la niña”. ¡Qué me importa!

Ahora todos son recuerdos gratos. Un día llegamos y ya eras un jovencito, serio, educado, amable. Pero nunca has dejado de sorprenderme, aunque para mi desgracia, te he visto mucho menos. Así fue como un día apareciste como arquitecto, hablando un ruso falso junto a tu preciosa novia; otro día apareciste viviendo en Nueva York, manejando en Manhattan. Me impresiona tu vigor pero no me sorprende, pues la chispa ha estado encendida desde aquel día, 3 de abril de 1981, cuando decidiste salirte de tu madre sin ninguna consideración. Felicidades, querido.


jueves, 2 de abril de 2009

Invasores


Las primavera ha llegado a Puebla en toda su intensidad. Hace unos dos meses nos emocionó sobremanera el privilegio de albergar a una madre colibrí que decidió poner su nido frente a nuestra ventana. En sucesivas entregas te mostré el desarrollo de los huevos, nacimiento y madurez de los polluelos, que todo parece indicar que sobrevivieron.

Bueno, pues ya tenemos otra vez a la colibrí empollando nuevos huevitos y, la verdad, nos produce mucha menos emoción. Tenemos además una verdadera invasión de torcasitas, que caminan tranquilamente afuera de la puerta como Juan por su casa ¿de qué se trata? Una cosa es permiso para parir huevitos y otra, muy distinta, sala de maternidad permanente. Cuando salgo al patio me siento Francisco de Asís rodeado de animalitos voladores. Y eso que ya no tardan en llegar los mosquitos que –diría el santo demente-, también son criaturas de Dios.


miércoles, 1 de abril de 2009

Plutarco


La mañana de hoy de 1936 el general Plutarco Elías Calles es levantado y trasladado al aeropuerto, prácticamente en calzoncillos, donde tomaría un avión a los Estados Unidos, por órdenes del general Lázaro Cárdenas del Río que no estaba dispuesto a dejarse manipular por el llamado Jefe Máximo, como ocurrió con los tres gobiernos anteriores. Cárdenas tiene el tino de no asesinar a su contrincante político, lo que de hecho abre una nueva época en los anales de la historia mexicana posterior a la Revolución.



Voluble



Hoy amanecí cejijunto, partido por la mitad como si quisiera distinguir la luz y la oscuridad de mi propio destino. Veo que la luz sólo me beneficia parcialmente, la mayor parte de mí se despertó en la sombra. Veo el optimismo de mi ojo derecho pero mi visión es oblicua y por lo tanto distorsionada. Mi nariz transita por su peor perfil y mi boca permanece alelada. No es un buen día para comprar Melate, perdería mi dinero. Es un día para buscar la luz, volverme sobre mis propios pasos y rodar hacia la luz. Una acción rápida, contumaz. ¿Llegará ese día?