lunes, 30 de noviembre de 2009

Idolastros


En 1911, nace en la ciudad de Guanajuato un charro que no quería ser charro y a quien no le quedó otra que ser charro. Jorge Negrete, un personaje de la clase media que aspiraba a ser un cantante de ópera. Pero la vida es así... y tienes que comprenderla. Jorge terminó siendo uno de los más grandes ídolos de la canción ranchera mexicana, más allá de sus cinco idiomas, de sus famosas áreas de Verdi y Donnizetti, de su bigotito de catrín citadino. Para fortuna de todos, la vida lo convirtió en “charrito”, así, despectivamente, como el propio Jorge se refirió a lo que nunca en la vida iba a ser. Nunca decir “de esta agua no beberé”. Más allá del destino y sus vagancias, salvo tu mejor opinión, Jorge Negrete es el más completo, fino y consistente cantante mexicano del siglo 20. ¿Será?






Seguramente ronquito fue el llanto de una bebé nacida también un día como hoy. Le pusieron por nombre Lucha, y si hubiera habido un chamán seguramente habría pronosticado un futuro promisorio para la pequeña, pero en Camargo, Chihuahua, no había chamán y ella creció en ese polvoriento pueblo hasta que se hizo una muchachota grande y bonita, que con el tiempo y mucho trabajo tuvo éxito en el cine y la canción popular.
Tras cuarenta años de actividad artística la voz y la presencia de Lucha Villa en el folclor nacional se hizo indisociable. Es la guapa y ronca Lucha, actriz destacada y cantante de poca pero arrulladora voz, que hoy festeja su cumpleaños.






viernes, 27 de noviembre de 2009

Guajotitlán


- ¿Por qué tanto alboroto, don Pavón? Ví que se estaban llevando unos pavos gordos del sindicato ¿qué pasa?
- Pues… es un día importante, Guajillo.
- Pero el día de la Guajorevolución fue el 20, hoy no festejamos nada.
- Aquí no, Guajillo, pero en REsdtados Unidos...
- ¿Estados Unidos?
- Bueno, sí, este... es que allá... ¿cómo decirte, Guajillo?
- A ver, a ver, don Pavón, barájemela más despacio. ¿De qué se trata tanto secreto?
- No, no es secreto, Guajillo. En los Estados Unidos se festeja el día de Acción de Gracias. Y ellos acostumbran…
- ¿?
- … bueno, pues hacen una cena y… ellos…
- Ya, don Pavón, no me lo diga: ¿cenan guajolote?
- Pero es sólo durante este día, Guajillo.
- Pero nosotros no somos gringos, don Pavón, qué tenemos que ver con su fiesta.
- Bueno, somos un producto de exportación, Guajillo.
- Será el sereno, que se coman a los guajolotes gabachos.
- Por lo visto no les alcanzan.
- No es posible, don Pavón. ¿Qué tiene el mundo contra los guajolotes? Nosotros no le hacemos daño a nadie.
- Somos un ave especial, Guajillo. Por esos nos cenan en las fiestas principales.
- Ay, sí, qué padre ¿no?
- ¿Preferirías ser pollo para que te comieran cualquier fin de semana?
- Claro que no.
- O cerdo, que viven como reyes y de repente…
- Lo entiendo, don Pavón. Mire, ahí llevan a los guajogobernadores que acaban de entregar.
- Pobres, los estuvieron engordando seis años… para esto.
- Oiga, don Pavón ¿Qué no se dirigen hacia acá esos señores?
- Sí, vienen para acá. Rápido, métete al gallinero y escóndete, Guajillo.
- No, yo no les tengo miedo, don Pavón, que vengan, a ver de a cómo nos toca.
- No seas idiota, Guajillo. Rápido, métete al gallinero y salte por la ventana de atrás.
- ¿De plano si se puede poner fea la cosa?
- Rápido, Guajillo, avísale a Lupita, dile que se esconda. No hay tiempo qué perder.


jueves, 26 de noviembre de 2009

Mishima


La mañana del 26 de noviembre de 1970, el escritor Yukio Mishima y cuatro de sus hombres llegaron a las instalaciones el Ejército Japonés en Tokio. Vestían uniforme militar de acuerdo a un permiso oficial que el gobierno le había dado para entrenar una pequeña guardia privada de actitudes nacionalistas.

El famoso escritor Yukio Mishima, autor de Confesiones de una máscara y El marinero que perdió la gracia del mar, no tuvo ningún problema para penetrar hasta la oficina de la más alta autoridad del cuartel. Todos lo creían algo loco, pero inofensivo. Mishima, a sus cincuenta años, era ya un símbolo del refinamiento japonés para consumo occidental. Pero al llegar frente al general, sorpresivamente lo secuestra, atrincherándose en su oficina.

Desde el balcón de la oficina, Yukio Mishima llamó la atención de la tropa que se hallaba dispersa en el patio. Los juntó y les dictó un discurso que muy pocos oyeron y casi nadie compartió. Mishima habló de la vergüenza japonesa, del pundonor y la lealtad histórica ahora maltratada por la penetración occidental; habló del samurai y de la tradición, del militarismo y el coraje... pero casi nadie lo escuchó.

Consciente de ser uno de esos elementos que allanaron el camino de la invasión de los valores occidentales, Yukio Mishima entró al despacho del general y, ante sus incrédulos ojos, realizó la ceremonia del hara kiri en su estómago, mientras uno de sus seguidores cortaba su cabeza con un sable japonés tradicional.

Moría un hombre, nacía un mito.



miércoles, 25 de noviembre de 2009

Concurso


Mi hermana me pidió una carta que escribiera Aída con la ayuda de uno de sus hijos para un concurso sobre personas que ayudan a otras, como es el caso de ella. Me senté y escribí esto, tratando de pensar como si fuera Aída, o imaginar lo que ella pensaría en el caso de que algo piense, en un esporádico instante de lucidez.

Finalmente se cerró el plazo del concurso y se usó una carta imaginada por mi hermano Alejandro que cumplía bastante bien el propósito.

Aída

Tengo alzheimer. No recuerdo nada, mi memoria es blanca como una sábana, no sé distinguir entre lo más elemental de la vida, como mi nombre o el de alguien que tengo frente a mí. Sé que no soy una niña, soy una anciana, una enferma. Ella es mi hija, Evelina, estamos solas. ¿Quiénes son ustedes?

Son pocos los momentos de lucidez que me permiten ver lo que en realidad ocurre, luego vuelvo a caer en una realidad anónima la mayor parte del tiempo. Me visitan seres reales e irreales, serán algunos de mis hijos; o gente de la calle que pasa por aquí o personajes de la televisión, qué sé yo. Sólo estamos mi hija y yo. Ella me da todo, me da su tiempo, me da sus fuerzas, me está regalando este periodo de su vida. Yo soy ella, ella es yo. Somos como dos gemelas, dos seres unidos en una guerra contra la enfermedad que, por desgracia, por momentos olvido también. Me convierto en sustancia irracional; no obedezco, no ayudo, no pienso, no vivo. Esa es, tristemente, la naturaleza de mi vida desde la enfermedad.

Yo era una mujer dichosa, una mujer inteligente, escrupulosa. Una madre dedicada y una esposa amorosa; ayudaba al sustento con mi trabajo en telégrafos nacionales. Era una mujer dichosa porque siempre creí en la felicidad. Yo sé que es tonto o puede ser tonto ser feliz en un mundo con tantas desgracias, pero yo fui muy feliz. Primero con Antonio, mi único amor, luego con cada uno de mis soles. Tuve cinco soles, que me iluminaron con sus enseñanzas y sus decisiones. No fue fácil, por supuesto, pero fue dichoso.

Como decía, tengo alzheimer, una malvada enfermedad que no sólo enferma a quien la padece sino que, de manera más grave, afecta a quienes lo rodean a uno. El alzhemier es un extraño mal, daña, pero también ilumina, porque esta terrible enfermedad tiene la cualidad se sacar el alma de la gente y exponerla al mundo. Enseñársela a sí mismos para que las vean en su belleza y en su fealdad. Son los cuidadores quienes tienen ese extraño privilegio. El enfermo de alzheimer no habla, ni es capaz de agradecer u ofender a nadie. Se puede decir que también es eso, es nadie. Porque ya no se reconoce ni a sí mismo y su cuerpo procede como un organismo ciego o sordo, actúa como el de un bebé de tres meses de edad. Hambre, excremento y sueño forman el eje central de nuestra existencia. ¿Qué es el amor? He olvidado cómo describirlo, he olvidado que el amor fue el eje central de mí como persona sana, antes de enfermarme. El amor por mis padres, queridos y adorados, vidas mías de mi corazón; el amor por Antonio, por mis soles, por mis nietos; el amor por mis hermanos, por mis amigas y amigos de siempre. Mi enorme amor por Dios. Ese es el amor que debería recordar y que ya no recuerdo. El amor por la vida, por el amor mismo, por los ciegos, por los pobres, por los ancianos. Tanto amor que viví cuando era sana y que ya no recuerdo. Ya no puedo expresarlo, ya no puedo platicarlo como me fascinaba hacerlo; el amor y la risa, el amor y el placer, tan asociado al baile, a la cocina, a los aromas, el tacto. La vida misma.

Para comprenderme bien tienen ustedes que comprender primero lo que era el amor para mí y que ahora la enfermedad me ha arrebatado, ha hurtado de mi vida, lo ha borrado. Porque mi vida ahora es la incomprensión, lo inexplicable, lo confuso ¿quién eres? Pocos son los que me ven ahora ¿cuántos serán? ¿quién será esa amable mujer? Gracias. Me limpia cariñosamente porque soy una niña, “me limpias y quitas el olor desagradable”, ¡cómo me gustaría decírtelo!; qué feo huele; mejor durmamos, quedémonos dormidas; me das de comer en la boquita, me ayudas a levantarme, me besas, me acaricias, me apapachas. ¿Quién eres?, quisiera preguntarle. Se siente bien ese masajito. Medicina, otra vez medicina. Baño, agua, jabón. ¿Quién es? ¿quién me toca así? Es mi mamá. Es mi mamá. En mi mamá. Puedo repetirlo millones de veces, toda la mañana y toda la noche. Puedo repetir una frase semanas enteras (“mi mami, mi mami, mi mami…!), me ayuda a pensar, si acaso se le puede llamar pensamiento a esta nebulosa visión de una enfermedad que me hace creer que soy una niña, cuando lo que soy es una anciana. Una anciana enferma de alzeheimer ayudada por su milagrosa hija.

martes, 24 de noviembre de 2009

Fredy


El 24 de noviembre de 1985 muere Fredy Mercury y muy poco después fue convertido en un símbolo de la lucha contra el sida, pues el vocalista del famoso grupo musical Queen fue una de las primeras víctimas célebres del síndrome de inmunodeficiencia adquirida, enfermedad que asumió con valor, ofreciendo lo poco que quedaba de sí mismo.

Fredy Mercury ya era un símbolo de la libertad y extravagancia desde los años setenta. Su música animosa era una pregunta honesta sobre la sexualidad y sus represiones, el snobismo y el destrampe gay, como nos ha quedado retratado en sus videos, canciones y conciertos. Experimentó con éxito su libertad y fue un músico creativo con una voz que sólo se me ocurre definir como Queen, lo que quiera que eso signifique, inigualable. Era Fredy.



lunes, 23 de noviembre de 2009

Mundo raro


Una luz amarilla en la tarde del 23 de Noviembre de 1973 parecía comprobar que la vida... no vale nada. En un elegante hospital del sur de la ciudad de México no hubo mariachis que callaran y nadie habló de amor y de ilusiones.

José Alfredo Jiménez, el laureado compositor de la moderna canción mexicana cantaba mentalmente esa tarde, a los cuatro vientos: “no vale nada la vida, la vida... no vale naaadaaa.”

Quedaban ahí los últimos suspiros de una larga juerga mexicana que por dos largas décadas dio de comer a todos los mariachis, algunos tríos y propició el consumo a raudales de tequila que todos bebimos con las bocas abiertas, mientras cantábamos: “me cansé de rogarle...”

Se iba el rey de reyes con sus copas a cuestas mientras seguramente interpretaba aquellos versos ebrios sobre la hipocresía del amor y de la vida:

“Y si quieren saber de mi pasado, es preciso decir otra mentira, les diré que llegué de un mundo raro, que no sé del dolor, que triunfé en el amor y que nunca... nunca... he llorado.”

José Alfredo Jiménez contaba con 47 años de edad, un muchacho, pues.


Invitación


Mi poeta favorito, Agenor González Valencia, herr doktor, me envía esta invitación para que la haga extensiva al lector de este blog. Como verás, no es tarde para que corras y tomes el primer transporte a la húmeda Tabasco que, como todos sabemos, es un edén. Servido mi buen.

domingo, 22 de noviembre de 2009

Mujer estrella


“Soy mujer que mira hacia adentro, dice.
Soy mujer luz del día, dice.
Soy mujer luna, dice.
Soy mujer estrella de la mañana.
Soy mujer estrella dios.
Soy la mujer constelación guarache, dice.
Soy la mujer constelación bastón, dice.
Porque podemos subir al cielo.
Porque soy la mujer pura,
Soy la mujer del bien.
porque puedo entrar y salir del reino de la muerte.
Porque vengo buscando por debajo del agua,
desde la orilla opuesta,
Porque soy la mujer que brota,
soy la mujer que puede ser arrancada,
soy la mujer doctora, dice.
Soy la mujer yerbera, dice.
Y nuestra hermosa virgen de Guadalupe,
Y nuestra madre Magdalena....”

Canto curatorio de María Sabina

El 22 de noviembre de 1985 muere María Sabina, la mujer chamana de Huautla de Jiménez, Oaxaca, que representa la sabiduría ancestral en el manejo de los hongos sagrados, el teonanácatl, o los niñitos, como ella cariñosamente les decía.

Para entender su estatus hay que imaginar a la pequeña María atendiendo las almas de personajes como Gordon Watson, Aldous Huxley, Walt Disney, Bob Dylan y muchas luminarias menos refulgentes de la cultura que se acercaron a su choza en la sierra para recibir el don de la vidente o, al menos, la tonada de su sabiduría.

sábado, 21 de noviembre de 2009

Magno


Me enteré hoy en nuestra reunión semanal de Teorema la muerte de Magno Sánchez Jiménez, uno de nuestros principales “viejos” que en realidad tenía setenta y tres. Era dentista, masón, maestro pensionado, buen amigo y nuestro mejor cantante de tangos que, ante la ausencia de un músico tanguero, Magno cantaba simplemente a capela. Lo disfrutaba en verdad.

Era un hombre de pocas palabras, observador, taciturno y en cierta forma de espíritu oculto. Habitantes de la misma colonia, Magno me visitaba de vez en cuando y nos sentábamos a escucharme porque, como te digo, no era un hombre hablantín. Hace dos meses, sin embargo, sin muchos temas qué tratar, le propuse hacerle una entrevista sobre su niñez. Entonces me habló durante un buen rato. Este fragmento corresponde a una faceta poco conocida de él, su trabajo en el teatro:

“A mi me tocó trabajar teatro, un teatro hecho por poblanos. Algunos poblanos destacados se fueron al cine, inclusive. La hacía de malo en las películas, estuvo aquí Antonio Brillas, famoso actor cómico, su hermano igual, Emilio Brillas, y fundaron un teatro que llamaron Fernández Aldabín. Quien escribía las obras era el doctor Salvador Ibarra, hermano de Nacho Ibarra. Hizo una obra que llamó: De Flandes vino la luz, en la cual narra todo el proceso de la cultura española en México. Una obra de teatro muy grande que hizo el maestro. E hizo varias obras. Muy interesante esa época del teatro poblano.

“Estaba Antonio Gómez Haro, un tipo apuesto, poblanote, con toda la colonia española y árabe, ahí se juntaban haciendo teatro, pero buen teatro. Yo participé ahí a invitación de un amigo. La hacía de patiño, de extra, y participé en muchas obras.

“La señora Cuca fue una gran actriz de teatro en México. También recuerdo al señor que creó el Espacio 1900, entró desde entonces, prestaba su casa para el grupo. Una etapa muy interesante para Puebla, de ahí se creó el teatro universitario. Las obras se presentaban invariablemente en el teatro Principal, todo era en el Principal, y el universitario, en un teatrito junto a La Fragua, que todavía está ahí, y lo administraba Nacho Ibarra. Cuando venían caravanas de México a veces me mandaban llamar. Como sabían que hacía teatro, me llamaban a participar de extra en alguna de las obras, como las de Armando Calvo, por ejemplo. Me mandaban llamar. Me ayudó mucho cuando fui maestro, porque pude poner muchas obras de teatro. Me permitió fomentar el teatro en los lugares donde trabajé”.

Descansa en paz, amigo Magno.



viernes, 20 de noviembre de 2009

Y si Adelita


Al perder el PRI la presidencia, la revolución pasa automáticamente al terreno social y espiritual de los mexicanos. La Revolución, que siempre se adjudicó el estado institucional como propiedad privada, pasa a ser, en adelante, una experiencia propia de los mexicanos. Ahora depende de cada quien.

Entre las grandes cosas de la revolución destaca su música, triste y alegre a la vez, que evoca imágenes imborrables de nuestra memoria nacional. Ahí están los hombres con sus cananas y guitarras alrededor de la fogata; ahí están las adelitas echando tortilla en enormes comales de barro. Los valientes mexicanos que apostaron todo lo que tenían -que en muchos casos era tan sólo su triste vida-, para que algo ocurriera en este país, en beneficio de sus hijos y nietos, que somos nosotros. El recuerdo de la Revolución es ante todo una historia familiar.

Ahora, entre el voluminoso panteón revolucionario abundante de bigotes, sombreros y más bigotes, vemos preferentemente héroes de sexo masculino y muy pocas mujeres. Hay cientos de villas y zapatas diseminados en plazas pueblerinas y escuelas de todo el país. Zapatas postmodernos en los murales universitarios, heroicos en Palacio Nacional. Impresionantes Panchos Villas cabalgando en enormes bestias derramadas de venas y cientos de maderos, venustianos, obregones, ángeles y arcángeles, que, aunque empolvados, presiden aún los rincones de parques y museos.

Sin embargo, la Revolución sin sus mujeres sería inimaginable. En la evocación imaginaria saltan de inmediato rostros y faldones coloridos, trenzas y ojos grandes, nombres que no son nombres pero sí lo son. Es decir, Adelita, que seguramente existió en la figura de una mujer llamada Adela, se diseminó en miles y miles de revolucionarias que tomaron su nombre para referir más un género que una identidad. Asimismo la Joaquinita, La Valentina, La Mariela, Jesusita... cuyos rostros no reconocemos más que en la multitud y en la música multitudinaria. Son masa histórica, fotografía borrosa, alimentación y hogar de nuestros hombres.

A casi cien años del inicio de la Revolución Mexicana, más allá de su presencia histórica en el imaginario colectivo de los mexicanos, más de cien millones de mexicanos festejaban esta jornada con un día de descanso tradicionalmente concedido por un gobierno necesitado de liturgia, pero ahora ni eso. Este día fue cambiado por el asueto de un frío lunes 16 que nada significa. Pero más allá de los políticos que develaban placas y dicen discursos alusivos en los soleados veintes de noviembre, de los militares que brincaban esforzados en los desfiles de conmemoración y las filas interminables de escolares muy uniformados en un evento que compartimos todos, la fecha pasa por nuestros calendarios con olor a playa, carne asada y eventual reventón.

En discusiones serias, académicas y periodísticas, hay quien afirma que los principios revolucionarios ya no son vigentes, pero mientras el campo y los campesinos estén depauperados; mientras los 56 grupos indígenas sean los hermanos incómodos de los mexicanos o ciudadanos de segunda; mientras los obreros sigan siendo engañados por sus líderes y el Estado proteja únicamente los intereses de los grandes capitales... la Revolución Mexicana seguirá vigente en este país. Y ahora, sin Estado “revolucionario”, somos los mexicanos los depositarios de su tradición.


jueves, 19 de noviembre de 2009

San Juanico

En 1984 una extraña luminosidad despertó a los pobladores de San Juan Ixhuatepec, Estado de México y no era la del sol, pues esta luz venía acompañada de un fuerte olor a gas y, segundos después, de largas lenguas de fuego que arrasaron todo a su paso. Los depósitos de gas que surtían a la capital del país estallaron sin aviso desatando muerte y destrucción. San Juanico, como se conocía al sitio propiedad de Pemex, era uno más de los síntomas de un gobierno en descomposición y de una ciudad, la de México, hipersensible a los desastres.

Las cifras de muertos fluctuaron durante ese día y los siguientes de 21 a 410. La Procuraduría de la República gritaba a los cuatro vientos: “no fue un sabotaje”, mientras que Mario Ramón Beteta, director de Pemex, hacía lo propio con un mensaje previsible: “Pemex no fue responsable”. Se abrieron albergues, se destinaron 4 mil millones para la reconstrucción de tantas vidas dañadas, pero el daño estaba hecho: más de doscientos mil damnificados.

Durante horas, los habitantes de la ciudad miramos estupefactos por la televisión las escenas de la conflagración. Decenas de bomberos, reporteros y obreros se jugaron la vida hasta el mediodía en que los riesgos principales fueron controlados. La ciudad ya no volvería a ser la misma a partir de este hecho. Diez meses después de San Juanico nos tenía otra sorpresa.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Algo pasó...


El 18 de noviembre de 1910, entrada la tardecita, los vecinos de las parroquias de Santa Clara, Santo Domingo, Santa Teresa, San Cristóbal y San Pedro supieron que algo pasaba en la calle donde vivía la familia Serdán, una señora viuda con sus hijos ya grandes de nombre Aquiles, Máximo y Carmen. Aunque ese día, fue muy poco lo que pudieron enterarse.

Por la calle de Mesones llegaron decenas de soldados del Batallón Zaragoza y rurales, fuertemente armados, y en un santiamén se armaron los balazos que duraron lo que no tiene usted una idea. Más de dos horas. Los que pudieron ver algo afirman que había soldados trepados en las torres de todas las iglesias cercanas, y cientos de tropas que disparaban y disparaban hacia la casa de los Serdán, en la calle de Santa Clara (6 Oriente 200). Había muchos hombres en la azotea, disparando hacia la calle, y por el balcón de la casa de doña Josefa Alatriste, la mamá de los Serdán, Aquiles y su hermana Carmen disparaban y echaban bombas a los soldados, que nomás levantaban heridos y heridos y no sé cuántos muertos. Dicen que doscientos. Ya en la noche todo se tranquilizó, parece que los mataron a todos. No quedó ni uno de los quince o dieciséis hombres que defendieron la casa. En cuanto a doña Josefa, su nuera Filomena y su hija Carmen, que estaba herida, se las llevaron detenidas. Creímos que ahí había terminado la cosa, pero no, apenas empezaba.


martes, 17 de noviembre de 2009

(Contra) Invitación

Dirás que los mexicanos somos decepcionantes, que no tenemos palabra. Después de tantos dimes y diretes ¿qué crees?, que Pitágoras se apareció en el Café Teorema el sábado pasado, como originalmente estaba programado, así que se suspende toda inauguración para el siguiente sábado pues, a diferencia de algunos políticos, a nosotros no nos gusta inaugurar las cosas dos veces. En descargo de los mexicanos, debo aclarar que en el complot intervinieron chilenos, catalanes y españoles, además de sinaloenses, guanajuatenses, mexiquenses y uno que otro chichimeca. Y claro, los poblanos.

En antisolemne reunión, desinhibidos por la cerveza, escuchamos discursos y alabanzas y lo único concreto del caso es que don Pita quedó rete instalado en su nicho para siempre jamás, o hasta que las polillas terminen con su frágil naturaleza.

La esposa del artesano confiesa que, de darle a escoger, ella prefiere a Pitágoras en casa. La escéptica mirada del artesano lo dice todo, mientras que él no sabe qué decir; pide otra cerveza.

Mafa y Pepe Donoso pronuncian encendidos discursos para defender alguna tesis indefendible sobre el geómetra griego.

Desde Cataluña, Ricardo vino a defender la peregrina tesis de que Pitágoras era catalán.


El artesano coloca la piedra filosofal en la muñeca de Pepe Donoso, tras revelar el escandaloso “secreto de Pitágoras”, que le otorga a Pepe un poder de pacotilla.

El artesano y Pepe Donoso forcejean para cortar el listón. No ganó ninguno, pues no había listón que cortar.





lunes, 16 de noviembre de 2009

Ahí tú Vela


Informes e inscripciones con María del Rayo Loeza
Coordinadora de la Escuela de Escritores SOGEM de Puebla,
3 norte no. 3
Teléfono es 409-74-26 ext. 108
E mail: escritores.imac@gmail.com
Web: http://www.arteyculturadepuebla.blogspot.com/

domingo, 15 de noviembre de 2009

Santo y seña


Hace cuarenta años el amanecer de este día era especial únicamente para mí. Tenía asegurado un modesto pero lucrativo negocio: explotar el nombre de mi abuelito, que era igual al mío, con motivo del día de San Leopoldo. 15 de noviembre sonaba a monedas, nunca regalos grandes como en los cumpleaños o la navidad. No, este era un festejo casi secreto, que hábilmente comunicaba a mis corresponsales de la nostalgia para aflojarles unas monedas de mendicidad familiar. Mis papás, mi abuela –viuda de Leopoldo, ni más ni menos-, dos o tres tías y hasta el acaudalado telegrafista que trabajaba con mis papás, eran los parroquianos de mi lista. Con paciencia de comerciante, desayunaba lo de siempre, medio me lavaba y me iba a perseguir mis fines, casa por casa. “Tía, hoy es día de mi santo”; “abuelita…”, etc. Mi mamá tenía tanta conciencia de mis afanes que me despertaba con un diego. Sablear a mi papá era más complicado, pero terminaba lográndolo. El resto de mis clientes eran pan comido, me presentaba, decía la frase mágica y, un minuto después, salía con mi diego. Diez pesos era la tarifa aceptable y no recuerdo ninguna decepción. El botín a final de la mañana era de sesenta o setenta pesos, una fortuna. Mi primera incursión era a una tienda Conasupo en donde vendía latitas de leche condensada de a peso. Magnánimo, era capaz de invitar a uno o dos de mis primos. Agujerábamos las latas con un clavo y una piedra y la disfrutábamos tirados en el pastito del jardín hasta que roncaba de vacía.

Una vez que me deshacía de mis primos –no era para tanto-, me encaminaba invariablemente al único sitio en donde estaba dispuesto a dilapidar todas mis ganancias: la papelería América, la única papelería decente del pueblo que contaba con un surtido a la altura de mis ambiciones. Ahí sí, cada peso se iba volando en la forma de un tubito de óleo, lápices, carboncillos (“el block de dibujo ¿cuánto?”, 16 pesos. “¿Y ese?” Doce), siempre salía con una o dos libretas de dibujo, en particular una cuyas hojas venían en un bastidor que se despegaban con un cuchillo. Me encantaban ésas. Y de cajón, el resto de mi dinero en plastilina: ocho, nueve o diez barras de plastilina generalmente de un mismo color. Mis compras eran empaquetadas en sendas bolsas que yo cargaba orgulloso y ansioso hasta la mesa de la cocina, donde iniciaba el verdadero carnaval.

Los siguientes días de noviembre transcurrían raudos. Mis tardes eran solitarias, silenciosas, amenizadas apenas con el ritmo de mi respiración y el histórico ruido de mi cerebro que, hoy por hoy, es lo único que conservo.


viernes, 13 de noviembre de 2009

(des) Invitación


Por razones de agenda se suspende la inauguración de Pitágoras para el día de mañana, posponiéndose para el sábado 21 de Noviembre. Te pido disculpas. Si es complicado agendar a Oscar Chávez, imagínate a Pitágoras. Todo igual, el próximo fin. Gracias.

Las trampas de la fea


Mientras grupos e intelectuales elaboran sesudas ideas para sacar al buey de la barranca, la vida de los políticos transcurre en un país que consideran suyo de su propiedad, trampeando las reglas como de costumbre y torciendo las leyes hasta que resultan irreconocibles. Parece una comedia de los hermanos Marx.

Debido a una ley que prohíbe la propaganda política antes de que arranquen, por lo menos, las precampañas, los adelantados de siempre se las arreglan para ir haciéndole al monje poniendo su nombrecito aquí y allá, disimulada o poéticamente. El PRI es un buen ejemplo de ello, lo que no debe sorprender a nadie. Desde hace un año el secretario de desarrollo social, Javier López Zavala, apadrinado por el gobernador, tiene eslogan, forma grupos, se reúne diariamente con las fuerzas vivas amarrando y desamarrando compromisos, regalando despensas a diestra y siniestra en las innumerables zonas marginadas de la entidad. Digamos que es el más obvio, frente a sus contendientes reales (porque hay algunos irreales que nomás hacen montón), que espichadamente se las arreglan para estar en titulares, hacer grandes comilonas o, por lo menos, aparecer en las encuestas (las reales, porque también hay irreales), como la alcalde en funciones y el ex rector de la universidad.

En el PAN no hacen malos quesos porque también ahí la lucha es feroz. Aprovechando que los dos punteros son actuales senadores, además de las grandes comilonas, ahora han inventado un disque informe de labores senatoriales que anuncian por semanas con bombo y platillos en todos los medios de comunicación a su alcance. Rafael Moreno Valle, que es el segundo año que hace informe, es el creador de la idea, al menos en Puebla, y como si fuera el acontecimiento crucial de nuestro destino, le destina un titipuchal de lana a su campaña apareciendo literalmente hasta en la sopa. Ahora tenemos a su contendiente, Humberto Aguilar, haciendo lo propio, en una campaña radiofónica francamente ridícula, pues en corto sus amigos siempre le han apodado El Tigre, símbolo que ahora toma como elemento de batalla. Sus spots de radio son algo así como: “Humberto Aguilar (HA), el Tigre, tercer informas de labores. El Tigre, HA. HA, El Tigre”, etc. La cosa es que aparezca el nombre una y otra vez. Recuerdo otra campaña panista de Paco Fraile con el eslogan más ridículo que se tenga memoria. Habiendo tantas cosas qué decir sobre los gobiernos del PRI que siempre han gobernado la entidad, a Paco y sus asesores sólo se les ocurrió una frase que les pareció genial: “Paco-nseguir el triunfo”, apenas comparable con “haiga sido como haiga sido” de Felipe Calderón.

La batalla sigue en las ligas menores y ha alcanzado niveles de antología en el género de la trampa política. El secretario de gobernación del estado, Mario Montero, quiere ser presidente municipal, pero no puede anunciarse por ahora. También tuvieron una idea genial. Como su padre es un famoso locutor de radio que cumple algo así como 700 años de transmitir ininterrumpidamente, pero no se llama igual, sino Enrique, decidieron hacer espectaculares presuntamente en homenaje al comunicador con un texto convencional pero que a la distancia sólo es posible leer el apellido, en tipografía monumental, pues el resto está escrito “en letra chiquita”, como los contratos de las empresas abusivas.

La cereza del pastel se la lleva otro contendiente del PRI a la alcaldía capitalina, Pericles Olivares, de larga y segundona trayectoria que no es hijo de celebridad, ni tiene los recursos, ni padrinos del primero, pero sí un nombre inolvidable. ¿Cómo hacerle para aparecer también “sin que se note”?, se preguntó. Una chispa de dos mil quinientos años de antigüedad iluminó su mente: mandó hacer espectaculares con frases del célebre político y orador ateniense en letra relativamente pequeña, firmadas en el cetro del cartel con las siete enormes letras de su nombre: Pericles. Amparado en el cinismo de todos: me encantó.

La foto, por supuesto, es una composición mí, mas no la idea.


jueves, 12 de noviembre de 2009

Invitación


A todos mis amigos que residen en la ciudad de Puebla los invito a acompañarnos el sábado 14 de Noviembre, pasado mañana, a la develación (¿así se dice?) de la escultura en papel maché de Pitágoras, que llenará el hueco ilustrado en la fotografía, en un muro del siglo XVII. Vengan a tomarse una cerveza con nosotros (que por desgracia tendrán que pagar) y a escuchar las palabras de Pepe Donoso, de Ricardo y del propio artesano sobre la instalación, sin asomo de solemnidad ni pompa de ninguna circunstancia.

Ahí estaremos desde temprano (12 hs), para descubrir a don Pita a eso de las 14 horas.



miércoles, 11 de noviembre de 2009

La edad del tiempo


El 11 de noviembre de 1928 nace en la ciudad de México el escritor Carlos Fuentes, uno de los mexicanos vivos de la literatura mundial, autor de La región más transparente y La muerte de Artemio Cruz; La hoja de la Hidra y Cristóbal Nonato, entre otras famosas novelas.

Fuentes termina siendo un escritor de símbolos. Cada palabra que dice se inscribe en la importancia histórica de su voz moral y profesional; a sus años busca aún en las dos orillas del Atlántico; en los espejos de obsidiana enterrados en la urbe totonaca del Tajín, preguntas fundamentales de la lengua, con el ánimo de llegar a reflejarse en los espejos ibéricos de Cervantes y Velázquez, de la locura al asombro, en un intercambio de reflejos que han ido y venido de una orilla a otra. “Los espejos simbolizan la realidad –escribe Fuentes-, el sol, la tierra y sus cuatro direcciones, y todos los hombres y mujeres que la habitamos.” Si tuviera que nombrar de una sola forma el conjunto de su obra, afirma, la llamaría La edad del tiempo. Por lo pronto, hoy festejamos la edad de Fuentes.



martes, 10 de noviembre de 2009

Cantando se alegre


Un día como hoy de 1957 fue sepultado un hombre cuya prolongada vida atestiguó muchos de los eventos más importantes de nuestra historia. Don Quirino Mendoza, nacido en Zapotitlán, Estado de México en 1857, dedicado al arte y a la contemplación, entre sus muchas obras se cuenta un tema multinterpretado por los mexicanos hasta en los estadios de futbol: Cielito Lindo.

Quirino Mendoza fue habitante mexicano del primer juarismo, el imperio de Maximiliano, el segundo juarismo, el largo porfirismo; fue testigo y actor de la Revolución de don Pancho Madero; las múltiples traiciones revolucionarias; las muertes históricas y la costosa pacificación; vio como se hizo la Primera Guerra Mundial; fue adulto en la Cristiada, en la consolidación del Estado revolucionario; el maximato de Calles, la llegada de Cárdenas, la expropiación, la reforma agraria. Vivió la Segunda Guerra Mundial. Y todavía don Quirino Mendoza estuvo siete años bajo el régimen institucional del PRI, encabezado ahora por licenciados. Un siglo, que no es cualquier siglo. Don Quirino, modesto, nos dejó una obra imborrable que seguimos cantando hasta el día de hoy y que incluso ha sido tomado como himno mexicano en los partidos de futbol internacionales: “Ay, ay, ay, ay, canta y no llores…”

Honor a quien honor merece.


Casa Runa


Se ha agregado entre los seguidores de este blog el colectivo Casa Runa, de Iquitos, Perú. Es un honor, muchas gracias. Casa Runa, dirigida por el antropólogo Francisco Andía, es una bocana de aire fresco para los jóvenes de esta apartada comunidad de la selva amazónica. Ha organizado, con sus propios medios, un programa cultural que ya ha recogido sus primeros frutos con el nacimiento de grupos artísticos que han podido canalizar sus inquietudes a través de exposiciones, conciertos y discusiones que nos demuestran una vez más que la cultura popular está en manos de la gente, que está viva y que no necesita de nada más que de su vigor, su entusiasmo por crear, por sentirse libres para hacerlo. Así pues, bienvenida Casa Runa.


Respuesta a Anónimo

Gracias por su respuesta y sus precisiones. En todo caso lo que sería de algún interés es por qué tenemos tan mala imagen de usted, entró a la secretaría de Fox y cambió. La lejana percepción que un ciudadano cualquiera como yo recuerda su actuación como un desastre ¿por qué?, por eso su candidatura no tuvo repercusión, porque de algún modo se granjeó la antipatía general, de la prensa, del propio gobierno, la ciudadanía. ¿De quién fue la culpa, de sus asesores de imagen o suya? Supongo que puede ser tema para su próximo intento. Llevé el tema del ensayo a mi mesa de viejitos en un café poblano y terminé defendiéndolo de toda clase de verdades a medias de los comensales sobre usted. ¿Cuántas oportinidades cree que deben tener los políticos para demostrar su buena fe y sus buenas intenciones? Es decir, mi único reclamo personal a usted era el haberme decepcionado como su lector y admirador. Un deslinde tal vez innecesario, pero quería dejar patente que usted como guía ya tuvo su oportunidad y nos decepcionó ¿por qué creerle ahora? No sé por qué, pero su ensayo co-firmado me parece una magnífica idea que es necesario divulgar. Y esa fue mi intención

lunes, 9 de noviembre de 2009

Cuando el futuro...


En los años setenta, mi hermano Antonio me pasó un revelador librito de Jorge G. Castañeda sobre la revolución en Nicaragua. Me encantó. Entonces su padre era ministro de relaciones exteriores y tuve que desembarazarme de los prejuicios que esto implicaba para seguirlo leyendo. Lo hice y no me arrepentí, lo leí durante años en su colaboración semanal para la revista Proceso y en cada artículo mi reflexión era: “por qué no gobierna gente como ésta”, con tan sobrada claridad sobre los problemas nacionales, sobre la idiosincrasia, la economía, sobre nuestro lugar en el mundo.
En el año 2000 la oportunidad llegó, Castañeda ocupó el lugar en el gobierno de Fox y, lo que ahí ocurrió, fue de lo más desconcertante. Como un chivo en cristalería, mi recuerdo de la gestión de Castañeda es el de un desastre en la otrora ordenada secretaría de relaciones exteriores mexicana. Castañeda salió del gobierno por la puerta trasera, fue una tremenda decepción como gobernante, como intelectual en el poder. Al término del sexenio se lanzó como candidato independiente, no fue claro en su proyecto de país y más bien se dedicó a intentar colocar su candidatura contra la obtusa prohibición legal a que lo hiciera. No lo logró, aunque tiempo después un tribunal internacional le dio una especie de victoria legal de gusto simbólico .

(Un anónimo parecido a Castañeda escribió un comentario con precisiones sobre su gestión y otros comentarios sobre su vida privada que yo había leído en el periódico y hasta donde recuerdo nunca fue corregido. En correspondencia a su atención y en vista de que era intrascendente para mi análisis, suprimo lo que él niega en su respuesta. Servido.)

La aclaración sirve para concentarse en una interesante propuesta que Castañeda hace ahora, junto con Héctor Aguilar Camín, sobre lo que los mexicanos debemos desear que suceda en este país, estancado casi en cada uno de los rubros de su vida nacional: economía, educación, idiosincracia, llamado Un futuro para México y publicado este mes en la revista Nexos. No hay forma de negar su interés porque Castañeda, con todo y sus defectos, nunca ha dejado de ser un crítico agudo y atinado de las políticas públicas de los gobiernos mexicano y estadunidense, un protagonista que ahora, acompañado de Aguilar Camín, merece nuestra mejor atención.

Un futuro para México es un ensayo provocador con una extensión de 25 cuartillas, aproximadamente, dividido en siete apartados que, a su vez, se desmenuzan en otros tantos puntos: El peso del pasado, la prosperidad, nuestro lugar en el mundo, proteger a la sociedad, educación, democracia y hacia el 2012.

Como el lunes anterior, cuando me adherí a la campaña de “ya bájenle” promovida por Dresser y compañía, ahora quisiera hacer lo propio en cuanto a la necesidad de discutir los puntos que Castañeda y Aguilar Camín destacan aquí para mejorar nuestra condición en el mundo. En cada apartado del ensayo, no hay desperdicio en cuanto a la necesidad imperiosa de cambiar ciertas cosas en nuestras “costumbres nacionales”, sobre todo aquella que apunta a la ausencia de proyectos, planes o al menos deseos entre la clase política para que algo cambie en nuestro desastroso panorama, que es, a final de cuentas, lo que ambos piden como conclusión de su escrito: debate.

De acuerdo a los autores, deben tomarse cuatro decisiones estratégicas: 1. Asumir los cambios que requiere la economía para crecer; 2. Decidir el lugar que se quiere ocupar en el mundo; 3. Universalizar los derechos y garantías sociales necesarios para construir una sociedad equitativa, donde más de las dos terceras partes de la misma vivan más o menos igual; 4. Hacer productiva la democracia mediante reformas institucionales que garanticen la seguridad de los ciudadanos.

Así, sus conclusiones apuntan a volver a imaginar un panorama económico y social sin la presencia de los dañinos monopolios por todos conocidos: privados, estatales y sindicales. La imperiosa necesidad de definirnos frente a los Estados Unidos, tanto en lo social como en lo oficial, pues no hay una agenda mexicana para planificar con cierta esperanza esa vecindad:

“Ha llegado el momento –dicen- de buscar convergencias con Estados Unidos y Canadá en asuntos multilaterales como los derechos humanos y la democracia, el cambio climático, las crisis latinoamericanas y mundiales.”

La urgencia de una reforma fiscal donde recogen una iniciativa de Santiago Levy sobre un impuesto general y único para los mexicanos, con una clara repercusión en la sociedad. Una reforma laboral que dé efectiva libertad a los trabajadores para crear o afiliarse al sindicato que ellos, individualmente, elijan, terminando con la famosa “toma de nota” que negocian en paquete, más allá de las voluntades personales. Educar a nuestros jóvenes para vivir mejor, “para resolver su vida, para obtener un empleo. Y aún mejor: para crearlo”. Y hacer algo por nuestra democracia que “gobierna pero no transforma”, por la federalización de los delitos que el fuero común en realidad no persigue o, al menos, no resuelve.

“No hay acuerdos fundamentales entre sus fuerzas políticas sobre qué rumbo tomar, y se estorban unas a otras, pero su desacuerdo no destruye ni socava el Estado, simplemente lo hace un instrumento más debatido y menos eficaz para el cambio”, concluyen Jorge G. Casteñeda y Héctor Aguilar Camín, en esos temas que, más allá de quién los proponga, urge que se debatan entre los mexicanos. Te recomiendo ampliamente este ensayo, que puedes leer en el número de noviembre de la revista Nexos, o de manera gratuita en su portal web:


domingo, 8 de noviembre de 2009

Caíto


Cerca de las tres de la mañana de este lunes 8 de Noviembre del 2004, Carlos Díaz, “Caíto”, murió en un hospital de la ciudad de México de cáncer pulmonar, a los 59 años de edad. Nacido en Argentina, Caíto vivió en Puebla los últimos 20 años de su vida, convirtiéndose en uno de los intérpretes más destacados de la denominada Nueva Canción Latinoamericana.

Conocí a Caíto a mi llegada a Puebla y con el tiempo hicimos una agradable aunque esporádica amistad hasta su muerte. Nos hizo los jingles de la estación de radio y rápidamente se las arregló para tener un programa de música trova que pasaba los jueves de cada semana: Canciones y momentos. Era un argentino singular –como buen argentino-, de fuerte personalidad y voz aguardentosa. Cuando lo conocí no creí que pudiera cantar, sin embargo, cuando me tocó escucharlo, no sólo me gustó, sino que me convertí automáticamente en su fan. Por supuesto nos llevó todos sus discos que nosotros programamos por aquí y por allá. Caíto era un hombre enfermo de muchas cosas, lo operaron repetidamente de la cadera, de otras dolencias y un día como hoy, sin venir al caso, murió.


sábado, 7 de noviembre de 2009

El héroe


Una vez vi una calle que se llamaba Héroes de Nacozari. Lo mismo da si no vives en Nacozari, Sonora. Lo cierto es que en Nacozari nunca fueron muchos los héroes, sino uno sólo, ferrocarrilero, de nombre Jesús García. Desde niño escuché hablar del héroe de Nacozari y siempre me llamó la atención. Un hombre que salvó a toda una población en un acto heroico que obviamente le costó la vida. Al ver que su convoy era abrazado por las llamas, y ante la inminente explosión del tren en el centro del poblado, ofreció su vida a cambio y salvó al pueblo de una desgracia mayor. Fue tan famoso su acto de heroísmo, que el gremio ferrocarrilero decidió destinar este día para el festejo de los trabajadores ferrocarrileros. Eso ocurrió un 7 de noviembre de 1906.


viernes, 6 de noviembre de 2009

Don Pita y yo


Todo empezó con un gran agujero en una pared del siglo XVII de la librería-cafetería Teorema de la ciudad de Puebla, en su nueva sede. El hoyo en cuestión tiene una altura de 2.17 metros por 80 centímetros de ancho, y comienza a 1.40 metros del suelo. “¿Qué hacemos ahí?”, nos preguntamos algunos interesados. “Hagamos a Pitágoras”, sugerí. “Es buena idea, pero ¿quién es Pitágoras?”

Bueno, lo último no era una broma, pues había quien lo ignoraba, aunque la mayoría sabíamos que Pitágoras es el creador del Teorema, pero había ciertos matices que era necesario investigar, por lo menos en la Wikipedia. Pitágoras (570 a.C.) no descubre el teorema, describe una solución matemática en la arquitectura usada desde tiempo atrás entre los egipcios, mesopotámicos e incluso chinos, como se evidencia en la pirámide de Kefrén, datada en el siglo XXVI a. C., que se construyó basándose en el llamado triángulo sagrado egipcio, de proporciones 3-4-5, el teorema de Pitágoras, que explica los valores de los lados de un triángulo rectángulo, se utiliza para resolver problemas referentes a los citados triángulos. O un diagrama en la aritmética clásica china que representa la más antigua demostración conocida del teorema de Pitágoras. Un equilibrio de fuerzas asociado a una "solución por áreas", que otros autores relacionan con una equivalencia de triángulos, como la demostración euclidiana.


Rápidamente me puse a investigar sobre la iconografía relacionada con el gran Pitágoras. No hay muchas, como con Platón o Aristóteles, pero encontré una cabeza griega y un retrato de Pitágoras sosteniendo una pirámide, suficientes para empezar a trabajar la idea; otras imágenes y esculturas griegas me ayudaron a planear la caída de la toga y sus dimensiones, sobre todo a lo ancho, pues contaba sólo con 80 centímetros. No lo vas a creer, pero la aritmética más elemental es un gran reto para mí, tal vez porque nunca tuve jueguitos educativos.



Me puse manos a la obra. En profundas noches de cierzo otoñal apilé unas cajas y las desapilé, corté, cocí engrudo en cantidades industriales y don Pita comenzó a configurarse. Lo primero que hice fue la cabeza, su cara griega con un elegante turbante que Pitágoras ostenta en su cabeza-escultura original, pues se sabe que el sabio griego era calvo. Hice a continuación las manos, respetando que en la derecha llevaría una pirámide, pero jugando a la idea del café en la mano derecha, única licencia del artesano.

Ya, el mono de Pitágoras estaba de pie en nuestro estudio-sala de “su casa de usted”, como decimos aquí en Puebla. Tenía algunos hoyos por aquí y por allá, y su estatura de 1.95 metros se vio gravemente disminuida por un accidente relacionado con el engrudo y el peso, que motivó que fuera condenado a la horca en juicio fast track. Aún sin cabeza, el muñeco fue colgado de la escalera y estuvo ahí por dos o tres días, esperando a secarse. Pero el daño estaba hecho. El accidente le costó al mono 10 importantes centímetros que nunca más recuperará.

Súbitamente, los habitantes de esta casa comenzamos a notar la presencia del mono en medio de la sala. No era aún la imagen humana de un individuo, más bien se trataba de un edificio de papel que poco a poco iba adquiriendo forma humana, pero con mucha lentitud. Hasta que un día nos despertamos y ya no hubo forma de llamarle mono a esa representación. No era un ser humano, pero en la penumbra de las mañanas o de las noches poco le faltaba para empezar a hablar. De modo que no pudimos seguir llamándolo mono, ni muñeco, incluso tanpoco le podíamos llamar Pitágoras, pues este nuevo individuo había irrumpido en nuestra casa y, por lo visto, se disponía a cenar. Por eso le llamamos don Pita, porque se ganó su lugar por derecho propio.



Así fue que don Pita pasó, momentáneamente, a formar parte de la familia. En un lugar en donde yo he sido el macho dominante y el macho dominado, el único pues, la presencia de este nuevo ser no dejó de inquietar el frágil equilibrio de un matrimonio de más de veinte años: era más alto y decididamente más guapo que yo; sus ropas claramente más elegantes que las mías y, en general, tenía una personalidad arrolladora de la que yo carezco. Tuve que pararme a platicar con él (no se puede sentar, el muy…), convenimos entonces en que su breve estancia en mi hogar tenía que ser civilizada. Hice como que le servia una copita de tequila en su taza, me serví una verdadera en la mía, y brindamos por la armonía y la concordia. Yo era Dios, en todo caso, era su creador. Lo menos que podía hacer era dejar de ver con esos ojos a mi esposa.



Lo que pasó después de ese acuerdo fue mágico, celestial. Don Pita y yo hacemos una buena pareja (de machos alfa, se entiende), desde esa noche vivimos una fantasía artística universal, veinte siglos ligados por papel y engrudo, por ignorancias y sabidurías, por la relación entre los pesos físicos y el teorema de Pitágoras que, ayudados por un sheriff del Oeste, nos permitió que don Pita se mantuviera erguido y alto, a pesar de las pérdidas. Fue así que me prestó su toga para la fotografía, y en la semana que falta para ser entregado al hoyo aquel, espero que se impongan la paz y la civilización. Aunque estaré vigilante.

- Son las dos de la mañana ¿a dónde vas?
- Al baño.
- Ah, bueno.

Suite 347


El viernes 6 de noviembre de 1970 el doctor Marco Antonio Lazcano estuvo como de costumbre toda la mañana en el hospital. Entre sus numerosas actividades estaba la visita de la suite 347, en donde agonizaba Agustín Lara. Este día el maestro fue una de sus prioridades, pues lo encontró muy delicado.

A las 18 horas el doctor Lazcano se presentó en el Lobby del Hospital inglés y dijo las siguientes palabras: “Señoras y señores, tengo la pena de informar a ustedes que hace unos cuantos minutos, exactamente a las 17:50 horas de hoy, el señor Agustín Lara dejó de existir a causa de un paro cardiaco respiratorio. El maestro tenía exactamente 73 años de edad con seis días”.

A las 22:30, a pesar de la hora, las calles se poblaron de gente que esperaba ver pasar, por última vez, al maestro de la cursilería perfecta, bohemio indomable, el gran Flaco de Oro.

La foto fue tomada del libro El Flaco de Oro, de Gabriel Abaroa Martínez, Editorial Planeta, 1993, p. 304.

jueves, 5 de noviembre de 2009

Comunicación eléctrica


Intentar explicar nuestras vidas actuales sin la presencia de las telecomunicaciones es inútil, cada vez dependemos más de ellas social y económicamente. La importancia cotidiana de la televisión, el teléfono, la radiodifusión, de los teléfonos celulares; del uso continuo y permanente del correo electrónico, hacen a las telecomunicaciones un instrumento básico de eso que llaman modernidad.

Un día como hoy de 1851, México inicia la comunicación eléctrica cuando en Nopalucan, Puebla, se recibe el primer mensaje telegráfico de la capital: "Se ha enviado la correspondencia extraordinaria del Paquete Inglés”, de manera que llegaría el día siguiente por la mañana.

El entusiasmo era desbordante. “¿Y los ladrones? –se pregunta el periódico El Español- ¿y los raptores de doncellas? ¿y los suplantadores de firmas? Ya pueden tomar otro oficio, porque el telégrafo los alcanza, con una justicia inexorable”. *

La comunicación eléctrica iniciaba su largo reinado al que, aún hoy, es difícil predecirle alguna clase de final. El fecundo telégrafo llegó para procrear en las décadas siguientes a otros sorprendentes sistemas de comunicación que hoy vemos condensados en el Internet y sus variadas aplicaciones. Todo esto gracias el empeño y el entusiasmo de don Juan de la Granja (en la foto) que aquel lejano día demostró a los escépticos que la telegrafía no era un sueño imposible.

* El Español, 12 de noviembre de 1851, núm. 16 p. 6


martes, 3 de noviembre de 2009

Pálido sino


Soy de los que cree que el sistema de partidos políticos en México es el causante de buena parte de nuestros males. Ellos coartan, dificultan, encasillan, someten, compran, corrompen, destruyen, debilitan las iniciativas ciudadanas que aquí y allá pugnan porque las cosas cambien para bien en este país. Para nadie, hoy en día, es un secreto de que los mexicanos hemos iniciado nuestra apertura democrática con el pie izquierdo, y que los gobiernos del cambio nos han dado la misma cucharada de mediocridad y abuso que acostumbrábamos tomar con el sacrosanto PRI. El PAN ha sido incapaz de enfrentar los lastres que veníamos acumulando por décadas en el sistema unipartidista y, antes bien, se han acomodado a ellos, aliándose, reproduciendo vicios, reconstruyendo componendas con viejos y nocivos cacicazgos que tanta importancia tienen en el presente y el futuro de nuestra castigada patria, como la educación, las telecomunicaciones y la energía. En fin, también nos hemos cansado de decirlo: estamos hartos de los partidos políticos, de su funcionamiento, y muchos ciudadanos creemos que ya es hora de hacer algo.

Es por eso que ha surgido una representación social que busca aglutinar las voces dispersas de los ciudadanos de todo el país para gritar, una vez más, nuestra inconformidad. Están ahí mi admirada Denise Dresser junto a otros destacados miembros de la sobada “sociedad civil” (ella sola me basta para confiar en que es una iniciativa inteligente y honesta) que han creado una modesta página con un nombre más bien feito, con una sola petición:

“Tú puedes participar activamente en esta campaña y exigir a los legisladores que hagan una reforma seria y reduzcan el financiamiento a los partidos políticos. Si apoyas esta propuesta, se enviará un mensaje a las y los diputados a cargo de las Mesa Directiva, la Junta de Coordinación Política, y las Comisiones de Presupuesto, y de Puntos Constitucionales”.

El nombre no me gustó porque la expresión va acentuada y en las direcciones de internet no se usan los acentos, lo que de entrada te obliga a incurrir en una falta ortográfica, pero también considero que el nombre es lo de menos. Lo importante es expresarnos, juntarnos, elevar una voz multitudinaria para que los partidos políticos la escuchen -una vez más-, y entiendan que algo tiene que cambiar.

La dirección para adherirse es: http://www.yabajenle.org.mx/

Al tiempo.


lunes, 2 de noviembre de 2009

La muerte


La inmortalidad tal vez no exista, pero sabemos que la muerte sí. Está ahí, latente, frente a nosotros. Nos visita y cuando lo hace nos abruma. Nos asusta con su insondable misterio; el más allá, la eternidad, el final de nuestras breves y precarias vidas.


Sin duda hace falta pensar más en la muerte, para aceptarla mejor. Es falso que los mexicanos festejemos la muerte como festejamos las derrotas de la historia; es falso que nos de alegría. La respetamos y le tememos como todos y, hoy, la recordamos.


domingo, 1 de noviembre de 2009

Todosantos


Desde hace ya muchos años, antes de la llegada de los españoles, se celebra hoy el día previo al Día de Muertos; conocido ahora como Día de todos los Santos, o simplemente Todos Santos, inicio de una reflexión anual que los mexicanos acostumbramos hacer sobre la muerte.

Los panteones ya han sido visitados multitudinariamente, y hoy, muchas de las tumbas lucen la parafernalia amarilla del zempatsúchil y el rojo sangre del la flor de terciopelo.

En muchos hogares mexicanos, sobre todo centro y sur del país, acostumbramos instalar una ofrenda floral por nuestros muertos que, con tristeza infinita, se acumulan cada año. Ponemos las fotografías de nuestros muertitos o algún objeto simbólico que los identifique, flores de zempatsúchitl que son amarillas, las de terciopelo que son rojas y unas florecitas blancas muy sonrientes que se llaman nube. Ponemos veladoras, panes de muerto (que aquí llamamos hojaldras) y platitos comprados en el mercado con comida simulada (pechuguitas de pollo, mole, sopes y otras exiquisiteses que apreciamos por acá); la noche del día primero de noviembre, nosotros, que no rezamos, nos reunimos unos minutos en torno a la ofrenda y recordamos cada quien a uno o dos muertitos a quienes ofrecemos una ofrenda que ya sabemos que era de su agrado. A mi papá, por ejemplo, le convido pepitas de calabaza que le fascinaban; a Mario le servimos un tequilita simulado en una copita verdadera, y así. Hemos vivido momentos muy emotivos recordando a nuestros muertos. Este año dedicamos la ofrenda a mi sobrina Paola, cuya tristísima muerte acaeció hace unos días en Cuauhtémoc a causa de un accidente, con tan sólo 17 años de edad. Que todos descansen en paz.