miércoles, 31 de marzo de 2010

Selena


A mediados de los años noventa trabajaba en una estación de radio como productor de noticias, la música grupera de su programación no ofrecía sino algunas contadas canciones que se distinguían entre los tamborazos y la estulticia. Una de ellas era Selena, seleccionada varias veces al día, que fue apoyada en su visita a Puebla cuando se presentó en un desangelado salón por el rumbo de la CAPU, que aquí es la central de autobuses. Selena, a pesar de su edad, tenía una ascendente y prometedora carrera en el pop texmex.

En Febrero de 1995 la popular cantante se presentó en el Astrodome de Houston, Texas, con un lleno total. El gran éxito por fin había llegado. Esa tarde cantó un Medley gringuito en homenaje a la música de los años sesenta en los Estados Unidos. Su calidad estaba fuera de toda duda, pero ese día se estaba metiendo con los grandes monstruos del pop como Donna Summer o Whitney Houston y la sorpresa fue que lo hizo muy bien.

Siete semanas después de aquel brillante evento, el 31 de marzo de 1995, vivimos la sorpresa de su muerte, a manos de una de sus empleadas. Fue entonces cuando supimos, realmente, lo que se había perdido.

Selena fue una niña artista a instancias de su padre. Nacida en Corpus Crhisti, Texas en 1971, a los 15 años recibe su primer premio como la Vocalista Femenina del Año, así como el tema musical del año; a los 22 años fue premiada como la cantante, la canción y el álbum del año, un año después Selena recibe el Grammy en la categoría latina; el disco de oro y platino, el Doble Platino y el Cuádruple Platino por su tema Amor Prohibido en 1994.

La tarde del 31 de Marzo de 1995 transcurría sin novedad hasta que, a las 5 de la tarde, una noticia conmocionó al mundo musical: Selena había sido asesinada por la presidenta de su club de fans, tenía 24 años de edad.



martes, 30 de marzo de 2010

Video tape


En un mes de históricos atentados, el de marzo, se agrega a la lista el día de hoy el sufrido por el presidente de los Estados Unidos Ronald Reagan, saliendo de un hotel, en 1991.

Como en el caso de Colosio y la imagen hipnótica de una pistola saliendo de la multitud para dispararle en la cabeza, acá vemos indeleble la imagen televisiva del anciano actor gesticulando de dolor por la bala que penetraba su costado; sus guaruras empujándolo hacia el interior del vehículo; su secretario cayendo sin sentido sobre la banqueta.

Si Reagan hubiera muerto el vicepresidente Bush habría asumido la presidencia sin provocar una crisis de Estado; el asesinato de Colosio, en cambio, cimbró al sistema priísta desde sus raíces e inició su lenta pero inexorable descomposición.



lunes, 29 de marzo de 2010

Go home




29 de Marzo de 1973: “yanqui go home”.



Las hélices del último helicóptero yanqui se debaten burlonas sobre los jardines de la embajada en Saigón.

Este día, el último marine en Vietnam sale presuroso ante la vergonzosa derrota del imperio. Estados Unidos había perdido la guerra ante un ejército de campesinos del Vietcong.

domingo, 28 de marzo de 2010

Hastío



Raúl y Alma se conocen en la radiodifusora. Manuel y Jeny son amantes. Don Manuel, el patriarca, aparece como el gran jefe que está a punto de retirarse. Viky es más que una secretaria de don Manuel. Se hablan de “tú” a solas, ponen distancias cuando están en público. Paco Trejo es la adquisición de Manuel Jr., Manuelito a sus espaldas, el nuevo gerente de la radiodifusora. Se trata de un joven y animoso locutor que es muy bueno en el micrófono y algo lento en lo privado, un hombre bien intencionado pero ignorante, limitado en conversaciones pero a la expectativa de tener un encuentro sexual con otros personajes femeninos de la historia, como Romy, la reportera, y Andrea Valerdi, hermosa y talentosa, que ya era la conductora estrella en el perfil romántico y ahora pretende mantenerse en el nuevo perfil grupero, impuesto finalmente por el joven Manuel, cambiando su histórico perfil.

Están en la etapa de preparación, la programación, de momento, sigue siendo romántica, una decena de géneros muy bien presentados después de tanto tiempo de hacerlo. Don Manuel se retira y en su entrega se manifiestan las redes del poder que mueven la estación, donde intervienen importantes llamadas telefónicas con el poder local y nexos inevitables de un sindicato espurio y corrompido, personificado en Alvarez, que manipula y corrompe los mejores deseos radiofónicos de Manuel y Guillermo, su productor, y con el tiempo, al ingenuo Paco Trejo, quien además de ser la imagen de la estación, es la imagen de la telenovela. Un muchacho atractivo, bello, pero vacío. Una metáfora de la televisión mexicana.
El antiguo ingeniero Servando Picaso, con impotencia, trata inútilmente de convencer a todos los personajes del peligro de convertirse en una estación popular, lo que le crea serios inconvenientes con Alvarez, que desde ahora lo considera un enemigo de sus fines.

(Fade in) “María Grever no tuvo un éxito inmediato con su música. Repartía su material entre las disqueras neoyorkinas pero, a pesar de los elogios: “tú música es muy buena, muy sensible...”, las empresas le veían poco potencial comercial, pues eran “muy latinas”. En plena Revolución mexicana su marido viajó a México por largas temporadas, de hecho años, por lo que María tuvo estrecheces económicas y cierta zozobra sobre su futuro. Pero de nuevo el destino tenía algo preparado para ella. Escuchemos una de estas piezas originarias…”

Continuará...

sábado, 27 de marzo de 2010

La divina Sassy


Sarah Vaughan, apodada Sassy o La Divina, fue pianista y vocalista de jazz conocida por su rica voz, de registros inusualmente amplios, y por su virtuosismo en la improvisación.

Nacida en New Jersey, un día como hoy de 1924, Sarah Vaughan comenzó estudiando piano y órgano y cantando en la iglesia local. En 1942 se le contrata como vocalista y segunda pianista en una orquesta. Un año después, conoce a Charlie Parker y Dizzi Gillespie con quienes graba Lover man en 1945.

Terminada la guerra en Europa, Vaughan comienza a aparecer en la naciente televisión y hace tres películas de jazz. Su gran popularidad la lanza a una gira americana y europea. Considerada una de las cantantes más poderosas del jazz, Sarah Vaughan muere en 1992 a los sesenta y seis años de edad.



viernes, 26 de marzo de 2010

Rey tepaneca


Un día como hoy de 1426 muere Tezozómoc, gobernante de los tepanecas y uno de los pocos héroes mexicas que sobrevive en el horizonte mestizo del México de hoy.

Los tepanecas fueron los últimos habitantes prehispánicos que recibieron a los españoles y se mezclaron con ellos para procrear esa paradójica cultura que hoy formamos, la mexicana.

Los tepanecas cohabitaron con los chichimecas. El actual territorio de esas delegaciones del sur del Distrito Federal perteneció a la nación tepaneca, formando parte del Señorío de Coyoacán. Los tepanecas eran una de las siete tribus nahuatlacas que se establecieron en la Cuenca de México, su centro rector era Azcapotzalco y sus dominios territoriales comprendían Tenayuca, Tlalnepantla, Tacuba, Tacubaya y Coyoacán, colindando con la cordillera que corre hasta los confines de los Ñahñús.

El primer rey tepaneca fue el príncipe Acolhuatzin, que se casó con la hija de Xólotl. Al trono le sucedió Tezozómoc, quien tuvo cinco hijos: Moquihuiztli, Ecatliztac, Cuacuacpitzáhuac, Maztlatzin y Acolhuácatl.

Durante su reinado, Tezozómoc extendió el dominio tepaneca nombrando a sus hijos señores de distintos lugares. Maztlatzin reinó Coyoacán, donde se incluían los poblados.

Al fallecer Tezozómoc, este día del año 1426, le sucedió en el reinado Maztlatzin, enemigo acérrimo de los aztecas. Una de sus primeras acciones fue la de someterlos, matando a Chimalpopoca.



jueves, 25 de marzo de 2010

Una úvula de fábula


Me sometí a la triste amputación de mi campanilla, pues el otorrinolaringólogo familiar decidió que la tenía muy larga, además de que yo mismo confesé que me molestaba en las noches, boca arriba, pues la dichosa úvula se me metía hasta el estómago.

El día llegó y fui pasado a la silla de las ejecuciones en donde me acomodé dispuesto a perder mi adorada campanilla, compañera fiel de tantas batallas orales. Sin demasiadas ceremonias me fue aplicada una solución gélida y amarga que en muy pocos segundos me anestesió hasta los dientes. Pero sólo la adormeció, pues al pescarla con una pinza sostenida en su mano izquierda para cortarla con las tijeras de su mano derecha, la sensación fue como si fuera a cortarme la lengua. Es la cosa más espantosa que te pesquen la campanilla con una pinza dura y fría. Estuve a punto de vomitar varias veces la impecable bata blanca del carnicero, pero hábilmente la soltaba y dejaba que me repusiera. Los ojos me lloraban como fuentes mientras el galeno contaba bromas familiares, como si yo pudiera estar interesado en divertirme mientras me cercenaba casi al natural.

Así estuvo un rato, la pescaba con su espantoso instrumento y yo sentía que me jalaba la médula espinal, como si me fuera a extraer la tráquea entera, hasta el píloro. Los intentos se repitieron varias veces y yo llegué a pensar que sería imposible la intervención hasta que, con gran concentración, me dediqué a respirar rítmicamente, como en un parto psicoprofiláctico, mientras él efectuaba la amputación. Yo pensé que sería en un solo corte. ¡Zaz!, como el limpio tijeretazo de un peluquero que te corta el copete de un jirón; pero no, con la paciencia de un sastre el carnicero procedió con desesperante cautela; me permitió comprender a esos indefensos cervatillos que son comidos vivos por una manada de perros salvajes, que les arrancan trozos mientras ellos mueren.

La maniobra del doctor consistió en pequeños pellizcos como de pirañas que fueron cercenando aquella tripa en un largo festín de cinco o más segundos, los más largos de mi vida. Tras esa eternidad, el carnicero sacó triunfante su pinza con la mitad de la tripa agonizante que aún se retorcía en húmedos espasmos, como el brazo de una estrella de mar cortado por un hambriento cangrejo.

Era un producto de mi cuerpo, como un recién nacido, rojo y brillante, que yo había parido por la boca como aquel personaje de Cortázar que paría conejos por la boca en un elevador. Pero no, era la mitad convulsionada de mi campanilla. Y los segundos siguientes, el sabor a sangre y la sonrisa triunfal del carnicero corroboraban su aniquilación. Cierto, había pasado lo peor. Lo que algún día fue un campanón era ahora una pequeña campanita sangrante y taciturna que había perdido su personalidad.

La anestesia se disipaba a gran velocidad. Y yo, en mi nueva realidad, sólo esperaba que mi nueva voz no terminara siendo como la de Demis Rusos; o que la acción antinatura de cortar algo por vigoroso y grande me condenara, como una maldición bíblica, a tener la voz de Roberto Madrazo por toda la eternidad.

“¡Nooo!”, quise gritar en mi espantoso desaliento, pero entre la impresión, el dolor y la certeza de ser un hombre ya incompleto, me impidió un desahogo al estilo Jalisco. Así que, como aquel mariachi, me quedé callado.

Han pasado dos semanas de la escisión. Ahora tengo un émulo de úvula, me duele cada vez menos el roce de los alimentos y bebidas, aunque eructar sigue siendo una odisea. Nunca pensé que usáramos la campanilla al eructar. En realidad nunca pensé en mi campanilla en toda mi vida, aquella enorme, vigorosa y roja flor que me acompañó en cada bostezo y carcajada, en cada platillo, en cada copa de licor.



miércoles, 24 de marzo de 2010

Oscar Arnulfo Romero


Si la tradición es memoria, la memoria es prevención, es defensa, es justicia. Y en esta semana de crímenes ilustres no podemos dejar de pasar por alto uno de los más graves asesinatos contra la paz de América Latina. ¿Puede un discurso ser mortal? El 24 de Marzo de 1980 se demostró, una vez, más que sí.

El 23 de Marzo de 1980 el Monseñor Oscar Arnulfo Romero pronuncia un discurso que le costaría la muerte. Al día siguiente, 24 de marzo, mientras oficiaba la misa de San Gabriel, sicarios paramilitares penetraron en la iglesia y mataron a mansalva a este hombre bueno y justo cuyo propósito en el mundo era la paz y la justicia.

Monseñor Romero está en cada una de las cláusulas de la ansiada paz firmada años después para El Salvador. Callaron al hombre, pero su obra crece a medida que la conciencia cívica y la pírrica democracia salvadoreña logra algún desarrollo.

Hoy es el día de su memoria, de su valentía y de su obra.



martes, 23 de marzo de 2010

Curador de almas


En 1980 Ricardo Montejano entrevistó a una pareja de ancianitos mixtecos en una escuela de Cuernavaca, encargándome su trascripción. La pareja de nonagenarios habló sobre su experiencia infantil en la Revolución, sobre canciones y la paupérrima educación que apenas recibieron. Inesperadamente, resultó que don Aurelio Nicasio era “curador”, más allá de su consentimiento. El remedio, simplemente, le decía cómo curar a los enfermos.

DON AURELIO NICASIO:

Le había curado yo su hija. Ya se estaba muriendo y la curé. Y se alivió. Su mujer tenía un granote, por aquí de este lado, nunca se podía aliviar, ya había tardado. Y yo nomás dos veces la curé y se secó. Se alivió. Le eché un remedio.

Que le habla ahora su difunto mi hermano. Ya, me habló mi comadre, dice, “te vine a ver”, estábamos en la placita, allá estábamos, con otro amigo ahí estaba yo con él. Le digo, pues pa´qué me quieren. Dice, “vamos a ver un niño, está enfermo”. ¿De quién? “Pues, dice, de fulano, mi compadre. Mira, si no lo crees –porque no quería yo ir, como ya estaba yo medio… tomando tantito- Ya, le digo, pues ai temprano lo voy a ir a ver. Dice “no”, dice, sacó su papelito, dice, mira, me mandan que vaya yo a traer su cajita a Tulcingo”. ¿Sí?, digo, ay, de veras, entonces vamos. Pues me voy con él. Llegué a su casa. La señora, pues ahí lo tiene, lo está abrazando. Ya estaba grandecito. Pues ya ahí le digo, está malo tu hijito. “Sí, se está muriendo”, dice. Le digo, qué tiene pues. “Dejó de mamar”, dice “Ei, ya no mama”. Y que digo entonces ¿quieres que le haga yo la lucha? Siquiera lo voy a sobar, pues. “Yo no tengo remedio, nada”, dice. Le digo, voy a sobar, a ver si se compone. Sacó sus trapitos y que yo nomás me eché saliva a las manos y le empecé a sobar, don usted. “Bien, pues, ya no se mueva mocosito”. Ei, ya no se mueve. Y que le atiento a donde más le duele. Yo lo sentía aquí, del lado del corazoncito. Ya pues, ya se estaba acabando. Ei, que le empecé a sobar. Lo torcía yo y lo destorcía yo, ai mero donde estaba brincando su corazoncito. Y Dios quiso, don usted, se compuso. En la mañana ya, lo fui a ver, dice: “luego se durmió, dice, mira, y ahora ya hace chiquirín”, sí se compuso. Ya, le di otra sobada más con la que se acabó por componer. El mismo Dios, pues, hizo quizás también. Pasó, pues, quedó aliviado ese mocoso.

DOÑA LOBORIA:

Ei, le digo. Una vez no podía yo moler, en la mañanita. Sentía yo molestias, por aquí me duele como estacas, ay, me estoy muriendo. Ora cómo voy a hacer, sóbame mi mano. Dice, “mira, vente para acá, donde están los burritos”; le digo, ora, dónde me llevas, “donde están los burros, por aquí te voy a curar”. Y me empezó a echar caca de burro. No lo ha de creer, don usted, ora mi mano la puedo mover más. Sí. No es pues por otra cosa, sino que Diosito, pues, les enseña. Para que puedan curar a esos que toman el remedio. Y nomás que te soben, aunque no usen remedio, luego se compone uno, ajá.

DON AURELIO NICASIO:

No me enseñaron. Nada. Yo soy buen curador, pero… porque yo no quise, pues, porque muchos cobran caro pero no está bueno. Me dijo: “aunque no cobres, pero quiero que aprendas”. Ei, mismo remedio, pues. Como ahora lo estamos platicando, ansina, así me platicaba el remedio. Ei, me decía: “aunque nomás con la sobada –dice-, tú lo alivias nomás a una persona. Nomás con pura sobada si no quieres dar la toma”. Pero yo de por sí no quise, pues, porque no está bueno. Ei, siempre lo persiguen, pues. Como voy viendo, pues, de veras, hartos médicos ya se murieron. Luego luego se mueren, y yo, mira, Dios quiere, todavía aquí ando… je je. No hago casi maldades ¿vedá? Porque algunos ¿vedá? entran allí al ayuno. No se bañan, asina sucio ta´la ropa. Y yo, me enseñó el remedio que entrara yo limpio. Todos los ayunantes que ayunan limpios, bañaditos y ropita cambiada. No quiere sucios. Y asina, pues, por eso ahora yo no curo, pues. Nomás a mi familia en veces los voy a sobar. El remedio se llama chiquimol. Los mexicanos le llaman xexetchi. Dos remedios, ei, el xexetchi es mujer, el chiquimol es hombre.

O como ora yo ¿vedá? voy a ir junto a esa palmera, si es remedio, yo le voy a hablar, cuando yo le voy a enseñar la cáscara. “Mira, yo te vine a traer por esto. Quiero que me vas a hacer un favor. Vas a aliviar a una persona que vengo a traerte, pa´que lo vayas a alevantar”. Sí, ahí tiene cómo le platica uno más adelante, ya cuando uno está sacando la cascarita –se ocupa nomás la cáscara. Y eso se hierve para darle la toma al enfermo. También medido, nomás, ajá. Se hierve y queda bien espeso. A veces nada más dos tacitas.
Pero de que ande yo ganando como los curadores, no, porque los curadores salen de ajuera del pueblo. Un día los asustaron, los quieren matar por allá. Y eso es lo que no quise, pero con el remedio puedo hablar.
El remedio se aparece como cuando uno está soñando, digamos. Los enfermos lo ven así cuando lo tienen dentro, cuando tienen adentro la toma lo ven así como ´orita estamos nosotros platicando. Entonces lo ven al niño que ahí va, y le dice: “mira, si no estás conforme, dile a don Víctor que te entregue el dinero, y de por sí se va. Porque si no te lo entrega no se burló de ti, se burló de mí”, dijo el remedio. El remedio lo ve en persona, lo ve al enfermo, no de palo, de persona lo ve, ai anda. Ei, así es.



lunes, 22 de marzo de 2010

El tango aquel


Durante semanas los lectores del mundo estuvimos pendientes de cada movimiento que Inglaterra hacía para responder a la ocupación del ejército argentino de las islas Malvinas, que el dictador Videla había ordenado ¿para qué?, nos preguntábamos todos.

Lo más obvio era la distracción obligada a una crisis bélica por sobre otra crisis más profunda y dañina: la económica, que tenía al pueblo argentino entre la espada y la pared –nunca mejor dicha esta frase, aunque la espada ahora era una bayoneta calada sobre los fusiles de los militares.

Por fin, este día de 1982 comenzaron las refriegas entre los dos ejércitos de desproporcionado poder. Los argentinos bombardearon un buque y mostraron batalla a los ingleses, pero al cabo de unos días, horas acaso, el poderío de la armada y el ejército británico aniquiló a los muchachos argentinos que, después nos fuimos enterando, pelearon sin equipo adecuado y sin comida, muriendo por montones.

Entre lo más escalofriante de esta breve guerra fue la presencia de un contingente mercenario de gurkas orientales que formaban parte del ejército de “su majestad”, a quienes les gustaba no sólo matar a sus adversarios, sino que los abrían por el vientre para comerse alguna de sus vísceras –creo que el hígado-, lo que aumentó la zozobra de aquellos jóvenes improvisados que resultaron ser los defensores argentinos.

En pocos días de aquel mes de marzo reinaba el silencio. Todos, los dos ejércitos y sus gobiernos, los habitantes argentinos y los ingleses, los lectores del mundo, los periodistas, los gobiernos, los institutos internacionales; la gente, pues, estábamos avergonzados.



domingo, 21 de marzo de 2010

Lo que el viento...


Este día del año 1806 nace, como todos los mexicanos sabemos, Benito Juárez García, personaje de nuestra vida nacional que luego de 204 años ha generado en los mexicanos desde una ciega admiración hasta los odios más profundos y acendrados.

La leyenda retrata a un niño zapoteca de San Pablo Guelatao, Oaxaca, que interpreta música de flauta para sus ovejas. Luego, sigue en su biografía un periodo algo oscuro, hasta que don Benito vuelve a aparecer en la escena de la historia, ya como licenciado en leyes, en el papel de presidente de la Suprema Corte de Justicia.

Entonces inicia su carrera a la presidencia de la República que conocerá todos los obstáculos imaginables: desconfianza, racismo, invasiones extranjeras, divisiones, duplicación de gobiernos, ataques de la iglesia y un emperador austriaco que sienta sus reales en el país por cinco interminables años, con don Benito itinerante.

Aquí es donde la leyenda o la realidad nos da lo mejor de sí, pues vemos a don Benito luchar para recuperar la amenazada soberanía de su patria. Contra viento y marea, Juárez nos ofrece un ejemplo de fortaleza y presencia de ánimo, de tesón y voluntad, pues nunca le pasó por la cabeza dejar de luchar. Y esta es, sin duda, una de sus grandes herencias, por eso inventamos una frase que anticipa una indeclinable voluntad por resistir y, en realidad, una coraza contra todos los males: “lo que el viento a Juárez”.



sábado, 20 de marzo de 2010

Numeralia del horror


En 1945, tras cuatro semanas de encarnizados combates, Estados Unidos toma la isla de Iwo Yima, en poder de los japoneses, con la irreparable pérdida de veinte mil jóvenes combatientes por cada bando.

Es decir, murieron diez mil por semana; mil doscientos diarios; 50 cada hora, casi un combatiente muerto por minuto durante cuatro semanas, tan sólo en esa batalla.

Una muestra del horror que significó la Segunda Guerra Mundial.



viernes, 19 de marzo de 2010

Jesús el de Veracruz


Este día de 1985 muere el más preclaro político de la postguerra en México, Jesús Reyes Heroles, originario de Tuxpan, Veracruz, y distinguido político e ideólogo del llamado liberalismo mexicano.

Jesús Reyes Heroles fue de todo en la política, además director, dirigente, secretario de Estado y, si somos flexibles en aquel mundo monolítico del PRI, hasta opositor. Como quiera, los politólogos le consideran, con toda justicia, el padre de la reforma política que aún estamos tratando de cuajar en este atribulado país.



jueves, 18 de marzo de 2010

Luch


No sé qué signifiquen veinte; es decir, sí sé, es un doble diez, pero me refiero a que veinte es un parteaguas importante, la inauguración, no de la segunda década, sino de la tercera. Te aseguro que no es cualquier década, pues en esa década de los 20 a los 30 prácticamente definimos nuestros destinos, estudiamos si vamos a estudiar; nos casamos si vamos a casarnos; leemos los libros más importantes de nuestras vidas; entendemos, por fin, nuestra individualidad. Y a veces, cuando todo sale más o menos bien, hasta maduramos.

No sé cómo vaya a ser esta década para ti, pero por lo que veo, va a ser muy interesante, muy importante. Crecerá el mundo junto contigo, creceremos todos. Te deseo… ¡qué digo!, pues no sólo lo deseo; quiero que seas feliz, que seas plena, que seas libre, que completes el camino de la gran mujer que ya eres, que siempre seas tú, como lo haz sido, luz de nuestras vidas. Felicidades.



Mal del susto


Año ochenta, Cuernavaca, Morelos. En el salón de una escuela, la coordinadora de un seminario le informa a Ricardo Montejano que una ancianita mixteca está dispuesta a platicar con él. Entre otras cosas, doña Liboria Lagunas, a quien acompaña su esposo don Aurelio Nicasio, dice sobre una experiencia de salud; o mejor, de enfermedad causada por el susto.

Uno que está enfermo ¿verdá? Si a uno le duele, dice “ora, vente, vamos a rifar”. Y ahí lo ve todo, mira, que si uno ve una culebra, o lo que pasa si un burro te tumba, o bueno, cualquier cosa, te va a decir. Ven en barajas. Y de veras ven, don usted.

Yo tenía un niño. Ése de por sí es briago, este señor. Y ya después me enfermé de mi criatura. Después dice éste: “ora, voy a registrar un niño”. Ándale pues, le digo, todavía estaba yo en cama. Y que se va, pero nomás se fue a emborrachar. Llegando ahí me empezó a maldecir y, bueno, pues anduvo haciendo males. Y ¡jipas!, que el niño no le gustó a Diosito, pues vaya, vamos diciendo. Y al otro día mijito se quedó ciego. Y como estuve como un mes, así anda mijito. Lo bañaba yo asina como una culebra, se mueve pero el ojito no lo abre. Lloraba yo. Y ya después me dice una señora mi vecina, oía que lloraba yo y ese niño lloraba de veras. Y luego dice: “Doña Libo, ¿qué cosa hacen?”. Y pues, le digo yo, pues mi criatura, no lo puedo consolar. Ei, se llamaba doña Poli esa que me platicaba. Dice, “te voy a decir una cosa, pero no vayas a contar por ai, vete a rifar allá donde está una señora”. Le digo dime a ver, dime dónde. Y que me lo nombra “Doña Maximina”. Y digo, qué, ¿puede? Yo nunca oigo que sí puede doña Maximina. Y luego dice: “yo había perdido mi marranito y lo jallé por allá arriba, lo llevaron los peones a mi caponcito. Se lo llevaron y allá lo fui a jallar. Puede, dice, si quieres vete”.

Y que me voy, nomás lo bañé a mi criatura y que lo envuelvo y lo puse en la hamaca. Le digo a sus hermanitos, ai cuídenlo, voy al mercado. Y que me voy. Y llegué y la señora está matando su pollito. Y que le digo, yo quiero ver si me hace un favor… “Y quién te dijo” Pos yo, nomás, dije, a ver si de casualidad puede rifar. Pero dijo: “ahorita tengo que hacer” Mira, don usted, aunque yo lo haga yo tu quehacer, pero yo quiero que me haga usted ese favor. “¿Sí? entonces tú quieres descuartizar mi gallina, y luego échale caldo, chilito.” Sí, le digo, sí. “Y me vas a mercar tortillas”. Le digo, yo lo voy a hacer. Y me tardé. Y que dice, “ahora sí, ya lo hiciste muy bien, ahora sí vente”. Y que me voy a su cama, ahí está con sus barajas. Y don usted, pues, así como lo vido, así como se andaba revolcando el señor, pues todo lo vido, don usted, y yo no le dije. Dice “mira, el señor tiene la culpa, su papá, por eso está así la criatura”. Sí, dije, y ahora cómo le hago. “Pues mira, ya se va a morir la criatura. Si no le apuras se muere. Mira, hasta ahí está la mesita, se ve el muertito y ahí está el dinero, mira, todo pues, bien clarito, te va a decir. Está el dinero aquí y aquí. Mira, la sepultura está abierta. Se puso un montoncito la tierra donde se va a abrir la sepultura. Fíjate bien, yo no te engaño, pero ya está pa´que se muera. Mira, si no le apuras se va a morir la criatura, pero si se apuran –dice-, se va a aliviar”. Ay, don usted, no lo ha de creer. Y que voy a donde estaba éste y le digo: mira, lo que le hagamos al niño pero pronto, porque se va a morir. Ay, don usted, y me dijo todo. Me dijo “mira, a media noche no se vayan a hablar, dijo, ya mero, mira que ni resuellen. Sí, que no resuellen nada”, dice. “Pongan un tecolote. Y en cruz lo ponen al tecolote sobre piedras, así en cruz. Y ai hay que matar tecolote y, volando, le meten en el ojo al niño”. Así lo hizo.

Ay, don usted, no ha de creer, ora mero nos tocó la de malas y mero de esa noche una casa se quemó. Y unos gritan “se está quemando la casa”, pero nosotros no hicimos caso de la casa, sólo nos presuramos con el niño. Sí, ese así le hizo, dice: “mira, van a decirle a Melchor, le van a rogar, mira, que vaya. Cuando bien vaya saliendo el sol que lo vaya a sobar”. Y sí, me fui a decir, pero no quería y no quería –de por sí es malito-, le dije “por favor, Melchor, hay que sobarlo a mi´jito”. Sí, fue una vecesita a sobar dos veces. Ay, don usted, ya después ya no quiso. Y que me voy a su casa, ándale, por favor, sóbame a mi´jito. De coraje, dijo: “ándale, a la chingada, delicados, son delicados ustedes…” Y que le empieza a sobar, como quiera lo sobó. Ay, don usted, no lo ha de creer, al otro día, cuando oí ya estaba diciendo “angú, angú”. Como siempre lo tenía cubrido con un trapo, que lo destapo y digo, ay madre mía, pero hasta dónde se fue mi corazón grande, don usted. Cuando lo vi ya abrió sus ojitos, sí, don usted. Por eso ahora mi´jo, le digo, de veras es malcriado. Mira, de chiquito nunca lo mandé encimita. Qué esperanzas que vaya a traer leñita, no, nunca lo mandaba.

Cuando abrió sus ojitos, dije: bendito sea Dios, mi padre eterno, mira, abrió sus ojitos mi´ñito. Ora sí, lo que quiera Él que lo haga, yo ya no voy a decir nada. Y ´ora retobado, don usted, ´ora está p´al norte. Retobado, don usted, porque nunca le pegué… je je.
Por eso le digo que para rifar sí lo ven. Lo ven todo lo que le pasa a uno.

* don Usted es Ricardo Montejano que grabó a la pareja de ancianitos mixtecos, mía la trascripción.


miércoles, 17 de marzo de 2010

La belleza gris de los 40s


A pesar de los previsibles colores de nuestras ferias, de nuestra fruta y de nuestros paisajes, en los años cuarentas se respira en Puebla un ambiente gris. Llega del extranjero a través de las imágenes del cine y la prensa una moda gris, tal vez influida por el aplastante dominio nazi cuyo ejército –vehículos, armamento y ropa- usó este color neutro en la famosa toma de París de 1940, que dio la vuelta al mundo en fotografías de los periódicos que nos llegaban desde la ciudad de México y alguna revista Life que circulaban por ahí.

Lo cierto es que la opacidad del mundo se manifestó en los colores grises y oscuros que predominaron en la vestimenta de la gente. En cierta forma, la moda dejó de ser importante en esta década, pues no conforme con la guerra el mundo entero vivió la escasez de productos y la industria textil sufrió transformaciones importantes.

Predominaron los trajes grises de dos piezas en las mujeres, al igual que en los hombres. Se usaron peinados y maquillaje relativamente discretos, y la elegancia se circunscribía al uso de un pañuelo blanco en un bolsillo falso del los sacos masculinos y guantes blancos cortos y largos en el caso de las mujeres. Y, claro, sus respectivos sombreros.

Era la moda de la guerra, el mundo sufría, no había ningún pretexto para festejar.
El conflicto terminó en 1945 con las bombas atómicas en el Japón y la virtual aniquilación de los alemanes. Los modistos buscaron viejas glorias del antiguo glamour, de la grandiosidad de los años pasados, la nostalgia invadió de elegancia y sofisticación la nueva Era de la paz entre las naciones, pero el daño estaba hecho. Sería difícil recuperar nada a corto plazo, el mundo había cambiado y nosotros con él.

En esta fotografía de aquellos años, unas damas ataviadas con sendos abrigos y acompañadas por un elegante caballero, pasan por la esquina de la tienda de ropa La Iberia, de Avenida Reforma y 5 de Mayo, en pleno centro de Puebla.



martes, 16 de marzo de 2010

Sitio de Puebla


16 de Marzo de 1863, Sitio de Puebla. Con un ejército de treinta mil soldados, de los que 22 mil eran franceses y ocho mil mexicanos, al mando del mariscal Forey y el general Márquez, este día se pone sitio a la ciudad de Puebla, donde se encuentran acantonados 20 mil soldados republicanos del presidente Juárez, al mando del general González Ortega (en la foto).

Inicia un prolongado acoso de 62 días de duración, hasta el 17 de Mayo, cuando los republicanos se entregarán incondicionalmente a los invasores. Los jefes oficiales y republicanos de mayor prestigio, serán enviados a Francia como prisioneros, aunque algunos, como González Ortega, lograrán escapar; otros, como Epitacio Huerta, al rechazar el indulto, irán a pagar penurias y humillaciones al país galo.

El Sitio de Puebla y la larga resistencia, a pesar de la derrota, habría de ser elogiado por los militares franceses y otros europeos, tanto por la valentía como por la estrategia implementada por los mexicanos, en una ciudad poco habilitada para la defensa.



lunes, 15 de marzo de 2010

El azar del Zar


En 1917 en Rusia se escribe este día una página que nunca nadie imaginó. El longevo poder de los zares llegaba a su fin cuando Nicolás II abdica al trono a favor de su hermano, el gran Duque Miguel, quien renuncia de inmediato a favor del príncipe Lvov.

Era octubre en el calendario ortodoxo ruso, una fecha irreal e inexacta que ponía a Rusia, con una violenta voltereta, en la más cruda realidad marziana. O tal vez debería decir marxiana.



domingo, 14 de marzo de 2010

Los valientes no asesinan


En 1858, Guillermo Prieto hace la principal pieza oratoria de su vida al defender valientemente a Benito Juárez que estaba a punto de ser ejecutado por el teniente Filemón Bravo y veinticinco de sus soldados, que al llegar Prieto a la oficina del Palacio Nacional ya habían cortado cartucho.

Ese 14 de marzo Guillermo Prieto habló, habló y habló... –confesaría después que no muy consciente de lo que decía-, pero con tanto entusiasmo, patriotismo y sensatez, que los militares fueron bajando las armas uno a uno, luego la cabeza y algunos -dicen- llegaron hasta las lágrimas.

La historia rescata una sola frase de aquella perorata: “¡Alto, los valientes no asesinan!”



sábado, 13 de marzo de 2010

El águila y la serpiente


El 13 de marzo debería ser el día de la bandera, pues el principal elemento del lábaro patrio –el que nos distingue de once países que comparten los mismos colores-, es precisamente el águila y la serpiente que los antiguos encontraron sobre un islote en su peregrinación al sur.

En 1325, tras 157 años de haber salido de Aztlán y peregrinar hacia el sur, los mexicanos llegan al valle de Anáhuac donde, de acuerdo a una imagen prevista, un águila devoraba una serpiente sobre una breve isla.

Termina así su larga travesía y establecen en ese lugar la capital del reino mexica: México Tenochtitlan. Comienza la siguiente aventura.

* La imagen pertenece al Códice Ramírez



viernes, 12 de marzo de 2010

Dos poblanos


Hoy nacen dos polémicos poblanos que, aunque distantes en el tiempo, coinciden en causar conmoción a los redactores de la historia pues, a pesar de sus innegables cualidades, sus biografías detentan sendos hoyos negros que es imposible ignorar en el momento de erigir sus monumentos:

Ignacio Comonfort, que nace en la mixteca en 1812 y muy joven promueve el Plan de Ayutla, es ministro de guerra y presidente de la República en 1855. La historia oficial lo ve de reojo pues, aunque aún no era moda, escoge el mando conservador, lucha contra Juárez y al final vuelve a ser liberal, aunque era demasiado tarde.

El otro es Gustavo Díaz Ordaz, que nació un 12 de Marzo de 1911 en Chalchicomula, estudió derecho y fue presidente de la república entre 1964 y 1970, con un gobierno de finanzas sanas, apertura internacional y crecimiento económico, le toca organizar las primeras y únicas Olimpiadas en nuestro país. Sin embargo, su imagen siempre estará ensombrecida por su responsabilidad en la penosa matanza estudiantil de Tlaltelolco, su obra principal en la memoria colectiva.

* La fotografía, del acervo del Archivo Municipal, muestra a Díaz Ordaz ovacionado por sus paisanos en una visita que hizo a Puebla como presidente de México.



jueves, 11 de marzo de 2010

Rigoletto


Algún perspicaz podría suponer que la entrega de hoy corresponde una metáfora de la tarde de ayer en nuestro Congreso. Lo niego categóricamente, a pesar de reconocer el incuestionable parecido de Nava con Rigoletto y de la engañada Beatriz con Gilda. Pero pongámonos serios. La referencia corresponde a que el 11 de Marzo del lejano año de 1851 es estrenada en el Carnaval de ópera de Venecia la ópera Rigoletto, de Guiseppe Verdi, cuya historia habla de la vergüenza, una especie de sentimiento que 150 años después ya hemos perdido casi todos.

Rigoletto, bufón del Duque de Mantua es aquí el centro de la acción, tanto por su propia personalidad como por las diferentes situaciones y los otros personajes que gravitan en torno a él. Siente el drama de su querida hija Gilda, engañada por el hombre que ama, con una intensidad especial puesto que el traidor es su señor, a quien es totalmente adicto.

La venganza de Rigoletto conducirá al trágico desenlace, ya que, creyendo matar al duque, asesina a su propia hija que se ha sacrificado por amor.



miércoles, 10 de marzo de 2010

El malhadado imperio


La tarde de este día de 1867 inicia el Sitio de Querétaro.

Las fuerzas republicanas de Benito Juárez, coordinadas por los generales Mariano Escobedo y Ramón Corona, cierran el cerco sobre la ciudad de Querétaro donde se hallan refugiadas las fuerzas imperialistas de Maximiliano, con el propio emperador a la cabeza, a quien acompañan sus ministros y generales Márquez, Miramón, Mejía y Santiago Vidaurri, además de nueve mil elementos de tropa.

Inicia así el lento deterioro de ese sueño europeo que llegaría a su fin a mediados de año.



martes, 9 de marzo de 2010

Columbus


La madrugada de hoy de 1916, Francisco Villa y cien de sus hombres, sigilosos, llegan hasta el centro de Columbus, Nuevo México, y atacan por sorpresa el campo Furlong, prendiendo fuego a algunas casas y matando a cuanto transeúnte empillamado aparece en su camino.

Ciertamente no es el ataque más heroico de Villa, pero sí el único ataque que ha sufrido el territorio continental de los Estados Unidos por un ejército extranjero. Durante once meses, el famoso general Pershing perseguirá por suelo mexicano a un fantasma llamado Pancho Villa que, como buen fantasma, nunca aparecerá.



lunes, 8 de marzo de 2010

Las salecianas en los 50s


La maestra Eva Bermúdez González llegó muy jovencita a trabajar al colegio de las Salecianas en la ciudad de Puebla. No era un trabajo sencillo, estaría bajo las órdenes de monjas rigurosas e inflexibles, lo que no imaginaba –ni conocía- era la actitud de las jovencitas ricas de la sociedad. Cincuenta años después, al recibirme en su casa, esto fue lo que la maestra Eva recordó:

Terminé en el colegio de las Salecianas, la escuela Progreso. Estaba en la 8 oriente y la 4, creo. Me llevó una de las compañeras que era muy de las salecianas y me dice:”te va a ir muy bien, pero te advierto que las chicas son un poco difíciles, son niñas de dinero. A ver cómo te acomodas, las monjitas te van a querer mucho, te van a apoyar en todo, tú puedes trabajar todo eso…” Bueno, ya me fui para allá y sorpresa.

Llego y me dice la monja: “te toca quinto año”. Muchachas ya como de 16, 17 años. Yo tenía veinte. Chicas que flojeaban o que se enfermaban, que eran muy consentidas. Además que en esa época no había una clasificación como ahora. Yo llegué a tener grupos con muchachas de dieciocho años en la primaria. Pues me puse a trabajar y todo, con un poquito de trabajo por el carácter de las niñas. Muy consentidas.

La directora: una italiana. No me aceptó un 5 en conducta, pues… “si a una niña de esa categoría, usted le pone cinco, sus papás van a pegar el grito en el cielo. No puede tener 5 en conducta. La señorita X es de una familia muy honorable y no puede tener un cinco. Tú le pones ocho, nueve y el mes que entra 10”.

Aunque era una conducta que no me gusta y nunca me gustó, lo tuve que hacer. Pero me esmeré sobre todo en buscar la manera de que esa niña cambiara. Ahí aprendí otra cosa: “adáptate a lo que pienso”.

Empecé a ser más amiga de ellas, a platicar con ellas, a estar en el almuerzo con ellas. Así andaba yo con las de Comercio, estaba yo con todas, y así, poco a poco iba yo mirando el ambiente. Y estas no… porque eran chipileñas; especiales ¡ay las chipileñas! Todas son especiales, lo importante es cómo hay que tenerles cuidado. Había unas veracruzanas que también… Hay que tomarles la forma. Tuve muchas alumnas que eran de Veracruz, ya ve su carácter, su forma de ser. Estuve ahí muy bien, hasta que llegó agosto y también llegó la inspectora. ¡Ay, mamá! pónganse a temblar, llegó la inspectora.

Dice la monjita: “mañana llega la inspectora, se llama Julia Romero”. Pensé yo: “mi madre, una de las eminencias”. Bueno, la conocía de vista porque vivía a un lado de la casa, pero no era una amistad, pues ella era como de la edad de mi mamá, pero muy de respeto porque era una maestra muy importante y siempre andaba de trabajo. Bueno. En aquellos tiempos veíamos a las maestras muy famosas con mucho respeto y mucho miedo.

Al otro día nos presentamos, ella se presentó y se habló y todo lo demás, que nos iba a hacer una inspectoría y que no tuviéramos miedo, que iba a checar el trabajo de cómo iba y todo y que ella estaba consciente de que todo estaba en orden, sólo teníamos que colaborar para dar su aprobación. Bueno. Dice: voy a empezar por sexto año y así voy a ir bajando. Ya, nos despedimos y le dijimos que la esperábamos. Ya, va bajando la inspectora para ir al sexto, pero como era el último salón, tenía que pasar por el mío. Pasa y les digo a mis alumnos: “calmados, tranquilos”, pues estaba de visita la inspectora y que por favor, calmaditos. La inspectora muy exigente y todo. Pasa y voltea. Yo estoy aquí enseñando. “Buenos días, maestra, ¡ay! ¿está usted aquí, Evita?” Sí, maestra. “Qué gusto verla, hace tiempo que no sabía de usted”. Sí, maestra, desde que ingresé a esta escuela ya no la veo. Le dice a la madre directora: “hermana, me quedo aquí.”

Yo sentí que se me fue el alma a los pies, pero bueno, pues pase maestra, les estoy dando a las niñas esto… “Trabaje usted como si nada, tranquila, soy una más de sus alumnas”. Bueno. Pues ya no sé cómo pasé el día, pero pasé el día. Lo bueno es que yo había llevado a la escuela lo último que teníamos en método, ella había traído sus papeles, todo, de Italia, unas libretas ya todas esbozadas, ya nada más para llenar llenar llenar. Muy bonito que venía el programa. Y tomé una de esas libretas y la aproveché.

“¿Así lo llevas?” Sí, sor. “Trabaje, pues yo todavía no termino mi clase”. Como eran ejercicios muy prácticos de “tiempo medido, tiempo medido”, pues la acabé. Salimos al recreo. Ya entonces se despidió y todo. En la tarde yo me quedaba con las monjas, trabajábamos en la mañana nada más. Porque cuando nosotros fuimos a la escuela trabajábamos mañana y tarde. Me dice la monjita: “me dijo al inspectora que te felicitara porque le gustó mucho tu trabajo”. Ay, que bueno. “Chica, si la haces bien tú, ya nos salvamos”. Y yo estaba asesorando a la maestra de segundo, a la monja de segundo, y ayudando a la maestras de sexto con su material de trabajo. A eso me quedaba en la escuela.

Al día siguiente a mi me tocaba dar decímetro cúbico. Dije: madre, ya sé, mi jabón y todo eso. Madre, me voy a la casa, porque ya tengo planeado cómo voy a hacerlo. “Toma tu tiempo, vete directo a preparar tu material”. Me llevé el litro de mi casa y todo. ¿Te acuerdas, niña, que viste el litro del lechero? Pues este es el litro. Y cuando lo puedas ver, lo tientas. Y unas botellas de litro y así, se da una idea más o menos, con lo que tiene. Pero a esa hora de demostrar el trabajo no puede uno, tiene que esmerarse mejor. Bueno, total: di mi clase de matemáticas, di mi clase de español, tuve luego la geografía, tuve la lectura. Bendito sea Dios que acabamos todo. Revisó hasta las costuras que yo ni siquiera ponía, las ponía la monja, en las tardes, pero ya salimos al paso.

Al tercer día me dice: “con la sorpresa de que te vas”. ¿A dónde? ¿por qué?, pregunto. “Señorita, usted está echándose a perder aquí, su lugar está en el Estado, usted le debe la educación al Estado y el Estado la reclama. Tenemos vacantes y nos urge que se vaya. Pero así...” Y con la energía que tenía.
Me quedé mirando a las monjas y ellas agachadas, como pidiendo “no, que diga que no…” “No se vaya”. Yo había encontrado ahí paz, tranquilidad, atención, manera de desenvolverme. Bueno, me gustaba mucho estar allá. Bueno. Ya, las monjas me hablaron y todo y te vas. Me dice la inspectora: “le hablo por teléfono aquí al colegio para decirle a qué lugar se va, a ver si acepta, creo que va a Huejotzingo”. Pero, señora inspectora, le digo, mi mamá usted sabe que está enferma, yo tengo que verla al mediodía y en las tardes. “Bueno, está bien, Evita, esperamos otra vacante”. Bueno.


domingo, 7 de marzo de 2010

El teléfono en México




Este día de 1876 Alejandro Graham Bell patenta su aparato telefónico en el Centenario de la Independencia norteamericana celebrado en Filadelfia que no impresionó mayormente a la concurrencia, pues si hoy funciona más o menos, entonces era poco menos que una broma. Por tal motivo, sus inicios fueron lentos y poco espectaculares. Dos años después el teléfono de Bell llegó a México, el 30 de diciembre de 1878 el gobierno otorgó el primer permiso a Alfredo Westrup y Co. para instalar una pequeña red telefónica en la Ciudad de México. Aquí tampoco causó ni expectación ni se esperaron grandes cosas de él. Entre las pocas opiniones públicas que se vertieron resaltó el pesimismo sobre el nuevo sistema al que se consideró oneroso e inútil. La pequeña red comunicó seis comisarías con la Inspección general y a ésta con la oficina del gobernador de la ciudad.

Puede parecer sorprendente esta actitud del público metropolitano. Un sistema maravilloso como el teléfono sería despreciado sólo por un pueblo de sordomudos. El hablar con propia voz de un sitio a otro -en lugar de los lacónicos y fríos signos telegráficos- donde puedan reconocernos por el simple timbre de la voz; su inmediatez, eficacia, alcance, son sólo algunas de sus cualidades. Sólo que todas son modernas.

Cuando empezó, la telefonía era un grupo de objetos reunidos con cierto arte, más que con el criterio utilitario posterior. Tenía uno que gritar y repetir varias veces el nombre propio para ser reconocido, lo que raras veces ocurría. En general, los usuarios quedaban con la sensación de que no era su novia con quien se habían comunicado, sino con la tía de ella, la temible Doña Cholita.

Trece años después, la norteamericana Bell Telephone Co. de Boston compra un contrato celebrado con M.L. Grenwood para la explotación del servicio público en la Ciudad de México. Mientras tanto, ni el Estado ni los particulares mostraron demasiado interés por el servicio telefónico hasta que, a finales del siglo, el teléfono comenzó a dar muestras de cierta eficacia. Las importantes inversiones de la poderosa Bell, así como la sucesiva modernización de sus equipos convencieron tardíamente al público mexicano de las ventajas del teléfono. La Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas, advertida de ello, comenzó tímidamente una posible red federal de telefonía que compitiera con la red de la empresa norteamericana, pero, tanto en equipo como en líneas construidas para 1900 tenía, frente a ésta, una severa desventaja.

La Bell Telephone contaba en México al iniciarse el siglo con 3,065 teléfonos particulares que daban servicio en 18 ciudades del país. Y al estallar la Revolución, habiéndose introducido la compañía sueca Ericsson en 1903, contaba entre las dos transnacionales con 12,491 teléfonos abonados a sus sistemas, en una veintena de ciudades mexicanas.

El deseo del gobierno de poseer una red federal de líneas telefónicas no fue realidad sino hasta muchos años después. El 23 de diciembre de 1947 nace la empresa Teléfonos de México, S.A. de capital mexicano, que fusionaba las instalaciones de aquellas extranjeras, y no fue sino hasta el 16 de agosto de 1976 cuando el gobierno federal estuvo en condiciones de convertirse en socio mayoritario de la empresa. Dicen que más vale tarde que nunca, aunque para las administraciones de gobierno 98 años quizá no signifique "tarde" sino "después". Hoy lo sabemos, volvió a privatizarse.

Bueno, pues todo este despapaye comenzó el día de hoy en Filadelfia.
* Fotografía periodística de publicidad de la Cia. Ericsson en Puebla.





sábado, 6 de marzo de 2010

Las acechanzas de don Juan


En 1853 muere en la ciudad de México el ciudadano de origen español, Juan de la Granja, a cuyas iniciativas se debió que el telégrafo eléctrico fuera introducido en México apenas cuatro años después de inventado y cinco años antes que en Francia.

En su momento, esta muerte causó tristeza y preocupación por el futuro de su empresa, puesto que ya se adivinaba la importancia creciente de su innovación. Dijeron los diarios:

El 6 de enero de 1953, El Siglo Diecinueve informó: "Defunción. Tenemos el sentimiento de anunciar que hoy a las seis de la mañana, ha fallecido el honrado y apreciable señor D. Juan de la Granja." El entierro se llevó a cabo al día siguiente en el panteón de San Fernando.

El Universal, misma fecha: "Esta muerte ha causado en esta ciudad y causará sin duda en toda la República una verdadera consternación, porque el señor De la Granja, por sus circunstancias personales, por sus sentimientos benéficos, y por el carácter de las empresas que sometía, había adquirido entre los mexicanos unas simpatías tan profundas como generales."

Juan Exhaixa en El Ómnibus el 10 de Marzo de 1853:

"Llegó en buena hora al mexicano suelo
Ese hijo ilustre de la culta España:
No ha derramar discordia ni cizaña,
Sino la paz, las artes, el consuelo.

"Sin esquivar el hondo mar de duelo
Que a nuestra patria desgraciada baña,
Nunca la contempló cual tierra extraña,
Aunque nació bajo distinto cielo...

"Hoy que la muerte con su mano fría
Oraba insensible en esta noble frente
La mano del no ser triste y sombría.

"Tras el postrer "adiós" del moribundo
Lanza un gemido América doliente
Y encuentra un eco en el antiguo mundo."

O muchos años después, don Artemio de Valle Arizpe:

"Al contemplar el incomprensible desbarajuste que había en la República y la incomprensión a su obra, se le llenó de amargura la boca a este hombre bueno (...) Apenas si se ha honrado la memoria de este hombre de acción y "más mexicano que muchos mexicanos", dando su nombre a una mísera calleja de barrio: la que fue San Jeronimito, ahora Juan de la Granja, en uno de los lugares más pobres y lúgubres de la ciudad. Y para que nada falte a su engrandecimiento, México le ha pagado con la más negra ingratitud el magno servicio que le prestó..." *


El telégrafo Morse, de hecho, inicia la era moderna de la telecomunicación, la eléctrica, de la que cada día dependemos más; dicho de otra forma, es el abuelo en línea directa de la Internet.


* Rafael Méndez Moreno El Telégrafo en el Destino Nacional, publicado por el autor en 1967, México, p. 225
Fotografía de la tumba de don Juan de la Granja


viernes, 5 de marzo de 2010

Volta y la comunicación eléctrica


En 1827 muere el científico italiano Alessandro Volta, pionero de las ciencias eléctricas y primero en percibir las diferencias de voltaje en la electricidad, por lo que a este feómeno se le puso su nombre. El famoso voltaje.

Volta fue el creador de un invento básico para el desarrollo de la primera comunicación eléctrica, del telégrafo: la pila eléctrica, que podía enviar una corriente constante a través de los hilos y, aunque la primera pila fue construida por Volta en 1800, la pila con suficiente energía para los fines del telégrafo fue construida en 1836, nueve años después de su muerte. Con este invento se pudieron idear comunicaciones eléctricas de dos conductores, tal como conocemos y manipulamos hoy la electricidad.

La pila, por sí misma, no hubiera bastado para la comunicación eléctrica del telégrafo. Paralelamente a Volta, en 1820 Hans Christian Oersted descubre el electromagnetismo, que demostró que una aguja magnética cerca de un hilo podía ser desviada cuando se le enviaba una corriente. Finalmente, André-Marie Ampere sugirió que la desviación de la aguja podría ser utilizada para la recepción de señales eléctricas:

.- …. (traducción: ah…)

Pero toda esa carrera por la comunicación eléctrica inició con Alessandro Volta.



jueves, 4 de marzo de 2010

Sobre la tristeza


El cieguito, 1926

Había un señor que todos los domingos iba a pedir limosna enfrente a la iglesia de San Agustín, un cieguito que iba y se ponía así, de rodillas, donde se ponía una como almohadita y se iba caminando de rodillas, así llegaba y así se iba, y a mi me gustaba verlo desde enfrente, me sentaba en el zaguán a estarlo nomás observando, cuando llegaba, nomás lo estaba esperando, y cuando ya se iba, se iba cantando unos cantos muy hermosos, católicos. Entonces, cuando ya se iba, me ponía yo a llorar, de que ya se iba. Entraba corriendo con mi mamá “ya se va ya se va”. ¿Quién se va? “El señor ese”. Me ponía yo a llorar, de verlo como se iba así, despacito, cantando esas alabanzas. Sentía una tristeza tremenda, como si fuera de mi familia, como si lo fueran a atropellar.
A mi madre no le gustaba que fuera a jugar al atrio de la iglesia de San Agustín, siendo que éramos católicos hasta donde no. (Don Rafael M. Serrano)



miércoles, 3 de marzo de 2010

Maximiliano y el telégrafo


Sin ánimo de forzar la historia para darle cabida a la ocurrencia, hay un parangón entre los panistas actuales y los funcionarios del gobierno imperial de Maximiliano de Habsburgo, a quines, al igual que el dirigente Nava que fue humillado el día de ayer en la cámara de diputados, les sobraban palabras pero les faltaba capacidad de negociación, humildad, perspectiva y sagacidad.

El gobierno de Maximiliano (en la foto) se interesaba en adquirir sus propias líneas telegráficas, que estaban en su mayoría en manos de particulares. El Emperador había pidió al ministro de Fomento Luis Robles Pezuela que estudiara la posibilidad de que el gobierno fuera propietario de las líneas telegráficas con el objeto de ganar control en las provincias. Robles Pezuela interpretó equivocadamente una "orden de adueñarse" por cualquier vía de las líneas, digamos “controlables”, y sólo se concretó a estudiar cuánto costaría al gobierno instalar una red propia de líneas telegráficas (lo que hizo Benito Juárez posteriormente fue "federalizar" los telégrafos, sin importar si sus dueños querían o no vender), resultando de esto la insolvencia financiera para emprender una acción de tal magnitud. El ministro respondió: "No siendo posible construir inmediatamente las líneas del gobierno y teniendo mayor importancia que se establezcan en el mayor número posible, se arreglaron con los particulares (...) varias concesiones bajo bases favorables (...), siempre con la condición de que el Gobierno pueda comprarlas. " (*)

Robles Pezuela informó haber concesionado a Carlos C. Clute para tres líneas telegráficas: una de Guanajuato-San Luis Potosí- "El Saltillo"- Monterrey-Matamoros; otra de Matamoros-Cd. Victoria-Tampico-Tuxpan-Veracruz, y otra de San Luis Potosí-Aguascalientes-Zacatecas-Fresnillo-Sombrerete-Durango. El plazo concedido fue de un año para la primera, y de dos para las otras.

Y por aquello de que "la ambición mató al gato", el ministro se apuró a comentar: "Tengo noticias positivas de que cuenta con los elementos necesarios para cumplir su compromiso." Se concesionó a Carlos J. Arnoux "como representante de varios capitalistas de New York", las líneas México-Toluca-Morelia-Zamora-La Barca-Guadalajara-Tepic-San Blas-Mazatlán-Culiacán-Guaymas-San Francisco, este último punto de la Alta California; Mazatlán-Cuencamé-Parras-Villaldamas-Cerralvo-Camargo-Durango, y entre Manzanillo y Guadalajara, poniéndole un plazo de cuatro meses "para presentar la conformidad de las personas que representa". Y por último, por aquello de que a Maximiliano le quedara duda de la imposibilidad de adueñarse del telégrafo, la concesión otorgada a Rodrigo Rincón para dos líneas: de Lagos a Aguascalientes y de Lagos a San Luis Potosí, pasando por sus haciendas de Juachi e Ibarra.

Se le dio ocho meses para la primera y dieciocho para la segunda, ante lo cual
Maximiliano, arrinconado, respondió que aunque el telégrafo debe pertenecer al Estado, "no hay inconveniente en que sean construidos por Compañías, a las que después les compre el Gobierno." Y en su cometido por dejar claro que "el Gobierno es el único que puede construir líneas telegráficas en el Imperio", y sólo cuando "lo considere conveniente, dará permiso a algún individuo o compañía para que lo haga", ordenó a Robles Pezuela la elaboración de un documento que no dejara dudas en la legislación del sistema telegráfico.

Se originó el documento, que sin duda fue la obra principal de Maximiliano en materia de telégrafos, pues es el primer reglamento del sistema en la historia mexicana en donde se incluyen la totalidad de sus mecanismos técnicos y administrativos, que serviría de base a todos los reglamentos telegráficos que al final de la vida del telégrafo, en 1992, se seguían observando.

Maximiliano deja el gobierno con sólo dos líneas funcionando: una de México a Veracruz, "con un pequeño ramal del Palmar a San Andrés Chalchicomula, de la propiedad del señor Viya y Cosío, y otra de esta misma capital a Guanajuato, propiedad del Sr. Muñoz Ledo. Ambas estaban comprendidas en el antiguo privilegio de líneas telegráficas de 1849, prorrogado por el gobierno del general Miramón, el 10 de mayo de 1859, al referido Hermenegildo de Viya y Cosío, como concesionario de la testamentaría de D. Juan de la Granja."



*) Todas las citas pertenecen a la MEMORIA a Maximiliano I por el Ministro de Fomento Luis Robles Pezuela, 1865, Documento 50, p. 35-94, ANG Galera 5


martes, 2 de marzo de 2010

Smetana


El 2 de Marzo de 1824 nace en Checoslovaquia el compositor Federico Smetana, creador de la ópera checa y símbolo de la independencia nacional. Su obra maestra es La novia vendida, pero destaca en la música instrumental con sus seis poemas sinfónicos del ciclo Mi patria, y el primer cuarteto en mi menor, que también son obras maestras.

Menos conocido en el exterior que su compatriota Antonhy Dvorak, Federico Smetana fue autor de ocho óperas, coros y melodías, además de una amplia obra para piano.

A los 60 años de edad, en un asilo psiquiátrico y completamente sordo, Smetana muere en 1884.


lunes, 1 de marzo de 2010

Rolling Thunder


En 1965, ante la inquebrantable voluntad de lucha y dignidad del pueblo vietnamita, que no se doblaba, el gobierno yanqui lanza su famosa ofensiva Rolling Thunder que buscaba aniquilar de una vez por todas al vietcong. Por supuesto no lo logró, pero sí desató una de las matazones más lamentables de esa guerra que provocó una fuerte oposición antibelicista en los Estados Unidos de América, que atestiguaron por televisión el embarque cotidiano de decenas de bolsas negras que contenían los cadáveres de sus soldados. Y también advirtieron que los fines de su país eran menos nobles de lo que pregonaba el gobierno.

Las cifras de Rolling Thunder son escalofriantes. En los tres años que duró la ofensiva se utilizaron 860 000 toneladas de bombas en algo así como 300 mil misiones. Los norvietnamitas establecieron estrategias para protegerse de los bombardeos, como el uso sistemático de las alcantarillas, pero igual contabilizaron unos 52 mil habitantes muertos, en tanto que los atacantes perdieron 922 aviones con todo y tripulantes.

La sonrisa que Lindon B. Johnson ostentaba este día, paulatinamente, se fue desdibujando.