viernes, 14 de enero de 2011

Amistades mortales


Cuando uno vacaciona en las bahías de Huatulco es muy difícil que escape a nuestros oídos una historia que tanto a taxistas, como botones, meseros y policías esquineros les gusta platicar. “Si quiere lo llevo a la bahía de Santa Cruz donde ocurrieron los hechos.”

La historia dice más o menos lo siguiente:

El 14 de enero de 1831 el ministro de guerra del presidente Anastacio Bustamante, José Antonio Facio, contrata al marinero genovés Francisco Picaluga para asesinar a Vicente Guerrero, de quien se consideraba amigo.

Al día siguiente, Picaluga invita a Vicente Guerrero a comer a su barco Colombo, anclado en Acapulco. Vicente Guerrero acude de buena fe, así que el barco eleva anclas y se dirige a Oaxaca, donde Picaluga piensa intercambiar su preciada carga (un ex presidente de México), por los cincuenta mil pesos acordados, pues él personalmente no iba a matar a su amigo.

Guerrero es llevado a Huatulco, pero no para tomar el sol, como se imaginaba; ahí lo aprehende el general Miguel González y lo traslada a Culiápam, Oaxaca, donde será juzgado y condenado a muerte, exactamente un mes después.

Guerrero pudo haber pensado, al final de todo, que si la idea era asesinarlo, para qué le dieron tantas vueltas.



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