lunes, 28 de febrero de 2011

Olof


Un moderado frío para un 28 de febrero en Estocolmo se sentía aquella tarde de 1986. Olof y Lisbet Palme terminaron de ver una función de cine y se dirigían a su casa en un barrio acomodado de la capital de Suecia. De pronto, un sujeto salta de la nada y dispara varias veces contra el primer ministro.

Su enérgica labor a favor de la paz y en contra de la opresión en el mundo generó tal cantidad de posibles responsables que nunca llegó a saberse la verdad, antes del día de hoy, 28 de febrero de 2011, fecha en que el crimen proscribe de acuerdo a la ley que señala un plazo de 25 años. Entonces, si no ocurre nada extraordinario este día, nunca sabremos nada.

Sven Olof Joachim Palme se granjeó el resentimiento de numerosas fuerzas oscuras del mundo perpetradoras de la más ruin política; las hipótesis señalaron a los servicios secretos de Sudáfrica debido a su militancia contra el apartheid; también que podía ser la CIA, o los servicios secretos ingleses, con Reagan y Teatcher, por su desconfianza en la OTAN; se habló de militantes kurdos, de paramilitares chilenos, después que argentinos; se dijo que había sido el yerno de Francisco Franco, luego que el nieto de Benito Mussolini; también se indicó a un neonazi alemán; las investigaciones llevaron a la aprehensión de un drogadicto sueco, finalmente absuelto.

Lo cierto es que todos estos poderes representativos de lo peorcito de la humanidad se sentían amenazados por el humanismo de Palme, que cayó al piso de aquella brillante galería y sólo pudo ver alejarse los zapatos de su agresor, el rostro pálido de Lisbet, seguido de una tranquila oscuridad. Tenía 59 años de edad.



domingo, 27 de febrero de 2011

Sorolla





Conocí la pintura de Joaquín Sorolla en 1976, ya de adulto, gracias a un ejemplar de la Pinacoteca de los Genios que entonces vendían en Aurrerá. ¿Cómo era posible que no conociera a este artista extraordinario?, lo que recuerdo es que me dejó profundamente impresionado. Por algo se les llamó impresionistas, aunque este era español. El más destacado impresionista español, que nace en Valencia el 27 de febrero de 1863.

Como buen personaje del siglo XIX Sorolla tiene una vida de novela. Queda huérfano a los dos años a causa de una epidemia y se salva por un pelo de ser cerrajero el resto de su vida cuando los tíos, de ese oficio, percibieron que estaba dotado de una habilidad inusual para el dibujo y la pintura. Gracias a esa sensible advertencia pudo estudiar.








Sorolla concursó en todos los certámenes de pintura que se le atravesaron en la primera etapa de su vida, sin mucho éxito. Su pintura resultaba algo incomprensible en un ambiente que privilegiaba los motivos históricos y dramáticos, cuando a él lo que le importaba era captar la luz, la simple luz de una mañana cualquiera con los pies descalzos metidos en las olas del Mediterráneo, las sábanas blancas en el tendedero, la barcaza perdida en el azul del mar. A esa búsqueda se le llamó el luminismo y Sorolla fue su principal representante.

A los 21 años, finalmente, Sorolla alcanza cierta notoriedad, su estilo ligero y vigoroso fue recompensado con la atención de los críticos que a partir de entonces siguieron su vida, siempre en acenso. Con el tiempo alcanzó notoriedad internacional, celebridad, y tuvo tiempo de inaugurar una calle en su natal Valencia con su nombre.

Fue una vida rápida la suya, iluminada, prolífica, exitosa, hasta su muerte a los sesenta años de edad.






sábado, 26 de febrero de 2011

In memoriam


Este día a las 4 de la mañana falleció el poeta, abogado y exmilitar chileno José Romualdo Suárez Donoso, nuestro querido Pepe Donoso, que llegó a Puebla en los años setenta huyendo de la dictadura de Pinochet.

Por casi cuarenta años Pepe tuvo actividad como maestro de Derecho en la Universidad Autónoma de Puebla, fundó Teorema, una de las librerías más antiguas de la ciudad y escribió una docena de libros de poesía.

En su mesa de Teorema Pepe cultivó la amistad de centenares de poblanos, de mexicanos de otros estados y extranjeros turistas y asentados en la localidad. Su gusto por la plática, siempre acompañada de innumerables cigarrillos, fue el sello característico de este singular personaje que hoy nos ha dejado con una muerte apacible rodeado de su adorada familia. Descanse en paz nuestro querido amigo.

¡Cuánto te vamos a extrañar!



Dos balas paralizantes


El 26 de febrero de distintos años nacieron dos divas que representan la belleza y el talento de mediados del siglo anterior: en 1932 nace Elizabeth Taylor, que hasta el día de hoy es la imagen fiel del éxito personal a través de su trabajo en el cine; aún disfrutamos de tarde en tarde muchas de sus películas. Recuerda por ejemplo ¿Quién teme a Virginia Woolf? con Richard Burton o acompañada por Marlon Brando en Reflejos en un ojo dorado; de Paul Newman en La gata sobre el tejado caliente o Montgomery Clift en El árbol de la vida, que le dio su primer Oscar, de los tres que recibió, así como cinco sus Globos de Oro.

La otra diva nacida el día de hoy, pero en 1926, tiene que ver con los mexicanos, aunque haya nacido en Checoslovaquia: Miroslava, que hizo películas clásicas de nuestro cine como Bodas Trágicas, Cárcel de Mujeres, La bestia magnífica y, Escuela de Vagabundos; trabajó con Pedro Infante, Jorge Negrete, Pedro Amendáriz, López Tarso, Tin Tan y fue dirigida por Luis Buñuel en Ensayo de un Crimen. En esas andaba cuando murió, trágica y misteriosamente, a los 29 años de edad.



viernes, 25 de febrero de 2011

Las madres y los padres de la guerra


En 1991, el Irak de Sadam Hussein hace el oso de retirarse Kuwait, pues nos había hecho creer a los ciudadanos del mundo que los gringos harían el ridículo en caso de atacarlo y que se encontrarían a La madre de todas las batallas.

En aquellos momentos, mientras veía una fotografía de Sadam en el periódico, no pensaba en la guerra, sino en otra clase de afinidades, se parecía a mi tío Carlos, hermano de mi papá, y había con él mucha más correlación que con el viejo y transparente Bush, que preparaba su gran ejército de casi un millón de marines para una esperada invasión que llamaron La guerra del Golfo.

Por fin el 25 de febrero comenzó la refriega. Los iraquíes abandonaron sin pelear el territorio de Kuwait, pero quemaron los pozos petroleros. Las fotografías publicadas al día siguiente daban muestra de la barbarie ecológica y los rojos incendios parecían el preludio de la sangre que iba de derramarse.

Más pronto de lo esperado los iraquíes se entregaron con docilidad y escupieron el retrato de Sadam con picardía, los yanquis aceptaron la rendición y se regresaron a su casa. Si Sadam estaba contenido antes de la Tormenta del Desierto, ahora lo estaba más, pero lo dejarían seguir gobernando pues, en realidad, no afectaba sus intereses petroleros.

Veinte años después, las cifras oficiales de la Guerra del Golfo son sorprendentes: 30 mil muertos por Irak y 378 de la llamada coalición de naciones, condescendida por más de 30 países. El severo embargo impuesto a Irak fue la verdadera derrota de Sadam, que no volvió a levantar cabeza antes de que el hijo del señor Bush, en 2006, la hiciera rodar por las arenas del desierto.

Pero lo que recuerdo es que los lectores y televidentes de la guerra, en aquel febrero de 1991, nos quedamos sin un final convincente.



jueves, 24 de febrero de 2011

El aquí y el allá


Como en una serie policiaca de televisión, leo en las noticias de hoy que la procuradora Janet Napolitano puso a trabajar a sus muchachos y en menos de una semana han hecho más de cien arrestos de peligrosos narcotraficantes en Estados Unidos relacionados a los cárteles mexicanos de la droga. (Por el momento dejaremos en paz a los irlandeses, los rusos y los afroamericanos porque con ellos no es el problema.) Pero tanta acción repentina y eficaz es evidencia de algo, una verdad incómoda que, aunque evidente, no es políticamente correcto esclarecer. Como puede suponerse, aprehender a estos pillos no es cosa de una semana y se requieren meses de investigaciones de inteligencia e infiltraciones que los llevan a las guaridas de los criminales, cosa que evidentemente los chicos de Obama ya habían hecho desde hace tiempo y los tenían plenamente identificados ¿por qué no los aprehendías, Janet?

La obvia razón es que las autoridades de Estados Unidos han convenido con los cárteles de la droga en dejarlos en paz si mantienen una aceptable tranquilidad en los territorios que controlan. Saben dónde están, los tienen identificados, los castigan de vez en cuando, pero los dejan expender su imprescindible producto para que los ciudadanos estadounidenses no exploten como dinamita, armados hasta los dientes como están. ¿Qué pasaría si la violencia de acá se brincara la barda y se posicionara allá? Nos es tan difícil que ocurra, por lo pronto este mismo día el alguacil de un pueblo de Texas llamado Hudspeth, pide a los texanos armarse contra los narcos mexicanos que llegan de México “huyendo de la violencia”.

Si se desatara la violencia en Estados Unidos la mitad de lo que se ha desatado en México las consecuencias para todos, de un lado y del otro, serían catastróficas. Hay demasiadas armas de las calles. El palpable fanatismo y la intolerancia propiciarían masacres perpetradas por niños de quince años con metralletas de asalto y artillería pesada que dispararían contra todo aquel que no se pareciese a su papá; despertaría a miles de nazis reprimidos que esperan la hora de su venganza (y están armados hasta las cachas), y terminaría muy pronto por involucrar al ciudadano común que sacaría su pistola sin titubear cuando las calles de Los Ángeles, New York o de cualquier condado se pusieran peligrosas; las armas brillarían aceitadas en los salones de clase, en la vinatería, en los mall. Los Estados Unidos verían la impertinencia de armar una sociedad drogada que, aunque ilegalmente, se surte con facilidad de cualquier cantidad de productos.

Si se dejaran de hipocresías y cambiaran la grave contradicción de permitir la circulación de drogas y de mantenerlas prohibidas en la ley, legalizándola, la violencia y las muertes relacionadas disminuirían en muy corto plazo. La prohibición ha propiciado que las calidades y cantidades de las drogas puras se hayan convertido en productos degradados y mortales sumamente adictivos, que son los que circulan masivamente entre los barrios pobres y entre los jóvenes de todas las ciudades del mundo. La prohibición de la droga lo que consiente es la venta de veneno ilegal a la juventud, pero que el gobierno de Estados Unidos ha decidido “tolerar” permitiendo a esas bandas plenamente identificadas que las expendan. El mercado negro lo que suscita es el abuso en los cortes de la droga y la invención de otras sustancias de pésima calidad que circulan con relativa libertad.

Al legalizar las drogas los ciudadanos que las consumen accederían a un control de calidad exigido a cualquier producto en los Estados Unidos, su intensidad y su carácter adictivo estarían garantizadas por el Estado, como ocurre en las drogas legales como el alcohol y el tabaco sin que el mundo se acabe de alcoholismo o cáncer de pulmón; al legalizarse las drogas morirían de sobredosis quienes de igual forma morirán de sobredosis y el ser humano recapacitaría sobre sus dependencias y el alcance y riesgo de su libertad. Al legalizarse las drogas los seres humanos podrán reflexionar sobre la conveniencia de sus adicciones, moderarán su consumo y utilizarán sustancias controladas. De paso nos harían un gran favor a los mexicanos, desaparecerían los cárteles, terminarían paulatinamente con la intolerable violencia que nos envuelve y nos socava. Por eso todo tiene que suceder “allá”.

Y el que esté libre de culpas, que arroje una tableta de Nembutal.

Día de la bandera


Caída libre

miércoles, 23 de febrero de 2011

Turismo y cultura en Puebla


México, como país, ocupa el octavo lugar a nivel mundial en recepción de turistas. Esto significa una ganancia de poco más de 12 mil millones de dólares al año. Sin embargo, de acuerdo con el Índice de Competitividad Turística de los Estados Mexicanos 2010, realizado por el Centro de Investigación y Estudios Turísticos del Tecnológico de Monterrey, Puebla, uno de los estados emblemáticos de la cultura y la historia nacional, ocupa el lugar 24 en competitividad turística nacional.

El turismo no empieza ni termina con la llegada de turistas. Es una industria que compromete no sólo a los actores directamente relacionados a la prestación de servicios para los visitantes. El turismo es una actitud social y oficial, es información, es calidad humana, es conciencia de la riqueza propia, orgullo e interés económico y cultural.

Todos sabemos que Puebla cuenta con la riqueza cultural, arquitectónica y natural necesaria para ser una potencia turística no sólo nacional, sino mundial. ¿Por qué no lo es? La Organización Mundial de Turismo menciona doce facetas de esta industria para las que Puebla está ampliamente calificada y cuenta con los recursos suficientes para su consideración: científico, cultural y artístico; gastronómico, de estudio, de salud; de aventura, de descanso, deportivo, religioso, ecoturismo, rural y agroturismo.

En Puebla es necesario correlacionar la imagen del turismo con la de la cultura. Se cree equivocadamente que todos los turistas quieren ir al mar, pero cifras de la Secretaría de Turismo establecen en un 37 por ciento a los turistas internacionales interesados en hacer viajes culturales en nuestro país, mientras que 35 por ciento de turistas nacionales optan por lo mismo. Es fundamental que en Puebla el turismo signifique uno de los principales esfuerzos de los gobiernos estatal y municipales, diseñar recorridos ingeniosos que contemplen la ruta de los siglos de la soberbia arquitectura civil y religiosa, itinerarios industriales, artesanales o recorridos por los diversos legados documentales de sus archivos y bibliotecas de importancia mundial.

Es importante correlacionar al turismo con el interés cultural de la oferta académica nacional e internacional para estudiantes de arte, de arquitectura, de historia, arqueología, antropología; hacer estudios para visitantes específicos de la tercera edad, que pueden venir a disfrutar de nuestro envidiable clima y del calor humano inherente a la poblanidad; analizar las posibilidades del turismo científico y de aventura relacionados en actividades como rapel, espeleología, senderismo y espeleobuceo, por mencionar ejemplos concretos. Fomentar de esta forma nuestras amplias y variadas regiones en el interior del Estado. Todo ello depende de una promoción permanente y sostenida, de invertir adecuadamente en una industria que puede darnos inesperados dividendos.

El turismo en Puebla genera unos 24 mil empleos de manera directa y 72 mil indirectos en todo el estado y fue visitada (de acuerdo con alegres cifras oficiales) por unos seis millones de turistas mexicanos y extranjeros (frente a los 14 millones de Barcelona) en 2010. Es urgente que esos números crezcan a la altura de la importancia de un estado tan rico y tan hermoso como Puebla. No sólo es inversión, el turismo y la cultura en Puebla necesitan de imaginación, de valentía, de algún grado de atrevimiento que detone e incremente el interés del mundo por su cultura, sus riquezas naturales y su gente.

Es necesaria una mayor proyección internacional de las maravillas naturales y culturales de Puebla. Una vinculación razonada entre el turismo y la alta cultura. Programas de atracción de turismo para adultos y ancianos, nacional y extranjero. Promoción permanente de planes y proyectos turísticos emanados de la sociedad. Y finalmente, una mayor incidencia de ferias turísticas que promocionen nuestra alta cultura gastronómica, artesanal, cultural y académica, así como impulso y mejoramiento de los festivales existentes.

Aún en los municipios más pobres y marginados del estado de Puebla hay una mina turística detenida en el tiempo. Las ocho comunidades poblanas de muy alta marginación señaladas por el gobierno de Felipe Calderón al principio de su sexenio están ubicadas en imponentes sierras de alto potencial turístico. Entre sus tesoros naturales destacan los manantiales El Tlachilini, El Achichivasco, El Apampelcato y el de las Manzanas del municipio de Coyomeapan, que cuenta además con los bosques del Cicintépetl y el Sumidero; las grutas inexploradas de Huehuetla, que tiene además el templo colonial del Niño de la Candelaria; la pesca de bobos y bagres en el arroyo Laxaxalpa de Hueytlalpan, de hermosos paisajes al igual que San Felipe Tepatlán y
Zoquitlán, que tiene zonas boscosas y caídas de agua, como en Xitlama y el río Coyolapa; además de una iglesia Colonial del siglo XVI. Destacan las artesanías de tejidos de palma y de carrizo de Eloxochitlán, la talla de madera de Camocuautla y la alfarería y tejidos de mimbre de Chiconcuautla. Para no hablar de sus ciudades ricas, con infraestructura turística instalada, modernas vías de comunicación ¿qué tiene que ocurrir para apreciar tanta riqueza?
Foto: Jorge Cravioto, Nubes en la Sierra Norte.

Referencias

• http://elcolumnistapuebla.wordpress.com/2010/04/26/puebla-rezagada-en-competitividad-turistica/
• http://catarina.udlap.mx/u_dl_a/tales/documentos/lar/quirarte_m_r/capitulo2.pdf
• http://www.heraldodepuebla.com.mx/index.php?option=com_content&view=article&id=25445:se-consolido-puebla-como--cuarto-destino-turistico&catid=56:economia&Itemid=122

martes, 22 de febrero de 2011

Heroísmo incómodo


El 22 de febrero de 1847 se inicia la Batalla de Angostura entre mexicanos y texanos, los primeros comandados por Antonio López de Santa Anna.

No fue una batalla de papel, catorce mil mexicanos pelean durante 48 horas contra siete mil texanos en diferentes frentes. No obstante la superioridad de la artillería yanqui, el mayor número de mexicanos obliga a breves victorias aquí y allá. Sin embargo, la victoria nunca es total.


A Santa Anna se le califica de traidor, pero no lo fue. Tal vez fue ineficaz, incompetente, víctima de su propia beligerancia, pero intentó la defensa de la patria y le costó una pierna; pero eso es lo de menos, el verdadero costo para él fue el de resultar el héroe incómodo de la nuestra historia.



lunes, 21 de febrero de 2011

Vientos republicanos


El 21 de febrero de 1867 Benito Juárez arriba a la ciudad de San Luis Potosí, de donde saliera muy deteriorado en mayo de 1863. Habían pasado cuatro años de convulsos acontecimientos nacionales, internacionales y personales en la vida de Juárez, que sin embargo no borraba su expresión impertérrita de su rostro, para sorpresa de sus colaboradores. Había tenido que enviar a su familia a Nueva York mientras gobernaba en su presidencia itinerante; Estados Unidos estaba en guerra civil y aunque el presidente Abraham Lincoln aprobaba la lucha republicana contra los invasores galos era muy poco lo que podía hacer por ayudarlos. Cuando las cosas no podían ponerse peor, lo hicieron.

Los franceses triunfan en cada plaza y Juárez se ve precisado a huir por las ciudades del norte, por los caminos asediados y finalmente por el desierto de Chihuahua: su hijo Pepito muere de pulmonía en la lejana Nueva York; Lincoln vence a sus enemigos del sur pero muy poco después es asesinado en una función de teatro. El panorama no podía ser más negro para los republicanos, pero en 1866 las cosas cambiaron: Napoleón III retira a su ejército, la iglesia da la espalda a Maximiliano por sostener las Leyes de Reforma y los republicanos comienzan a vencer en todas las plazas del norte de México

El mes de febrero de 1867 fue decisivo en la lucha, pues los dos bandos se establecen en un territorio relativamente breve para su enfrentamiento final: Maximiliano en Querétaro y Benito Juárez en San Luis Potosí. Comienza el tercer acto de esta larga y fatigosa lucha. Faltaban todavía cinco meses para la debacle.



domingo, 20 de febrero de 2011

Frases de memoria


“Vivir del recuerdo es no gozar plenamente del presente. Vivir del recuerdo nos debilita. Es como ser un enchufe que se conecta a una toma de corriente por la que no pasa la corriente. Vamos perdiendo nuestra energía. Queremos revivir una experiencia que ya pasó, y finalmente nos sentimos decepcionados y con un gran desgaste emocional y mental”.


Miriam Subirana, profesora de meditación.

sábado, 19 de febrero de 2011

Barreda y limpiada


El 19 de febrero de 1818 nace en la ciudad de Puebla Gabino Barreda, influyente educador que representa en México lo más juicioso del positivismo científico de Augusto Comte, que introdujo la noción de método científico en la enseñanza mexicana, fue además un eminente médico y catedrático que tras muchos esfuerzos logró su anhelo de fundar la Escuela Nacional Preparatoria, de la que fue primer director.

Don Gabino es mucho más importante de lo que podría suponerse para la educación en nuestro país, fue un verdadero luchador de las causas de su amenazada patria del siglo XIX. Estuvo en prisión durante la invasión yanqui de 1957, viajó a París en donde fue iluminado por el positivismo comtiano: “saber para prever, prever para obrar”, Benito Juárez lo conoció en un acto conmemorativo de la independencia y quedó subyugado con sus ideas, haciéndolo su colaborador para terminar encargándole dotar de una filosofía oficial a doctrina educativa de México, afortunadamente liberal.

Gabino Barreda fue diputado y embajador mexicano en Alemania, su influencia propició la creación del Partido Científico. Al crear la escuela Nacional Preparatoria funda la moderna educación superior en México y la pone en otro escenario de la historia. De regreso de su embajada, Gabino Barreda muere a los 64 años de edad, tal vez con insuficiente reconocimiento social.



viernes, 18 de febrero de 2011

El templo



El templo de San Antonio se quemó en 1961. No recuerdo cómo era antes, tenía cuatro años, pero puedo recordar el resplandor del incendio y la caída de una gran pared trasera; lo vimos cómodamente desde el jardín de la casa de mis abuelitos, que estaba enfrente, desde donde se tomaron estas fotografías.

Los siguientes diez años el templo estuvo en reconstrucción, toda mi niñez. Jugué en la construcción los siguientes diez años en los que conocimos la cantera y sus propiedades, pues había toda clase de lajas de cantera que uno podía levantar y llevarse a su casa, que olían a cal. El templo no tuvo puertas durante mucho tiempo, uno podía explorar los espacios y profundizar en la nave de estilo neoclásico, detrás del altar, la improvisada sacristía; lo que recuerdo es un edificio frío, húmedo que también olía a cal. Las palomas eran las dueñas de las partes altas, nosotros de las de abajo.



Tenía dos escaleras de caracol que llamábamos torreones, también estuvieron abiertos mucho tiempo. La parte alta era peligrosa, había maderos sobre precipicios, escalones de madera, sin embargo, entonces, aunque anduvimos muchas veces ahí, nunca ocurrió nada grave (hasta que ocurrió, pero no a nosotros). Pero lo nuestro era la parte baja, los recovecos, la casucha del cincelado, donde trabajaban unos hombres a cincel bloques de cantera de cientos de kilos de peso; no nos metíamos con ellas; las lajas en cambio eran para todos y en cantidades suficientes, eficientes como armas, que utilizamos poco pero oportunamente, y como materia prima para hacer figuritas esculpidas, mascaritas y monedas, que tampoco era nada sencillo. Perforábamos con clavos la superficie pero la cantera era un material demasiado duro y muy ensuciador de polvo blanco; terminábamos como esculturas de cantera y no te ganabas una felicitación de tu mamá, ni mucho menos.


Anduve por el templo todas las tardes de mi niñez, es decir, cientos de veces. Con los años se fueron cerrando los accesos al templo, siempre en construcción, un día de pronto aparecieron las puertas gigantescas; se cerró el templo; quedaba abierta la zona de los canteros, que un día terminaron su trabajo y se fueron, mucho después, cuando los torreones también fueron cerrados pero yo ya andaba en mi adolescencia, había visto suficiente del templo para frustrarme, acababa de descubrir el pueblo.

Un día, andábamos jugando en el pórtico abierto del templo, cuando escuchamos un grito aterrador, corrimos a ver. Un hombre joven se había caído del andamio en lo alto y estaba indefectiblemente muerto. Alguien fue a avisarle al cura, pero los minutos que tardó en llegar estuvimos observando al muerto. Una pequeña alberca de sangre se formó en su chamarra de mezclilla. Recuerdo sus ojos cerrados para siempre. Me dicen que hubo más muertos en esa construcción, pero este muerto fue nuestro muerto. Cuando llegó el Padre nos corrió de inmediato y se puso a darle los santos óleos al difunto. Siempre nos corrían del templo en lo más interesante.





















jueves, 17 de febrero de 2011

Reyes y príncipes


Cada quien con su realeza. En México, donde está proscrita la nobleza, nos la hemos ingeniado para tener reyes y príncipes en activo, tan ricos y escandalosos como los europeos. Con escasos cuatro años de diferencia, nacen hoy dos príncipes de la canción mexicana en dos géneros distintos pero complementarios, pues entre ambos han diversificado el gusto de aquella juventud de los años setenta que, entre otras cosas, ha envejecido junto a ellos, como frente a un espejo.

El 17 de febrero de 1940 nace en Huentitán El Alto, Jalisco, Vicente Chente Fernández quien, a decir de sus biógrafos, desde los ocho años pulsó la guitarra con destreza. Hoy, anciano y reconocido, es uno de los más connotados intérpretes de la música popular mexicana, un hombre que ha sabido llegar al corazón del pueblo, una estrella, a su manera un ídolo.

El otro es José José, que cumple 67 años el día de hoy y, sin embargo, se mueve, como diría Copérnico. El denominado príncipe de la canción, que nace este día de 1944, es a principios de este milenio una suerte de antihéroe. Ha cantado algunas canciones clásicas de nuestro romanticismo pero ha hecho toda clase de tropelías en su vida privada que el gran público, noble, ha querido olvidar. En cada uno de sus incontables regueros de tepache José José se arrepiente públicamente; promete, como el Toluco López, que se va a reformar, pero a la vuelta de la esquina el desenfreno lo somete nuevamente a sus oscuridades y lo enfrenta de nuevo al calvario público. La lastimosa condición en que termina cada uno de sus rounds con el destino le ha dejado una brizna lastimosa de aquella voz privilegiada que tuvo algún día.

Pero aquí están, aún con nosotros, el malhadado príncipe y el fatigado rey de la canción vernácula que han dado tantos giros en la vida como dos gavilanes que cazan a una esquiva paloma.



miércoles, 16 de febrero de 2011

El Chueco Carreras


El 16 de febrero de 1917 fusilan al valiente revolucionario tamaulipeco Alberto Carreras Torres, cuando gracias a él estaban a punto de instalarse los ramales telegráficos y ferroviarios hasta el pueblo donde vivía su madre y su familia, Tula, Tamaulipas. Treinta años después algunos durmientes y rieles del ferrocarril, así como toneladas de alambre telegráfico, permanecían impávidos y oxidados en el patio trasero de la propiedad familiar. Todo lo suspendió su muerte, todo se paralizó cuando Carreras se entregó a sus enemigos para ser fusilado.

Alberto Carreras Torres es un personaje que merecería un mejor espacio en la historia de la Revolución Mexicana, a la par de Pascual Orozco y otros valerosos hombres que tomaron las armas desde el primer momento. Entusiasmado por las ideas de los Flores Magón, Carreras se afilió al Partido Liberal Mexicano desde 1905, posteriormente se adhirió al maderismo en el momento mismo de la convocatoria, lo que le valió persecución y cárcel. En prisión fue torturado con saña y perdió la movilidad de una de sus piernas, pero nunca de su espíritu móvil y combativo, con una buena estrella militar. Lo que no le quitó el apodo amistoso del Chueco Carreras.

Ese mismo año de 1910 funda el Ejército Libertador de Tamaulipas y toma Tula (Tamaulipas), al año siguiente, en su breve pero ascendente carrera militar, tuvo algunas victorias locales que lo catapultaron a hazañas mayores. En 1914, como estratega carrancista, toma las ciudades de Guanajuato, Irapuato, León y Celaya, y fue como comisionado hasta Yucatán y Campeche.

El atrevimiento mayor, y tal vez la causa por la que Carreras debería estar en el olimpo de los héroes (es decir, escuelas con su nombre, calles, algún poblado y una esculturita por aquí y por allá), fue la elaboración del primer ordenamiento agrario de la revolución, “Ley Ejecutiva de reparto de tierras”, que desconocía al gobierno de Victoriano Huerta y que fue expedida el 4 de marzo de 1913.

A partir de 1915 las cosas no marcharon bien para Alberto Carreras Torres, su padre muere por las heridas en batalla, fracasa en sus intentos por tomar algunas plazas, pero sobre todo sufre su propio quebranto físico al complicarse las heridas de su pierna, que finalmente fue cortada, para serle instalada una prótesis de madera.

La tristeza abatió a este valiente revolucionario tamaulipeco, profesor, abogado y general de las mejores causas revolucionarias, se retira de la lucha armada, unos meses después se entrega a sus perseguidores y este día de 1917, en el panteón de Ciudad Victoria, es fusilado por un solemne pelotón, dos meses antes de cumplir treinta años. La leyenda dice que su pata de palo no fue enterrada con su cuerpo, que alguien la llevó hacia el sur, donde les daba por honrar extremidades. Pero ni así se le hizo justicia.



martes, 15 de febrero de 2011

Intriga virreinal


En los últimos días ha ocurrido una embestida mediática y gubernamental contra el cacicazgo de la maestra Elba Esther Gordillo; voces variopintas exigen la defenestración de su poder y la liberación de los maestros mexicanos para fundar o afiliarse a un sindicato de sus confianzas. La reforma fiscal del día de ayer, que manda gravar las colegiaturas como deducibles de impuestos, tal vez sea el preludio de un enfrentamiento mayor e inevitable. Acudamos a la memoria, no vaya a ser que les pase lo que al virrey Diego Carrillo que el 15 de febrero de 1624 no midió bien sus fuerzas para enfrentarse al poder del arzobispo Juan Pérez de la Serna, a quien envió a la cárcel por corrupto, desatando un levantamiento popular y una lastimosa huida del palacio virreinal.

El desastre no fue por falta de oficio político, Carrillo no era ningún principiante, fue noble español y entre 1621 fue virrey de Aragón y Virrey de la Nueva España, pero nunca esperó que el poder del arzobispo fuera tan importante. Cuando llegó a México se escandalizó con la cantidad de divorcios que el tribunal eclesiástico remataba al mejor postor, recogiendo valiosos regalos de los agraciados. La acción de la justicia se ejerció cuando Juan Pérez de la Serna insistió en subir el precio de la carne, además lo acusaron de monopolizar el maíz, se le abrió proceso legal y arzobispo huyó al convento de Santo Domingo. Sitiado en ese lugar, exigió inmunidad eclesiástica, amenazando con excomulgar a los jueces y soldados que lo acosaban. Se pidió la intervención del juez apostólico, que era el obispo de Puebla, quien conminó a Pérez a retirar las excomuniones. Las iglesias se mantuvieron cerradas con los clérigos apoyando a su autoridad, lo que desató una crisis política que sin duda fueron los días más malos en la vida del virrey Diego Carrillo.

Se determina enviar a Pérez a la cárcel de San Juan de Ulúa, Veracruz, aunque la intención de Carrillo era mandarlo inmediatamente a España. Preso, el arzobispo Pérez se mantiene en sus excomuniones y las amplía a todos los miembros de la Audiencia, además ordena a sus sacerdotes la organización de mítines en la capital con las arengas "¡Viva Cristo!" y "¡Muera el mal gobierno!". Los miembros de la Audiencia reculan y ordenan revocar la orden de deponer al arzobispo, pero el virrey los manda detener a todos por desacato.

La revuelta popular estalla el 15 de febrero de 1624, la noche en que se incendia el palacio virreinal, cuando la confusión de apodera de la capital de México y el virrey Carrillo de Mendoza y Pimentel se ve precisado a huir vestido de sirviente. El arzobispo Pérez de la Serna se había salido con la suya.

La historia termina con la intervención del rey, que rescata a Carrillo y se lo lleva a España como asesor; al obispo rebelde hubo que ponerlo en orden y fue removido de su cargo. La dificultad ahora es que ya no tenemos rey que mande poner orden, y el presidente muestra diariamente el verdadero tamaño de su poder.



lunes, 14 de febrero de 2011

Los telegrafistas


Hoy es el día de los telegrafistas mexicanos, ahora casi extintos. Pero es el día de sus familias, de sus recuerdos y de la importancia que tuvo para México este sistema de telecomunicación cuyos principios seguimos utilizando hoy en día con el internet, el mismo estímulo eléctrico enviado al transmisor, la transmisión de datos, incluso los internautas del mundo conservamos la misma posición del telegrafista del pasado, sentado frente a su mesa, con la mano ocupada en la llave y el sonador, ahora Mouse. Una historia de 83 años y un largo periodo de decadencia, hasta que fue oficialmente clausurado en 1992, en postrero homenaje más bien fúnebre.

Los telegrafistas mexicanos son parte de una historia que inicia a mediados del siglo XIX, cuando se logró una ansiada comunicación eléctrica esperada desde que Volta había inventado la pila a principios de ese siglo; el telégrafo fue el cumplimiento de una promesa de la ciencia y las artes humanas. Y llegó para quedarse, para mutar, para evolucionar a formas inimaginables de comunicación. "Punto-Raya-Punto" dejó de expresar en 1933, según las necesidades del nuevo siglo, el mensaje deseado. Ahora era preciso manifestar en palabras propias nuestra situación, primero geográfica, luego emocional. El teléfono tomó la batuta de la comunicación humana, terminando la Era gloriosa de la telegrafía, de los telegrafistas y la virtual extinción de esos seres tan estrafalarios.

La historia comienza cuando don Juan de la Granja trajo a México los porimeros aparatos telegráficos que llegaron a modificar muchas de las costumbres mexicanas a mediados del siglo XIX. La comunicación que ofrecía el sistema de correos-diligencias, por moderna que fuera, resultó súbitamente anacrónica; sus noticias, cuando llegaban, tenían semanas de retraso. El instrumento de comunicación se introdujo rápidamente en los hábitos ciudadanos y hubo un momento del Porfiriato en que fue indispensable; por su intermedio se enviaban desde felicitaciones onomásticas hasta órdenes de fusilamientos, dinero o noticias periodísticas. Fue así como, hacia 1890, llegó a operar las veinticuatro horas del día en las principales ciudades del territorio nacional.

El periodismo porfiriano de este largo periodo de la historia independiente de México no es explicable sin el uso diario del telégrafo: tampoco el sistema meteorológico que permitió un significativo avance portuario, para no hablar de las relaciones familiares y comerciales que pudieron fincarse en el aviso rápido, oportuno, urgente. “Murió tu tío Pancho”.

El periodo revolucionario vino a ser la sumidad del telégrafo Morse en la historia. Grandes victorias obtenidas a través de sus líneas, pero también pugnas determinantes como el rompimiento de Villa y Carranza el 13 de Junio de 1914. Fernando Benítez llama al telégrafo en "El Rey Viejo" los oídos del tren militar; en realidad llegó a ser, entre 1850 y 1930, los oídos y el habla de toda una nación, tan necesitada de notoriedad en el ámbito internacional. Su uso, tan común, que se instalaron buzones en las esquinas donde se podían depositar los telegramas sin necesidad de acudir a la agencia.

Escenas revolucionarias de los altos mandos decidiendo el curso de la lucha no son imaginables sin la presencia de un telegrafista al lado de cada general. La gran hecatombe que significa toda guerra, puso a las instalaciones telegráficas a punto de desaparecer. En amplias zonas del país su infraestructura fue arrasada completamente. Zona estratégicas, como La Laguna y el Bajío fueron ejemplo de grave destrucción, obligando a la reinstalación de nuevo equipamiento, ahora de teleimpresores, una vez alcanzada la paz.

La sustitución del telégrafo por el teléfono y la teleimpresora después de la lucha armada fue suficientemente grande como para asestar un golpe de muerte al
Telégrafo Morse. La introducción de teletipos en el Distrito Federal y las principales capitales de los estados pusieron al telegrafista Morse de espaldas contra la pared. Se iniciaba también el predominio de la ingeniería profesional por sobre los conocimientos empíricos, tan socorridos durante le siglo XIX, desplazándoles aún más.

Arranca una larga decadencia que principia en drama. Cuando el 14 de febrero de 1933, un Estado constituido en la reciente Revolución corta de tajo, con innecesaria violencia, lo que pudo haber sido una mejor transición del signo al habla, del telégrafo Morse al teléfono, al teletipo, la radiodifusión, la televisión, el télex, fax, Internet.

Lo que ocurre con el telégrafo después de aquel movimiento de febrero de 1933 durante el Maximato del expresidente Elías Calles, se mezcla con otras historias. Lo indubitable fue la extinción laboral de ese peculiar gremio de profesionales que eran los telegrafistas Morse, que hablaban en un lenguaje inextricable: "Punto raya, raya punto. Punto raya, punto, raya raya", que expresan los mensajes del mundo a través de un sonido corto y uno largo; largo largo, corto largo. Y el día del telegrafista un buen pretexto para arrimarnos a esos seres incomprendidos que resultaron ser los telegrafistas, pues de personajes importantes en los pueblos, en la lucha revolucionaria, cayeron en el más grande olvido.

En la huelga del 14 de febrero de 1933, oprimidos y humillados, encadenaron sus fuerzas en un compacto gremio que apeló, incluso con la huelga nacional, una mala medida administrativa; enfrentaron con audacia la arbitraria decisión (de la ciencia) aplicada por la Secretaría de Comunicaciones, con represión militar y ceses masivos, desapareciendo dignamente.

Fue en esta efímera lucha que se autonombraron "La Raza de la Hebra", significativo nombre que habla del entusiasmo, la energía casi biológica con que se enfrentaron a su inevitable transformación. Hoy nos quedan sus recuerdos y nuestro gusto filial por homenajearlos.

Foto: mis padres telegrafistas festejando



Libro


Gracias a todos mis amigos que me han enviado correos y/o han comprado el libro en alguna librería (Profética, Ángeles, Teorema) de la ciudad. Mi deseo es que la mayoría de ustedes lo tengan, pero si viven fuera de Puebla, en México o en el extranjero, he implementado un plan para hacérselos llegar en PDF a los interesados.

Cien años de recuerdos poblanos, publicado por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, es un libro dividido en diez capítulos que registra los recuerdos de varias generaciones de familias que han vivido en la ciudad de Puebla entre 1910 y 2010. La mayoría de estos testimonios hablan de la arquitectura, el comercio, los servicios y otros temas cotidianos, recordados en el escenario de su respectiva década y acompañados por fotografías.

Cien años…, hilvana los recuerdos felices de los poblanos y su ciudad, no las tragedias, sino la vida misma con sus fiestas y sus pequeñas enseñanzas diarias; las costumbres familiares, los hablas, las inflexiones regionales y los dichos. La ciudad, la gente, los barrios.

Solicítalo a: recuerdospoblanos@gmail.com.



Silencio


Se impone silencio cuando las palabras mortifican y dañan, cuando penetran heridas abiertas o supurantes, cuando son proferidas por voces que ejercen influencia porque son creíbles, porque son respetadas, porque son confiables. Vi en repetición la fatídica solicitud de Carmen Aristegui a que la Presidencia de México aclarara de una buena vez si el presidente es alcohólico o tiene problemas de alcoholismo, su solicitud no es irrespetuosa, es simple, es llana: ¿es o no un alcohólico?, nos interesa saberlo. La respuesta del “poder” es pedestre y represiva: se le quita del micrófono. No importan los detalles de la maniobra acallante, puesto que la evidencia es más que clara: ella dijo eso y la respuesta fue esa.

En Puebla, el renovado Congreso con mayoría panista busca despenalizar los delitos de chantaje y difamación para crear la figura de daño moral, informa hoy el periódico El Universal. Buscaría tipificar como delito la información inexacta que circule en medios de comunicación, pues, de acuerdo al diputado Mario Riestra, "la línea es muy delgada entre la libertad de expresión y el libertinaje, esos son los dos valores que se estudian. Se debe proteger la libertad de expresión pero también proteger la privacidad de todas las figuras públicas”, pero para la Asociación Mexicana de Derecho a la Información, la modificación del Código Civil pondría en riesgo la libertad de expresión.*

Viene a cuanto porque el 14 de febrero de 1989 el ayatola Jomeini decreta la pena de muerte al escritor Salman Rusdhie por su novela Los Versos Satánicos, que supuestamente ofendía la imagen de Mahoma. Desde entonces, hace 22 años, el pobre Rusdhie tiene una vida de conejo de campo, viajando a salto de mata hacia cualquiera de sus refugios clandestinos, habitualmente ingleses, pero sin dejar de escribir sus novelas maravillosas.

Las penas por hablar libremente son diversas, van desde la amenaza legal, pasando por el despido, la detención, hasta llegar a la pena de muerte. En México se aplican todas las gamas. Pero el resultado siempre es el mismo. Cuando se calla a alguien, lo único que sobreviene es el silencio. El silencio simple y contundente.


* El Universal, nota de Xóchitl Rangel corresponsal, Lunes, 14 de febrero de 2011

domingo, 13 de febrero de 2011

México y la telecomunicación


Los mexicanos hemos discutido desde la Independencia de España las ventajas y desventajas que tiene nuestra vecindad con los Estados Unidos. Las opiniones son variadas. En el aspecto de la comunicación y por lo tanto de la tecnología este intercambio de opiniones cobra relevancia. Esta vecindad, obligada por la geografía, ha tenido consecuencias negativas y positivas en la vida de los mexicanos. Por un lado, el desarrollo tecnológico yanqui inhibió nuestras posibilidades inventoras; por otro lado,
esa vecindad nos permitió acceder casi de forma inmediata a lo más avanzado de la tecnología mundial de telecomunicaciones.

En 1849 llega a México el telégrafo electromagnético, seis años y meses después de la primera conferencia mundial entre Washington y Baltimore y cinco años antes que en Francia.

En 1878, dos años después de que Alejandro Graham Bell hiciera la demostración de su teléfono en la Feria del Centenario, en Filadelfia, llega a México la telefonía.

Hacia 1902, aún en proceso de experimentación la radiotelegrafía, llegan a México los primeros aparatos de origen inglés, que funcionaron en Campeche y Veracruz junto a los cables submarinos introducidos por la misma época.
En 1914 se instalan las primeras estaciones radiotelegráficas en Santa Rosalía, Baja California, para comunicarse con Cabo de Haro, Sonora.

En 1921, Fernando G. Proal, a bordo de su avión "Farman" inicia la era de la radiotelefonía ("voz que volaba", sin cables), comunicándose con una estación en Balbuena y otra de Pachuca. Y en esas fechas, también, en septiembre para ser exactos, Constantino de Tárnava inicia la radiodifusión en su nativa Monterrey, que alcanzaría momentos estelares unos años después con científicos de talla mundial como José de la Herrán y Guillermo González Camarena o radiodifusoras como XEX y la XEW, aportando recursos suficientes para darle larga vida a la veleidosa hija de la radio: la televisión.

En 1933 se incorpora al sistema telegráfico el teletipo, que fue el antecedente del télex y la más antigua forma de imaginar el Messenger.

En 1965 México se integra al aún selecto conjunto de países usuarios del famoso satélite "Pájaro Madrugador", iniciándose en el insondable concurso de la comunicación moderna. Una década antes, bajo los auspicios del ingeniero Walter Cross Buchannan, Secretario de Comunicaciones, se construyeron aquí cohetes (o cuetes, si se quiere) que fueron lanzados de llanos guanajuatenses. Sólo subieron unos kilómetros sobre el suelo, pero el simple hecho de las pruebas demuestra el interés y las aspiraciones que se tenían en México sobre investigación tecnológica, hace relativamente poco, que sin complejos se atrevía a hacer experimentos "exclusivos" de los países desarrollados. Por desgracia, nunca más lo volvimos a intentar y nuestro sueño de tener una NASA en NEZA se ha tenido que posponer hasta ahora, cuando se hacen planes para la creación de una agencia aeronáutica mexicana.

Hace tres décadas fue instalado en el espacio el sistema de satélites "Morelos", de propiedad mexicana aunque de tecnología estadounidense, operación en la que participó incluso un astronauta mexicano, Rodolfo Neri Vela, que integra un paquete inmenso de servicios que nos enlazan prácticamente, y de múltiples formas, con el mundo entero. Su servicio fue relevado por el sistema de Satélites "Solidaridad". Posteriormente se siguieron adquiriendo satélites y sistemas satelitales para la satisfacción de nuevos sistemas de conexión de los que fácilmente pasamos a depender ¡dónde quedó el control remoto!

Hoy, nuestra vida sería inexplicable sin la presencia de las múltiples formas de telecomunicación. El E mail se ha incorporado a nuestras vidas, hacemos blogs, Hi Five y facebook donde expresamos nuestra cosmogonía y grabamos videos con nuestros teléfonos portátiles; manejamos objetos distantes a control remoto; leemos diarios y revistas a través del Internet; utilizamos Aipod, wikis, Peer-to-peer, Missatge MMS, WiFi, HTPC, Blu-ray, SMS, UMTS, Blackberry, GPS, iPhone 3G, bluetooth. Se organizan protestas en países enteros y se derriban tiranos a través de estos medios.

Si hay algo imprescindible en eso que llamamos la modernidad, sin duda se trata de las telecomunicaciones.


* Foto tomada de http://www.infodefensa.com/

sábado, 12 de febrero de 2011

Un día común


Hay días con sombras y días sin sombras. Días en los que no pasada nada, y otros que parecen ser fechas decisivas de la humanidad o parte de ellas. Días en el que nacen y mueren seres humanos que desbrozaron su realidad y la modificaron, para beneficio de todos.

El 12 de febrero de distintos años ocurrieron tres nacimientos que cambiaron el mundo a su manera: en 1473 nace Copérnico, astrónomo polaco que demostró el doble movimiento de los planetas, sobre sí mismos y alrededor del sol; en 1809 nace Charles Darwin, naturalista y fisiólogo inglés, autor de la célebre teoría de la evolución de las especies, llamada darwinismo; también, este día nace Abraham Lincoln, que descubrió que era posible prescindir de la esclavitud.

Mueren un 12 de febrero, por su parte, en 1804 el filósofo del criticismo, Emmanuel Kant; en 1979 el cineasta francés Jean Renoir y en 1984 el escritor argentino de Rayuela y Bestiario: Julio Cortázar.

El 12 de febrero es un día común y corriente. Pero no.



viernes, 11 de febrero de 2011

El hombre foco


Desde muy niño pensé en lo maravilloso que era el invento de los focos, entonces no tenía ni idea de cómo, cuándo ni quién había fabricado tan prodigiosa herramienta de luminosidad, cómo le había hecho para meterle los alamabritos al fino recipiente de vidrio. Recuerdo un día que pensaba eso frente a la lámpara del buró de mis papás, prendiendo y apagando el prodigio, deslumbrándome y encegueciéndome, una y otra vez hasta que el foco se fundió y yo puse pies en polvorosa. No tenía idea cuánto costaba, no podía poner un precio a mi delito. Por fortuna, ya desde entonces eran muy baratos.

Hay una historia sobre focos que me contó el ingeniero Tomás Guzmán Cantú en las oficinas de investigación histórica de la Dirección de Telecomunicaciones, era un verdadero especialista en la historia de la tecnología y no tengo ninguna base para dudar de la veracidad de esta anécdota jocosa que tiene que ver con los cubanos y la revolución. Al triunfo de la Revolución Cubana, habiendo sido desmanteladas las fábricas que, como se dice corrientemente, se llevaron “hasta los focos”, Fidel Castro pidió ayuda a sus aliados para llenar muchos de los huecos de satisfacción ciudadana en el nuevo escenario. China se apuntó con focos “¿Y cuánto foco no vaan a daa, camará…?”, preguntó el líder cubano. “Los que necesiten”, le respondió el gobierno chino. Entonces enviaron a un joven comandante muy avisapado en relaciones internacionales pero poco habilitado para situaciones técnicas. La dotación iba a ser de veinte millones de focos, que les alcanzarían para varios años. ¿220 ó 110?, preguntaron al comandante en China, refiriéndose al voltaje. Éste, tras pensarlo unos segundos, reflexionó: “a la revolución lo mejor, camará, que sean de 220”. “Van”, le respondieron. La instalación doméstica en Cuba, como podría preverse en tecnología estadounidense, era para 110 watts, por lo que los focos chinos sirvieron los siguientes treinta años, apenas con la luminosidad de una vela, pues los 220 difícilmente se funden en corriente de 100.

El 11 de febrero de 1847 nace un inventor brillante como un foco de luz: Tomás Alba Edison, físico estadounidense que fabricó aparatos como el fonógrafo y el acumulador. Por supuesto muchos de sus inventos ya no funcionan, pues han sido superados por el avance tecnológico, pero el genio de Edison tuvo a bien inventar ese artefacto tan útil que empezó a funcionar de inmediato y que lo sigue haciendo hoy, prácticamente con las mismas bases: el foco de luz, la bombilla eléctrica o como quiera llamársele, sin cuya presencia nuestra vida nocturna de los últimos cien años sería inexplicable.

Hace unos meses vi una noticia que anunciaba el fin de la Era de los focos, que pronto será posible iluminar paredes enteras con un plasma luminiscente. Ojalá pueda ver eso. Por lo pronto, si acaso ocurre, el foco será uno de los artefactos humanos más útiles y provechosos del siglo XX, al grado de que no sería exagerado llamarle el siglo del foco.



Guajorrerías


El día 14 de febrero a las 19 horas en la Cineteca Nacional, se exhibirá el documental de 30 minutos: Correrías por el monte, Expresiones afromestizas del nahualismo.

El documental fue dirigido por Rafael Rebollar (nuestro querido Guajo) y producido por Producciones Trabuco y apoyado por el FONCA.

La entrada es gratuita, habrá degustación de excelente mezcal guerrerense y estarán a la venta los DVDs del Proyecto AFROMEXICO y los CDs de la Orquesta Típica de Juquila.

¡No falten! ¡pasen la voz!

Un abrazo y una felicitación, querido Guajo



jueves, 10 de febrero de 2011

Cogito, ergo sum


En 10 de febrero de 1650 muere en Estocolmo, Suecia, el filósofo, matemático y físico francés René Descartes, que estableció bases para la discusión moderna de la filosofía.

Descartes crea un método, llamado cartesiano, que fundará todo su cuerpo teórico en la razón, por lo que hay quienes le llaman padre de la filosofía moderna, pues rompe con la escolástica vigente en su tiempo y muestra la falibilidad de la lógica aristotélica del silogismo, al que pretendió anular.

Con explicaciones basadas en la sencillez expositora, René Descartes re-direcciona el funcionamiento de la mente humana y establece un dualismo entre el alma y el cuerpo, resumida en la famosa premisa de su racionalismo: “pienso, luego existo”, teoría que será el caballito de batalla (o chivo expiatorio) durante la Ilustración, sopesada críticamente por Diderot, Rousseau y Voltaire un siglo después. Para entonces Descartes era historia, pues había muerto hacía ya mucho tiempo, un día como hoy, a los 54 años de edad, la misma edad de quien esto escribe. Sopesando mi obra con la de Descartes comprendo perfectamente el tamaño de esos dos hombres en el mundo. Él pertenece a la estirpe de los que son capaces de cambiar la historia humana, yo al hombre común que dialoga los días de su memoria. Pero sus ojos… (¿será que la mirada es el espejo del alma? De ser así, reconsideraré mi existencia ¿quién de los dos fue más feliz? El problema de los genios es que sufren mucho. Me alegra de no ser Descartes, que bueno que simplemente soy yo). La máquina humana es imposible.



miércoles, 9 de febrero de 2011

Halley el cometa


En los años cincuenta, el rock and roll bebió de las fuentes del mismísimo Delta del Missisipi a través del blues; se enriqueció con su versión urbana de Chicago: el rythm and blues, y tomó lo indispensable del country and western tradicional. Fue entonces que el disc jockey Allan Freed acuñó un término que quedaría para la historia: rock and roll.

Para estrenarlo, la industria fabricó un modelo blanquito algo sobrealimentado que fue la revelación en los inicios del rock and roll: Bill Halley y sus Cometas, que volaron en ciclos de popularidad durante treinta años.

En 1981 los amantes del rock apenas empezaban a recobrarse de la irreparable pérdida de John Lennon a manos de un desquiciado, ocho semanas antes, cuando el 9 de febrero ocurre otro lamentable deceso: Bill Halley, el güerito del rulo, también se echaba para atrás.



martes, 8 de febrero de 2011

Cien años de recuerdos


Mañana miércoles 9 de febrero a las 19 horas presentaré en Profética (3 Sur 701) mi libro testimonial Cien años de recuerdos poblanos, donde reúno unos 300 recuerdos separados por década a lo largo de un siglo (1910-2010). Juan Carlos Canales y Aurelio Fernández me ayudarán a presentarlo. En este libro participan ancianos que hace años murieron, adultos mayores, adultos a secas, jóvenes adultos, jóvenes simples y adolescentes veinteneros. Todos recuerdan su vida en la ciudad.

Las décadas que forman este libro contemplan a la familia desde dentro, mi madre, mi mamá, las calles, los olores, la música, los sabores. Recuerdos recurrentes y superficiales, como la vida misma, desgranados en breves desahogos familiares (“no volví a ver a mi papá”), en resignadas fatalidades (“llegaron los greñudos y acabaron con las peluquerías…”) o franca desesperación (“corrí y corrí, sentía que había matado yo a alguien…”), siempre en el marco de la ciudad omnipresente, de sus barrios, desde el interior de sus vecindades, los templos y colegios, que es la otra parte de este libro: las huellas físicas de una ciudad que se modificó continuamente en esos últimos cien años; la ciudad colonial que inicia el siglo XX con tamaños y costumbres más o menos coloniales –con todo y epidemias- y la metrópoli devoradora y compleja que vemos y vivimos hoy.

Un posible hallazgo de este libro, publicado por la BUAP, es que los poblanos de las cinco generaciones que viven en esos cien años comparten muchas cosas, su amplia escala de satisfacción es la misma, y es algo que se explica con su ciudad. Tienen el mismo gusto por las fiestas y las tradiciones, los dulces, los platillos poblanos, las artesanías, el cine, las plazas comerciales, los parques y jardines (“me enamoré en El Carmen…”); recuerdos colectivos fijos en el placer de echarse unos molotes o unas chalupitas de Santa Inés y los muchos pasos redundados en el centro de la ciudad; algunos fijos hasta la obsesión, como el ubicuo Paseo Bravo que aparece en todas las décadas. Concluyo que el amor por la vida y sus motivaciones es el mismo, pues el poblano en su ciudad es un habitante largamente entrenado para el placer, durante cien años ha estado siempre rodeado de esas virtudes de sabor, de vista, de volcanes y alegrías; virtudes obvias de una ciudad como Puebla que, por desgracia, muchos de ellos han olvidado disfrutar, o ya no pueden hacerlo, por su edad, pero persiste en sus recuerdos.

Deseo que Cien años de recuerdos poblanos llegue a tus manos para que lo leas con el placer que tuve yo al hacerlo, acompáñame el miércoles a su presentación o adquiérelo en Profética, Ángeles y Teorema al módico precio de cien pesos, accesible y realista para un libro de 190 páginas con más de cien fotografías, para que mucha gente interesada lo pueda comprar, para que llegue a las manos de mis amigos y de muchos poblanos de la ciudad, pues de ellos mismos surgió. Y bueno, ya lo sabes, tú puedes ser uno de los 72 recordantes.

Polo Noyola



lunes, 7 de febrero de 2011

Artista porfiriano


El 7 de febrero de 1864 nace en la ciudad de Durango, Ricardo Castro, inspirado pianista y compositor cuya memoria ha sobrevivido sólo para oídos enterados de la música mexicana de salón y de los habitantes de su estado, que le dedicó un teatro y una estatua en la capital.

Castro es el vivo caso de un ser que nació para el arte, en este caso la música, estudió desde niño con diversos y destacados maestros y a los 19 años termina su primera sinfonía llamada Sagrada, en 1883. De ahí pa´l real, su fama creció y sus presentaciones abarrotaban los teatros porfirianos y lo llevaron a hacer giras por 17 ciudades del país y conciertos en ciudades estadounidenses como Chicago, Filadelfia, Washington y Nueva York o a impartir cursos, conferencias magistrales y conciertos en los conservatorios de París, Berlín, Londres, Bruselas, Roma, Milán y Leipzig.

Hacia el cambio de siglo Ricardo Castro era una celebridad de nuestras artes, publicaba crónicas musicales en los periódicos y fue director del Conservatorio Nacional de Música en el que muchos le atribuyen su modernización. Gran admirador de Chopin, Castro compuso varias polonesas para su piano prodigioso y en 1904 el primer concierto para piano y orquesta escrito en América Latina, además de otras obras como sus óperas Atzimba, La Leyenda de Rudel, Don Juan de Austria, Satán vencido y El beso de la Rousalka. Además de una obra que es, quizás, la única pieza muy conocida del autor, que es el vals Capricho. Poco antes de morir, inspirado por los experimentos de Debussy, incursiona en el impresionismo, aunque le faltaría vida para desarrollarlo.

En 1907, a la edad de 43 años, Ricardo Castro muere a causa de una pulmonía, sin discos de oro, sin grabaciones (porque no había nada de eso), pero con el reconocimiento de aquel exigente y afrancesado público porfirista que tres años después también habría deponer pies en polvorosa. Pero esa es otra historia.



domingo, 6 de febrero de 2011

S y S


El 6 de febrero de 1992 muere el obispo de Cuernavaca Sergio Méndez Arceo, cuya conmemoración reúno ahora con la muerte de Samuel Ruiz, hace unos días. Los dos, sacerdotes distintos al común denominador. Comprometidos hasta el error, se inclinaron a favor de los pobres y eso los enfrentó a las eternas oligarquías, a los poderes fácticos, a la corrupción eclesiástica, al racismo, la intolerancia y el desprecio de clase; uno en los altos de Chiapas y el otro en el contrastante centro de México, donde se establecieron y fueron los actores de una confusa militancia mitad religiosa y mitad política, aunque tal vez debería decir, religiosa y política al tope, juntas como una misma cosa, puesto que ambas, la religión y la política, comulgan de las mismas contradicciones: las palabras y los hechos divorciados en la realidad

Lo que es un hecho con don Sergio y don Samuel es su verdadero compromiso, en verdad se comprometieron con la lucha de los desesperados, de los sin voz, los pobres de los pobres que pululan en cada rincón de la enorme geografía mexicana. ¿Cuán distinta sería la realidad si en la iglesia hubiera sólo samueles y sergios?

Ya es ganancia, creo, que hayan muerto de causas naturales y ancianos, lo que habla de su habilidad política y de la razón que casi siempre tuvieron sus argumentos.



sábado, 5 de febrero de 2011

Rius y el pueblo



A principios de los años setenta, en Cuauhtémoc, Chihuahua, era fiel lector de los Agachados de Rius y de todos sus libros –de lo poco que llegaba a ese lejano rincón del norte mexicano-, fue mi verdadera y única formación intelectual en aquel arenal. Rius, tan didáctico y tan dogmático, fue una buena primera influencia para aquel adolescente pueblerino. Los Agachados llegaban los jueves al único puesto de revistas, la “librería” de la familia Meuchel (no tengo idea de cómo se escriba el apellido alemán, lo pronunciábamos Muégel), que era la agencia de periódicos donde, si no te ponían trucha, se acababa. Compraba un ejemplar de Los Agachados y me iba a la casa a leerlo de cabo a rabo. Los temas de Rius eran políticos y culturales, de las lejanas y desconocidas URSS y China, a la cercana y desconocida Cuba revolucionaria; Marx para principiantes, Lenin idem; problemas coyunturales como el gas, como la iglesia mexicana, el petróleo, el cardenismo o para resolver incógnitas indispensables de la adolescencia como la sexualidad.

De Rius aprendí que existía un lenguaje político opositor al PRI, que en los años setenta todavía lo era todo, mandaba en todo, se comportaba como un partido y como una agencia de colocaciones y como el organismo rector en donde todo se decidía; en el PRI se jugaba el futuro, de algún modo todos pertenecían a él, dependían de él, hasta el PAN y por supuesto el PARM y el PPS, que era la supuesta izquierda, pues el PCM estaba proscrito. Rius me abrió los ojos a un lenguaje político de oposición, de izquierda, en muchos sentidos fue un ideólogo para la moderna izquierda mexicana que nació después con el PSUM.

Aquel muchacho que era yo recibía a través de las lecturas de Rius un vocabulario crítico y la justa medida de la permisibilidad; es decir, era un crítico con criterio polìtico, lo que hace a Rius un divulgador muy efectivo para esa época. Medido, pues. Se las arregló para que el PRI tuviera que tolerarlo, que aguantarlo. Por eso fue tan popular, porque era un hombre valiente y simpático que nos enseñó muchas cosas en aquella realidad priísta sin Internet, con una pobre televisión, muy pocos libros, cine popular, serranía, estrellas, marihuana; Rius resultaba una cubetada fresca de cultura condensada, con una visión más interesante que las Selecciones de la Reader Digest que era la otra revista que circulaba por la casa. La lectura de sus panfletos ilustrados me era suficiente para ser el más discutidor, polémico e “informado” de la clase. Gracias, Rius.

Cuando salí del pueblo en 1976 le perdí la pista, llegué a la ciudad de México y emprendí mi propio camino cultural con fuentes más autorizadas, lecturas universitarias y la inagotable (eso me parecía) literatura de la biblioteca de mi hermano. Ya no hacía falta Rius, había cumplido, y bien, su función con ese agradecido ciudadano. Nunca más, ni por accidente, volví a leer nada de Rius (miento, hace unos años apareció en mis manos el Kamasutra, no recuerdo nada de él); a Rius lo guardé en el archivo de recuerdos gratos, pues representa los alcances culturales de aquel jovencito que un día cortó su dependencia de ese material didáctico de fácil acceso, precio accesible y extensa y eficaz distribución nacional.

Lo vi hace unas semanas en el programa de Carmen Aristegui. Es chistoso ese Rius, simplón, lento de palabras, retorcido como un caracol sobre la silla, dubitativo, confuso y muy amable. Esa extraña personalidad aumenta mi estima por el divulgador y dibujante, aunque ya no lo lea.



Hace unos días inició una campaña nacional que se explica en su breve eslogan: Basta de sangre, que de inmediato tuvo un copioso rebote en las redes sociales y el periodismo mexicano. No basta, por supuesto, para detener el baño de sangre que ahora vivimos los mexicanos, pero expresa muy bien nuestra ansiedad y desesperación de que pasen los días y los meses y los años y sigan rodando las cabezas por las calles de México. Este bloguero se unió de inmediato a la campaña, no por la campaña en sí, reflexioné después, sino por Rius. Porque la iniciativa era comandada por este viejo comandante que tuvo los tamaños para decir lo que pensaba en aquellos momentos de intensa represión, intolerancia y doble moral que teníamos entonces. Y lo más importante: vivió para contarlo

viernes, 4 de febrero de 2011

Vivir sobre la tierra


“¿Cómo hay que vivir al lado de la gente
Me he doblegado,
sólo vivo con la cabeza inclinada
al lado de la gente.
Por eso me aflijo ¡soy desdichado!
He quedado abandonado
al lado de la gente en la tierra.

“¿Es verdad que nos alegramos
de vivir sobre la tierra?
No es cierto que vivimos y hemos venido
a alegrarnos en la tierra.
Todos aquí somos menesterosos.
La amargura predice el destino
aquí, al lado de la gente.”

Canto de la Huída de Netzahualcóyotl.

De entre los forjadores de cantos prehispánicos, Netzahualcóyotl es el de más amplia y merecida fama. Hijo de Ixtlixóchitl, el Viejo, y de Matlacihuatzin, que nació en Texcoco un 4 de febrero del año Uno-Conejo, es decir, 1402, en cuna noble que le ofreció una esmerada educación, ya fuera en el palacio paterno o bien en el Calmécac, donde pudo adentrarse en el conocimiento y sabiduría de sus antecesores, los toltecas.

En 1431, Netzahualcóyotl ascenderá al trono y reorganizará el reino de Texcoco. Como poeta, este singular rey se inclinó por hablar sobre la fugacidad de la existencia, de todo cuanto existe, así como de la muerte inevitable, la necesidad de decir palabras verdaderas y el enigma del hombre frente al dador de vida.



jueves, 3 de febrero de 2011

Ajeno al pasado


Para el tratamiento y atención de los indígenas mexicanos se creó un sistema sumamente contradictorio llamado indigenismo. Frente a las pocas voces que pidieron observar la singularidad de los pueblos originarios, sus posibles virtudes, sus irrefutables lenguas, el Estado mexicano optó por una estrategia de homogenización que los reuniera en torno a los valores nacionales: a saber, el jarabe tapatío con el charro y la china poblana bailando en todos los auditorios de México. Lázaro Cárdenas lo expresó contra toda duda en el Congreso Interamericano de Pátzcuaro, Michoacán: México no debe indianizarse, los indios deben mexicanizarse, cercenando de un solo plumazo el interés oficial (educativo, social) por esa otra mitad que podría explicar tanto de nosotros.

Había otro problema urgente para resolver durante el cardenismo: los centenares de sitios arqueológicos diseminados en toda la geografía mexicana que carecían de una institución reguladora que los protegiera y los mantuviera a salvo de los saqueadores. Desde la década de los ochenta del siglo XIX se intervenían los sitios arqueológicos con cierta idea restauradora, pero era necesaria una dependencia que se dedicada exclusivamente a ello, además de cuidar el enorme acervo de piezas que surgían de la tierra como matas de maíz aquí, allá y acullá.

Fue así como el 3 de febrero de 1939 el gobierno de Lázaro Cárdenas crea el Instituto Nacional de Antropología e Historia, una institución contrastante que tras setenta años ha vivido glorias y colapsos. Incapaz de compartir la enorme arqueología mexicana con sus ciudades de provincia ha cuidado bien, sin embargo, una de las grandes glorias de la cultura mexicana: el museo nacional de antropología que, como la UNAM, debería de estar en todas partes.

Hay sin embargo una paradoja irremediable en el hecho de destinar desde hace casi tres cuartos de siglo enormes presupuestos para cuidar lo que supuestamente fuimos antaño, cuando no existen presupuestos (ni ideas, ni iniciativas) para ligarlo a lo que supuestamente somos hoy. Y el que se sienta libre de culpa, que lance la primera ruina arqueológica.


Como una feliz coincidencia nace Jaime, mi hermano arqueólogo. Abrazo caluroso.



miércoles, 2 de febrero de 2011

La piel blanda


El humor inglés está en decadencia, es cierto. De no ser así no sería tan agresivo, como se ha venido percibiendo desde la entrega de unos premios cinematográficos hace dos semanas en donde el conductor de esa nacionalidad no dejó títere con cabeza. La comunidad holliwoodense quedó pasmada por el abuso de confianza, pero así son los ingleses; ahora nos tocó el turno a los mexicanos, así, en general, a propósito de la presunta crítica a un automóvil de diseño mexicano. Los conductores dejaron muy claro lo que piensan “ellos” de nosotros, apoyándose en un antiguo (y querido) estereotipo que no ha logrado diluirse con el paso del tiempo con la presunta llegada de la modernidad: el mexicano recargado en una cactácea, que sigue ahí en el campo de nuestro país, cada día más desmantelado. Es una imagen nuestra, es un símbolo, que en el fondo no puede ofendernos, porque sabemos que es real, que es cultural, que es nuestro. Y también tenemos una comida con mucha personalidad y una larga cultura que evidentemente estos señores del programa inglés no comprenden y nunca llegarán a comprender. Si se comieran un mole de panza en el mercado Hidalgo lo más seguro es que esta noche tuvieran problemas estomacales y, sí, probablemente vomitaran. Pero ese es su problema.

Lo que llama mi atención en este sainete es la unísona respuesta xenofóbica que ese incomprensible y xenofóbico humor inglés genera en los medios de comunicación mexicanos, que de inmediato alzaron sus voces coordinadas para gritar que no somos eso, que los mexicanos ya somos modernos, que los ingleses son unos hooligans, que son transparentes como lagartijas. Reacción equivocada. Con nuestro ancestral sentido del humor nos deberíamos reír a carcajadas de esa injusta inflexión sobre el ser de los mexicanos, ostensiblemente racista; por otra parte, no hay ninguna razón para pensar que los ingleses pudieran pensar otra cosa sobre nosotros. Así son los ingleses, que sólo han sido capaces de verse a sí mismos y con gran crueldad, por cierto. A lo largo de su historia, en sus colonias, los ingleses recogieron rasgos culturales únicamente si servían a sus propósitos ingleses y su inagotable gula: trajeron el té de la India, el tabaco de América y África (el aguacate, el jitomate y el chocolate mexicanos, por cierto, aunque nunca pudieron colonizarnos formalmente), pero fueron incapaces para apreciar las bondades culturales de los pueblos que colonizaron sin piedad. Es por ello que su antropología es pobre (perdón Pritchard, excepcional excepción), como no ocurre en el caso de los franceses o estadounidenses, pues en verdad nunca les interesó lo que pensaran los pueblos que esquilmaban sin compasión. Por eso Gandhi los sorprendió tanto, los cautivó con su postura estrafalaria e inteligente. Pero volvemos a lo mismo, ese es su problema.

El nuestro es ofendernos como si nos mentaran la madre en pleno 10 de mayo. ¿Qué imagen debemos creer entonces los mexicanos que los ingleses deberían tener sobre nosotros? Pueblo ancestral de riquísima historia, antigua cultura y opulenta arqueología; país pluricultural con una enorme sabiduría culinaria y musical, con riquezas naturales que lo hacen uno de los países más hermosos y cálidos de la tierra. Los mexicanos son amables, confiados y solidarios, lograron romper el candado del partido único a través de las urnas, pacíficamente y, aunque lento, su crecimiento económico está sustentado en sus sólidas instituciones y en una incuestionable riqueza petrolera, que ahora refrendan con este magnífico automóvil. No sé, pero algo así nos gustaría que dijeran todos los comentaristas del mundo, especialmente los ingleses. Pero ellos reciben otra clase de noticias: guerra de las drogas, matanzas en Juárez, muerte de gobernantes, regiones enteras en estado de sitio. ¿Qué esperamos que digan de nosotros?

La secretaría de relaciones exteriores está haciendo su trabajo, protestar como o ha hecho antes por el uso inadecuado de nuestra bandera u otros infundios lesivos a nuestra dignidad, pero el resto de los mexicanos deberíamos reflexionar sobre nuestra delgada piel que se defiende a gritos, y en la misma moneda, a la menor provocación que ataña de manera distinta nuestra idiosincrasia.

¿Qué debemos pensar de nosotros mismos? No lo sé, en realidad, pero vi el fragmento del programa inglés sobre los mexicanos y en ningún momento sentí nada relativo a mí mismo. Tengo dos años recargado en un cactus y no me disgusta esa imagen, el resto de los improperios se me hizo inadecuado, de mal gusto, injusto y profundamente ignorante de nuestra situación, pero no me sentí realmente aludido ni me quedaron ganas de venganza (“pinches ingleses… je je”); es como cuando alguien me confunde con algo que no soy ¿qué importa eso? Pobre individuo con problemas. Esa es mi conclusión, ni brillante, ni erudita, ni siquiera autorizada por nadie que no sea yo mismo, pero opinión personal de un mexicano. Me acuesto y me levanto a diario sabiendo y a veces pensando que soy mexicano y no tiene nada que ver con el vómito ni las tortillas, es un poco más profundo el dilema de ser mexicanos; ellos necesitarían ser mexicanos para saber lo que se siente, pero de nueva cuenta, ese es su problema.

Ahorita que acabe mis deliciosos chilaquiles, que me tome mi pulque curado de tuna y me acomode mi sombrero zapatista, encenderé mi laptop y pondré a modo de respuesta esta reflexión en mi blog. Seguiré deleitándome con mis ingleses favoritos como Chaplin y Chesterton, Waugh, Green y Sam Mendes; seguiré escuchando con gran placer a Pink Floyd, a los Beatles, los Rolling y Clapton, seguiré disfrutando del Wimbledon open, de los chismes inmisericordes de la realeza, de Emma Thomson, Rachel Weisz, Monty Python y Mr. Bean. ¿Qué me importa lo que puedan decir unos locutores con ansias de atención?



Las manos vacías


Una historia para el día de hoy es la de un tratado que nos extirpó la mitad de lo que creíamos ser en el siglo pasado: el Tratado de Guadalupe Hidalgo del 2 de febrero de 1848, que se firma en la Villa de Guadalupe Hidalgo, Distrito Federal, y que pone fin a la intervención estadounidense en México. Por supuesto no se iban con las manos vacías.

Unas simples firmas de los licenciados Bernardo Cuoto, Miguel Astristain y Luis G. Cuevas, en la representación mexicana, así como Nicholas P. Trist por parte de los piratas, dispuso que los territorios de Texas, hasta el Río Bravo, parte de Tamaulipas (entre los ríos Nueces y Bravo), Nuevo México y la Alta California, dejaban de ser tierras mexicanas para anexarse a los Estados Unidos.

Por si algo faltara a la humillación, el tratado especificaba que los mexicanos recibirían 15 millones de pesos como pago de “la venta”. Con mucha dignidad y poco pragmatismo, el Congreso de la Unión se opuso este día al Tratado de Guadalupe Hidalgo, pero sólo sirvió para prolongar la agonía, pues tuvieron que aprobarlo el 30 de mayo de ese mismo año de 1848.

México perdió un territorio que para algunos historiadores nunca fue suyo, pues nunca lo tuvo bajo su control, pero había allí otros habitantes que nadie tomaba en cuenta en las negociaciones, los verdaderos pobladores de esas tierras, que eran los dueños de las llanuras: Apaches, Navajo, Seri, Rarámuri, Hopi, Yuma, Zuni y Pima, Pawne, Pies Negros, Atsina, Assiniboin, Osage, Poncas, Omaha, Crow, Sioux, Hidatsa, Cheyenne, Comanche, Kiowa y Arapahoe; de la costa pacífica los Tlingit, Makah, Salish, Chinook, Haida, Kwakiutl, Nootka y Tsimshian; y de los bosques del sur los Apalache, Timucua, Calusa, Creek, Cherokee, Seminola, Yuchi, Catawba, Natchez, Choctaw, Chicasaw, Mezcaleros, Pieles Rojas, Pai pai y otros pueblos nómadas que habitaban las extensas y ricas llanuras del norte de América.

Ese día se iniciaba otra guerra por ese territorio, pero ya no era de los mexicanos.



martes, 1 de febrero de 2011

El imbatible


En primero de febrero de 1867 Miguel Miramón, el general conservador que se presume invicto, salva el pellejo en un peligroso ataque, logrando huir de San Jacinto tras el vigoroso empuje de las fuerzas de Mariano Escobedo.

La batalla se pierde indudablemente, a un gran costo entre muertos, heridos, equipo, dinero y municiones, además de 500 prisioneros, entre los que se contaron a 139 franceses y el general Joaquín Miramón, hermano de Miguel, dos años menos que él, a quien los liberales aprehenden y pasan por las armas.

El año pintaba mal para Miguel Miramón, quien a sus 36 años ya era un expresidente de México; sería el último año de su vida.