jueves, 27 de octubre de 2016

Calaveritas del 2016


MALOS GOBIERNOS
En la cumbre de estadistas
La muerte revisionista
Extrajo tremenda lista
De diablos a todas vistas
En el listado se hallaban
De todos los continentes
Los reyes y presidentes
Con gobiernos que apestaban
Entre tanto ser infecto
Tiranos y dictadores
Brillaban como los peores
Los gobernantes ineptos
Fue pasando de uno en uno
Mostrándoles su destino
Este tonto, este asesino
Este otro de inoportuno
Con su trinchete infernal
La Muerte vuelta poesía
Culminó con la utopía
De acabar con tanto mal



                PEÑA NIETO
La muerte vino a los Pinos
Más que a dar un escarmiento
A evitar el linchamiento
De su imprudente inquilino
Se requiere poca maña
Si a mitad de tu sexenio
Se te haya agotado el genio
Que presumías en campaña.
Primero las casas blancas
Después las de Malinalco
Nomás falta que hasta en Chalco
Salga un rancho con potrancas
Vemos que sólo tú avanzas
Que te acomodas las normas
Te fallaron las reformas
Y siguieron las matanzas
En política exterior
Ya no se sabe quién manda
Te saltaste la baranda
Al traer a ese señor
Ahora resulta que a gritos
Presumes que tu poder
No lo usas para joder
A tus pobres paisanitos



GOBERNADORES CORRUPTOS
Hastiada ya de exabruptos
La muerte con sus horrores
Llegó tras gobernadores
Acusados de corruptos.
La lista deja perplejo
De Villanueva a Granier
Borge, Medina y Javier
Sin faltar Fausto Vallejo.
Hicieron del robo un arte
Terminarán por caer
Tal es el caso de antier
Con Javier y César Duarte.
Más sabe el diablo por viejo
Y a pesar de sus destrozos
hay sujetos bochornosos
Que han preservado el pellejo.
Esa lista la encabezan
Quienes presumen de honrados
Los pillos exonerados
Se dan baños de pureza.
Esos puercos son los peores
Es una contradicción
En lugar de ir a prisión
Los envían de embajadores.



LOS TOCAYITOS
Dos gobernantes gorditos
Dos estados del país
Un desastre de raíz
Nos ha dejado contritos.
Como virus contagiosos
Se esparció la enfermedad
No faltó contrariedad
De estos gorditos babosos
De Chihuahua a Veracruz
La muerte y la corrupción
Indicaban la infección
Que sólo produce pus
Bancos piratas, saqueo
Periodistas embolsados
Robo y muerte sin enfado
Fue su saldo triste y feo
Con escrúpulos aparte
Estos gorditos pelones
Además de vaquetones
Se llamaban ambos Duarte
Qué hacemos con tanto Duarte
Pinta el del norte su cruz
Lo que es el de Veracruz
Lo que hiciste fue pelarte



NUÑO
En plantón magisterial
Desafiando con el puño
La muerte vino por Nuño
A quien todo salió mal
Dime Nuño si ese plan
Contemplaba los errores
De apalear a profesores
Y matar en Nochistlán
La reforma educativa
Será un dolor de cabeza
Si es conducida a la mesa
Metida con lavativa
Y examen obligatorio
Es otro conflicto vivo
Pues siendo administrativo
Lo traes de supositorio
Si tu plan no era joder
Pues te hace falta más maña
La verdad es que se extraña
A la inefable Elba Esther



LA CNTE
Pa´que vean lo que se siente
Y digan que no les dan
La Muerte trazó su plan
Y se apersonó en la CNTE
Pido a todos su atención
De tirar el mal gobierno
Marcharemos al infierno
A celebrar un plantón
En las puertas del averno
Se armó tal concentración
Que algún líder de ocasión
Se reportó como enfermo
Apachurrada la CNTE
Se organizó comisión
Para hacer una reunión
Con el diablo presidente
La turba está enloquecida
Pues nos estamos ahogando
Por favor, díganos cuándo
Desbloquearán la avenida
A los miembros de la CNTE
Nos congratula informar
Que su muerte sea ejemplar
Pa´que vean lo que se siente



MORENO VALLE
La muerte acusa fastidio
Que en el gobierno de Puebla
Ni se acepta ni resuelva
Tanto ruin feminicidio.
No paran los maleficios
Con errores de bochorno
Pasó en la Casa del Torno
Y en la venta de edificios
También le produce enfado
Que presuman su usufructo
Los ladrones de los ductos
Y el crimen organizado
Búsquese donde se halle
Un gobierno que resuelva
Soluciones para Puebla
Que no halló Moreno Valle



TONI GALI 
Gobiernos de desenfrenos
Hacen pura cochinada
Si en seis años no hacen nada
En dos y medio, pues, menos.
Enfrascado en este rally
Vacías tendremos las manos
Todos los pobres poblanos
Cuando acabe Tony Galy
Nos preguntamos qué hacer
Con un gobierno heredado
Que hasta el plan pidió prestado
De manos de Lucifer



JAVIER DUARTE
Verdadera cochinada
Es el hedor de los muertos
Pues los huesos y piel yertos
Apestan de la chingada
En este caso increíble
Hubo un asunto inquietante
Pues aun siendo gobernante
Expelía un olor horrible.
En Jalapa y en los puertos
En Coatzacoalcos también
En fosas de terraplén
Nomás brotaban los muertos.
Muertos de bala y de hambre
Víctimas de mil maldades
Los barrios y las ciudades
Bufaban de tanto fiambre
La gente de Veracruz
Vive muy mal y de malas
Cuando no zumban las balas
Les reparten patatús
Todos perdieron en parte
Algunos hasta la piel
Primero fue con Fidel
Y ahora con Javier Duarte
Ay, palomita querida
Haz que paren los desastres
Evítanos esos lastres
Que dejan la patria herida



                

Nomás...

viernes, 21 de octubre de 2016

Puebla en los años setenta


Los años setenta es la década de los golpes de estado; América del Sur se debatía cotidianamente con las armas de los militares, que asumían el poder como una infección mundial, golpes en Bolivia cada tercer día, en Nicaragua Somoza endurece la represión, golpes en el Ecuador, Chile, Perú, Argentina, Uruguay, que se añaden a los que ya existían: Paraguay, Haití, etc.; matanzas en Sudáfrica, en México, en El Salvador y Nicaragua.

El mundo se convulsionaba, pues el poder militar no era privativo de América; España cerraba el capítulo de su larga noche con la muerte del dictador, pero los golpes de Estado estallaron con su olor a pólvora en Grecia, Bangladesh, Paquistán, Afganistán, Irak, Uganda, provocando célebres muertes para los destinos nacionales, como la de Allende en Chile y Alí Butho en Paquistán. Caen, sin embargo, dos longevas dictaduras, la revolución islámica triunfa en Irán y los sandinistas derrocan a Somoza. Todas esas cosas se discutían en el lugar bohemio por excelencia de la ciudad de Puebla recién inaugurado por un exiliado chileno que huía con su familia del dictador Pinochet.

“Yo casi por lo regular he trabajado lo que es el centro de la ciudad, a los trece, catorce años empecé a venir al centro solo, a trabajar. Así terminé en la librería y cafetería Teorema, con don Pepe Donoso. Desde esa esquina de Reforma y 7 Norte he visto muchas cosas, manifestaciones, que en aquel entonces eran famosas porque se agarraban a golpes, aventaban gas lacrimógeno y uno tenía que correr a cerrar las puertas. Cuando el famoso Simitrio. Así estaban las cosas. También vi la renovación del edificio de enfrente, cómo fue transformándose en un hotel. Cuando llegué aquí era un edificio vacío, de azulejo de cuadritos. Todo eso fue tirado y se convirtió en el Hotel Aristos”, recordó don José Pascuala Márquez.


 Es la década de la gran derrota en Vietnam en 1973 y, un año después, la dimisión de Richard Nixon por fisgonear en el edificio Watergate; una década de violencia habitual, como lo fueron todas, pero con cierta sofisticación tecnológica; el ERI hace notar su presencia cada tercer día con bombas que masacran civiles; los judíos apalean a los palestinos que encuentran ruin venganza en el asesinato de deportistas, y hasta lo más sublime es mancillado cuando un demente ataca a martillazos La Piedad de Miguel Ángel en el Vaticano, donde a final de la década asumía el trono vaticano Karol Woytila, que visitó México como primer destino pastoral.

En nuestro país es una década de contrastes, los setenta representan al Mundial de Futbol pero también a la matanza de estudiantes en el Jueves de Corpus; los setenta nos recuerdan la reforma a la ley electoral, la aplicación de políticas restrictivas del FMI, los yacimientos petrolíferos de Pemex, tan esperanzadores, y la primera devaluación en mucho tiempo cuando Luis Echeverría lleva el dólar a 26 pesos en 1976 y de ahí pasamos al siempre jamás.

Los años setenta fueron en muchos sentidos contrastantes, una década de tránsito entre la sorprendente pero ahora anticuada modernidad de los años cincuenta y sesenta, con la filosa agresividad de los ochenta. En esta década se desata una pluralidad de formas y estilos.

El feminismo irrumpe en la fisonomía de las muchachas que ahora lucen exactamente como les da la gana lucir. Los trajes y vestidos que se encargaban de hacerlas femeninas a la vieja usanza son colgados en el clóset para ventilar ajustados pantalones de mezclilla descoloridos y maltratados; digamos que el hippismo dejó una huella que en los setenta definió sus mejores atributos, recuperó la limpieza y el cuidado de los cuerpos. Bueno, es un decir. Porque es la década en la que comenzaron a circular por la ciudad muchachas extremadamente delgadas, sin pechos ni caderas, como herencia dejada por el culto a una belleza anoréxica que en México representaban actrices como Helena Rojo y Ofelia Medina, mientras que a escala internacional su principal exponente era la modelo inglesa Twiggy. Las mujeres también atentaron contra sus cejas, las desaparecieron para dejar tan solo una línea simbólica a la Gordolfo Gelatino. El algodón es desplazado por la lycra y las botas de cuero dieron paso a tremendos zapatones de tacón sueco con alturas extremas. La sencillez del maquillaje y el pelo lacio y suelto se transformó en una participación multicolor y estrafalaria de estilos desconcertantes.

Hacia finales de los setenta el asunto de las modas estaba trastocado por la onda surgida de Fiebre de sábado en la noche, que modificó ciertas músicas y buscó rescatar del álbum de los recuerdos la fisonomía de los cincuenta. No lo logra del todo, pero irrumpe en las  costumbres juveniles la sana tradición de vivir la oscuridad de los fines de semana, divertirse en discotecas con iluminación hiperkinética que la convirtieron en la década del reventón, sana y en paz. La música "disco" que prevaleció fue la de aquella película, interpretada por Bee Ges, a la que muy pronto se sumaron otros ritmos clonados con grupos como "ABBA", "K.C and The Sunshine Band" y Gloria Gaynor; el universo entero en la melena de Donna Summer y la irrupción de un ídolo “de color” en la frescura de los Jackson Five y su contraparte habitual, rebosante en fresés, con Los Carpenter y los hermanos Osmond. Todas estas combinaciones se fusionan a finales de la década en un movimiento marginal que tuvo poca presencia mediática, pero inició otra era que marcaría los años ochenta y noventa: el “punk” se comenzó a sentir en los barrios de Londres, Inglaterra.


Acá, los jóvenes de la ciudad ya iban a Cholula a divertirse, el Tifanis estaba exactamente enfrente de la entrada de la UDLA; o en San Pedro, donde estaban The Chat, el Polos,  el Tío Wilo y de ahí terminaban en la fuente.

En Puebla persiste la inestabilidad política del gobierno estatal. En 1972 gobierna Mario Mellado García, pero es sustituido ese mismo año por Gonzalo Bautista O'Farrill, que dimite apenas un año después para que el doctor Alfredo Toxqui viniera a poner orden el resto de la década. En la ciudad presiden el Ayuntamiento Carlos J. Arruti (1969-1972); el propio Gonzalo Bautista O’farrill (hasta 1972); Luis Vázquez Lapuente (1972-1975); Eduardo Cué Merlo (1975-1978) y Miguel Quirós Pérez (1978-1981)

En 1971 se termina el entubamiento de Río San Francisco y se abre la flamante avenida Héroes 5 de Mayo. En esta década se hace especial esfuerzo en reforzar leyes que serán fundamentales en el ascenso a un régimen democrático, como el que aún buscamos. Surge un instrumento legal para su preservación con la Ley de Monumentos y Zonas Arqueológicos e Históricos en 1972. También la aparición de los planes nacionales, estatales y municipales sustentados en la Ley de Asentamientos Humanos de 1976, en tanto que Puebla obtiene los títulos de Zona de Monumentos Históricos en 1977, dando una cobertura jurídica a su Centro Histórico, a raíz de la declaratoria de Zona de Monumentos de donde recibe la denominación oficial.

En términos del crecimiento físico destaca el surgimiento de diversas colonias en la periferia inmediata a la ciudad de Puebla: al norte, las colonias Malinche, Naciones Unidas y Tepeyac; al sur, San Baltazar, Bugambilias, Fraccionamiento Mayorazgo, Leobardo Coca, Patrimonio y Castillotla.

Se afianza en este periodo la conurbación con Cholula y la integración a la dinámica urbana de la ciudad de Puebla de los municipios de Cuautlancingo y Amozoc.

Un papel de primera importancia fue desarrollado por las vías de comunicación y el transporte interurbano. Se estima que el área urbanizada de la ciudad de Puebla y de los municipios conurbados está inscrita en un radio de 17 kilómetros a la redonda, tomando como punto de referencia el zócalo de la ciudad.

Al final de la década nacieron, en su lado sur, la primera plaza comercial de la ciudad, la Plaza Dorada, que se empezó a construir en 1979, junto a una zona de vivienda residencial, la Zona Dorada, y algunos equipamientos como la Procuraduría de Justicia, el Colegio Pereyra y el parque Benito Juárez, detonando un potencial comercial de grandes dimensiones. También sobresalieron los gremios.  Las unidades habitacionales construidas por el Infonavit de 1973 a 1979 fueron: Cerro de Amalucan, Héroes de Puebla, Movimiento Obrero, La Rosa; Obreros Independientes; Loma Bella, La Margarita, en el rancho La Calera; Fidel Velásquez; la 12 de Mayo de 1918 y Manuel Rivera Anaya.

El gusanito intelectual estaba sembrado. Una generación de estudiantes uaperos había dado el paso definitivo hacia su independencia cultural, sin posibilidades de retorno a los atavismos del pasado. Alejandro Rivera lo recuerda así: “En 71 las cosas empiezan a cambiar, de ser esa una ciudad cerrada, de ´cristianismo sí-comunismo no´, súbitamente ve surgir un conflicto terrible en la Universidad Autónoma de Puebla. Imagínate, se enseñaba heráldica en la universidad. Era una universidad confesional donde iban los hijos de las buenas familias poblanas, era su universidad. Les quitan ese elemento. Julio Glockner empieza con la reforma universitaria. Fue un periodo muy difícil hasta prácticamente los noventa. Había por lo menos tres o cuatro cineclubes de gran calidad. Con debate y todo aquello. En esas épocas los estudiantes todos leían a García Márquez o a alguno de los autores de esa época, como Althusser, Martha Harnecker, Borges y una bola de cuates. Si tú no eras buen estudiante no eras digno de participar en los comités de lucha. Entonces imagínate cómo impactaba en las familias poblanas acostumbradas a la misa del domingo y a una ciudad pacífica, con fuertes nexos familiares.”


En la flamante Universidad de las Américas de los años setenta se aceptaban estudiantes “becados” por el gobierno de los Estados Unidos para que se “orearan” en nuestro país, pues no eran estudiantes corrientes. Así recuerda Enrique Gali a sus condiscípulos de aquella época: “Estábamos rodeados de una bola de locos, excombatientes de Vietnam. Hay un problema muy interesante: no conocí a ninguno que estuviera de acuerdo con su guerra. Ni uno de los que fueron compañeros míos estaba de acuerdo con su guerra. La mayoría eran marihuanos, en aquel entonces, muy pocos le pegaban a otras drogas. Pero duro, a tal grado, que había uno al que le decíamos Johnny, que si pasaba un avión se tiraba al suelo o golpeaba a quien estuviera junto a él. Eran mucho mayores que nosotros.”

miércoles, 12 de octubre de 2016

Confesión de piedra

Como es de esperarse, en Puebla existen multitud de leyendas protagonizadas por curas o monjas; algunas son la misma leyenda con algunas variaciones y casi siempre los religiosos son víctimas de algo o alguien que les procura algún perjuicio, engaño o robo. La historia me la contó Francisco Jiménez.


Esta es una historia sobre el bulevar 5 de mayo, por el barrio de Analco, donde hay una cruz de piedra cerca de un parque y trata de la historia de un sacerdote que, a finales de 1700, muy tarde en la noche, en el momento en que llegaba a su parroquia, una persona lo abordó solicitándole escuchar una confesión.

-       Padre, quiero confesarme
-       Claro que sí, hijo, con todo gusto -le dijo el sacerdote.
-       Quiero confesarme -repitió el hombre.
-       Vamos a la parroquia.

Pero esta persona le dijo que no, que tenía que ser ahí, en la calle.

-       Yo no puedo entrar al templo, señor cura, he cometido muchos errores y muchos pecados.

Entonces, ante la insistencia de esa persona, el sacerdote accede a confesarlo en la calle; el hombre había sido de todo: ladrón, asesino y muchísimas cosas, por eso no podía entrar a la iglesia. Cuando termina la confesión, el cura lo absuelve y el individuo afirma tener que pagar una penitencia.

-       Prometí poner una cruz de piedra, pero no puedo hacerlo personalmente por ciertas circunstancias, ¿me haría usted favor de hacer esto, de mandar poner una cruz de piedra en señal de que sí ocurrió esta confesión?
-        Claro, con todo gusto, hijo, -respondió el sacerdote- pero ¿por qué una cruz de piedra si has sido absuelto de tus pecados?

Pero en ese momento la persona desaparece.


Entonces el religioso comprende que estuvo con un alma en pena que lo que buscaba era expiar sus pecados. Y así es como me la narraron, creo que hay algunas variantes de esta leyenda, pero la leyenda es básicamente esa, y se refiere a una cruz de piedra que está en Analco. Una que está incrustada en una pared cerca del Puente de Ovando y otra cruz de piedra en el parque de Analco, se trata de una de ellas. Son leyendas hermosas que se graban en los pensamientos de las personas. Las leyendas se repiten, a veces de ciudad en ciudad, pero son muy ilustrativas. 

lunes, 3 de octubre de 2016

Puebla en los años sesenta


 En 1965 la vida en México era otra. Los jóvenes habían ganado un espacio en las ciudades que antes no tenían. No existían. Los niños de pantaloncillo corto pasaban a ser adultos con trajes que les quedaban grandes. Apenas una década antes se había inventado la juventud, única y extravagante. Ahí, en ese marco, irrumpió Elvis, se aceptó a Little Richard y muy pronto llegaron de Inglaterra cuatro gotas peludas que derramarían el vaso de la modernidad; el reflejo de ellos en nuestro propio espejo nos dieron figuras como Enrique Guzmán, César Costa, Alberto Vázquez, Angélica María y Julissa; se formaba el Peace and Love mientras los vietnamitas morían derretidos por napalm; se reafirmaba la Revolución Cubana y, con ese pretexto, Kennedy y Krushev nos ponían al borde de una guerra atómica.

Fue una década fundacional. El Apollo 11 llegó a la luna el 20 de julio de 1969 y el 17 de agosto de ese año los jóvenes estadounidenses se reunieron durante tres días en un monumental concierto en Woodstock, Nueva York. El sacrificio daba sus frutos. El movimiento juvenil había estallado un año antes en París, México y los propios Estados Unidos, mientras los tanques soviéticos habían mostrado su verdadero rostro con la invasión de Checoslovaquia.

Durante las Olimpiadas de México 68 el país ofreció una imagen moderna y progresista de sí mismo. Bueno, hasta en las matanzas era evidente ya el mundo desarrollado. Ejércitos, tanques, movimientos estudiantiles, ráfagas de metralleta, helicópteros. En esa primera gran ventana al mundo en las Olimpiadas de 1968 México procuró mostrar, aún con la violencia de dos semanas antes, una imagen de unidad, de modernidad y de progreso, francamente lejana de la antigua postal que nos mostraba con sarape y sombrero recargados en un nopal. Ciento doce países recibieron la señal televisiva en directo, donde pudieron apreciar el desempeño de sus 5 530 atletas reunidos para la justa, que pudimos ver en televisiones como aquella enorme Philco Predicta que salió al mercado en 1960.

Las casas por sí mismas tuvieron importantes avances en su acceso a la tecnología de punta. Aparecieron en los escritorios de los estudiantes y las secretarias máquinas de escribir Royal Typewriter, modelo 1961; el abuelo pudo comprarse un proyector de cine en 8  milímetros Bell & Howell, para ver las películas que él mismo filmó en el lago de Valsequillo el año de 1963. Aparece también la cámara Sony de Video Rover DV-2400 Portapack en 1967. 

 Toda esta revolución social y tecnológica no dejó de causar polémicas en ciertos sectores de la sociedad. Padres de familia y eclesiásticos pusieron el grito en el cielo con la aparición de la primera minifalda. Y se pusieron peor cuando se generalizó su uso entre las jóvenes estudiantes. Se dijeron encendidos discursos sobre la inmoralidad y la satánica música que los hijos insistían en escuchar. La vida parecía empezar a no tener sentido en los últimos tiempos, es una década absurda sobre todo para las mentes tradicionalistas y conservadoras que no ocultaron su conmoción. Andy Warhol hacía “arte” con latas de sopa y el plástico comenzó a remplazar casi todo, desde ropa hasta vasos para tomar refresco. La ropa ya no tenía sexo, ahora se hablaba de la moda unisex. Y las hijas parecían árboles de Navidad con toda clase de accesorios colgados de donde era posible colgarse algo: aros, collares, anillos, carteras y flores; y el hijo… ¡Cristo revivido!, córtate esas mechas inmediatamente.

“… cuando vinieron los rebeldes sin causa y los melenudos, se fueron las peluquerías para abajo. Se acabó”, apreció don Carlos Alberto Julián Galis.


Aunque la incidencia de drogas en Puebla fue casi inexistente respecto al consumo masivo de marihuana y ácido lisérgico en los Estados Unidos o en el propio Distrito Federal, la experimentación y la búsqueda de identidad entre los jóvenes fue intensa y emancipadora. Muchos rasgos de esa Era de la psicodelia y el hippismo se pudieron advertir en las telas y los vestidos de la época, la sencillez femenina respecto al maquillaje y la elección de ambientes que voltearon la vista nuevamente a la naturaleza, al uso de materiales nobles y sencillos como el algodón y la lana.

Los jóvenes del mundo occidental advirtieron entonces la desmedida ambición del voraz capitalismo y levantaron su voz a favor de la libertad absoluta, abrazaron con misticismo la doctrina marxista y otras cosmovisiones que los hicieron madurar como seres humanos y mirar experiencias algo exóticas como las del Oriente, específicamente de la India y sus innumerables religiones. Apareció también una nueva palabra: feminismo, que cuestionaba un tema pendiente de la humanidad.

“Había una necesidad de manifestarse –recuerda el periodista Aurelio Fernández Fuentes-, de organizarse y de hacer algo; de discutir mucho, de cantar canciones, de leer poesía; en la Casa de los Azulejos, allá en la 11, hicimos obras de teatro, un grupo de cine y leíamos libros como Cien años de soledad, toda una revelación; a Carlos Fuentes, empezamos a conocer a Monsiváis.”

En todo esto la música jugó un rol fundamental, pues apostó directamente a la ruptura entre las generaciones. Y de algunos tímpanos delicados. Se empezaron a escuchar sonidos radicales como los de Janis Joplin, Jimi Hendrix y Jim Morrison, que para muchos jóvenes representaron los mitos vivientes (y murientes, pues los tres murieron por sus excesos) de su generación. Fue la década de los cabellos extralargos y el amor libre, el toque obligatorio, el pacifismo a ultranza, la revolución a ultranza, el universal deseo del amor y la paz tras el embriagador aroma del pachule.


Son años claves para la ciudad de Puebla, momentos de definición ideológica en el que se enfrentan las vanguardias de un antiguo y arraigado estatus representado por el movimiento derechista de los FÚAS y su contraparte de izquierda ortodoxa autodenominados Carolinos, que marcaron un antes y un después en la conformación social de los poblanos.

“Las reuniones más importantes no tenían un lugar fijo –recuerda el político Armando Etcheverry-, pero una de las cosas que aprendimos fue a vivir en la clandestinidad. `No te puedo decir ni dónde ni a qué horas´, uno se iba enterando poco a poco. Eran los que clandestinamente estaban promoviendo en el interior de la universidad su viraje a la izquierda. La universidad debía de ser una universidad de lucha. Un programa que se lanzó entonces, decía que se debía luchar por una universidad crítica, democrática y popular, y era un proyecto de universidad que ponía énfasis en la investigación sin dejar de estar vinculada a las organizaciones obreras y populares, barrios y mercados, ahora el vínculo se ha perdido.”

En esta década se quintuplica la superficie del municipio de Puebla al pasar de 123 Km2 a 524 Km2 en 1962, cuando el Congreso del Estado decreta la anexión de 17 poblaciones adyacentes añadiendo 170 mil habitantes al municipio de Puebla, que pasó de 124,013 a 297,557 habitantes de un solo plumazo. En los siguientes ocho años la población creció hasta los 532 mil al final de la década.

El crecimiento se ve reforzado con el incremento de la conversión de tierras agrícolas en urbanas y la conurbación de asentamientos antiguos.1 La construcción de la autopista Puebla-México, inaugurada en 1962, fue un acontecimiento que también contribuyó a la expansión de la zona urbana y a la integración de las localidades de la parte norte de la ciudad.2 En 1965 es puesto en operación el tramo Puebla-Orizaba y, entre 1963 y 1968, se construye el ramal de la carretera a Veracruz en la periferia de la ciudad, en dirección Nororiente.

María Antonieta Espinoza era niña y recuerda el paisaje campirano que entonces mostraba el suroriente de la ciudad: “Estaba yo en la primaria y un tío nos llevaba a andar en bicicleta por lo que actualmente es Plaza Dorada. Todo ahí eran sembradíos, eran milpas, y mi tío nos llevaba por unas brechas angostas que había en varias direcciones. Nos íbamos por una brechita hasta lo que es actualmente San Manuel. Me Acuerdo que había unas cuantas casas por allá, eran ranchitos, todo muy lejanos. Es más, San Baltazar era una población muy lejana a Puebla. Sí llegábamos para allá, pero era un pueblo del municipio, ahora es junta auxiliar. Todo eso eran sembradíos.”


 La implantación industrial tiene un auge inusitado: en 1960 entra en operación la empresa Cementos Atoyac; en 1965 se construye la planta Volkswagen; en 1967 entra en funcionamiento la empresa Hylsa de México y otras industrias como Petrocel, Pheps, Dodge, Pycsa, Conelec y la Industria de Baleros Internacionales, con un impacto regional.
En este periodo se desarrollan, al oriente, las colonias Santa Bárbara, Ignacio Zaragoza y Resurgimiento; al norte, las colonias 20 de Noviembre y los Pinos y, al sur, la colonia Santa Cruz. Una buena parte de estos asentamientos ocurren sobre áreas ejidales. Se estima que la mancha urbana consolidada de la ciudad está comprendida en un área de 7 kilómetros a la redonda, tomando como punto de referencia el zócalo de la ciudad.3
Con el Decreto del 6 de septiembre de 1962 el Congreso del Estado de Puebla incorpora al municipio de la capital cinco municipios aledaños: San Jerónimo Caleras, San Felipe Hueyotlipan, San Miguel Canoa, La Resurrección y San Francisco Totimehuacán, que dejan de ser municipios autónomos y pasan a formar parte del de Puebla como Juntas Auxiliares. También son modificados los límites de los municipios de Amozoc, San Andrés Cholula y Cuautlancingo.

En 1964 desaparece de la vista el río de San Francisco, a consecuencia del entubamiento para dar lugar al actual bulevar Héroes del 5 de Mayo, terminado en 1971; se habilitan tres nuevos ingresos a la ciudad: el boulevard Hermanos Serdán, el entronque con la carretera a Tlaxcala y el de la calzada Ignacio Zaragoza.4  

“El entubamiento del río de San Francisco fue un crimen perfecto. Fue perfecto, además, para el enriquecimiento de muchos vivales poblanos. Se llevaron los campos de futbol de Las Águilas, donde yo jugaba; bueno, muchas cosas, en lugar de recuperar el río y darle un tratamiento ecológico. ¿Qué pasó? Al entubarse el río las arcillas, que eran parte natural de un sistema, ya no pueden escurrir, porque ya está cubierto el río. Se han expandido. El resultado es que hay pequeños temblores que han hecho inestable toda la zona del Centro Escolar, mi querida y amada escuela “de la república”. El Carolino mismo, que está a 30 ó 40 metros de lo que era antes el río, casi se cae (en 1999) precisamente por descontrol de las arcillas por el entubamiento del río. Así puedes ver todo el trayecto convertido en zona de alto riesgo por eso. Y lo hicieron poblanos. El desorden que fue tolerado, cobijado y auspiciado por ayuntamientos priístas como los que tenemos hasta la fecha”, apreció el vulcanólogo Alejandro Rivera Domínguez.

En 1965 se desata la construcción de mercados en la ciudad como El Carmen, el 5 de Mayo y el mercado Venustiano Carranza. Esta década estuvo a cargo de dos gobernadores: Aarón Merino Fernández (1964) y Rafael Moreno Valle, (1969-72) y de seis presidentes municipales: Rafael Artasánchez R. (1957-1960), Francisco Rodríguez Pacheco (1960), Eduardo Cué Merlo (1961-1963), Carlos Vergara Soto (1963-1966), Arcadio Medel Marín (1966-1969) y Carlos J. Arruti (1969-1972). Todos ellos impulsan una política de fomento a la producción privada de vivienda que favorece el nacimiento de la Unidad Aquiles Serdán (1965), la tercera sección del fraccionamiento San Manuel (1965) y subvención a los fraccionamientos Alpha Dos, Gustavo Díaz Ordaz, Reforma Agua Azul y Rivera del Atoyac, al suroeste de la ciudad. También se edificaron exclusivos fraccionamientos en las zonas altas de la ciudad, como el cerro de San Juan, donde se construyó La Paz, que se prolongó hacia el centro con la exclusiva Zona Comercial Esmeralda, sobre avenida Juárez; nació Rincón del Bosque, en tanto que en las faldas del cerro Tepoxuchitl aparecieron Loreto y La Calera, algo alejadas de la ciudad.



Citas:
1) La primera modernidad urbano-arquitectónica: 1900-1950. El caso Puebla.
Varinia López Vargas y Zeús Moreno Muñoz en www.rafaellopezrangel.com/
Fuente: Puebla: Una ciudad histórica ante un futuro incierto, Juan Francisco Salamanca Montes, en http://www.ub.es/geocrit/sn/sn-194-42.htm
3) Capítulo del libro: Desarrollo metropolitano, análisis y perspectivas. Sergio Flores González (compilador), BUAP, 1993, p. 276- 278
4) Puebla: Una ciudad histórica ante un futuro incierto, Juan Francisco Salamanca Montes, en http://www.ub.es/geocrit/sn/sn-194-42.htm