domingo 22 de noviembre de 2009

Mujer estrella


“Soy mujer que mira hacia adentro, dice.
Soy mujer luz del día, dice.
Soy mujer luna, dice.
Soy mujer estrella de la mañana.
Soy mujer estrella dios.
Soy la mujer constelación guarache, dice.
Soy la mujer constelación bastón, dice.
Porque podemos subir al cielo.
Porque soy la mujer pura,
Soy la mujer del bien.
porque puedo entrar y salir del reino de la muerte.
Porque vengo buscando por debajo del agua,
desde la orilla opuesta,
Porque soy la mujer que brota,
soy la mujer que puede ser arrancada,
soy la mujer doctora, dice.
Soy la mujer yerbera, dice.
Y nuestra hermosa virgen de Guadalupe,
Y nuestra madre Magdalena....”

Canto curatorio de María Sabina

El 22 de noviembre de 1985 muere María Sabina, la mujer chamana de Huautla de Jiménez, Oaxaca, que representa la sabiduría ancestral en el manejo de los hongos sagrados, el teonanácatl, o los niñitos, como ella cariñosamente les decía.

Para entender su estatus hay que imaginar a la pequeña María atendiendo las almas de personajes como Gordon Watson, Aldous Huxley, Walt Disney, Bob Dylan y muchas luminarias menos refulgentes de la cultura que se acercaron a su choza en la sierra para recibir el don de la vidente o, al menos, la tonada de su sabiduría.

sábado 21 de noviembre de 2009

Magno


Me enteré hoy en nuestra reunión semanal de Teorema la muerte de Magno Sánchez Jiménez, uno de nuestros principales “viejos” que en realidad tenía setenta y tres. Era dentista, masón, maestro pensionado, buen amigo y nuestro mejor cantante de tangos que, ante la ausencia de un músico tanguero, Magno cantaba simplemente a capela. Lo disfrutaba en verdad.

Era un hombre de pocas palabras, observador, taciturno y en cierta forma de espíritu oculto. Habitantes de la misma colonia, Magno me visitaba de vez en cuando y nos sentábamos a escucharme porque, como te digo, no era un hombre hablantín. Hace dos meses, sin embargo, sin muchos temas qué tratar, le propuse hacerle una entrevista sobre su niñez. Entonces me habló durante un buen rato. Este fragmento corresponde a una faceta poco conocida de él, su trabajo en el teatro:

“A mi me tocó trabajar teatro, un teatro hecho por poblanos. Algunos poblanos destacados se fueron al cine, inclusive. La hacía de malo en las películas, estuvo aquí Antonio Brillas, famoso actor cómico, su hermano igual, Emilio Brillas, y fundaron un teatro que llamaron Fernández Aldabín. Quien escribía las obras era el doctor Salvador Ibarra, hermano de Nacho Ibarra. Hizo una obra que llamó: De Flandes vino la luz, en la cual narra todo el proceso de la cultura española en México. Una obra de teatro muy grande que hizo el maestro. E hizo varias obras. Muy interesante esa época del teatro poblano.

“Estaba Antonio Gómez Haro, un tipo apuesto, poblanote, con toda la colonia española y árabe, ahí se juntaban haciendo teatro, pero buen teatro. Yo participé ahí a invitación de un amigo. La hacía de patiño, de extra, y participé en muchas obras.

“La señora Cuca fue una gran actriz de teatro en México. También recuerdo al señor que creó el Espacio 1900, entró desde entonces, prestaba su casa para el grupo. Una etapa muy interesante para Puebla, de ahí se creó el teatro universitario. Las obras se presentaban invariablemente en el teatro Principal, todo era en el Principal, y el universitario, en un teatrito junto a La Fragua, que todavía está ahí, y lo administraba Nacho Ibarra. Cuando venían caravanas de México a veces me mandaban llamar. Como sabían que hacía teatro, me llamaban a participar de extra en alguna de las obras, como las de Armando Calvo, por ejemplo. Me mandaban llamar. Me ayudó mucho cuando fui maestro, porque pude poner muchas obras de teatro. Me permitió fomentar el teatro en los lugares donde trabajé”.

Descansa en paz, amigo Magno.



viernes 20 de noviembre de 2009

Y si Adelita


Al perder el PRI la presidencia, la revolución pasa automáticamente al terreno social y espiritual de los mexicanos. La Revolución, que siempre se adjudicó el estado institucional como propiedad privada, pasa a ser, en adelante, una experiencia propia de los mexicanos. Ahora depende de cada quien.

Entre las grandes cosas de la revolución destaca su música, triste y alegre a la vez, que evoca imágenes imborrables de nuestra memoria nacional. Ahí están los hombres con sus cananas y guitarras alrededor de la fogata; ahí están las adelitas echando tortilla en enormes comales de barro. Los valientes mexicanos que apostaron todo lo que tenían -que en muchos casos era tan sólo su triste vida-, para que algo ocurriera en este país, en beneficio de sus hijos y nietos, que somos nosotros. El recuerdo de la Revolución es ante todo una historia familiar.

Ahora, entre el voluminoso panteón revolucionario abundante de bigotes, sombreros y más bigotes, vemos preferentemente héroes de sexo masculino y muy pocas mujeres. Hay cientos de villas y zapatas diseminados en plazas pueblerinas y escuelas de todo el país. Zapatas postmodernos en los murales universitarios, heroicos en Palacio Nacional. Impresionantes Panchos Villas cabalgando en enormes bestias derramadas de venas y cientos de maderos, venustianos, obregones, ángeles y arcángeles, que, aunque empolvados, presiden aún los rincones de parques y museos.

Sin embargo, la Revolución sin sus mujeres sería inimaginable. En la evocación imaginaria saltan de inmediato rostros y faldones coloridos, trenzas y ojos grandes, nombres que no son nombres pero sí lo son. Es decir, Adelita, que seguramente existió en la figura de una mujer llamada Adela, se diseminó en miles y miles de revolucionarias que tomaron su nombre para referir más un género que una identidad. Asimismo la Joaquinita, La Valentina, La Mariela, Jesusita... cuyos rostros no reconocemos más que en la multitud y en la música multitudinaria. Son masa histórica, fotografía borrosa, alimentación y hogar de nuestros hombres.

A casi cien años del inicio de la Revolución Mexicana, más allá de su presencia histórica en el imaginario colectivo de los mexicanos, más de cien millones de mexicanos festejaban esta jornada con un día de descanso tradicionalmente concedido por un gobierno necesitado de liturgia, pero ahora ni eso. Este día fue cambiado por el asueto de un frío lunes 16 que nada significa. Pero más allá de los políticos que develaban placas y dicen discursos alusivos en los soleados veintes de noviembre, de los militares que brincaban esforzados en los desfiles de conmemoración y las filas interminables de escolares muy uniformados en un evento que compartimos todos, la fecha pasa por nuestros calendarios con olor a playa, carne asada y eventual reventón.

En discusiones serias, académicas y periodísticas, hay quien afirma que los principios revolucionarios ya no son vigentes, pero mientras el campo y los campesinos estén depauperados; mientras los 56 grupos indígenas sean los hermanos incómodos de los mexicanos o ciudadanos de segunda; mientras los obreros sigan siendo engañados por sus líderes y el Estado proteja únicamente los intereses de los grandes capitales... la Revolución Mexicana seguirá vigente en este país. Y ahora, sin Estado “revolucionario”, somos los mexicanos los depositarios de su tradición.


jueves 19 de noviembre de 2009

San Juanico

En 1984 una extraña luminosidad despertó a los pobladores de San Juan Ixhuatepec, Estado de México y no era la del sol, pues esta luz venía acompañada de un fuerte olor a gas y, segundos después, de largas lenguas de fuego que arrasaron todo a su paso. Los depósitos de gas que surtían a la capital del país estallaron sin aviso desatando muerte y destrucción. San Juanico, como se conocía al sitio propiedad de Pemex, era uno más de los síntomas de un gobierno en descomposición y de una ciudad, la de México, hipersensible a los desastres.

Las cifras de muertos fluctuaron durante ese día y los siguientes de 21 a 410. La Procuraduría de la República gritaba a los cuatro vientos: “no fue un sabotaje”, mientras que Mario Ramón Beteta, director de Pemex, hacía lo propio con un mensaje previsible: “Pemex no fue responsable”. Se abrieron albergues, se destinaron 4 mil millones para la reconstrucción de tantas vidas dañadas, pero el daño estaba hecho: más de doscientos mil damnificados.

Durante horas, los habitantes de la ciudad miramos estupefactos por la televisión las escenas de la conflagración. Decenas de bomberos, reporteros y obreros se jugaron la vida hasta el mediodía en que los riesgos principales fueron controlados. La ciudad ya no volvería a ser la misma a partir de este hecho. Diez meses después de San Juanico nos tenía otra sorpresa.

miércoles 18 de noviembre de 2009

Algo pasó...


El 18 de noviembre de 1910, entrada la tardecita, los vecinos de las parroquias de Santa Clara, Santo Domingo, Santa Teresa, San Cristóbal y San Pedro supieron que algo pasaba en la calle donde vivía la familia Serdán, una señora viuda con sus hijos ya grandes de nombre Aquiles, Máximo y Carmen. Aunque ese día, fue muy poco lo que pudieron enterarse.

Por la calle de Mesones llegaron decenas de soldados del Batallón Zaragoza y rurales, fuertemente armados, y en un santiamén se armaron los balazos que duraron lo que no tiene usted una idea. Más de dos horas. Los que pudieron ver algo afirman que había soldados trepados en las torres de todas las iglesias cercanas, y cientos de tropas que disparaban y disparaban hacia la casa de los Serdán, en la calle de Santa Clara (6 Oriente 200). Había muchos hombres en la azotea, disparando hacia la calle, y por el balcón de la casa de doña Josefa Alatriste, la mamá de los Serdán, Aquiles y su hermana Carmen disparaban y echaban bombas a los soldados, que nomás levantaban heridos y heridos y no sé cuántos muertos. Dicen que doscientos. Ya en la noche todo se tranquilizó, parece que los mataron a todos. No quedó ni uno de los quince o dieciséis hombres que defendieron la casa. En cuanto a doña Josefa, su nuera Filomena y su hija Carmen, que estaba herida, se las llevaron detenidas. Creímos que ahí había terminado la cosa, pero no, apenas empezaba.


martes 17 de noviembre de 2009

(Contra) Invitación

Dirás que los mexicanos somos decepcionantes, que no tenemos palabra. Después de tantos dimes y diretes ¿qué crees?, que Pitágoras se apareció en el Café Teorema el sábado pasado, como originalmente estaba programado, así que se suspende toda inauguración para el siguiente sábado pues, a diferencia de algunos políticos, a nosotros no nos gusta inaugurar las cosas dos veces. En descargo de los mexicanos, debo aclarar que en el complot intervinieron chilenos, catalanes y españoles, además de sinaloenses, guanajuatenses, mexiquenses y uno que otro chichimeca. Y claro, los poblanos.

En antisolemne reunión, desinhibidos por la cerveza, escuchamos discursos y alabanzas y lo único concreto del caso es que don Pita quedó rete instalado en su nicho para siempre jamás, o hasta que las polillas terminen con su frágil naturaleza.

La esposa del artesano confiesa que, de darle a escoger, ella prefiere a Pitágoras en casa. La escéptica mirada del artesano lo dice todo, mientras que él no sabe qué decir; pide otra cerveza.

Mafa y Pepe Donoso pronuncian encendidos discursos para defender alguna tesis indefendible sobre el geómetra griego.

Desde Cataluña, Ricardo vino a defender la peregrina tesis de que Pitágoras era catalán.


El artesano coloca la piedra filosofal en la muñeca de Pepe Donoso, tras revelar el escandaloso “secreto de Pitágoras”, que le otorga a Pepe un poder de pacotilla.

El artesano y Pepe Donoso forcejean para cortar el listón. No ganó ninguno, pues no había listón que cortar.





lunes 16 de noviembre de 2009

Ahí tú Vela


Informes e inscripciones con María del Rayo Loeza
Coordinadora de la Escuela de Escritores SOGEM de Puebla,
3 norte no. 3
Teléfono es 409-74-26 ext. 108
E mail: escritores.imac@gmail.com
Web: http://www.arteyculturadepuebla.blogspot.com/