miércoles, 19 de abril de 2017

Cambio de piel


Esta semana murió en Villahermosa mi querido amigo Agenor González Valencia, poeta tropical y comensal por veinte años de la inamovible mesa semanal de Teorema de la ciudad de Puebla en la que moderaba -a veces inmoderadamente-, el inolvidable José Romualdo Suárez Donoso, Pepe Donoso para sus amigos. Agenor contaba con 84 años de edad, o dos veces 42, de acuerdo con su humor corrosivo y su buen ánimo para contar los días de la semana y esperar el sábado para echarse unos buenos tequilas.

En 2013, con motivo de una entrevista que le hice y que le envié para que autorizara su publicación, me respondió rápidamente con toda la pompa y circunstancia que le caracterizaba. Decía su breve mensaje:

“Mi fraternal amigo: Gracias por todas tus atenciones, claro que me gustaría la publicación de la entrevista. Como nada más te trato como Polo Noyola te pido de favor me envíes tu nombre completo. Pronto publicaré un libro sobre Derecho Notarial. Te saludo con el afecto de siempre y espero pronto estar en Puebla. Afectuosamente. Agenor González Valencia”

Mi respuesta tampoco se hizo esperar, pues me divertía sobremanera el que mi nombre indispusiera a muchos por su sencillez y ligereza aparente. Agarré a Agenor de mi puerquito y le respondí una sardónica carta ensalzando y a la vez burlándome del nombre que alguien me puso desde muy pequeño y que, salvo en los inevitables documentos oficiales de la vida, me ha acompañado todos los días de mi –ya- larga vida. Le respondí:

Querido Agenor: Las gracias son para ti. Mucha gente seria como tú se entristece por la patente vulgaridad de mi nombre, a veces me piden más, me piden algún título, siquiera una licenciatura, un diplomado, algo que acompañe a esa nominación más adecuada a una tienda de deportes o un luchador de máscara estrafalaria o una ferretería. En los países latinos somos muy dados a la grandilocuencia, a rellenar los huecos de nuestra personalidad aunque sea con algodón; despojados de títulos nobiliarios, acudimos a cualquier argucia por destacar que nuestro apellido López es con L de Lope (como de Vega) o acaso es marino (por lo de pez) o producto de una antigua costumbre medieval en donde nuestros antepasados, que eran caballeros y nobles, lograron alguna proeza.
Yo, con todo respeto, les respondo que comprendo su aprehensión, que mi nombre es simple como una pelota pero a la vez complejo como una esfera. Que es un nombre, pues, pero también es un concepto, es una persona, es un proyecto, un sueño, una marca ¿qué es polo?, me pregunté más de una vez desde la escuela primaria. ¿Es poco o es mucho?, ¿es grande o es pequeño? Quizás por eso nunca me tomé demasiado en serio.

Polo es una prenda de vestir parecida a un jersey, con cuello abierto; un partido político en Venezuela, polo democrático, otro en Colombia. Es el centro de atención o de interés o de conflicto o de infección: el polo de desarrollo, polarización social, polo de deflexión; en la electricidad cada uno de los dos extremos del circuito de una pila o de ciertas máquinas eléctricas: polo positivo y polo negativo, nunca mejor dicho. Cualquiera de los dos puntos opuestos de un cuerpo es un polo, en los que se acumula en mayor cantidad la energía de un agente físico; dos regiones geográficas que conocí desde la más tierna edad: el polo norte, el polo sur, con abundantes bromas de mis condiscípulos en la primaria. Polo es un deporte que se practica con dos equipos de cuatro jinetes que, con mazas de astiles largos, lanzan una bola sobre el césped del terreno a siete tiempos; el polonio, el elemento químico de la tabla periódica cuyo símbolo es Po, un raro metaloide altamente radiactivo, para no hablar de Polonia, el país europeo. También el nombre de decenas de tienditas, sobre todo de deportes, pero también misceláneas y tiendas de mascotas Polo. “¡Fui fui... polo, polo!”, también es el nombre de algunos perros. Ahora existe en México un automóvil común y corriente de la Volkswagen llamado Polo, de los llamados compactos. En geometría están las coordenadas polares, punto que se escoge para trazar los radios vectores.

Polo es una modalidad de baile flamenco de ritmo moderado que alguna vez estudié en Coyoacán. Polo es compañía de expresiones como boreal - antártico - aquilón - ártico - austral - estrella - magnético - meridiano - nieve - oso - pez - polista - positivo - septentrión. El ying y el yang.
Polo es el diminutivo de muchos nombres, de Apolonio, Apolinar, Polibio, Leopoldo, Policarpio e Hipólito. En su multitudinaria existencia mi sobrenombre me ofrece el disfraz perfecto pero también la dispersión perfecta. Ser y no ser, sin significante. Por lo demás, mis hermanos y amigos se han encargado de deformarlo hasta la abyección, llamándome en diferentes momentos, motivados por pasajeras pasiones que nunca llegaron a fructificar: Polanski, Póleman, Polank, Polillo, Piolín, Pollito, Pol, Po, Polilla y otras deformaciones impronunciables que han marcado mi vida con la misma imprecisión, pues polo es mucho y es nada.

No, no ha sido sencillo dispersarme polifónicamente en una multitud de objetos y actos que se denominan polo, y transito aún por todos esos límites que imponen al polo una indefinición tan clara, si acaso puede buscarse claror en la multiplicidad. Por lo tanto, querido amigo, sé que apreciarás mi confusión. En Estados Unidos y Europa idolatran a un hombre que catalogan como genio, maestro, creador con un nombre singular: Maderita Pérez (en realidad Woody Allen); nadie repara en lo ridículo de su nombre, prefieren observar su obra destacada. Su nombre no le afecta porque lo respalda una acción, lo cobija una actitud intelectual profunda y consecuente. Espero pues, cuando sea más viejo, tener esas mismas virtudes que reparen las desventajas de mi insensato nombre. Como decía Ibargüengoitia: "Qué caso tiene llamarse Cornelio si el hermanito le llama Conello, y con ello vive y con ello se va a la tumba".

Durante 56 años mi nombre ha sido Polo Noyola, qué le vamos a hacer. La gente seria tiene dos opciones: omitir que lo conoce a uno y borrar toda huella que la relacione con el sujeto, o aceptar que esas pobre letras definen a nuestro pobre amigo y consignarlo como tal, sobreponiéndose a la vergüenza. Te sugiero esto último y te mando otro abrazo.”

Cambio de piel

Hasta ahí la carta. La muerte de Agenor, sin embargo, ha coincidido con el año 60 de mi vida que he venido festejando y disfrutando cada día desde septiembre de diversas maneras, tomando decisiones muy interesantes y cambiando de piel cada vez que es posible. Hace poco dejé de fumar, tras cuarenta y tantos años de chacuaco. Toda una experiencia y, en definitiva, una vida nueva (o renovada). Nuevos sabores, nueva respiración (y sí, nuevos olores). A estas alturas de una vida larga, me comprenderás si es tu caso, cada día nuestro cuerpo grita un nuevo dolor o enfermedad crónica, roncha, bola, quiste, resequedad, calvicie o mero capricho por el gusto de estarse quejando. Hace unos dos años gritó: diabetes. Dejé el azúcar, la harina blanca y, en definitiva, inicié una nueva vida (o renovada) en la que descubrí la fruta y confirmé la seriedad de mi compromiso con los cacahuates y las frutas secas (en realidad cacahuates, el resto de sus homólogas son incomprables). Toda una experiencia. He denominado a estos virajes, a esas metamorfosis, cambios de piel. Hoy, y en honor del gran Agenor, he decidido hacer otra modificación radical. Tras sesenta años de uso (re-uso y abuso), notarán ustedes que dejo atrás mi pequeño nombre de Polo para denominarme en lo sucesivo, y por así convenir a mis intereses y la prosapia de mis canas, Leopoldo, ese largo y pretencioso nombre de origen germánico que por desgracia rememora a muchos sátrapas belgas que tiranizaron a sus pueblos y colonizaron África con fuego y espada, aunque siempre estarán Alas Clarín y Lugones para renovarme la sonrisa. Y mi abuelo Leopoldo, por supuesto.


Dicho lo cual, ahí me ven, aquí me ven y aquí me tienen. Yo sé que esto no tiene la menor importancia para ustedes, que les debe dar lo mismo si me cambio mi nombre a Galeano (o a Marcos, que está de momento vacante), pero quisiera que me comprendan lo mucho que significa para mí, es una nueva identidad, una renovación, un nuevo cambio de piel. 

lunes, 17 de abril de 2017

Viaje al sur: Bío bío


Salimos de Santiago con destino al sur, en donde Chile se incendia para desazón de todos. La mañana sigue siendo gris como en días anteriores, aunque a la distancia se atisba la esquiva cordillera de los Andes. La cordillera nevada en el invierno debe ser majestuosa, pero en verano es solo un muro impresionante de cerros secos y pelones.

Los viñedos Gauciño en el sur de la ciudad capital nos dan una probada de lo que nos espera adelante; ubicuos cartelones de Cervezas Cristal (la Corona chilena) serán también en lo sucesivo una presencia inamovible del paisaje.

Los incendios de bosques en la región de Constitución han sido la noticia, aunque nuestra llegada marca la fecha de su declinación debido a los ingentes esfuerzos del gobierno y las autoridades locales, desde luego los heroicos bomberos, así como arrojos espontáneos de empresas y potentados entre los que se cuenta un avión llamado el “Súpertanque”, traído por una millonaria, que propició innumerables bromas entre los periodistas y la gente; lo cierto es que los incendios declinan y llegan a su fin cuando nosotros iniciamos nuestro viaje al sur.

Un balance del 2 de febrero cuantificó en 547 mil las hectáreas consumidas por el fuego, 3,782 damnificados, 11 fallecidos, 1,047 casas quemadas y 1,108 ciudadanos albergados.1 El desastre desató la emergencia en 72 comunas de las regiones de O’Higgins, Maule y Biobío, precisamente en nuestro itinerario, lo que no dejaba de ser inquietante. ¿Qué veríamos?, ¿qué oleríamos?  Como sea, nada más lejano de nuestro ánimo que la calamidad o la melancolía.

Nuestro primer tramo contempla el tránsito Angostura-Rancagua hacia la ciudad de Concepción. Rápidamente obtuvimos una primera postal de la cordillera de los Andes nevada y la extrañeza de una infografía carretera diferente a la nuestra: “No botar basura”, pide un anuncio. Primera caseta: 700 pesos chilenos; segunda caseta: 3,600. ¡Ah, jijo! Los chilenos llaman “lucas” a los miles (tres lucas seiscientos), a los millones “palos”. Un dólar: 20 pesos mexicanos, 707 pesos chilenos, centavos más o menos. Ya nos vamos entendiendo, aunque es fácil hacerse bolas.

El primer tramo del camino es acompañado por un hermoso sol, pero no con el prometido calor de un ardiente verano que habíamos previsto. Uvas, frutales, maíz. Cruzamos el puente del primer gran río, el Chachapoal. Seco. Hermosos y frondosos sauces llorones, palmas, perales, álamos. No nos sorprenden ciudades y pueblos llamados San Fernando, Talca, Curicó, Tinguiririca, Chimbarongo, pero Peor es nada y Las siete tazas sí nos dejan pensando.

La famosa Vía 5 atraviesa Chile de norte a sur. Por la región del Maule el paisaje se regodea entre verdes oscuros y claros de los diferentes cultivos de riego perenne. Tierra de abundancia la de aquí. Ahí está Parral, la breve patria de Neruda. Los anuncios espectaculares hablan de Enoturismo (relativo a vinos) y el volcán El Mocho (también llamado Descabezado grande y chico, me dice el informado Frank) y otro monte picudo nos acompañan a lo largo de cientos de kilómetros, entre los que contamos numerosos puestos de “frutillas” recién cosechadas. Parecen fresas: son fresas. Unos zopilotes (llamados jotes) circundan unos restos y, uno de ellos, joven y retador, atraviesa la carretera a baja altura.
Pronto son evidentes las numerosas áreas con monocultivo de eucalipto que se distinguen fácilmente por su segmentación, los árboles separados a una misma y breve distancia uno del otro; los tamaños parejos por tener exactamente la misma edad, distribuidos en bloques rectangulares. Tristemente bonitos, pues son árboles sanos, frondosos y sanos, pero que han sustituido el bosque nativo para llenarle los bolsillos a alguien.¿Creando nuevos bosques? Un despistado podría creer que sí, pero un joven estudiante mochilero que viaja con nosotros de rait me explica que el bosque, que es un ecosistema (un ecosistema está formado por un conjunto de organismos vivos y el medio físico donde ellos se relacionan, una unidad compuesta de organismos interdependientes que comparten el mismo hábitat, aprecio después en Wiki), ahí ha desaparecido. Ya no hay nada sino un monocultivo que en unos años será arrasado por las máquinas para volver a sembrarlo y así, en un ciclo en el que no existen organismos asociados. El eucalipto crece muy alto, regular y derechito, enfatizando su utilidad como madera de uso, con poco follaje y troncos de entre 30 y 50 centímetros de diámetro y entre 20 y 30 metros de altura. Hay campos con diversas edades: recién plantados, de unos años, casi listos y en vías de ser cosechados a los 10 años de edad aproximadamente. El predio cosechado luce como un campo de batalla donde se ha producido una masacre. Un páramo de palos desolado y sombrío. Y, en algunos casos, ya se ha sembrado la siguiente generación.

¿Acaso me bajé a medir el grosor de los troncos? No, no fue necesario. Innumerables camiones “bolilleros” recorren el camino cargados de troncos con el señalamiento de su grosor. Nunca menor a 30 centímetros, muy pocos de 50 y alguno extraordinario mayor a eso.

Antes de llegar a Concepción, por Talcahuano, es posible advertir los primeros signos de los incendios que han convulsionado a los chilenos en este inicio de año. Olor a quemado.


El océano Pacífico aparece de improviso un poco antes de llegar a la histórica ciudad de Concepción, escenario de acontecimientos, terremotos y tsunamis memorables. Un enorme puerto industrial ubicado en la bahía del mismo nombre fundada en el siglo XVI por el mismísimo Pedro de Valdivia. Ahora es una metrópoli de al menos tres ciudades que se extiende hasta la península de Tumbes.

Tras unas diligencias en el centro de Concepción seguimos nuestro viaje al sur y antes de abandonar del todo la ciudad contengo la emoción al contemplar el enorme puente que cruza el histórico y majestuoso río Bío Bío, protagonista principal en la larga lucha de varios siglos entre españoles y mapuches. En la preparación del viaje estuve leyendo muchos materiales sobre Chile, entre ellos el libro fundamental de José Bengoa,2 que narra a detalle los pormenores de esa lucha que dura encarnizada hasta la llamada paz de Quilín en 1646. Por supuesto la lucha sigue hasta el día de hoy, pero aquel tratado sin duda impidió una carnicería mayor de los enconados ejércitos tras un siglo de lucha sin cuartel, que además es un acuerdo inédito entre el reino español y un pueblo originario, en el que los españoles aceptan no encomendar, ni esclavizar y ni siquiera utilizar la mano de obra indígena en sus asentamientos; no recibir tributo alguno de esos pueblos y darles libertad religiosa para creer en lo que deseasen, así como de movimiento entre sus tierras siempre que fuera hecho todo eso al sur del Bío Bío, que marcaba ahora la frontera de Nueva Extremadura, llamada posteriormente Reino de Chile. Su única obligación era ser súbditos del rey español.

El Bío Bío es un gran río que en este punto luce hermoso y de una anchura impresionante. No lo sabíamos, pero la aventura nos habría de llevar, semanas después, a las tierras en donde se origina este enorme caudal, el Alto Bío Bío que en ese momento no tenía manera ni de soñar en conocer.

Pasando por las afueras de la población de Lota fue posible advertir los primeros signos de pobreza chilena (al fin), que había buscado inútilmente desde nuestra salida de Santiago en los pueblos y en las entradas de ciudades, pero que no había podido ver. Como sea, nada comparado a nuestra miseria, aquí se trataba de casitas humildes y un poco destartaladas. Lota también es una exitosa playa llena de paseantes.

Viajamos por la carretera costera hacia Araujo acompañados por el mar. Pequeños lagos habitados de patos rodeados de verdor. Aquí el camino adquiere súbitamente una singular personalidad. Una arquitectura muy definida y de la cual tendré oportunidad de hablar más tarde y los atisbos de una lucha social que no aparece en las páginas de sociales. “No a las cuotas regionales del bacalao”, reza un letrero en una lancha que ahora es escenografía a la vera del camino.


La comuna Los Álamos, a los pies de un gran cerro, es una población de casas bonitas de madera que veremos a lo largo de nuestro recorrido por sur chileno. Por ahora vamos hacia Cañete, en territorio de la Araucanía. Pasamos por Antihuala, el primer poblado netamente mapuche que luce extrañamente vacío a las 7:30 de la tarde (aquí anochece pasadas las nueve), ni un alma en las calles ni frente a sus casas. Huillinco, otro pueblito del camino, nos ofrece de forma más compacta y armónica otra muestra de la arquitectura del sur.

La luz del atardecer ayuda a resaltar los contrastes del verde e incrementa la belleza de estos parajes. Un anuncio carretero nos informa que vamos ahora por la “Ruta originaria”. A las 8 de la noche, con muy buena luz del día todavía, llegamos al pueblo maderero de Cañete, donde advierto una “desarmaduría” (un deshuesadero), pasamos Reputo (no quise investigar sobre su gentilicio), luego Lanalhue, el primer lago de nuestro recorrido y, unos treinta minutos después, Frank anuncia la llegada a nuestro primer destino del viaje al sur: el lago Lleulleu.



1 Navarro Brain, Alejandro, Incendios: se agotó el “modelo” forestal neoliberal, El Ciudadano, 2 de febrero de 2017

2 Bengoa, José, Historia de los antiguos mapuches del sur, Catalonia, 2008, un regalo, por supuesto, de Cris.

viernes, 7 de abril de 2017

Viaje al sur


Aterrizamos en Santiago de Chile el 1 de febrero de 2017 en el sopor de un candente verano agudizado por la sequía y una serie de incendios forestales que tienen al país en estado de shock. Cris y Frank nos esperan en la abarrotada sala del aeropuerto y rápidamente nos conducen por las modernas carreteras interiores de la capital hasta el frescor de su domicilio en la comuna de Peñolén, en el suroriente de Santiago. Nuestros anfitriones responden a cada una de nuestras numerosas preguntas porque ese día todo lo queremos ver y también todo nos lo quieren mostrar. Por la tarde subimos al cerro de San Cristóbal, el parque metropolitano y paseo recurrente de la capital con su funicular y teleférico, desde donde no es posible disfrutar del habitual paisaje espectacular pues la ciudad está cubierta con una blanca capa de humo; con todo y eso no deja de ser espectacular esta ciudad que ha crecido exponencialmente en las últimas décadas y a la que, nos dicen, custodia una imponente cordillera de los Andes que por ahora es imposible ver, aunque nos aseguran que está ahí, detrás de todo ese humo. Lo que sí es visible justo desde la moderna cabina del teleférico es Sanatthan, nombre sardónico del barrio que encabeza la desproporcionada Torre de Josh Paulman, construida por el dueño de una cadena de supermercados Jumbo y de la poderosa constructora ISI, que sobresale en proporción de 10 a uno de sus edificios vecinos.

Descendimos del cerro por el barrio Bellavista, una agradable zona de cafés y restaurantes donde una multitud de jóvenes con poca ropa beben cerveza en bares al aire libre ostentando en sus disímbolas extremidades tatuajes de toda índole que es claramente la moda del momento. Bonitas las chilenas.

Nuestros amigos nos han invitado a asistir a una tradicional peregrinación que por generaciones sus familias han realizado en periodos vacacionales. Es al sur del país y toda nuestra información se circunscribe a ello, lo inesperado es darnos cuenta de que ellos también parten de esa previsión, pues no se sabe de bien a bien los sitios específicos que visitaremos, ni los días ni las actividades. De a poco comenzamos a comprender el sentido de aventura que tiene para ellos esta peregrinación tradicional.



Dos días más tarde partimos hacia nuestro ignoto destino, lo que no quiere decir que lo hiciéramos en la inopia, pues tuve tiempo de preparar alguna clase de información sobre este querido, añorado país, que me sirviera de soporte en nuestro “viaje al sur”. La que más me llamó la atención fue la relativa al asunto de los bosques. En julio de 2015 la presidenta Bachelet prorroga por tres años Decreto Ley (DL) 701 de 1974, dictado ese año por Augusto Pinochet con el argumento de que impulsaría la industria forestal con el subsidio de un monocultivo forestal.

A precios irrisoriamente bajos, la dictadura vendió a grupos económicos grandes extensiones de tierras, algunas de ellas arrebatadas a comunidades mapuche, así como viveros y plantas industriales. El subsidio para las plantaciones era de casi el 100% con la eliminación de impuestos de los terrenos y de la producción forestal; créditos estatales en extraordinarias condiciones, excusión del pago de aranceles de exportación. A la fecha se han plantado casi 3 millones de hectáreas de pino radiata y eucaliptus, la mayor parte sobre milenarios bosques nativos, pues estas variedades crecen a edad comercial en una década, lo que representa un jugoso negocio. Cuánto –me preguntaba yo-, como para que la nueva democracia de izquierda hubiera dado su brazo a torcer al no revertir la dañina ley forestal. Bueno, si hablamos de que el sector forestal en 1980 representaba exportaciones por 254 mil dólares, en el 2014 la madera chilena representó 6 mil 904 millones de dólares, la segunda entrada de divisas chilena tras la minería. Claro, en 1974 se hablaba de 300 mil hectáreas de pino maderable y ahora hablamos de 3 millones de hectáreas ganadas al bosque nativo.1

Ya que iba a andar por ahí, me interesaba hasta qué punto era visible la producción del monocultivo maderable en el sur chileno que siempre imaginé boscoso. Las sorpresas iban a ser muchas y, en ocasiones, devastadoras.



1 Fuentes: Víctor Toledo Llancaqueo, historiador mapuche, “El enclave forestal chileno en territorio mapuche” (artículo)/proceso.com.mx/ Ministerio de Planificación en su Encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional (CASEN) de 2009/ Estudio de la Corporación Nacional Forestal (Conaf), Gonzalo Durán de la Fundación Sol/ http://www.elmostrador.cl/noticias/opinion/2016/12/26/joven-mapuche-baleado-simbolo-de-la-represion-del-estado/

jueves, 9 de marzo de 2017

La campana María

Las campanas nacen desde el Siglo VI ante la necesidad de convocar con sus voces a los fieles para las ceremonias religiosas o ceremonias civiles, aunque también se les ha dado la función de llamar a las lluvias, alejar a las granizadas y a las tormentas así como para ahuyentar a los espíritus malignos. Se tiene a San Paulino, obispo de Nola, como el inventor de las campanas entre los años de 353 a 424 y al Papa Sabiniano, quien dispuso que se tocasen en las iglesias desde el año de 1604.

Se dice que las campanas se hacen con el 200% de material ¿qué quiere decir esto? Que las campanas tradicionales de las iglesias llevan un 80 por ciento de cobre, un 10 por ciento de estaño, otro diez por ciento de plomo, más otro 100 por ciento de fe. Y es el caso de la campana María de la Catedral de Puebla, tal como lo expresó el testimonio de Pablo Manrique para este blog.

La leyenda dice que se hicieron cuatro intentos por fundir la campana que estaría en la torre izquierda de la catedral, pero que los primeros tres fueron un rotundo fracaso. Fundir y mover 8 toneladas y media no es algo que se pueda hacer así como así. Fue la familia Márquez la encargada de su elaboración y tras los tres primeros fracasos tuvieron que revisar sus métodos para hacer los cambios pertinentes y evitar un cuarto fracaso. Es donde esta al quiote el artesano indígena Juan Bautista de Santiago quien ideó el sistema que permitió finalmente trepar a la campana María a las alturas en donde hoy se encuentra.

La leyenda era que “algo habría” en la ciudad de Puebla o entre sus habitantes para que dios no les concediera terminar su campana para la catedral. Los curas y la congregación creían seriamente en que se trataba de un castigo divino por la presunción y soberbia que implicaba querer una campana de esas proporciones, pues tan solo el badajo pesa 225 kilogramos. Ahí terminaba la leyenda, pues la solución no vino de instancias divinas sino de la técnica de fundición que los Márquez y Bautista idearon para la quinta oportunidad: decidieron trasladar los elementos de la fundición a la propia torre de la iglesia y hacer ahí el fundido final, lo que les permitió de una vez por todas terminar la mole de metal. Con fecha del 28 de marzo de 1729, la campana, llamada cariñosamente María, comenzó a emitir sus sonoros llamados a toda la población. El maleficio había pasado. (Pablo Manrique Aguilar)

lunes, 23 de enero de 2017

Huevos con jamón: la Casa del Mendrugo


Los caminantes del centro percibimos que arreglaban esa vieja casona en las cercanías del edificio Carolino, la mayoría no imaginaba que se iba a convertir en un espacio multifacético donde ahora hay restaurante, cafetería, club de Jazz, galería, museo ¿en qué orden?, el orden se lo pone el interés y la intención con la que uno se acerque a esa antigua construcción que a lo largo de cuatro siglos ha visto transitar buena parte de la historia poblana.

Me recibe Ramón Lozano, el nuevo propietario que hizo posible la renovación del antiguo inmueble. La casa tuvo una larga recuperación a cargo de las jóvenes arquitectas Alicia Medina y Myriam Pergina que aprovecharon que la casa nunca perdió la esencia de su época, a pesar del estado de abandono en la que se encontraba en el año 2008.

-          Llevamos realmente cinco años trabajando, desde que nos metimos en esto. Todo el rescate. Se compró en julio del 2008 y acabamos en diciembre (2012). Antes fueron cuatro años de estar tras la casa. Pertenecía a una persona de Veracruz que tiene una cadena de hoteles locales de buen nivel y quería incursionar en Puebla con un hotel. Nos llevó cuatro años de estar cerca y pendientes, hasta que se pudo.

Claro que no contaban con las sorpresas que les depararía hurgar en los intersticios de la construcción: un entierro con 3 500 años de antigüedad con una osamenta, probablemente olmeca; la huella colonial en los tiestos de talavera y otros registros hallados en el subsuelo de épocas más cercanas, pero no menos interesantes. ¿Qué significa todo eso?, me apresuré a preguntar a Ramón.

-          Yo creo que es como en el caso de un artista, de un escritor; como hacer un cuadro, una obra de arte y luego meterte aquí adentro a vivirlo, porque así es esto: la arquitectura, la piedra; cómo construyeron, la repetición de patrones, de construcción hace 400 años.
Y luego las sorpresas.

-          El entierro de tres mil años, eso ya es como premio, hace tres mil años aquí vivía una persona que nos encontramos. No me gustó el nombre de Chuchita y se lo dije a los arqueólogos de la UNAM, me dijeron que era una simple elección, “no podemos ponerle un nombre maya, ni un nombre azteca, ni tarasco, ni un nombre náhuatl, porque no era nada de eso”; era olmeca, pero los olmecas qué hablaban. No saben, porque no se conoce ni escritura ni nada de ellos. Le pusieron Chuchita porque este espacio era de la Compañía de Jesús. Y ahí quedó.


Está claro que para Ramón Lozano representa un privilegio impagable ser el responsable de este hermoso edificio. A donde se voltea hay luz, hay perspectiva, sustancia arquitectónica.

-          Es una casa preciosa, histórica como nada, aquí estuvo Iturbide, según Hugo Leicht en Las calles de Puebla,  busca dónde durmió en la Casa del Mendrugo. La casa estuvo abandonada como 15 años, deteriorada más, porque quienes la tenían ya no le metían nada, había 18 viviendas aquí adentro. La propietaria quería hacer una vecindad. La casa no se acabó de deteriorar, la estructura principal estaba bien, las paredes.

Acudí a la fuente citada, una suerte de biblia histórica de las antiguas calles de la ciudad, escrita por un inmigrante alemán en los años treinta del siglo pasado. Confirmo que Hugo Leicht menciona esa estadía, aunque procuro comprender el contexto.

El 28 de julio de 1821 Iturbide está en la ciudad de Puebla para atestiguar la firma del armisticio de las “tropas expedicionarias” españolas al mando del comandante Ciriaco del Llano, que terminan por desalojar la plaza el miércoles 1 de agosto, y el domingo 5 la ciudad juró la independencia en las casas de Cabildo, frente al zócalo, y después en el Palacio Episcopal y en el Colegio del Espíritu Santo, donde supuestamente Iturbide pernoctó, a decir de una placa instalada cien años después, en el centenario de la Independencia, en el número 2 de una casa de la 7 oriente (Antigua Calle de Morados núm. 10) en la que dice: “En este departamento del antiguo Palacio Episcopal estuvo hospedado el libertador de México Don Agustín de Iturbide que entró a Puebla al frente del Ejército Trigarante el 2 de agosto de 1821…” Otra versión, también recogida por el historiador Leicht, dice: “Según otra tradición (la del Sr. Bernardino Tamariz), Iturbide se hospedó en la Casa del Mendrugo, en la Calle de la Palma.” (p. 340 a y b)

-          Los jesuitas lo usaron como colegio de San Jerónimo, fue el primer colegio jesuita en Puebla; ocupaba media manzana, el edificio de la facultad de psicología, luego la casa que está aquí al norte, eran tres casas; después del colegio de San Jerónimo continúa hasta el callejón, todo era el colegio de San Jerónimo. Después fundaron el colegio del Espíritu Santo, el colegio de San Ildefonso, luego el San Javier y el colegio de San Ignacio, cinco colegios,  de uno por uno hasta tener cinco, hasta que los expulsan. Después todo se vuelve el Colegio del Estado, luego ya se disgrega y la casa se separa de lo demás. Eran casonas independientes y las fueron agregando. Agregaron esta casa y luego otra y otra. Te da evidencia que no fue un plan, sino que empezaron con una y se fueron agregando.

Instalado ya en la lectura de don Hugo Leicht, comprobé esos datos y me fueron agregados otros de lo que ocurrió posteriormente con la Casa del Mendrugo, llamada así porque “dice la tradición que fue levantada por los jesuitas con los mendrugos que recogieron”. (p. 289 b)

Tras la expulsión de los jesuitas en 1767 los colegios de San Jerónimo y de San Ignacio, con todos sus bienes raíces, fueron reunidos en 1790 en el del Espíritu Santo, que tomó el nombre de Real Colegio Carolino en honor de Carlos III, afirma Hugo Leicht en su puntillosa investigación. (p. 69 b) Desde entonces se utilizó la casa para el Estanco de Tabaco y Casas Reales bajo control del Colegio Carolino. Acogió también secciones de la Aduana; fue Tesorería General del Estado (1824), posteriormente Recaudación de Rentas (1852); Escuela Normal de Profesoras (1892) y edificio a cargo del Congreso local entre 1901 y 1905, antes de convertirse en edificio de viviendas, vecindad, bodega; de permanecer abandonado, de ser proyecto para hotel. (p. 72 a)

El conjunto ha sido puesto bajo la custodia de una fundación. Le pido a Ramón Lozano que me explique qué es una fundación como figura y qué significa para la Casa del Mendrugo.

-          Aquí hay un patrimonio importante, cultural, que es un patrimonio catalogado por la UNESCO, importante para Puebla. Y además, hay un patrimonio que no es mío aunque sea así, y no es mío de a de veras, como el hallazgo  arqueológico. Por ley. Entonces la manera más correcta es que ese patrimonio se conserve a través de una fundación; que no sea una persona, sino una figura que trascienda a la persona. La fundación es responsable de la custodia del patrimonio tangible, cultural, sobre todo el arqueológico. Y la vamos a fortalecer. La fundación puede llegar a ser donataria, puede hacer intercambios de tipo artístico, de colecciones de arte; la Fundación Casa del Mendrugo puede solicitar al museo tal una colección y presentarla acá. Cosas así. Esa es la perspectiva, es un proyecto a largo plazo y no es lineal, tiene dimensiones. La parte gastronómica que es un negocio, la parte cultural que es una fundación: lo artístico, lo histórico, lo arquitectónico, lo museográfico, lo arqueológico.


¿Qué pasa hoy en la Casa del Mendrugo, Ramón?

-          Llevamos cuatro meses de inaugurados. Las obras terminaron y en abril abrimos. Ahorita estamos en el arranque realmente, estamos decidiendo cómo hacer para que la propuesta se dé a conocer, hemos tenido propuestas muy exitosas, como el jazz de los viernes que está lleno siempre; ahora hay que ver cómo le vamos a hacer los jueves y los miércoles y los martes. Y así.

¿Qué es lo que ves en la gente que viene a la Casa del Mendrugo?

-          Me encuentro con un público curioso al que le gusta experimentar cosas nuevas y que ya fue mucho a Angelópolis, fue mucho a  la Juárez y ya está cansado de eso. Aquí es diferente, porque es el centro. Como en otras ciudades, los centros históricos empiezan a ser protagonistas de las noches de esas ciudades. Y este centro comienza a serlo.
¿Qué ofrece hoy la Casa del Mendrugo, además de esta deliciosa cerveza oscura que me has invitado?, ¿alemana?

-          La cerveza la elaboramos en la Casa del Mendrugo. Mi hijo es un especialista en cerveza y con él hacemos esta. No somos los únicos, empieza a haber micro cervecerías en Puebla, en la corriente de una cultura de micro cervecerías en algunos países, en Estados Unidos en la región de Seatle; en Oregon hay mucho; en Canadá, en Vancouver, hay mucho, se trata de cerveceros exquisitos. Jugo de malta, lo pones a fermentar y lo haces. No tiene marca, no la vendemos comercialmente, la servimos en la mesa. ¿Está rica?

Está deliciosa –le respondo apurando un trago prolongado.

-          Se llama Ámbar Ale del Mendrugo. También estamos haciendo, de manera especial, nuestro propio jamón curado. Y esto tiene historia: los españoles que llegaron a Puebla venían de Andalucía y los andaluces, en una región pegada a Extremadura, eran muy fuertes en la producción de jamón. Puebla se volvió por ellos un centro productor de cerdos y jamones muy importante -y de jabón, que estaban ligados, por las grasas-, hacían jamones que surtían a este y a los otros virreinatos, lo llevaban hasta Perú. Entonces hacemos aquí nuestro jamón. Dentro de la propuesta gastronómica ofrecemos jamón curado que es en esa tradición, no te voy a decir que está hecho como antes, pero sí en esa tradición, jamón como los de España de Extremadura, de Andalucía, no lo habíamos hecho y es lo que estamos haciendo y lo vendemos acá. Para mí es importante la cosa histórica.

En síntesis ¿qué encuentra el visitante del restaurante de la Casa del Mendrugo?

-          Tenemos música todos los días, los jueves con un piano y un cantante, los sábados dos violines y un piano, el domingo viene el saxofón y la flauta. Pero el viernes es el día más festivo con el jazz. Viene un grupo de jazz importante; en agosto esta buenísimo el programa con blues, un grupo que viene de Nueva York, otro que viene de Francia. Captamos a los que andan de gira y tratamos de traerlos aquí.

¿Se parece a lo que imaginabas?

-          Se parece a lo que imaginaba hace un año, esto era un poco lo que queríamos que sucediera. Y en eso le vamos aprendiendo.

En épocas contemporáneas José Luis Escalera, en cierta forma, inició hace diez años esta idea de asumir unas ruinas del centro de la ciudad y reconstruirlas para hacer ahí un centro cultural. Ahora Ramón Lozano lo ha hecho en la Casa del Mendrugo; además de dinero, qué estímulo se necesita para que personas como ellos se lancen a realizar aventuras que claramente benefician el aspecto cultural de Puebla. ¿Qué es lo que se necesita?, le pregunté a José Ramón Lozano.

Masticó brevemente la pregunta y se la repitió en un afán de sintetizar todo el esfuerzo que le llevó varios años concretar.

-          ¿Qué se necesita…? ¡Huevos!

La Casa del Mendrugo se encuentra en Calle de la Palma #2 (4 Sur 304) del Centro Histórico de la ciudad de Puebla.

Imágenes y bibliografía:

Las fotografías que acompañan esta entrevista fueron tomadas de:  http://www.casadelmendrugo.com/

Hugo Leicht, Las Calles de Puebla, Edición conmemorativa al V centenario del descubrimiento de América, Puebla, 1986.

lunes, 12 de diciembre de 2016

Así se pobló este pueblo

Entre las leyendas testimoniales que recogí de informantes poblanos esta me gusta tanto por su antigüedad como por su ambigüedad, pues contiene elementos mitológicos que incluyen una interacción recóndita entre animales y humanos como ocurre en las leyendas primigenias de los antiguos, así sean mexicas o griegos. Me la contó el profesor Miguel Cano García, maestro de primaria en una escuela de Ixtepec, en la sierra norte de Puebla.


La siguiente leyenda la describo tal y como me fue contada en mi niñez por antiguos habitantes de Ixtepec, en la Sierra Norte de Puebla. Hace mucho tiempo se sabe que llegó un hombre que traía una perrita negra; en ese tiempo acá era monte, muchos árboles, muchas lianas, todo estaba cerrado por la vegetación.

Ese hombre conocía ya el cultivo de la tierra, se puso a trabajarla y diariamente preparaba sus alimentos y se iba al trabajo a sembrar el maíz, el frijol, a eso se dedicaba. Al llegar a su área de trabajo, en una de las ramas de un árbol, dejaba colgado el morral donde estaban sus alimentos, y él se iba al trabajo mientras el animal se quedaba ahí, la perrita se quedaba echada como cuidando el alimento. Cuando llegaba la hora de la comida el hombre regresaba, bajaba el morral, se ponía a comer y le daba de comer también a la perrita. Así fue durante algún tiempo, así estuvo viviendo ese señor en compañía de la perrita, hasta que en una ocasión, salió de una casa sencilla que había hecho, se fue a trabajar y se llevó a la perrita, pero al finalizar la jornada de trabajo se dio cuenta de que la perrita ya no estaba.

Cuando regresó a su casa escuchó ruido en el interior, se fue caminando despacio, se acercó lo más que pudo para observar quién estaba adentro. Era la perrita. La mitad era mujer y la mitad era animal y estaba cocinando. Entonces se retiró y se tardó un poco, a propósito. Al cabo se acercó y la comida estaba hecha, la perrita estaba echada. Empezó a comer, no dijo nada, y al otro día se repitió lo mismo, se llevó a la perrita y ya sabía que la perrita iba a desaparecer. Y en efecto, desapareció. Por la tarde el hombre llegó a su sencilla casa, cercada con palos y ramas, y escuchó de nuevo los ruidos, pero esta vez no se detuvo y sorprendió a la perrita cocinando. El hombre le dijo: “¿quién eres tú, por qué me dejaste allá”. “Yo soy quien hace tus alimentos, pero no te enojes. Si tú me quieres un poco yo voy a dejar de ser lo que soy, no voy a seguir siendo la perrita que conoces, si me quieres un poco va a estar bien”. El hombre tomó al animal mitad mujer y mitad perra, la abrazó y la besó y, en ese momento, la perrita se transformó totalmente, fue toda una mujer. Y así estuvieron viviendo, de tal manera que el hombre se iba a trabajar y la mujer se quedaba en casa haciendo los quehaceres. Así fueron pasando los años, así vinieron los hijos y así se pobló este pueblo de Ixtepec. Eso es lo que nosotros sabemos. 

martes, 6 de diciembre de 2016

Puebla en el Tercer Milenio


En memoria de Selene Ríos Andraca, citada aquí.

En los últimos cien años los seres humanos hemos transitado de tener una vida relativamente medieval a ser individuos conectados electrónicamente con el mundo, como ocurre hoy. Pronto, de acuerdo con las noticias, portaremos microchips que nos permitirán ver el Internet en el dorso de nuestra mano.

En las calles de centro vemos personas que hablan mientras caminan, algunos mueven enfáticamente las manos. No son seres liberados de su conciencia, sino personas hablando por teléfono. El Email se ha incorporado a nuestras vidas, hacemos blogs como el que ahora lees, Hi Five y perfiles en Facebook donde expresamos nuestra cosmogonía y grabamos videos con nuestros teléfonos portátiles; manejamos objetos distantes a control remoto, usamos microondas para cocinar; leemos diarios y revistas a través del Internet; el cine y la televisión en tercera dimensión, la realidad virtual, Aipod, wikis, Peer-to-peer, Missatge MMS, WiFi, HTPC, Blu-ray, SMS, UMTS, Blackberry, GPS, iPhone 3G, bluetooth. Por lo pronto, mientras vamos adquiriendo esa sorprendente tecnología, los teléfonos celulares han sido eficaces cámaras de video para registrar la belleza y la fealdad del mundo, por lo llegamos al año 2010 habiendo visto y escuchado más de lo necesario.

Lo cierto es que estamos a años luz de aquellos seres de vidas apacibles que habitaron Puebla hacia el año 1900, cuando el mundo terminaba a poca distancia y el tiempo transitaba a la velocidad de una carreta jalada por un buey. El contraste entre las dos Pueblas que puede interpretarse en esta reflexión es enorme. Sin embargo, como puede apreciarse, hay algo idéntico entre ellos y nosotros.

A mediados de esta década, Puebla tiene un millón y medio de habitantes. Aunque en las últimos tiempos la agricultura ha perdido literalmente terreno en la capital, todavía se practican algunos cultivos en huertas y granjas de la periferia; se siembra maíz, frijol, trigo y forrajes como avena, alfalfa y cebada. También hay áreas dedicadas a la horticultura. Existen pequeños huertos en territorio municipal donde se cosecha aguacate, pera, manzana, ciruela, durazno, chabacano, capulín, tejocote, nuez y zapote blanco. También ha prevalecido, aunque a la baja, la crianza de bovinos de leche y carne, de porcinos, de ovino, equino, incluyendo el asnal y mular. Y se han hecho experimentos para la industria cárnica con crianza de conejo y algunas aves de corral e inclusive avestruz. En los embalses de San Andrés Azumiatla, Santa María Zocuila la Cantera y San Pedro Zacachimalpa se encuentra mojarra tilapia.1

La ciudad en el nuevo milenio la empezó gobernando Mario Marín Torres, hasta 2001; le siguió un panista, Luis Paredes Moctezuma hasta 2005, cuando el PRI recuperó la presidencia con Enrique Dóger Guerrero, a quien sucedió también por el PRI Blanca Alcalá Ruiz, primera mujer en ocupar la presidencia municipal; pero el PAN volvió por sus fueros el 4 de julio de 2010 y recuperó la presidencia con Eduardo Rivera Pérez. En el gobierno del Estado gobernó el primer lustro Melquiades Morales Flores y el segundo el propio Mario Marín Torres, pero en esas elecciones señaladas las cosas cambiaron después de ochenta años de predominio priísta. El gobierno del Estado, la capital e importantes ciudades poblanas estarán encabezadas a partir de 2011 por una coalición opositora que ganó la elección: Compromiso por Puebla (PAN, PRD, Convergencia y Nueva Alianza), marcando una nueva Era en el poder político del Estado con Rafael Moreno Valle Rosas al frente del gobierno estatal.

En el área metropolitana de la ciudad de Puebla se localiza el 80 por ciento de la industria del Estado. Cada vez adquiere mayor importancia la industria metálica básica, la de la química ligera y la de artículos eléctricos, conservando su prominencia la industria textil, la metalúrgica con Hylsa y la planta Automotriz Volkswagen que, no obstante que estas dos últimas no se localizan geográficamente dentro del municipio, su impacto es directo en la economía de la ciudad capital. En lo que se refiere a la industria manufacturera de productos alimenticios mantiene una tendencia constante a ampliar sus actividades, triplicando su personal en los últimos años.2


La más tradicional industria poblana, la textil, aunque disminuida, no está muerta como algunos dicen. Existen muchas plantas elaboradoras de textiles, hilados y tejidos de algodón y lana. Tiene fama la manufactura de rebozos, chalinas, sarapes y confecciones, así como los artículos de yute e ixtle, que son distribuidos a nivel nacional. Otras industrias importantes son las embotelladoras de refresco, elaboradoras de vino y aguardientes de uva, pastas, alimentos, conservas, cemento, mosaicos y materiales para la construcción, así como loza de Talavera; hay numerosos talleres artesanales en donde se elaboran principalmente objetos de ónix y dulces.

Existen otras importantes fábricas de celulosa y papel, de artículos de madera y de productos de cuero, de sustancias químicas, de hule, fabricación de muebles, refacciones y maquinaria, así como ensamble de vehículos, derivados del petróleo; extracción y beneficios minerales no metálicos, fabricación de productos metálicos; y finalmente otras industrias como editoriales e imprentas, así como un gran número de industrias manufactureras no clasificadas.3

La estructura comercial y de servicio de la ciudad de Puebla tiene como base el desarrollo de centros comerciales populares y de servicios; zonas comerciales, comercio especializado, tianguis y mercado de Abasto, ubicadas en la periferia y semiperiferia de la ciudad; de ahí se distribuye el comercio masivo que se genera en la central de Abasto y en el bien organizado sistema de surtido de las cadenas de centros comerciales. Como corresponde, cuenta con todos los servicios de un polo metropolitano moderno.

Los centros de suministro comercial establecidos en el municipio de Puebla son 34 mercados de los cuales 27 son municipales y 7 son mercados de apoyo; una central de abasto ubicada en carretera vía corta a Santa Ana; cinco rastros mecanizados, un centro receptor de productos básicos, 54 tiendas de Autoservicio y departamentales y 25 mil establecimientos comerciales.

Y la nueva expresión del consumismo citadino, de cultura urbana, sobre todo juvenil, el lugar de reunión, de cine, de ligue y de restaurantes de cierto nivel: los inefables centros comerciales. Existen ahora medio centenar de plazas comerciales, entre ellas: Plaza Dorada San Pedro, Loreto, Cristal, América, Express, Las Animas, Comercial de Puebla, Central Camionera, Central la Pedrera, Comercial San Alberto, Centro Comercial San Manuel, Plaza de La Luz, Galerías Fama, Jorge Murad  o la fayuca, Centro Comercial Veana, Plaza Bosques, La Noria, Solidaridad, El Campanario, El Paraíso, Palenque, Victoria, Imperio, Real de San José, San Francisco, Los Álamos, Zavaleta, Macroplaza, Plazuela San Miguel, Centro Comercial 5 de Mayo, Mega Comercial Mexicana y Liverpool. Decenas y decenas de tiendas Oxxo, supersitos y supersotes.4

Existen 4,549 cuartos de hospedaje y 84 hoteles que van desde cinco estrellas hasta de algunos otros que ya han perdido la estrella, que entre todos ofrecen una variedad culinaria de todos los niveles. Existen restaurantes de comida poblana tradicional, el mole se puede comer en decenas de establecimientos y además de cocina internacional una gama de establecimientos para la preparación de alimentos ocasionales, taquerías, torterías, cafés y bares; discotecas, centros nocturnos que ahora llamamos antros, de cariño. Aunque hay algunos antros verdaderos.5

El lado oscuro de la modernidad en Puebla muestra un rostro pesimista, la ciudad ha crecido en desorden, no sólo en su equipamiento urbano, sino en lo social, en un escenario donde el ciudadano no aporta porque no encuentra respuesta de su autoridad. Aunque el crecimiento ha sido monstruoso: en 1998 había en la ciudad 400 colonias, diez años después superan las 2 mil, a un ritmo de crecimiento de 10,200 metros cuadrados diarios. Basándome sólo en datos aportados por organismos del Ayuntamiento e información de los diarios locales de los años 2008-2010, la modernidad no es alentadora. Una cauda de índices negativos hace sombra a los éxitos tangibles de la administración de la ciudad y del Estado.

Están también las preocupaciones ecológicas ante el voraz crecimiento inmobiliario sobre los espacios verdes de la ciudad, cada día más escasos. Me dijo el periodista Aurelio Fernández en su despacho:

“Puebla creció entre 76 y 2005 en razón de 1.2 hectáreas diarias, es decir, tres zócalos, más de dos estadios Cuauhtémoc, diarios, encementado. ¿Por qué?, no sólo por la falta de planeación, sino básicamente por la corrupción y por la relación de las compañías inmobiliarias, que son las grandes devastadoras del asunto, vinculadas al poder político. Yo veo que esa parte es terrible. Por otra parte, lo que veo es una ciudad que me gusta menos que la ciudad de los 70 y 80, porque es una ciudad dócil, amenazada, entregada, desanimada, deprimida, triste. Triste, no por el núcleo donde uno está, yo tengo un núcleo de desarrollo espléndido, pero son núcleos; triste porque no hay fiesta; veo con mucha tristeza mi universidad con los estudiantes desinteresados, sometidos, corrompidos; sin ganas de luchar, ni ellos ni otros, por cosas que en otras condiciones no aceptaríamos de ninguna manera. Veo que digo cosas, que cuento cosas y no encuentro respuesta más que de un núcleo muy localizado. La universidad se desvencijó desde los 80, sobre todo en los 90, era la gran fuerza vital en esta ciudad y en el Estado, su carácter crítico y opositor, su fuerza alternativa, y eso se acabó, se fue perdiendo y no hay otras fuerzas. Yo he participado en muchos intentos de fuerzas civiles y lo que veo es que todos los que anduvieron discutiendo acaban de candidatos, acaban de funcionarios, acaban de sacarle tajada al asunto, entonces no hay una fuerza de resistencia en este Estado. Yo creo que nosotros, mi generación, no creo que lo pueda hacer, puede contribuir, pero no lo puede hacer; necesitamos una fuerza joven que se atreva y vea su fuerza ciudadana.
Necesitamos de una fuerza que yo llamo el partido ciudadano, pero cuando digo partido todo mundo cree que hay que registrarse en el IFE, cuando yo estoy pensando en los partidos del siglo XIX contra las grandes causas, que eran partidarios de una idea. Eso no existe hoy, son grupos de poder, que si no te postuló el PAN te vas al PRD o al PRI, es un trafique del carajo, todo lo negocian. No hay una ciudadanía, no existe una ciudadanía; de veras, eso es.”

El secretario de Gestión Urbana y Obra Pública para el Desarrollo Sustentable del ayuntamiento de Puebla, informó desde 2008 que el 45 por ciento de la ciudad está a punto del colapso por la falta de mantenimiento a los servicios públicos.  El drenaje, los pavimentos, las instalaciones eléctricas y la red de agua potable, entre otros, no corresponden a las necesidades actuales y futuras de la ciudad.6 El secretario de Obra Pública expone que eso incluye tuberías de drenaje destruidas, casonas en estado de ruina, colonias irregulares y sin servicios, semáforos que no sirven, vialidades viejas, inmuebles construidos en zonas de riesgo -sobre ductos de Pemex o cerca de barrancas y torres de luz.7

Existen 480 viviendas en el primer cuadro de la ciudad a punto de colapsar, poniendo en riesgo la vida de por lo menos seis mil personas. El ayuntamiento de Puebla ha identificado 59 inmuebles en estado ruinoso que carecen de techo. Sin embargo, en esos lugares habitan 897 personas.8 La propia presidenta municipal Blanca Alcalá Ruiz advirtió el 23 de julio de 2008 que en la capital del estado existen 48 puntos de riesgo.9

“Existe la idea de que el Centro histórico tiene que especializarse en dos actividades principales: el turismo y el comercio –opina el urbanista de la BUAP Francisco Vélez Pliego-. Son dos actividades que parecieran compatibles y las encontramos como demandas recurrentes, o como rechazos recurrentes, a las peticiones a la autoridad para tratar de mejorar materialmente el centro histórico. ¿Qué demandan los comerciantes? estacionamientos, bajo la premisa estadounidense de que si no hay estacionamiento no hay negocio (no parking: no shoping); hemos visto la ligereza de proyectos que proponen: ´hagamos del centro histórico un centro comercial-histórico´, sin reparar en los riesgos que eso implica, sin voltear a la historia, a las experiencias internacionales. Tenemos el caso de la City en Londres, que después de las seis de la tarde muere, se convierte en un espacio vacío de enormes proporciones cuyo costo de vigilancia es directamente proporcional al costo de la renta. Hoyos negros que confunden los grandes recursos de las ciudades para mantenerse vigentes. Vea el caso de Angelópolis en Puebla. Cuando han cerrado los comercios es un enorme vacío que requiere de una inversión muy grande en vigilancia. Si especializamos el centro histórico de Puebla a esos niveles, lo vaciamos de pobladores, de gente que de manera cotidiana vive y camina el centro histórico, para convertirlo solamente en un lugar de destino para el trabajo y para el consumo, los únicos residentes serían los visitantes, que no se pueden apropiar de la misma manera de la ciudad por razones obvias. En síntesis, los códigos de vida de una ciudad son apropiados o aportados por sus residentes. Entonces qué discutir del centro histórico: su destino. Hacia dónde trabajarlo, hacia dónde construirlo y, sobre todo, cómo hacer para que sea reapropiado por parte de los habitantes de la ciudad, pues cada vez es menor la proporción de población que tiene una experiencia cotidiana con el centro histórico. ¿Cómo hacerlo?”

El 25 por ciento del terreno de las colonias de la ciudad de Puebla no está escriturado. 60 mil personas habitan asentamientos peligrosos. Según información del gobierno local, en las colonias más antiguas el 40 por ciento de los inmuebles están abandonados. Pasa lo mismo con el 50 por ciento de las casas colapsadas en la colonia América y el 70 por ciento de Santa María.10

El ciudadano don Juan Manuel Brito opina: “Uno quisiera que ahora Puebla, en este milenio, se superara sin deteriorarse, sin perder lo que es, que progresara mucho alrededor del Centro Histórico, y que el Centro Histórico se conserve bien y se mejore; hay muchas casas abandonadas, no sabe uno si porque los dueños quieren que se caigan o si también los ayuntamientos se hacen cómplices, “deja, déjalo, se va a caer”. Ahí hay una en la 7 Poniente y 3 Sur, ya no queda más que la fachada, y así hay otras que se han venido cayendo y algunas de ellas eran muy bonitas. Valdría la pena estudiar y rehacer, quererla para que dé gusto venir y entrar a esas casas, no nada más la fachadita, sino las casas, con todas las comodidades actuales. A ver...”

La ciudad de Puebla se quedó sin espacios para crecer en infraestructura urbana habitacional, pues los asentamientos irregulares y la especulación inmobiliaria acabaron con las reservas territoriales disponibles, reconoció el director de Planeación Urbana del ayuntamiento de Puebla.11

De acuerdo con el conteo que realizó el Instituto Nacional de Geografía, Estadística e Informática (INEGI), el municipio de Puebla contaba con 40 mil analfabetas en 2005.12
Puebla se ubica entre los diez estados donde se registran las principales emergencias ambientales relacionadas con la contaminación por hidrocarburos, como fugas de ductos, derrames de carros tanque y pérdidas de materiales peligrosos de tanques de almacenamiento.13

El nivel de vida en Puebla es uno de los más bajos de todo el país, de acuerdo con el Índice Estatal de Cumplimiento de los Derechos Económicos, Sociales, Culturales y Ambientales, pues sólo cuatro de cada 100 familias habitan viviendas equipadas con aparatos electrodomésticos como televisión, lavadora, automóvil y computadora, mientras que cinco de cada 10 carecen de agua entubada, drenaje y energía eléctrica.14

En agosto de 2009, en Puebla hay 100 mil desempleados y 750 mil trabajadores informales: Inegi15 La entidad poblana es la tercera más marginada del país con 3 millones 600 mil pobres.

El estudio más reciente del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) concluye que el estado tiene un millón 420 mil poblanos en rezago educativo (25.3 %); 3 millones 220 mil personas sin acceso a los servicios de salud (57.5 %) y 4 millones 340 mil personas sin seguridad social (77.4%).16 Uno de los peores estados en infraestructura de hospitales, de acuerdo al Inegi.17

La década que vivimos antes que historia es vida es realidad, con sus ventajas y sus desventajas. Los recuerdos observan un pasado acomodado, segmentado y clasificado, en cierta forma objetivos a pesar de su subjetividad; el presente, en cambio, no nos ofrece ese privilegio, a la actualidad hay que vivirla en el quehacer cotidiano y en las breves pero inminentes necesidades de estar vivos, en acciones tan simples como respirar. El presente lo respiramos, pero no podemos darle alguna forma como a los recuerdos.

Los testimonios de los poblanos de hoy son una extraña mezcla de amor, de pasión, de preocupación; de primeras acechanzas en los más jóvenes, que tenían 10 años al despuntar el nuevo milenio, con una buena carga de resentimiento, pues sus oportunidades se han acortado.

La visión de un turismo que sólo aprovecha una parte de su potencial, con un centro hermoso y culto la oferta turística carece de imaginación y no termina por atreverse a probar visiones vanguardistas en el turismo potencial de la ciudad. Tampoco es un secreto –ni un misterio europeo- la solución: bastará con hacer un centro histórico caminable y sacar las mesas y las sillas para que la gente –turistas y locales– se siente a disfrutar de nuestro hermoso clima y la inobjetable belleza de la ciudad.

La crisis juvenil actual se debe a que los jóvenes carecen de expectativas, de proyección. Aquí se expresa nítidamente la frustración y la rabia juvenil por una realidad actual sin opciones, atados a la casa familiar por falta absoluta de oportunidades, sin viajes, sin deportes accesibles, en total desventaja con los jóvenes europeos que nos visitan en Puebla y que recibimos en nuestras casas. Una gran confusión ante esas limitantes que los convierte en seres vulnerables y los hace inestables, dubitativos, inconstantes. Como lo recordó mi amigo Paco de 19 años: “En el segundo de secundaria me salí del Oriente y me fui a La Salle, regresé otra vez al infierno puro, de nuevo, fue como el castigo que me tocó. Fue sólo medio año porque me corrieron a la mitad, porque te lo juro que la odiaba. Entonces me iba mucho de pinta, me iba demasiado de pinta, porque no soportaba esos ambientes”.

El miedo a la inseguridad en una ciudad poco amable para los más viejos; aceras irregulares y hoyos de obras mal terminadas que permanecen años en su lugar. “Camina uno sobre banquetas hechas pedazos –dice Rosita Gastelum-, yo no puedo caminar tranquila porque voy con miedo, está bien que me lleva mi hija y yo tengo mi bastón, pero está lleno de hoyos. Y luego la aglomeración de coches y coches y coches, esos famosos camiones blancos, microbuses creo que se llaman”.

Los padres no tenemos más que observar y tratar de ayudar en lo que se pueda. Cada día crecen los hijos como si fueran años, un día nos levantamos y ya son adultos de bigotes. Cómo explicarles que aún son nuestros bebés, se lamenta mi amiga Alejandra Gámez: “Tengo un hijo adolescente que no sabe moverse en camiones, tenemos pánico de que ya va a entrar a la prepa  y se va a tener que mover solo. Lo que vemos es que la ciudad no está planificada para que la gente ande segura a pie”.

Pero aquí estamos, viejos, maduros y jóvenes, a final de cuentas, muy contentos, viviendo nuestras vidas. Porque tampoco estamos llorando ¿o sí? Mi amigo Gerardo Yuca Sánchez lo expresa muy bien: “Yo he vivido siempre muy a gusto en Puebla, soy una persona agradecida, me he desarrollado bien, no he sentido limitaciones; sí he tenido la tentación de ir a otros lados, pero el tiempo que he vivido en Puebla he vivido muy a gusto, me ha gustado poder aportar en diferentes ámbitos, trabajos que he hecho, estudiar en la universidad que me sigue encantando, los volcanes me siguen encantando, hay una serie de cosas de Puebla que me gustan”.

“Tenemos lo que tenemos”, concluye Paco, un posible resumen de la identidad.
“Amo Puebla porque me gusta mucho –concluye con simpleza filosófica Margarita Aurora Martínez Ramírez-, el centro histórico es como con mucha historia, la arquitectura me gusta, me gustan los dulces, la gastronomía, supongo que por todo eso; mi familia. Yo creo que esa es mi poblanidad. Es mi identidad, lo que nos diferencia de otros. Aunque tenemos mala fama, tenemos fama de mochos y sangrones ¿no? Yo escuchaba de esa mala fama, de que puedes ir en la calle y un poblano viene de frente, pero él se cruza la calle para no saludarte; no sé, creo que sí somos difíciles. Hay ciertas características que los poblanos tenemos. Pero yo no cruzo la calle para no saludar a alguien. Como en todos lados, la gente es buena y hay de todo. Pues no sé, de repente sí hay como ciertos grupos…”

¿Cómo imaginamos la economía los residentes de una ciudad, desarrollando qué tipo de actividades? ¿A cuáles consideramos prioritarias? El urbanista Francisco Vélez Pliego responde a manera de conclusión: “En Puebla nos hemos dedicado al comercio, a la industria, a la educación, a servicios de muy distinta naturaleza; por ejemplo fuimos aduana durante el virreinato, controlábamos todo lo que era el beneficio de la plata a través del azogue, etc. Hemos sido una ciudad multifacética en sus actividades económicas, pero aquí la pregunta es cómo nos vemos en el futuro, qué aspiramos a realizar como actividades económicas, de producción de qué, de qué clase de manufactura para que la ciudad y la región sean pujantes, para que efectivamente se inscriba nuestra economía en una dinámica de enriquecimiento, de producción, de riqueza, a partir de las habilidades y las competencias de sus ciudadanos. Cómo hacer, a partir de las visiones que tenemos de lo que es la actividad económica, social y productiva, para imaginar un mejor destino de la ciudad.
Hay respuestas fáciles: hay que dedicarle todo nuestro esfuerzo al turismo. Pero además de destino turístico somos muchas otras cosas, somos textiles, somos cuero, somos ciudad educadora. Cómo construir una visión colectiva que acepte esa diversidad de lo que somos. ¿Qué queremos ser como futuro?” 



Citas
1) http://www.turismopuebla.com/wiki/index.php/Puebla_Municipio
2) Ibid
3) Ibid.
4) Ibid.
5) Ibid
6) La Jornada de Oriente, Viernes, 27 de junio de 2008, Josué Mota Corro
7) La Jornada de Oriente, Viernes, 27 de junio de 2008, Josué Mota Corro
8) E consulta, por Mónica Camacho, viernes, 20 de junio de 2008
9) E consulta, miércoles, Mónica Camacho, 23 de julio de 2008
10) El Sol de Puebla, 7 de julio de 2008
11) Síntesis / Elizabeth Cervantes, 14 de julio de 2008
12) La Jornada de Oriente, Jueves, 4 de diciembre de 2008
13) E-consulta, Eduardo González Soto, 28 de junio de 2009
14) La Jornada de Oriente, Mónica Camacho, Martes, 30 de diciembre de 2008
15) La Jornada de Oriente, 17 de agosto de 2009
16) Quinta columna, Selene Ríos Andraca, 15 de diciembre de 2009
17) La Jornada de Oriente, América Farías Ocampo, Martes, 19 de mayo de 2009