miércoles, 25 de mayo de 2022

Migrantes

 


No son visibles como los emigrantes internacionales que saltan el muro, no transitan por desiertos en frías madrugadas, no hacen marchas fabulosas bajo la atención del mundo y tampoco cruzan ríos caudalosos; pero también son migrantes; también son pobres. Muy. Tanto, que no pueden dejar a sus numerosas familias en el pueblo ¿a qué? Por eso viajan con ellas enormes distancias para vivir en infinitos campos agrícolas equipados con campamentos para instalarse ahí con su familia toda la temporada de barbecho y cosecha. Estos migrantes tampoco hacen nada en la penumbra, son mexicanos documentados, a veces viajan en autobús, frecuentemente en las bateas de vehículos diversos, depende de la distancia, porque trabajo agrícola existe en todos lados, visité algunos de esos campos en Veracruz, Puebla, Hidalgo, Guanajuato, Zacatecas, Chihuahua y Sonora; van a las pizcas de hortalizas en los infinitos campos de monocultivos propiedad de mexicanos y de gringos. Ajo, sandías, cebollines; café, chile, ejote. Y sus hijitos ahí. Unos migrantes poco glamorosos que casi nadie ve. No cruzan fronteras, no son noticia apetecible a nadie; son los Nadie de Eduardo Galeano

Foto de Mitos sin sustancia

viernes, 13 de mayo de 2022

Choque en el Independencia

 


Hoy hace diez años fue un día de reflexión y mecánica. Reflexionamos en general sobre la vida, la suerte y el destino, que a veces parece ensañarse, pero sobre todo sobre la vida, que insiste en darnos más y más oportunidades para experimentarla. Antier fueron Maru y Tech al Mercado Independencia, en la vuelta en U, previa a la entrada y conforme a la flecha que te autoriza a darla, un joven decidió pasarse el rojo en su gran camioneta y agarró a nuestro Tsuru por la esquina delantera, le dio vueltas como una pirinola sobre la Avenida de las Torres. Daño material mayor, pero de haber pegado un metro atrás frente a la puerta de Teresa en este momento estaría escribiendo del hospital o del panteón, pues los 60 kph que acepta el chofer no son creíbles frente a los daños causados. Pero las muchachas bien, que es lo único verdaderamente importante en todo este sainete. Llegó el jefe del chofer, creo que la mamá y "yo no fui, fue teté"; el peritaje de los peritos es una mala broma y cual Damocles, deciden desconocer la versión de testigos y se circunscriben a la voz de los implicados. Una mala jugada el tal peritaje, pues un empleado de Purina, que estaba de frente al semáforo, vio perfectamente cómo se pasó el alto la camioneta, pero no sirvió de nada. Mi argumento fue sencillo: nosotros ya no tenemos coche, su camioneta apenas sufrió daños, ahora van al corralón y van a estar ahí quién sabe cuánto; no me importa, pues como digo, ya no tenemos coche, pero ustedes tampoco tendrán su camioneta. Piénsenlo de aquí al Sector 3 y actúen en consecuencia.

Lo pensaron. En el sector 3, ya con abogado, quisieron negociar. Yo valoré el golpe en 10 mil pesos (tú sabes que no soy herrero, pero le fallé por 150 pesos) y les pedía la mitad de eso. Tras ¡ocho horas! de espera a los agentes (es increíble, cómo puedes esperar ocho horas a unos agentes afuera de un edificio vacío. Fueron a su casa, comieron, se bañaron, se echaron un polvo, una siesta y luego decidieron ir a trabajar: "les pedimos disculpas, somos dos peritos para media ciudad". Opero tampoco hacen un gran esfuerzo ni mucho menos), sentados en la banqueta, cansados, hambrientos y estresados, terminé aceptando tres mil pesos de pago por daños, menos mil del "arrastre" y multa por licencia vencida; salimos de ahí (es un decir, porque nunca entramos al sector 3, te atienden en la banqueta, no hay secretarias, está cerrado y vacío) con la sensación de haber perdido algo. Esa misma noche volvimos a constatarlo: habíamos perdido nuestro coche.

Pero estamos bien, nos hemos reído de nosotros mismos hasta la histeria. Y hemos reflexionado sobre todo ello. La vida sigue dándonos la oportunidad, aunque el destino insiste en ponernos a prueba. Le contaba Malú a su prima el accidente por messenger, la prima de Cuernavaca le respondió: "eso no es nada, prima, el lunes nos secuestraron a mi esposo y a mí, nos llevaron a un lugar donde había otro secuestrado. A las dos horas oímos un alboroto. Era la policía que había localizado el lugar por el chip del vehículo del otro secuestrado. Al entrar nos descubrieron y nos liberaron. Tuvimos mucha suerte". De eso ni duda cabe.

13 de mayo de 2012

Foto revista Malinali

 

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sábado, 30 de abril de 2022

De niñas y de niños

 


Un 30 de abril de 1995, aproximadamente, le di un libro de regalo a Luz por el “Día del niño”; lo recibió, desde luego, pero me preguntó con ambición: ¿cuándo es el día de la niña? ¡Es hoy, también!, le respondí, al tiempo que reconocía que algo fallaba en la denominación de esta antigua celebración. A partir de entonces, tanto en familia como en la estación de radio, incorporé el “Día del niño y de la niña”, que al unísono también implementaron otros padres y funcionarios del gobierno que tuvieron, quizás, una experiencia similar, pues por entonces el lenguaje incluyente definitivamente no era algo de nuestro mundo. De modo que son las generaciones las que empujan esos cambios, y a veces, como en este caso, desde muy temprana edad.

Hace tiempo dejaron de ser niñas –bueno, Luz ha dejado de ser oficialmente “joven”, tengo entendido–, pero para nosotros ustedes serán por siempre nuestras niñas. Las niñas de nuestros ojos, de nuestras entrañas y de nuestras vidas. ¡Felicidades, mis niñas!


Foto de Eugenia Monroy

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martes, 19 de abril de 2022

Tono enológico

 


En el súper debo elegir entre un vino Merlot y Cabernet, olvídate de casi todo lo demás. Hay que seguir probando los chilenos y otros italianos.

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sábado, 16 de abril de 2022

Ningún pariente

 

Porfirio Díaz condecora al cadete Federico Méndez Rivas

En los últimos meses estuve releyendo/remirando la historia gráfica de la revolución de Toscano, una maravilla de información visual; voy en el tomo 6, creo que no avanzaré más y no completaré los diez porque a mi juicio aquí terminan las fotos de la revolución.

Adelitas/Casasola

Las fotos importantes de la revolución mexicana están en esos seis tomos, de la Adelita al brazo del general Álvaro Obregón flotando en un frasco con formol, que conocí en el museo mausoleo de San Ángel; a partir del tomo 3, la colección se pone un poco oficialosa, está el corazón de aquel diferendo que terminó gobernando la Nomenklatura bélico-legal que siguió a la muerte de Obregón, la institucionalidad con todos sus rumores militares.

Postín, no tarugadas/Casasola

Los siguientes presidentes, breves al principio, muy elegantes en las impecables fotografías en blanco y negro tomadas o rescatadas por la hacendosa familia Casasola, comenzando por don Gustavo; retrataron al servicio público de México y cumplieron un papel imprescindible de cronistas de la imagen,  con don Porfirio encabezando ceremonias a cuál más solemnes y de verdadero postín.

Gran festejo para el centenario de la Independencia

Que si el embajador japonés, que si el español. Y comienza también una sucesión de nombres y renombres que son los participantes y los ganadores de los puestos que se repartieron con generosidad. En fin, mil nombres. Diez mil nombres. Los he leído con relativa atención y hay una notoria ausencia de nuestros genes en la conflagración, ningún ancestro Noyola que haya estado en aquellos eventos, en un puente, en alguna manifestación, nada; están todos los demás, Meades desde 1910, Muños Ledos y, desde luego, López, desde el XIX, pero ningún Noyola, será que esos estados de donde proviene nuestro apellido, concretamente San Luis Potosí y Zacatecas, participaron muy discretamente en la revolución, el que no haya parientes nuestros en los seis tomos del la enciclopedia de Casasola.

La bisabuela Magdalena Venegas

Rocha, en cambio, hay; en la reforma tenemos a Sóstenes y en la revolufia uno que otro, incluso zapatistas, pero ese es un apellido prestado por don Candelario Rocha a mi abuelo Leopoldo, que desposó a su madre  –en la foto– y le dio su apellido.

El abuelo Leopoldo Rocha Venegas

Se conjetura que nuestro verdadero bisabuelo haya sido un chino, pues dejó claras señas en el rostro del niño, pero los chinos apenas aparecen en el libro de Casasola, creo que colgados de unos postes telegráficos en Mazatlán. Estoy históricamente preocupado y sé que tú tampoco. La de la foto es Magdalena Venegas, madre de Leopoldo Rocha, no era una Adelita, era una campesina de San Juanito, pero participó en la batalla del 11 de diciembre de 1910 en Cerro Prieto, Chihuahua, para defenderse de los crímenes que venía cometiendo en la región el ejército federal, que comandaba el temible general Juan J. Navarro.

Chinos de Torreón

No fueron parientes nuestros.


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viernes, 25 de marzo de 2022

Las Bachianas Brasileiras –ficha–

 

Puedes escuchar la gran interpretación de la Bachiana número 5 a cargo de soprano argelina Amel Brahim-Djelloul AQUÍ: 

Las Bachianas Brasileiras de Heitor Villa - Lobos son nueve, fueron escritas en un periodo de 15 años entre 1930 y 1945; tres (las bachianas 2, 7 y 8) son para orquesta; una para orquesta de cuerdas (la 9), la Bachiana 1 para ocho violonchelos, y la famosa Bachiana brasileira número  5 para soprano y ocho violoncelos; posteriormente, Villa - Lobos haría un arreglo para soprano y guitarra; una con piano solo (la 4), otra para piano y orquesta (la 3); finalmente la Bachiana Brasileira número 6, para flauta y fagot, escrita por este inspirado compositor brasileño fallecido en 1959 a los 72 años de edad.

Hay grandes interpretaciones de estas obras, sobre todo de Bachiana brasileira número 5 para soprano y orquesta, empezando por María Callas, pero la han interpretado todas las grandes sopranos de la ópera. Es hermosa.

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viernes, 25 de febrero de 2022

Clase media de baja tesitura


En la universidad, a finales de los años setenta, la noción de la lucha de clases era lo que privaba en las conversaciones sobre casi cualquier tema. Recuerdo que no era bien visto hablar de clase como categoría social para diferenciase de otros individuos, tampoco podía reconocerse el pertenecer a una clase media o algo alta –en la que alguien podía reconocerse– y menos de la inefable clase media a la que casi todos los universitarios pertenecíamos en aquel país en donde todavía existían campesinos y el proletariado era una suerte de ícono por el que todos presuntamente luchábamos por su liberación, eso era la izquierda; con los proletarios estábamos en tácita y automática concordancia, aun cuando fuera como mirones bien intencionados. Y claro, pequeñoburgués, el epíteto más temido y nunca mejor aplicado a esa acumulación de prejuicios y estereotipos en la que estaba sustentada aquella endeble ideología falsamente marxista.

En medio de esa discusión, rodeado de familiares y amigos estudiosos de la teoría del capital en sempiternas células clandestinas, mi comprensión del tema era más bien limitada, interesado como estaba en el arte plástico tachado por el estatus quo de capricho burgués e instrumento del imperialismo. “El óleo –me indicaba un militante de la Upome–, es un instrumento del imperialismo que te convierte en propagandista de sus fines”, lo que no le impidió robarme un cuadro al óleo de mi casa.

Hablando del progreso de lo que antes se era y ahora se es, doña Cirila Esteban en un pueblo del municipio de Zautla, en la Sierra Norte de Puebla me hizo un eficaz resumen de su vida en el que cada quien hace su balance final, una prueba fehaciente de que el tema del progreso es más complejo de lo que se supone, juzga por ti mismo:

“En el pueblo todo estaba muy mal, sin agua, sin luz, sin calles, sin nada. Un lugar cerrado, de plano. No había ni ¿cómo le diré?, no estudiaba la gente, quien quería estudiar estudiaba solo y el que no ahí se quedaba. A como yo, porque yo aunque tantitito empecé a conocer un número o letra, gracias a mi esposo. Ya él fue el que me dio la instrucción, y es como yo empecé a leer. Donde le digo a usted que yo ni hablaba castellano. Sí, medio entendía, pero ya para platicar no. Cuando me casé nomás hablaba náhuatl, pero mi esposo me enseñó a hablar, a escribir. Yo quería estudiar, pero mi papá no me dejó. Oía que en Teziutlán estaban llamando chamacos para estudiar. Le dije yo a mi papá: papacito, me voy a Teziutlán, voy a estudiar. “No no, mi hija, siéntate a trabajar en el metate a hacer tortillas”. No, pero yo quiero ser maestra papá. “No, enséñate a hacer tortillas”.  Ya, qué me quedaba. Ya no. Pero gracias a Dios, aunque sea cerrada y todo, ya que empecé a estar de novia, le dije a mi esposo: me vas a pedir pero bien pedida, si no no. Salí bien casada, gracias a Dios, y ya él me empezó a enseñar: “no, mira, esto y lo otro”. Tuvimos cinco hijos. Otra cosa, ya con otra vida. Uno anda en Querétaro, es teniente, el otro está en Mazatlán y otro está aquí. Y mi hija está en Zaragoza. Gracias a Dios ahí fuimos saliendo, nos fue sacando mi esposo, porque yo… Y luego, cómo le diré, el negocio, porque ahí se entrena uno, ¡abre uno los ojos!, ahí se enseña uno más, conoce gente y todo.”

El ascenso de amigos de clase proletaria a clase media fue un fenómeno recurrente durante el último cuarto del siglo XX. Chano y Lula ascendieron del proletariado cuando la empresa donde Chano era obrero calificado les entregó su casita relumbrosa en un Infonavit de Cuautitlán Izcali y abandonaron para siempre el pisito rentado en el corazón del barrio bravo de Tepito, donde nacieron y crecieron. Su hermana Paty un día terminó la universidad, habitó desde entonces en el sur de la ciudad de México y terminó su doctorado en un notable ascenso de clase social. Esa es para mí la imagen del progreso, el mejor ejemplo de movilidad social. Así ocurrió en otros casos de familias cercanas a la nuestra que con un gran esfuerzo, algunas oportunidades económicas y otras sociales, subieron el peldaño a una situación menos exigua, como fue el caso de Doña Esperanza, quien nos hacía de comer a tres estudiantes y un día me pidió que le enseñara a escribir su nombre; así que todos los días, después de darme de comer, sacaba su cuadernito y su lápiz y revisábamos su tarea. Desde luego aprendió a escribir su nombre y a leer las rutas del transporte urbano que debía tomar. Bueno, pues pasó el tiempo y su adorado hijo Camilo se tituló como licenciado en la UNAM.

Yo suponía –y sigo suponiendo– que esas pequeñas o grandes ganancias personales y familiares tienen que ver con las clases sociales y esas familias amigas de la nuestra innegablemente ascendieron de clase social al recibir el fruto de su esfuerzo en aquel México en donde los jóvenes creíamos que todo era posible con organización (y lo sigo creyendo), que era factible la esperanza nacional de sustituir al PRI. 

La clase media consistía y consiste en vivir bien sin posibilidad alguna de adquirir nada más que los elementos mínimos para una vida confortable. Vivir al día, sí, pero vivir bien al día. Imposible comprar una casa o cambiar de vehículo por algo menos anticuado, pero suficiente para pagar una renta y adquirir a plazos alguna carcacha para movilizarte del trabajo a la universidad. Era un lujo, pero también una necesidad posible de satisfacer con mi sueldito de burócrata.

Entonces clase media significaba, como ocurrió también en mi niñez como el cuarto hijo de la pareja de telegrafistas pueblerinos, tener pan y leche en el refrigerador, comer carne, queso, mermelada; y ya en la capital de México consistía en ir al cine, a la playa de vez en cuando; los cigarritos cotidianos y el roncito semanal. Hasta hoy creo que eso es lo que significa ser de clase media, poder trabajar y estudiar, comprar el Proceso y La Jornada; comprar Vuelta e ir a la Muestra Internacional de Cine, alguna vez en algún teatrito coyoacanense; ir al restaurante Veracruz de Plaza Universidad cuando venían mis papás, terminar algún viernes de farra prematura de quincena en algún Potzocalli comiéndome un pozole como animal.

Las crisis económicas que iniciaron con aquella señal echeverrista al devaluar la moneda de 12.50 a 26 pesos en agosto de 1976, el mes que llegué a la ciudad de México desde mi pueblo chihuahuense, subieron y bajaron su intensidad en los años siguientes. Aun en los peores momentos con Miguel de la Madrid en los años ochenta, luego del doloroso despilfarro y la dolosa corrupción del lopezportillismo, los mexicanos no teníamos ni idea de lo que nos reservaba el destino, pues entonces era Argentina el mejor ejemplo de crisis económica; Colombia y Brasil los paradigmas de violencia nacional. Por supuesto aprendimos a apretarnos el cinturón, pero eso significaba acaso perder algunas cuantas prerrogativas que no alcanzaban a erosionar el piso de nuestra clase social. Pero un día vimos que sí, nos habíamos apeado de la clase media a una de indeterminada tesitura descendente, comenzó una crisis económica que nunca terminó.


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