jueves, 12 de abril de 2018

Cazadores recolectores hoy


El pobre aprende a razonar como los antiguos cazadores recolectores. Es un asomo que inhibe sus deseos de alcanzar algo que esté más allá de su sustento fundamental, que es el que aplaca el hambre. El cazador piensa en lo inmediato y el futuro no significa nada, excepto que se trate de un invierno muy frío o un desastre natural que acabe con sus presas. El cazador vive al día, a la hora. Si caza come y si come se relaja; si no caza sufre hambre.

Los cazadores-recolectores formalmente no existen, sin embargo, en un país con tantísimos pobres, la mentalidad de aquellos ancestros pre-agrícolas se renueva en los embates de cada nueva crisis, aunque ya no se persigue a pequeños mamíferos sino a esquivos kilogramos de frijol o de tortillas, uno que otro huevito y cuando la fortuna es magnánima una piernita de pollo hormonado.

La actual cruzada contra el hambre enfrenta este dilema, pues unos pocos hablan desde una perspectiva desarrollista que considera planeaciones, proyectos y acumulación de capital, mientras que el resto aspira solo a asegurar la comida de ese día y, con sobrado entusiasmo, de la semana que empieza cualquier día.

Foto de: arquitectura.medellin.unal.edu.co

miércoles, 28 de marzo de 2018

Confesión de piedra


Como es de esperarse, en Puebla existen multitud de leyendas protagonizadas por curas o monjas; algunas son la misma leyenda con algunas variaciones y casi siempre los religiosos son víctimas de algo o alguien que les procura algún perjuicio, engaño o robo. La historia me la contó Francisco Jiménez.

Esta es una historia sobre el bulevar 5 de mayo, por el barrio de Analco, donde hay una cruz de piedra cerca de un parque y trata de la historia de un sacerdote que, a finales de 1700, muy tarde en la noche, en el momento en que llegaba a su parroquia, una persona lo abordó solicitándole escuchar una confesión.

-       Padre, quiero confesarme
-       Claro que sí, hijo, con todo gusto –le dijo el sacerdote–.
-       Quiero confesarme –repitió el hombre–.
-       Vamos a la parroquia.

Pero esta persona le dijo que no, que tenía que ser ahí, en la calle.
-       Yo no puedo entrar al templo, señor cura, he cometido muchos errores y muchos pecados.
Entonces, ante la insistencia de esa persona, el sacerdote accede a confesarlo en la calle; el hombre había sido de todo: ladrón, asesino y muchísimas cosas, por eso no podía entrar a la iglesia. Cuando termina la confesión, el cura lo absuelve y el individuo afirma tener que pagar una penitencia.

-       Prometí poner una cruz de piedra, pero no puedo hacerlo personalmente por ciertas circunstancias, ¿me haría usted favor de hacer esto, de mandar poner una cruz de piedra en señal de que sí ocurrió esta confesión?
-        Claro, con todo gusto, hijo, –respondió el sacerdote– pero ¿por qué una cruz de piedra si has sido absuelto de tus pecados?
Pero en ese momento la persona desaparece.

Entonces el religioso comprende que estuvo con un alma en pena que lo que buscaba era expiar sus pecados. Y así es como me la narraron, creo que hay algunas variantes de esta leyenda, pero la leyenda es básicamente esa, y se refiere a una cruz de piedra que está en Analco. Una que está incrustada en una pared cerca del Puente de Ovando y otra cruz de piedra en el parque de Analco, se trata de una de ellas. Son leyendas hermosas que se graban en los pensamientos de las personas. Las leyendas se repiten, a veces de ciudad en ciudad, pero son muy ilustrativas.

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lunes, 19 de marzo de 2018

Memoria, oralidad e historia



Nada, en lo que constituye la memoria, sobra o estorba, su bagaje incrementa el sentido y la responsabilidad social de los ciudadanos, ilustra sobre nuestros defectos e ilumina las virtudes de un pueblo que, como el nuestro, está urgido de antecedentes positivos y de optimismo social.
                      
La entrevista es un producto intelectual, un producto de conocimiento. La fuente oral es la memoria, que tiene un carácter subjetivo y tendencia a interpretar la historia más que a reflejarla. La clave de la oralidad radica en encontrar sentido no solo a lo que la gente dice, también a lo que no dice.

La oralidad indaga sobre las representaciones sociales del amor, la pareja, la niñez, la sexualidad, la familia, el honor o el gusto, tratando de verificar y explicar sus transformaciones. Ofrece a la historia de la sociedad la posibilidad de comprender las experiencias, valores y gustos, de conectar aspectos simbólicos e imaginarios con las condiciones materiales y relaciones sociales.

La Oralidad es un territorio discursivo y político que da sentido a los debates, a las reivindicaciones, a las políticas afirmativas y, consecuentemente, a la transformación social. La oralidad presupone un espacio de democracia y debe ser capaz de elaborar proyectos útiles a la sociedad, como la inclusión social basada en la expresión de la memoria y la identidad grupal.  

El testimonio, más que una imposible objetividad, busca apreciar una polifonía de interpretaciones posibles, procedentes de nuestras observaciones: rostros, personas, espacios, grupos, barrios o ciudades. La literatura testimonial debe construir su difícil camino entre el objetivismo y el subjetivismo.

El resultado no es una memoria bruta, sino una memoria formalizada por el escritor, lo que impone que este actúe no solo como científico, sino como un artista que, en palabras de Pierre Vidal Naquet, creará “una historia-memoria, obra de investigación, obra de arte”.

Las fuentes de la oralidad son fuentes narrativas; por lo tanto, su análisis requiere de una combinación de herramientas analíticas y perspectivas teórico-metodológicas de otras disciplinas como la crítica literaria, la antropología, la sociología y la psicología.


Foto del autor
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lunes, 12 de marzo de 2018

La toma de Juárez y el telégrafo



En 1913 Francisco I. Madero es traicionado por su secretario de Guerra y asesinado a mansalva. Villa, Carranza, Obregón, Zapata y otros jefes militares reinician una lucha apenas iniciada y apenas suspendida, contra el traidor. A la caída de Victoriano Huerta las negociaciones políticas de los jefes revolucionarios crecieron en calidad. Caído "El Chacal" las posibilidades de diálogo fueron de nueva cuenta necesidad imperiosa entre los mexicanos. Poco duró la posibilidad, pero en lo sucesivo las líneas del telégrafo dejaron de ser el blanco principal de los ataques, pues aún rotas las relaciones entre la División del Norte y el ejército Constitucionalista, siempre existió la posibilidad de un arreglo político.

Justamente en la ruptura de estas dos facciones revolucionarias el telégrafo tuvo un papel importante. El excelente relato de don Silvestre Terrazas, periodistas chihuahuense que sirvió como secretario particular de Francisco Villa en su gubernatura del estado, titulado en forma de libro como El Verdadero Pancho Villa, nos narra el episodio con gran atención a los servicios del telégrafo, como su papel en la ruptura de relaciones entre Venustiano Carranza y Francisco Villa a través de los hilos en 1914; un año antes, todavía en paz, Villa demostró a propio y extraños que era un estratega creativo e ingenioso con la segunda toma de Ciudad Juárez en 1913, cuando, combinando el robo del ferrocarril con el uso imprescindible del telégrafo, tomó sorpresivamente la frontera con los Estados Unidos.

Viendo la inutilidad de seguir peleando en Cerro de Santa Rosa, cuenta Terrazas, contra un contingente huertista bastante superior bastante al suyo, y previendo próxima escasez de parque, "ordenó reunión y embarque en los trenes de que disponía a no larga distancia, para dirigirse aparentemente al sur  después de varios días de ataque, en la primera quincena de noviembre de 1913." Hizo creer a los huertistas que más se trataba de una desbandada villista que de una reorganización, desembarcó de noche sus fuerzas y las envió por tierra al otro lado de la Capital del estado, invirtiendo su posición y "desapareciendo del mapa", literalmente, a su contingente de unos trece mil hombres.

Luego, "con unos cuántos hombres, sigue Terrazas, Villa trastumbó los cerros, llegando intempestivamente a Estación Terrazas, en donde dos de sus hombres se echaron materialmente sobre el telegrafista que a la vez era jefe de estación, sin darle señal alguna en su aparato, y preparado el telegrafista de confianza que acompañaba a Villa, se posesionó del telégrafo, enterándose de los mensajes que se cambian entre Chihuahua y Cd. Juárez, pues por ningún motivo quiso interrumpir las comunicaciones."

Por esta vía se enteró de un tren que salía de Juárez cargado de carbón Villa y su reducido contingente esperó en la estación la llegada del tren, al que asaltó sorpresivamente, sometiendo a sus conductores. Acto seguido. hizo descargar rápidamente el carbón del tren a su ejército para que, a la brevedad posible, se trasladaran a dicha estación. "... ordenó el embarque de la infantería, indicando que la artillería fuese por tierra, bajo el mando del general Ortega, protegida por la caballería, indicando luego la marcha de estas.

"Villa ordenó la destrucción de algunos puentes al sur de Terrazas, no sin antes dirigir mensajes a Chihuahua y a Juárez, con firma del conductor del tren en carga, diciéndoles que al llegar había descarrilado pero creía que pronto  quedaría listo, y pedía órdenes, pues sabía que cerca de allí, al norte de Chihuahua, merodeaba por la vía una fuerte partida de sublevados que esperaban el tren para asaltarlo, habiendo destruido varios  puentes al sur de Estación Terrazas; que le diera órdenes inmediatas para proseguir a devolverse a Ciudad Juárez para evitar la destrucción del convoy."

La respuesta llegó poco después, ordenándose que se regresara a Juárez, avisando telegráficamente desde cada estación del trayecto su condición.

"En los momentos de partir el tren, Villa ordenó la destrucción de comunicaciones al norte y sur de la estación llevándose consigo los aparatos telegráficos y al telegrafista jefe de estación en unión del suyo. Todavía, después de su tránsito, ordenó la destrucción de varios puentes y telégrafo al sur.”
Los hombres de los que habla Terrazas, me entero ahora revisando el archivo Casasola, eran el Mayor Carlos Moreno Velázquez y los capitanes Loreto Hernández y E. Armendáriz, que posaron orondamente para esta fotografía recuperada en esta magnífica edición de imágenes de la Revolución. 

"En cada estación telegráfica hacían cosa igual –prosigue Terrazas–: se detenían el tren a cierta distancia y llegaba la máquina sola, sorprendía al telegrafista de la estación e instalaba Villa al suyo, pistola en mano, comunicándose con Ciudad Juárez: "Vamos sin novedad. Espero sus órdenes en la estación próxima."

"Confiado plenamente el Cuartel General de Juárez que sería el tren de carbón el que llegaría como a media noche, no se preocupó más"1

Como a la media noche, efectivamente, el tren llegó cargado de tropas, no de carbón, y en menos de dos horas hubo dominado la frontera. Se tomaron las garitas, los cuarteles y un casino de juegos de azar repleto de militares. Solo el cuartel de irregulares orozquistas resistió hasta las primeras horas del día siguiente, cuando finalmente cayó en poder de los villistas.

Fue una operación tan original como provechosa. Su fama alcanzó confines insospechados, como el Japón, desde donde mandaron felicitaciones, unos meses después, por medio de un cónsul especial que Villa recibió en la propia ciudad fronteriza.
Había hecho Villa una jugarreta genial apenas comparable con el engaño homérico del Caballo de Troya, donde los griegos, usando las cualidades de  sus artesanos, sorprendieron a los troyanos con un hermoso caballo de madera en cuyo interior había un ejército escondido.

Dentro del país, Villa recibió felicitaciones del Primer Jefe, don Venustiano Carranza, y del Jefe del Ejército del Noroeste, general Álvaro Obregón, que peleaban junto a él con un mismo objetivo: derrocar al régimen usurpador de Huerta.

Nota:
1 Terrazas, Silvestre, El Verdadero Pancho Villa, Ed. ERA, México, 1985, p.  78
Fotos de la Historia Gráfica de la Revolución Mexicana de Gustavo Casasola, Tomo 2, p. 699, Ed. Trillas, 1992.

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lunes, 5 de marzo de 2018

Los líderes todo lo deforman


Esta foto se la tomé en el zócalo de Puebla, junto al asta bandera, donde Delfino Flores Melga con sus 90 años a cuestas protestaba frecuentemente por diferentes causas sociales derivadas en alguna de las colonias que él ayudó a fundar en los cordones populares de la ciudad. Sucedió muy poco antes de que el gobierno de Rafael Moreno Valle lo encarcelara sigilosamente y lo dejara morir en una helada celda acusado de despojo de un predio que un particular reclamaba como suyo pero que nunca pudo demostrar. No importaba la razón, por su edad, don Delfino, por ley, no debía estar detenido sino bajo arraigo domiciliario.

Un buen día lo agarré de buenas y nos metimos en un café donde me platicó muchos detalles de su vida en una larga plática. Te comparto un fragmento.


Don Delfino Flores Melga:

Voy a platicarte cómo empecé yo ¿verdad? Yo nací en la Hacienda la Noria ¿sabes dónde está? Bueno, ahí tú sabes que, como toda persona que nace en una hacienda lleva una vida de trabajador, de clásico trabajador. Entonces, a los seis años nosotros empezamos a trabajar en lugar de ir a la escuela.

Nací el 24 de diciembre de 1924. Imagínense que en esa época no había  las facilidades de hoy, aunque hoy se ha deformado por los malos líderes que hay. Pero en esa época, uno nacía, se criaba ahí, servía ahí, y hacia algo no sólo para el patrón, pues acuérdate que en esa época el patrón no tenía todo para él, sino que a los trabajadores también les daba algunas facilidades. Por ejemplo ¿qué daban en una hacienda? En una hacienda te daban frijol, te daban maíz, te daban casi todo para comer y eso es lo que tenías para vestirte, para hacer esas cosas. Estos hablando de una Puebla de hace más de sesenta años. En esa época nosotros nos dedicábamos a lo que teníamos que hacer. Muy poquito de la vida de la ciudad; nos olvidábamos. Por ejemplo, yo a la edad de seis años ya era un “apoyador”. ¿Qué es eso? Es un hombre que toma al becerrito de un “estand” y lo pone junto a su nana para que el ordeñador pueda ordeñar y no tenga problemas con la vaca, con la leche que así va a dar siempre. A los nueve años era yo el ayudante del que cuidaba las cémilas. Vaya, en esa época nosotros no teníamos tiempo de  prepararnos, de aprender algo para podernos desenvolver. No, nosotros en el rancho lo que aprendíamos era lo que en el rancho se hacía, nada más.

Mi papá se llamaba Tomás Flores Luna. Era campesino de hacienda. Mi mamá se llamaba Margarita Melga Salamanca, y como en esa época la mujer se dedicaba a los hijos y al hombre, al patrón no le servía. Para el patrón el que servía era el hombre. La mujer para cuidar a los hijos y atender su casa, porque aunque vivías en un rancho, no vivías amontonado. ¡Ah, no! En ese rancho te daban toda la facilidad. Te daban tu casa, tu cocina. Era un cuatro con una cocina, pero a fin de cuentas te daban dónde vivir. No estaban así nomás a la deriva. De alguna manera tenías una serie de facilidades que te daban una mejor vida que la que ahora tenemos. ¿Por qué esto se empezó a deformar? Lo que hemos comentado siempre, porque los líderes se han encargado de deformar todo esto.

Nosotros los pobres...

Las expropiaciones que hicieron en Angelópolis no creas que la van a disfrutar las gentes como nosotros. Antes, el rico, aunque te fregaba, te daba de comer, te cuidaba para que le sirvieras. Desde muy pequeños tomábamos la decisión. A los 12 años. “¿Qué no quieres ir a la escuela, cabrón?” Pues ora, ponte a trabajar. Pero te daba de comer. Aunque no tenías escuela tenías todo. Entonces a través de esto fuiste aprendiendo cómo te tenías que desenvolver en esta vida.

En esa época todavía no pensaba yo en nada. Porque yo empecé a pensar en todo esto a la edad de 15 años, cuando llegamos ahí y vimos una extensión enorme. “¿De quién es?” Que es de fulano y de zutano. Pero jamás había yo pensado, porque tú sabes que no fui a la escuela, entonces cuando llego ahí me empieza a llamar la atención leer. Pero ¿qué voy a leer? En esa época en que uno vivía en un rancho ¿qué encontrabas? A mi papá le gustaba mucho el Selecciones. Mi papá sí leía. Empecé a ver el Selecciones. ¡Ah, qué importancia tiene esto! Empecé a leer ya después, y si aquí estamos hablando de verdad, vamos a hablar de la verdad: yo aprendí a leer cuando tuve mi primera novia, que estaba en la secundaria. Y ella empieza a hablar de sus tareas, de esto y del otro, y empieza a ver los libros, el contenido de los libros, lo que representaban para uno los libros, para cultivarse y me empezó a gustar. Así aprendí a leer. No me decía nada. Yo por curiosidad de ver cómo estaba haciendo sus tareas y de dónde se basaba para hacer su tarea, empecé a leer... pero no aprendí a escribir. Eso fue lo malo (je je). Sabía leer pero no aprendí a escribir.

Y ahí fue donde empecé a ver la necesidad que teníamos todos, ese joven, que ya no era un niño, empezó a ver las necesidades que tenía su pueblo. Cuando empiezo a leer Selecciones me da por leer la primera Constitución, entonces eran unos librotes enormes. Entonces empiezo a leer todo y a ver la manera de poder ayudar a los míos. Cuando empiezo con esa lucha social veo cómo la Belisario Domínguez llega a estar en buenas condiciones, pero sigo leyendo y veo que con eso no era suficiente, porque hay un complemento de la Constitución, que es el código civil de Puebla. Empiezo a leer también el Código Civil. Y cuando me empiezo a meter en esas broncas de la organización, es porque ya llevo todo. Todo metido acá. A los 18 años, con tres de aprendizaje, ya soy delegado al H. Consejo de los albañiles. Cuando Lázaro Cárdenas era presidente de la República yo soy  delegado al H. Consejo. Entonces empecé a ver la necesidad que había de cultivarse, pero no en el campo, aparte de eso, ahora tienes que leer algo que te enseñe qué es lo que vas a ser después. No leer algo para distraerte, no, que te enseñe qué es lo que vas a ser después. Por eso empiezo a leer la Constitución y el Código Civil, me empiezo a dar cuenta y empiezo a entrar a esta lucha de interés social. Esto nos lleva hasta lo que soy ahora. Yo desde entonces he dedicado algo de Marx, algo de Lenin, algo de todo eso, porque lo oigo, pero a mí me ha interesado lo mío. Que es mío. Mi país ¿quién lo normatiza? Pues sus leyes, y ¿qué son sus leyes? La Constitución y los códigos, entonces yo me he dedicado a eso, a lo mío. Por eso es que ahora tengo broncas tan fuertes. Me mete Toxqui al bote, me mete Jiménez Morales al bote, me mete Piña Olaya al bote, siendo gobernadores. Me mete al bote Bartlett siendo gobernador. Melquiades Morales me dictó orden de aprehensión, pero no la ejecutó. ¿Por qué? Pues porque yo he aprendido. Y si a mí me dicen: “aquí estás cometiendo este error”. Bueno, señor, el error que estoy cometiendo no es mío porque nunca he sido legislador para tener la facultad de modificar las leyes. Esto lo defiendo porque la ley me aconseja que lo haga y, si está mal, pues reclámenle a quienes están en el poder. ¿Quiénes son? Los senadores y los diputados, el Congreso de la Unión, ellos son los responsables. Si no hay reformas, es porque ellos no las han hecho. Y si esta ley normatiza esto, bueno pues perdóneme, vaya a reclamarle a ellos porque a mí no me puede reclamar nada. Por eso ves cada bronca que hago, me pongo en el zócalo dos o tres meses, pongo una exposición, si hay errores que me los digan, pero como no me encuentran errores pues yo me voy, me voy con lo mío y llego hasta donde quiero. La principal ganancia de esta lucha es la satisfacción de que yo no tengo ni un centavo, vaya, no soy rico, pero que las personas que se acercaron a mí han logrado ya algunos beneficios. Esa es mi gran satisfacción.


lunes, 26 de febrero de 2018

El fólder


La cita con Martha Erika Alonso me la concedieron para un jueves a las cinco. Estuve puntual. Iba a hablarle de un proyecto urgente que llevaba en un fólder que había llamado El oficio hace al maestro, poco original pero muy preciso sobre memoria oral de los artesanos poblanos.

Puebla es considerado uno de los estados con mayor producción artesanal del país. Esta actividad comprende dos grandes apartados: artesanías de origen colonial, resultado del sincretismo entre las culturas europeas y americana, y las que son artesanías de origen prehispánico o eminentemente indígenas.

Pensaba decirle lo magnífico que sería tener una valoración de primera mano en cada una de estas actividades, un testimonio, sobre todo porque es indiscutible que la actividad artesanal se extingue vertiginosamente y cada vez hay menos candidatos para dedicarse a la artesanía, una actividad muy fina para tan pobres dividendos, pues se gana muy poco con ella; fracasó el modelo económico propuesto por el indigenismo y posteriormente con Fonart, desde el gobierno de Echeverría, a pesar de que tuvo importantes encuentros, los gremios artesanales desaparecieron de la ciudad de Puebla pero sigue débilmente en los pueblos, en algunas circunstancias no han cambiado mucho en los últimos cincuenta años. Ponga por caso los alfareros de Tenextatiloyan.

Pan tradicional, cerámica, ebanistas y carpinteros de los de antes, ya no hay. Hoy los gremios de los artesanos han cambiado. En congruencia con un interés personal, me acerco a ustedes para señalar un interés colectivo, una necesidad, nunca una ocurrencia. Esperaba que llamara su atención, que podría interesarle.

Vengo, pues, con la propuesta de producir un libro patrocinado por el gobierno, por el DIF, por usted, sobre la experiencia directa de un grupo interdisciplinario de artesanos poblanos, personas maduras y ancianas. El panorama actual de la situación que guarda una docena de oficios severamente golpeados por una incomprendida modernidad que los ha segregado del interés comercial y cultural. Pero además es una artesanía estancada, no como la oaxaqueña, que cada año te sorprende con nuevas cosas; aquí los artesanos desaparecen y las artesanías que sobreviven repiten eternamente sus modelos. ¿Pero, qué tan grande es esa crisis? Esa es la respuesta que deberíamos obtener con esta iniciativa. Como verá , esto es crucial.


Mi propuesta contempla entrevistar a ceramistas, ebanistas, panaderos, dulceros, herreros, cocineros, jugueteros, etc. Por múltiples razones, la actividad artesanal pierde paulatinamente terreno frente a las manufacturas. Es necesario recoger esa memoria antes que desaparezca, aunque sea en papel, interesante para interesados en la cultura popular mexicana. La memoria fortalece el proceso cultural de las actividades artesanales, preservando los recuerdos de los maestros artesanos que también ayuda a sus procesos productivos al consignar esas experiencias para futuras generaciones de artesanos.

Iba a decirle a la esposa del gobernador sobre mi interés en seguir una saga de testimonios poblanos, que ha ido tomado forma con el tiempo y ha mantenido una continuidad alrededor de la oralidad; he grabado, transcrito y editado unas doscientos cincuenta entrevistas de fondo en sesenta locaciones del estado y otros puntos de la geografía nacional; mucho de ese material ha formado parte de libros como el de los ancianos poblanos de Los barrios de Puebla, publicado por el Consejo del Centro Histórico en 2002; otro de maestros que hablan de sus experiencias en los pueblos y sierras del estado (Memoria magisterial, SEP, 2004), Cien años de recuerdos poblanos, publicado por la BUAP en 2011; colaboré con Artes de México en Lo que nos queda en el corazón, sobre educación Indígena, SEP, 2011 y con ellos mismos Los saberes itinerantes, sobre familias de migrantes domésticos, SEP, 2012; otros libros inéditos, pero terminados: Ver para creer, memoria testimonial de una comunidad forestal de Oaxaca, 2013; Oye Olla, de alfareros de San Miguel Tenextatiloyan, 2012, Ambulantes, memoria la UPVA “28 de Octubre”, 2014 y últimamente una alegoría de ancianos habitantes de la ciudad de Puebla en El club de los recuerdos, 2017. Sobre los últimos cinco no podría habérselo dicho a la señora Alonso porque todavía no ocurrían, pero sí que tenía y tengo la intención y el interés de seguir con esta labor de recuperación de la memoria urbana y campesina a través de la oralidad. Interés que no comparte ningún gobierno, por cierto. He tocado todas las puertas, la de dios y la de satanás, pero a los gobiernos no les interesa recordar ¿para qué?


En ese momento una secretaria me señaló que me recibiría una funcionaria de La casa del abue, que me escuchó muy amable y me dijo que no podía hacer nada. Recogí mi fólder y me fui caminando.

miércoles, 21 de febrero de 2018

Por eso nos casamos

A mi marido lo conocí porque no vivía aquí y nunca coincidíamos. Francamente no coincidíamos. Y “te vamos a presentar a mi hermano, te vamos a presentar a mi hermano” y yo nunca acababa de conocer al hermano de mis amigas que vivían en la 5 Sur. “Pero te advertimos que es muy enamorado, si te llega a hablar no le hagas caso porque tiene muchas novias, es muy enamorado. Y tiene mucha suerte porque las muchachas le hablan mucho”. Y luego a veces me decían: “espéranos tantito, nomás nos acabamos de arreglar y nos vamos, ya tenemos permiso”. Bueno. “Por ahí contesta el teléfono”. 

¡Ring! era una amiguita:

-       ¿No está Rafael...?
-      No.
-      ¿A qué horas llega?
-      Pues no, no le doy razón. Ahorita no hay quien conteste, yo no sé.

“Pues son sus amigas, te digo que lo buscan mucho. No le vayas a hacer caso.” Total que pasaron como seis meses para que conociera yo al hermano. Yo decía “pues quién sabe cómo será el hermano”.

Y ya, cuando lo vi, pensé: “pues sí, está muy bien el hermano, pero ya me dijeron que es muy noviero. No, para nada.” Y así nos pasamos mucho tiempo. “¿Quieres que te vaya a dejar mi hermano?” No, no, mejor me espero a que vengan por mí. Ya, iba mi mamá, o a veces los domingos mi hermano iba por mí. Adiós, adiós. Así nos la pasamos como un par de años, para conocernos.

Luego de ahí, pues ya, nos casamos. No dilatamos mucho de novios, como unos once meses y luego ya nos casamos.
Mi mamá me regañaba mucho, me decía: “que pena, qué vergüenza que digan que nada más a eso fuiste, a estar ahí para que salieras de novia con este muchacho”.

-      ¿Y en qué trabaja?”

Y ya empezaba el interrogatorio.

-       No, pues ahorita no tiene trabajo, está estudiando.

Total ni él acabó de estudiar ni yo de trabajar porque pues ya nos urgía casarnos. Ya no era posible, por eso nos casamos.


Testimonio de doña Viviana Palma, hacia 1940 en la ciudad de Puebla.