domingo, 14 de octubre de 2018

Radio vs Podcast


Sabemos, porque es evidente, que el guion radiofónico es una herramienta en desuso en las estaciones de radio. Ocurrió hace mucho, a mediados del siglo pasado, cuando la producción de radio fue desmantelada por Emilio Azcárraga Vidaurreta para dotar de un equipo de producción a la naciente televisión, también suya; un día de los años cincuenta dejaron de producirse en aquellas estaciones históricas de radio comercial, enseñas de la estética sonora con sus famosas y populares radionovelas, adaptaciones literarias, programas culturales y científicos, de humor y de aficionados. En su lugar los empresarios de la radio –el propio Azcárraga, quién más– diseñaron una fórmula bipolar poco demandante en calidad y costo y la recetaron a unos oyentes incautos deslumbrados por la televisión, la receta infinita de música y anuncios comerciales; los noticiarios sobrevivieron con sus propias limitadas fórmulas pero es donde puede apreciarse algo rescatable tras la devastación. Vedada toda experimentación, el guion con sus géneros desapareció de las necesidades de la radio real, afortunadamente el espíritu radiofónico se refugió en Radio Educación y Radio UNAM, floreciendo esporádico en las radiodifusoras universitarias de provincia para ser nuevamente aplanadas por la inercia de numerosas estaciones comerciales. Porque –eso sí–, el poder de manipulación masiva nunca lo perdieron.

Entre 1930 y 1950 la radiodifusión vive veinte años fructíferos que dieron a luz programas de una radio experimental fundamentada en ideas escritas en guiones, con producciones depuradas y el monopolio de la atención nacional y hasta continental.  Al ser desmantelada, escritores de la talla de Mauricio Magdaleno, Jorge Cuesta y Salvador Novo, por dar tres ejemplos representativos, no escribieron más para la radio, tampoco las grandes orquestas y solistas de la Era dorada que transitaron con naturalidad a los escenarios de la flamante televisión. Al radio se le dejó transmitiendo música y anuncios comerciales por sæcula sæculorum, poco arte pero un cómodo éxito económico asegurado para sus empresarios concesionarios; el presidente te daba la concesión para que salieras de pobre. Así ha venido deambulando la radio sin ninguna ambición artística, propuesta audiofónica dentro del arte del sonido; tampoco ningún proyecto alterno de las numerosas escuelas de comunicación. Por si fuera poco, las estaciones universitarias, que tienen como referente una propuesta pobre en la radio comercial, copian esquemas de transmisión y se la pasan haciendo “cortes” porque se cree que así debe ser, cuando no hay ninguna regla que te obligue a hacer cortes, más allá de la identificación legal que ha de transmitirse cada hora. Los cortes comerciales fueron inventados por los productos, si no vendes comerciales no tienes que seguir el esquema de los cortes. Debería haber espacios informativos y promocionales. Estas radiodifusoras no solo han adoptado el esquema de continuidad de la radio comercial, también hacen programas improvisados, llenos de ocurrencias, secretillos entre los equipos de transmisión. “Ya no porque Benito se enoja”; incoherencia del ritmo radiofónico y sin ninguna intención conceptual: ¿qué es lo que quieres hacer en tu programa? Afortunadamente, hoy, el Podcast nos promete otro plano de acción experimental.

El guionismo radiofónico ha estado limitado a estaciones como Radio Educación, Radio UNAM y una decena de estaciones culturales de universidades del interior de México, que han dado un lugar al guion y son las únicas referencias de una cultura radiofónica en México que casi desapareció. Y digo casi, porque estos guiones fueron hechos y producidos para una estación comercial, hijos de la necedad humana que ganó fragmentos de tiempo a la distraída transmisión mercadotécnica que cada día se extingue para siempre jamás; como seguramente ocurre en muchas partes de México, de tarde en tarde inspirados entusiastas se revelan como guionistas y productores de radio y terminan haciendo bonitos programas de radio, que un día desaparecen por inconsistencias de toda índole. Alguna vez fui flor de un día. Hemos tenido pocas o ninguna posibilidad de escuchar propuestas artísticas en la radio real. De niño me tocó escuchar algunas radionovelas producidas por la W y distribuidas en las estaciones del país, entre ellas las de mi pueblo; de adulto adapté para Radio Educación la novela Dos crímenes de Jorge Ibargüengoitia (por cierto, subida completa en el sitio de la Enciclopedia de la literatura en México.) Desde entonces no quité el dedo del renglón. Es posible divertirse mucho.

El Podcast nos pone en la circunstancia de tener que reinventar la estética sonora. Hay que crear un sonido radiofónico nuevo. Yo propongo hacerlo desde el guion. El guion tradicional, aquel que dejó de escribirse. Lo que quiero decir es que al haber sido suspendido abruptamente el radio mexicano no llegó a desplegarse plenamente, si bien hizo correctamente los pasos A y B, le faltó tiempo. La información y los intereses que ahora tenemos disparan sus posibilidades. Es el radio aquel de Bertolt Brecht y Walter Benjamin que lo apreciaron como una materia de creación; piensa en estaciones especializadas, sectoriales, facciosas; estaciones familiares, barriales; de terror, históricas, científicas, eróticas, naturistas. Con el Podcast los aficionados podemos retomar algunas antiguas búsquedas en el universo sonoro, pero sobre todo crear otras nuevas.

Tenemos la oportunidad de poner nuestra atención en los géneros, el guion y la experimentación sonora. En mis cursos de guion cada alumno escribe 15 guiones de radio: sonoclip (historias con ruidos), spot comercial, cápsulas (culturales, históricas, científicas); audioclip (MTV versión audio), cápsula bibliográfica (difusión de la lectura), crónica, humorismo, reportaje radiofónico, noticiario, dramatización histórica, especial musical, adaptación literaria, ficción dramática, radionovela y guiones de producción (rúbricas, apoyos, promocionales, demos), además una pre-producción y un proyecto. Hay una mezcla de géneros, subgéneros y formatos en esa lista de guiones con la que el estudiante aprende sobre el azaroso y creativo universo sonoro, que es el tema de una serie de libros que han resultado tras una revisión de los guiones acumulados por treinta años, cuando inicié mi relación con el sonido, el radio, ahora Podcast, productos para el oído humano, arte sin luz que construye con jirones y recortes de sonido editados una realidad alterna a la sonoridad universal.

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miércoles, 10 de octubre de 2018

Clínica de almas



El viernes 6 de octubre fuimos invitada mi colega Flor Coca y yo a presentar un proyecto de memoria oral en los foros de consulta que Morena han organizado en los distintos niveles de gobierno a lo largo y ancho de la república mexicana.

Fuimos incluidos en la segunda mesa de trabajo dedicada a SEGURIDAD CIUDADANA Y PREVISIÓN SOCIAL, cuando yo esperaba que lo fuéramos en la cuarta, dedicada a cultura y educación.

Nos presentamos puntuales y en la séptima ronda nos tocó el turno, luego de haber escuchado a seis doctores en economía y en derecho exponer, en contrastantes niveles de erudición, la problemática de la inseguridad nuestra de cada día y sus muy difíciles soluciones, pues se abarca desde el vecino vigilante que en los pueblos deciden vigilar y castigar ahí mismo, hasta las grandes operaciones contra el crimen organizado.
Contra lo que podría suponerse nuestros predecesores no calentaron la plaza, quizás porque los mexicanos estamos un poco hartos de tanta sangre y chipotiza, de modo que nuestro tema vino a ser una suerte de elemento suavizador debido a que no hablamos de institutos contra el crimen ni nada parecido, sino de un club, un centro de esparcimiento para un número grande de desaparecidos a escala local y nacional, debido a que los ancianos estamos desparecidos de todos lados, ya que ni los criminales nos voltean a ver.
Comencé yo y expresé estas palabras:

El motivo de nuestra idea son las ancianas y los ancianos poblanos que, en condiciones de modestia material, carecen completamente de opciones que les permita relajarse, hacer sociedad, tener una sede donde puedan hablar, cantar, bailar y lo que les apetezca. Numerosos ancianos en Puebla y en México están condenados a permanecer en sus casas, cuidar nietos o poblar las duras bancas gratuitas de los parques públicos.
No es para quejarnos que estamos aquí –ahora que nosotros mismos pertenecemos a este sector social–, sino para contarles esta idea que fue generada a raíz de nuestras actividades en los asuntos de la memoria poblana en particular y mexicana en general. Una materia académica –la tradición oral– extrañamente despreciada por las numerosas autoridades a las que hemos solicitado que se le atienda, porque según nuestra experiencia la memoria es curativa, es reivindicativa, no por nada es una herramienta usada muchas veces en la historia para subsanar heridas que los pueblos no pueden contener. Así ocurrió en la postguerra francesa, era necesario recordar tanto sufrimiento para superarlo; ocurrió con la comunidad negra en Estados Unidos, cuando muchas universidades se aplicaron para recuperar una memoria que los laceraba, su pasado esclavo que, aun cuando Lincoln lo abolió en 1863, todavía en 1960 los afroamericanos permanecían en un sistema segregado; la memoria acudió en ayuda de los sicilianos golpeados por la mafia, de los argentinos, uruguayos y chilenos que vivieron terribles dictaduras militares. Por eso llama muchísimo la atención que en México no exista, como existe casi en cualquier jurisdicción española, un archivo de la memoria municipal, un registro ordenado que nos ofrezca la memoria de la gente común, los recuerdos sociales sobre los placeres comunes, nuestra famosa comida y nuestras tradiciones, las mutaciones inevitables de nuestra hermosa ciudad. En Puebla tenemos dos museos de memoria universitaria, pero ninguno de ellos alude a esta disciplina de la que les queremos hablar, llamada también tradición oral, oralidad, recuerdos. De todas estas reflexiones han resultado media docena de libros memoria poblana –agotados, por cierto–, sobre los ancianos poblanos, los maestros, las generaciones de todo un siglo, los ambulantes, pero en cuestiones de memoria social somos conscientes que, en Puebla, falta todo por hacer. De ahí nació la idea de El club de los recuerdos, una cafetería de precios módicos patrocinada por el gobierno de la ciudad o del estado o por la universidad, que nos permita a los ancianos tener un sitio donde desahogarnos, donde verter nuestra amplia experiencia en tantas cosas para beneficio de las generaciones que nos siguen. Un lugar agradable y bonito en donde seas Mary o Juan o Alfredo o Margarita, no los viejitos de la tercera edad, no los decadentes, los olvidados, chochos, rucos, vejetes… un lugar en donde no den flojera nuestras historias (“Ya empezó el abuelo…”), sino en donde nuestros recuerdos sean escuchados, grabados y clasificados para formar parte de un archivo de la memoria oral, claro, pero también partes de libros, de grabaciones profesionales, de historias y vivencias poblanas plasmadas en cerámica, en tejidos, en cestería y alambre, o cualquiera sea el soporte al que nos lleve la imaginación, porque eso no se pierde más que con la muerte. Y como ustedes verán, si voltean a vernos, estamos vivos. Todo esto lo hemos plasmado mi colega Flor Coca Santillana y yo en nuestro proyecto El club de los recuerdos,  una idea con viabilidad técnica y metodológica, con fundamento hermenéutico de la tradición oral, posible en esta nueva realidad política mexicana, dada su nobleza, su economía y su urgencia social. Escuchemos ahora a Flor Coca.

Estas fueron las palabras de Flor

Nuestro proyecto contempla atender ciertas necesidades de un sector social simplemente omitido en los planes del turismo, de la cultura (más allá de los conciertos dominicales) y hasta del entorno familiar, donde frecuentemente los ancianos son arrinconados como muebles viejos y despreciados por sus nostalgias.

El club de los recuerdos piensa atender de manera particular los eventos lúdicos que hoy les son negados: la fiesta, el coqueteo, la baraja, el baile; un verdadero club de esparcimiento que nos permita festejar la vida como nuestros jóvenes lo hacen cada fin de semana en los llamados antros, y qué bueno, pues para eso es la vida. Pero ¿y los viejos?, ¿por qué en otros países existen clubes y bares y centros de esparcimiento para viejos y en México no? No nos importa responder esa pregunta, no nos corresponde, preferimos con este sencillo y económico plan -aunque ambicioso-, poner en práctica una idea en donde abunda el interés social, como es la creación de un archivo de memoria poblana, que les generaciones venideras agradecerán, pero sobre todo importa que doña Mary y don Juan vivan momentos plenos de sociabilidad en nuestras verbenas que les permita, no solo recordar los grandes momentos de su vida, sino volver a tenerlos, aunque sea platónicamente, para regocijo de sus almas. Y sí, lo dije bien, El club de los recuerdos es una clínica de almas.

Por lo demás ¿no comprarían ustedes un libro donde está su abuela, su abuelo; un disco con su voz? Nosotros sí, definitivamente, y por eso estamos aquí. Muchas gracias.
En efecto, nuestras alocuciones fueron una bocanada de aire fresco en el contexto de una mesa dedicada a la inseguridad, aunque, a mi modo de ver, un poco sesgada del horizonte natural de su materia, que es la cultura local, la cultura municipal, donde se inserta el tema de la memoria social, que escultura en sí misma.

En una respuesta a pregunta expresa, confesé que hace tres sexenios y seis trienios los gobiernos de este estado y de esta ciudad han recibido mis proyectos de tradición oral para el rescate del habla ciudadana que inevitablemente se pierde en el devenir natural de las muertes ancianas. Veinte diarias en nuestra entidad, en cuentas del INEGI. Dos veces llamé su atención y se tuvo como resultado dos documentos que cobran valor con el paso del tiempo (En los barrios de Puebla, Consejo del Centro Histórico de Roberto Herrerías, en 2002; y Memoria magisterial, SEP del estado bajo el mando de Carlos Julián y Nácer, en 2004). Esfuerzos bien intencionados pero muy insuficientes frente al reto de preservar una muestra representativa de la memoria colectiva local. Veamos cómo le va con estos nuevos administradores.

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