lunes, 18 de julio de 2011

Ay Chi Pat



El 18 de julio de 1847 se desata la llamada Guerra de Castas en la Península de Yucatán, en realidad guerra de reivindicación maya que puso en alerta a aquellos que discutían en el centro de México qué hacer con el candente “problema indígena”.

“Si los educamos ya ven lo que está pasando en Yucatán”, se convierte en un argumento de peso contra los que abogaban por la educación indígena como medida pacífica de incorporación a la patria.

La guerra de castas encendió un cerillo que se convirtió en incendio regional para permanecer encendido durante 54 años. Yucatán estaba del otro lado de una selva inextricable para los incipientes medios de comunicación de la época, por ello pudo convertirse en una virtual república porque no había manera de impedirlo desde el centro, apurado de por si en sus propios conflictos. Debe recordarse que ese año de 1947 México sufre la peor de las invasiones yanquis a su territorio y estuvo muy cerca de perder “todo” ante su poderoso invasor.
Pero la guerra en Yucatán no era propiamente política, aunque había grandes problemas políticos entre los intereses campechanos y los meridanos, representados por Santiago Méndez y Miguel Barbachano, que se vieron rebasados por la sublevación. La guerra estalla por el hartazgo maya de las precarias condiciones de vida de la mayoría de la población, las deudas impagables y hereditarias de las tiendas de raya de las haciendas, el tráfico de trabajadores para ser comerciados como esclavos en la vecina Cuba, el feroz control social, la disfrazada esclavitud, el hambre, el abandono, el cinismo.

La chispa se encendió en la hacienda Culumpich, propiedad de Jacinto Pat, con cientos de mayas armados por el propio gobierno yucateco para la defensa de la nueva república que voltearon sus armas contra el opresor. En unos días se desató la represión. Antonio Ay, líder maya en Chichimilá, es aprehendido y ahorcado en una plaza. Cecilio Chi, proveniente de la oriental Tepich, ordena la muerte de los blancos. Desde el sur, Jacinto Pat avanza con sus tropas. Era la guerra, llamada posteriormente de castas, pero en realidad la guerra maya, que duraría la friolera de medio siglo, con un cuarto de millón de muertos, hasta que el gobierno federal estuvo en condiciones de intervenir con ventaja en 1901. Claro, en el camino de disolvió la república yucateca, pasando a ser parte de la república mexicana.

sábado, 16 de julio de 2011

¿Civilizar?




El 16 de julio de 1894 nace en Teziutlán, Puebla, Vicente Lombardo Toledano: abogado, filósofo, político, orador y educador de ideas avanzadas. Lombardo fue director de la Escuela Nacional Preparatoria, gobernador interino de Puebla, fundador de la CTM, la Universidad Obrera y el Partido Popular Socialista, del que fue presidente del comité ejecutivo nacional desde su fundación en 1948, hasta su muerte en 1968.

Leí a Lombardo como material alternativo de mi tesis de antropología, pues no sólo era contemporáneo a mi autor de referencia, Miguel Othón de Mendizábal, sino además era su amigo. Creo que Lombardo era más un ideólogo que un estudioso o académico, a pesar de haberse licenciado como abogado y haber obtenido el título de doctor en filosofía. Sus opiniones respecto al indígena mexicano son certeras y simples, coincidentes por cierto con Mendizábal que creía que había mucho qué ver en los pueblos originarios y que sus lenguas no debían desaparecer, como apuntaba la tendencia del indigenismo cardenista. Con ironía, Lombardo preguntó qué clase de “cultura” presuntamente superior era la que se pretendía “enseñar” a los indios de México.

“…queriendo hacer un beneficio a nuestro país –escribió Lombardo Toledano-, sintiéndonos renovadores de la nación, abjurando del pasado equivocado y funesto, hemos hallado una fórmula que parece maravillosa: incorporar al indio a la civilización. ¿En cuál civilización?, pregunto yo. ¿En la civilización de los filósofos espiritualistas que tenemos? ¿en la civilización de los representantes de la prensa burguesa y clerical como el Excélsior? ¿en la civilización que preconizan los órganos del clero mexicano? (…) ¿en la civilización que preconiza la mayoría de nuestros maestros, que tiene una cobardía formidable respecto de las nuevas ideas, y que las viejas no las entienden? ¿en la civilización que preconizan los españoles, los ingleses, los norteamericanos, los alemanes y los franceses dueños de la escasa industria nacional? ¿en cuál civilización vamos a incorporar al indio? No hay civilización mexicana, por una razón: porque lo poco que tenemos de civilización europea no es más que la representativa de una cultura burguesa en decadencia”.*

* Lombardo Toledano, Vicente: El problema del indio, Septetentas, México 1973, p. 208.




viernes, 15 de julio de 2011

El paseo de la mudanza



El 15 de julio de 1867, luego de cuatro años de resistencia contra los invasores franceses y sus aliados mexicanos, Benito Juárez hace su entrada triunfal a la ciudad de México, de donde había huido para hacer una presidencia itinerante.

El camino de San Luis Potosí a la ciudad de México había sido glorioso. En pueblos y ciudades los habitantes tronaron cuetes y echaron la casa por la ventana para festejar el regreso de los republicanos. Por ahí se encontró a Porfirio Díaz, algo ladino con el presidente; frente a las costas amenazaba el inefable Antonio López de Santa Anna, que buscaba alguna coyuntura para meter su único pie, pero los gringos no se lo autorizaron, lo hicieron huir a Cuba.

La República había sido restaurada y Juárez llegaba a la capital cargado de deudas, de promesas y de esperanzas, esperando que el espíritu de las leyes prevaleciera en la caótica circunstancia nacional. Regresaba Benito a una ciudad que por cuatro años fue imperial; su equipo presidencial andaba a las carreras desimperializando el Castillo de Chapultepec para que llegara don Benito y lo sintiera lo más republicano posible, pero el presidente les mandó decir Juárez con gran visión: “No destruyan nada, todo eso es historia”.

Extrañaba a Margarita, no tenía ropa, quería ir al barbero, estar a la altura de las circunstancias en su nueva condición de gobernante indiscutible. Era urgente convocar a elecciones para darle legitimidad a su presidencia, que por supuesto iba a ganar.

La tarde de este día, con impecable traje y disimulando sus emociones, mientras se dirige al Palacio de Minería a dar su discurso de la república restaurada, cuando su carreta circula por “El Paseo de la Emperatriz”, le comentó a su acompañante, Sebastián Lerdo de Tejada: “esta gran avenida cambia su nombre por el Paseo de la Reforma”.

jueves, 14 de julio de 2011

La deuda



El 14 de julio de 1918 nace el director de cine sueco Ingmar Bergman, para muchos el más grande realizador de la historia. Pongo mi modesto voto a esa opinión. Como cinéfilo, se es uno antes de Bergman y otro después de él. Debo confesar que su fama me llegó antes que su cine, de modo que cuando vi El último sello estaba algo prejuiciado y me pareció un poco acartonado. Fue cuando vi por primera vez Fresas Silvestres que caí víctima de su magia narrativa, de su capacidad de mirar hacia el pasado y el futuro a la vez, su especial manera de acercarse a la intimidad, a los enigmas ridículos de la vida y también a los insondables; el cine de Bergman, o mejor, sus personajes, refieren lo humano con una sensibilidad universal.

Yo pensé que habría visto buena parte de la bibliografía de Bergman, qué iluso. De sus sesenta películas, que comienza a hacer en 1945 (Kris), sólo conozco una decena que, en orden de satisfacción recuerdo, además de las dos mencionadas, Gritos y susurros, Pasión, Escenas de un matrimonio, Sonata de Otoño, Cara a cara, El huevo de la serpiente y no estoy seguro de De la vida de las marionetas. Hace algunos años leí su autobiografía: La flauta mágica, homónima de uno de sus filmes, que cerró un círculo en mi experiencia como seguidor y acólito de su sacramento. La experiencia completa de su cine es filosófica a la vez que artística. Cuánto debo a este hombre.

De no haber muerto el 30 de julio de 2007, el mismo día que Michelangelo Antonioni, Ingmar Bergman cumpliría hoy 93 años.

miércoles, 13 de julio de 2011

Los preindignados



El primer signo de la indignación española que llenó las plazas públicas desde hace dos meses en ese país, y cuyas peticiones llegaron para quedarse en la agenda política, ocurrieron el 13 de julio de 1997 cuando, tras dos días de permanecer desaparecido, el concejal del Partido Popular de Ermua, Vizcaya, apareció herido de muerte la madrugada de este día, con dos tiros en la cabeza, para morir cuatro horas después.

Miguel Ángel Blanco era el nombre de una víctima más de las acciones de ETA, pero terminó siendo el símbolo del hartazgo nacional a la violencia irracional de los radicales vascos. Los papás y los abuelos de los indignados de hoy salieron a las calles a vociferar consignas contra ETA, contra la violencia, contra la impunidad: "ETA, escucha, aquí tienes mi nuca..."

El joven Miguel, de 29 años, pronto a casarse y con proyectos musicales, deportivos y políticos, se convirtió en un símbolo que aglutinó a millones de españoles en torno a una misma idea: paz, sensatez política, alto a los crímenes inútiles. Fueron los preindignados que hoy toman las plazas españolas contra el pacto del euro, la crisis económica y la clase política de su país. Creo.






martes, 12 de julio de 2011

Robocop mexicano



Tras dos accidentes de aviación bastante severos, como suelen ser esos accidentes para los que quedan vivos, el joven Emilio Carranza tenía tornillos de platino con los que le habían reconstruido el rostro. No era cualquier Carranza, hacía tan sólo diez años su tío abuelo, don Venustiano, había sido el jefe de la revolución y artífice de la Constitución de 1917 y, aunque había perdido la vida en circunstancias parecidas a la derrota, su obra política tenía ya un sentido republicano más que honroso.

Como sea, Emilio, que se interesó en la aeronáutica desde los trece años, obtuvo apoyos del gobierno y a los 21 era teniente piloto aviador de la Fuerza Aérea Mexicana, por lo que fue comisionado para las campañas del Yaqui, acompañado de su hermano, donde sufrieron justamente el accidente que le costó la cara.

En julio de 1928 el capitán coahuilense, a bordo de su avión México Excélsior, inicia un vuelo sin escala México-Washington. No llega a la capital de Estados Unidos, aterriza en Carolina del Norte, a sólo 90 kilómetros de su objetivo, donde igual le brindan un modesto homenaje.

Emilio Carranza no volvería a su país, el 12 de julio de 1928, sobrecargado su avión de combustible con el afán de hacer un viaje sin escalas, la aeronave es vencida por la tormenta derrumbándose sobre los campos de Mount Hally, Nueva Jersey. En esta ocasión, no había platino que lo reconstruyese. Tenía 23 años, seis meses de casado, toda una vida por delante. Sus restos, recuperados al siguiente día, se fueron derechito a la Rotonda de los Hombres Ilustres, aún cuando este hombre, sobre el papel, fuera todavía un adolescente aventurero. El primer Robocop mexicano.

domingo, 10 de julio de 2011

Louis el ceniciento



Dos días de la primera semana de julio, separadas por 70 años, celebran el nacimiento y la muerte de Louis Armstrong, el genial trompetista de jazz.

Es 1910, Louis tiene 9 años, deambula sin rumbo por las barriadas de Nueva Orleans, hurga en los botes de basura y rescata panes, frutas con mitades podridas. Louis Daniel, hijo de un tal Armstrong (que abandonó la casa desde que se acuerda) y de Mayann, una ya no tan joven negra que reparte su tiempo trabajando como sirvienta en las casas de blancos y de prostituta en los bares de los barrios bajos que abundan en las márgenes del Missisipi. Louis es un niño observador, esquivo, delincuente.

A los 15 años, es internado en el Hogar Municipal para Muchachos de Nueva Orleans tras haber disparado un revólver en plena calle para celebrar el Año Nuevo de 1913. No había día que no tuviera a la policía encima; la calle y Louis eran una misma cosa. De espíritu festivo, exultante, de luces esporádicas, dispersas, casi perdidas en la inmensidad de la noche adulta, en los desvelos y los amaneceres doloridos; de intenso olor a pez, sudor, delito, Louis es la mejor representación de los jóvenes negros de la calle de las primeras décadas del siglo XX.

El asilo ofrece a Louis el punto de referencia que necesitaba, ya que tenía un buen oído por haber cantado en un cuarteto de niños ahulladores en rondas esquineras de a centavo; ahora obtenía su primera corneta, percibía las diferencias en la música; aprendió marchas populares, rags y baladas. Es decir, entendió el jazz, lo adoptó. Cuando se dio cuenta de lo que tenía, estaba dispuesto a perderlo.

En el Nuevo Orleans de los años veinte un músico con talento sólo tenía que doblar la esquina para encontrar trabajo. Louis Armstrong conoció a los principales músicos de la ciudad; no hubo antro, salas de baile, cafés, honky tonks y burdeles que no amenizara con su inigualable trompeta.

Hacia 1923, Louis Armstrong es un trompeta que se distingue por su vigor, al grado que debió ser colocado a unos metros de la banda. En un foro aparte entregado a su público en charola de plata brillante como su trompeta. El jazz primitivo de Nueva Orleans era una música de grupo, con breves lucimientos de los diferentes solistas, pero este trompetista estaba desarrollando un estilo propio movido por fuerzas ocultas y una extraña disposición personal. Cantaba, hacía chistes, lanzaba tremendas carcajadas con sus blancos dientes que contrastaban con el oscuro acento de su piel. Este jazzista... estaba cambiando el show.

Por derecho propio, en 1925 Louis Armstrong dirige su propia banda; graba discos y se descubre a un hombre que, además de brillante trompeta, es un cantante excepcional y un showman de categoría. Louis Armstrong en 1930 ya era una leyenda.

Hasta su muerte en 1971 aparece en 50 películas, graba decenas de álbumes, es una estrella que brilla en todos los escenarios; mundialmente famoso, el más grande trompetista del jazz, el primer músico solista, el gran ceniciento.

El espíritu de Louis luminoso de su música, pícaro como sus ojos... rondará los escenarios del jazz para señalar que su trompeta, en sus numerosos discos y películas que nos negamos a guardar, está más viva que nunca.

* Datos de libro: Jazz, de John Fordham.






viernes, 8 de julio de 2011

El roto de Chile



El 8 de julio de 1538 fue ejecutado en Cuzco, Perú, Diego de Almagro, quien suplicó por su vida de forma no precisamente honrosa. Su propio ejecutor, Hernando Pizarro, se sorprendió de su terror considerando que venía de un hombre que había estado frente a la muerte en numerosas ocasiones: “Me maravillo que un hombre de vuestro ánimo tema tanto a la muerte”, le expresó Pizarro, conminándolo a confesarse porque su hora había llegado.

Almagro tuvo esa extraña proyección que los moribundos tienen en los albores de la muerte; su vida pasó como una película frente a sus inexpresivos ojos desenfocados. El torniquete del garrote vil comenzó su trabajo de estrangulamiento desde la parte posterior de la cabeza. Almagro recordó a sus padres en su lejana Almagro, su villa en ciudad Real, España; su llegada a Perú; su amistad con Francisco Pizarro y su posterior rivalidad; la conquista del Cuzco, la ejecución de Atahualpa, su nombramiento como gobernante de la Nueva Toledo y el título de Adelantado en las tierras al sur del lago Titicaca. Y bueno, antes de perder la conciencia debido a la presión del torniquete que le perforaba el cráneo, su desastroso viaje a Chile, la ida gélida de las montañas y el retorno ardiente del desierto. No había encontrado oro, no había encontrado nada, excepto indios belicosos, bravos como los que más. Su viaje sólo sirvió para que se les inventara un mote ridículo: “los rotos de Chile”, pues fue esa la condición en que retornaron. En ese momento se extinguió la luz.

jueves, 7 de julio de 2011

Hawai 7-7



A finales de los años sesenta la televisión se veía francamente mal en el pueblo. Mejoraba en las noches. Entre las primeras experiencias familiares en torno a este novedoso aparato se hallaba la serie Hawai Cinco 0, en la que un atractivo y arrugado detective, James McGarrett (James MacArthur) ponía en su lugar a los maleantes chinos (después comprendí que no eran chinos, sino hawaianos) y combatía la corrupción y el crimen de manera implacable. Fue mi primera experiencia con esa entidad llamada Hawai, que después volvería una y otra vez en forma de ola, de paraíso y de historia.

Hace unos meses nos quedamos sin televisión por cable. Una verdadera pena. En las noches, cuando ya el cuerpo pide un poco de relax, nos tumbamos en el sillón y vemos en televisión abierta la nueva versión de Hawai Cinco 0. La historia es la misma; la música es la misma, aparece el detective McGarrett (ahora Alex O'Loughlin), vapuleando hawaianos mafiosos y muchas otras entidades étnicas que han llegado de todo el mundo a estas islas del Pacífico Norte. El problema es que yo ya no soy el mismo, y las violentas batallas de McGarrett y su asociado, el detective Danny Williams (Scott Caan), perturban mi entendimiento ante todo porque son unas islas muy lejanas del resto del mundo que no tendrían por qué contar con los servicios de un detective de Chicago o Nueva York que se encargue de limpiar las cloacas locales. Aunque tiene dos subordinados “hawaianos” (Daniel Dae Kim y Grace Park, que a mí me suenan francamente coreanos), la historia renueva aquella vieja versión de que un pueblo sin estadounidenses no podría funcionar, por lo que es menester ir a gobernarlos. Y es lo que los Estados Unidos hicieron a finales del siglo XIX, antes de cualquier serie de televisión.

El 7 de julio de 1898, tras quedarse con Cuba y Puerto Rico, Estados Unidos pone su estrellada garra sobre estas ocho islas de Pacífico central, antiguamente conocidas como las Islas Sándwich, de acuerdo al nombre que les puso el primer explorador occidental, James Cook, en 1778, que los nativos se comieron unos meses después. Por esos mismos años se desata una guerra civil que termina en 1810 con el reinado de Kamehameha, iniciador de un linaje que gobernaría hasta 1891. A su muerte siguió el deterioro familiar, el malhadado gobierno de una pariente, golpes de Estado, gobiernos provisionales y la llegada de Estados Unidos e Inglaterra a poner orden en la escena.

Finalmente, este día de 1898 Estados Unidos lo “anexa” a su territorio y hasta 1959, seis décadas después, le otorga el estatus de Estado de la Unión. Es entonces cuando llega McGarrett y nosotros nos sentamos en aquella televisión que apenas se veía pero que mejoraba en las noches. Tata tata ta tataaan, ta ta ta ta taaann.






miércoles, 6 de julio de 2011

Sismo electoral



El 6 de julio de 1997 los mexicanos vivimos una jornada electoral largamente anhelada, que aunque no lo sabíamos entonces, era el preludio de otro acontecimiento todavía más contundente en el 2000: la derrota del PRI en la cámara baja y el Distrito Federal.

La noche de este día, el inexpresivo presidente Ernesto Zedillo aparece en cadena nacional para decir estas palabras:

“A estas horas, sin embargo, gracias a los conteos rápidos, debidamente acreditados, y a las declaraciones que los propios partidos han hecho, considero propio, sin demérito de lo que determine la autoridad electoral, expresar algunos reconocimientos. (…) Quiero felicitar muy sinceramente al Ing. Cuauhtémoc Cárdenas por el triunfo que, conforme los datos de la votación hasta ahora disponibles, ha obtenido para la Jefatura del Gobierno del Distrito Federal. (…) Considero que es prematuro referirme a otros posibles resultados de las elecciones federales y estatales que hoy hemos tenido. Podré hacerlo el día de mañana, cuando las autoridades competentes hayan proporcionado la información pertinente, con el suficiente grado de confiabilidad”.

Y en efecto, las autoridades electorales de aquel IFE de José Woldenberg informaban del fin de la hegemonía priísta en la legislación mexicana. Por primera vez en la historia, el PRI pierde la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados. Ese mismo día ocurrió un terremoto de magnitud 6,8 en Chile, pero el sismo político mexicano no nos permitió solidarizarnos adecuadamente con nuestros amigos chilenos, había tantas cosas que reconstruir aquí.

martes, 5 de julio de 2011

Los poetas mienten



En el planeta Marte el anciano capitán John Black encuentra algo inesperado: su pueblo natal, que recorre emocionado. Dispuesto a no hacer demasiadas preguntas, camina por las calles conocidas hasta llegar a su casa, que ve con la mirada obnubilada por el llanto. Ahí está su madre, su querido hermano. Su padre andará en el cuarto de las herramientas, como siempre. Sus familiares lo reciben como si apenas ayer se hubieran despedido de él. Black está consciente de encontrarse en Marte y, sin embargo, también sabe que está es su casa. Es la tercera expedición de abril del año 2000 de Crónicas Marcianas, de Ray Bradbury. Pero todo era una fantasía, literatura.

La madrugada del 5 de julio de 1997 (¿tres años antes?), luego de haber amartizado la noche anterior en el Valle de la Muerte, de la Planicie de Oro del planeta Marte, el pequeño Sojourner, de escasos 10 kilogramos de peso, avanza con sus seis rueditas por el accidentado piso marciano. No había familiares, ni padres, ni madres, ni nada que no fueran piedras y tierra; no había pueblos de Ohio, ni sueños, ni capitanes excepto dos lunas indiferentes que lo miraron transitar durante 83 días que duró la misión Mars Pathfinder de la NASA.

Sin el romanticismo de los soñadores, sin la prolífica fantasía de Verne, de Arthur C. Clark, de Bradbury, de Frederik Pohl, de Kim Stanley Robinson, de Edgar Rice Burroughs, de Philip K. Dick y todos los creadores de mundos extraordinarios imaginados para Marte, el Sojourner caminó y miró con su lente óptica para refrendar lo que todos en la tierra habíamos sospechado: los escritores mentían. O como lo pensó Nietzsche; “los poetas mienten demasiado”

lunes, 4 de julio de 2011

El tren



El 4 de julio de 1857 se realiza la primera parte de un largo sueño que tenía la forma de un convoy de ferrocarril. Durante muchos años se estuvieron instalando toneladas de rieles de acero sobre miles de durmientes para darle forma a una fantasía que dejaba obsoletos a los carruajes de caballos y todas sus implicaciones: la lentitud, la incomodidad, la inseguridad. La entelequia prometía comodidad, rapidez y seguridad para la vida y los bienes de los pasajeros. Los habitantes de la ciudad de México podrían viajar al puerto de Acapulco en sólo un día sin dejar los huesos adheridos a los asientos, sin el zangoloteo inclemente de los caminos, sin el Jesús en la boca después de cada curva. En el fondo nadie lo creía “¿será posible, don Julián?”. Pues sí, por lo visto sí.

La mañana lluviosa de este día, el momentáneo presidente de la república, Ignacio Comonfort, inaugura la línea de ferrocarril México-Acapulco. Con precaución los asistentes comprobaron que “la cola” del tren no chicoteara contra la estación arrasando con todo, pero pronto vieron que el largo convoy caminaba ordenadamente sobre las negras líneas de acero en medio de un enorme estruendo de fierros, vapor y pitidos. Por el momento viajaría sólo a unos kilómetros de la capital, hasta la Villa de Guadalupe, pero de que era una realidad no había ninguna duda. El telegrafista de la estación avisó a través de sus sofisticados aparatos que el tren había partido. México ponía un pie –o mejor, unas poderosas ruedas de acero- en la modernidad.






domingo, 3 de julio de 2011

Pequeño gran Kafka



Aún cuando hay versiones de que nació en Tacubaya, las evidencias muestran que el 3 de julio de 1883 nace en Praga, República Checa, un pequeño y atormentado ser que llegaría a convertirse en unos de los símbolos del siglo XX: Franz Kafka, autor de La Metamorfosis y El Proceso.

Lo de Tacubaya se utiliza como prueba palpable de que vivimos en un país kafkiano en el que buena parte del año nos sentimos cucarachas, de los interminables trámites y vericuetos que hay que seguir casi para cualquier cosa, país se ventanillas y apapachos sexenales. Después, la indiferencia y el miedo, la insatisfacción y la alienación; la desesperación y el absurdo; millones de seres movidos por la angustia de ver pasar el tiempo con las mismas promesas, los mismos juegos de palabras, las mismas caras de siempre. De ahí la pertinencia de nuestro kafkanismo.

Durante cien años las inteligencias más destacadas han tratado de encontrarle sentido a las palabras de Franz Kafka con resultados por demás contrastantes, pero han coincidido en un punto: se trata de uno de los escritores más influyentes de su siglo. Al igual que Juan Rulfo, a Kafka le bastó muy poco para conmover los cimientos de la humanidad. Su pequeña obra es, sin duda, una de las más grandes de la literatura moderna.

sábado, 2 de julio de 2011

El fin de una Era



El 2 de julio de 1915 el anciano no recordaba ni su nombre y ya tenía varias semanas así, alucinando cosas, viviendo en otro lugar que no era París, su lugar de residencia. Pensando locuras, irrealidades, incoherencias.

José de la Cruz Porfirio Díaz Mori tenía 84 años de edad y había sido de todo en su país natal: seminarista, diputado, militar liberal, general de división, gobernador, presidente de la república y dictador. Era todo un paquete de experiencias y complejidades.

Tras 34 años en el poder absoluto, el 25 de mayo de 1911 Porfirio Díaz renuncia a su enésimo mandato por orgullo, sintió que el pueblo ya no lo quería. Viajó a París, Francia, donde duró cuatro años enterándose a retazos sobre los acontecimientos de su amada patria, ahora convulsionada por cuartelazos, escisiones y revoluciones. Hasta la tarde parisina del día de hoy, mediodía mexicano, cuando su médico cerró sus ojos. El odiado y el amado don Porfis había muerto.

No moría un hombre, moría una Era.






viernes, 1 de julio de 2011

Tan al norte



En un país de tan cara independencia como el nuestro, nos es difícil comprender la fiesta nacional canadiense, que se festeja hoy.

Canadá no tuvo guerra de independencia, no tiene caudillos militares, ni mártires; no tuvo revolución, ni brazos cercenados, ni monumentos necrófilos. Fue una colonia inglesa, luego miembro de la comunidad británica, después, por la Constitución de 1867, país independiente. Ahora es una de las grandes economías de América.

Felicidades, pues.






jueves, 30 de junio de 2011

Cuchillos largos



Las purgas políticas de gobernantes inseguros o amenazados han ocurrido a lo largo de la historia del mundo. Stalin fue un maestro en esas artes, pero pocos se comparan con el gran especialista: Hitler. En México la herida abierta que dejó la muerte de Francisco R. Serrano y trece de sus aliados a manos de los esbirros de “su querido compadre” Álvaro Obregón (“mátalos en caliente”) en Hutzilac, Morelos, aún deja un mal sabor de boca a quienes decidimos recordarlo

El 30 de junio de 1934 ocurre tal vez la más famosa purga del siglo XX, que marca el inicio de un régimen dictatorial de enorme costo para el mundo: la tenebrosa Noche de los cuchillos largos, cuando Hitler se deshizo de toda oposición interna, quedando sólo en el poder.

La operación, llamada Colibrí, la organizó el propio Hitler, que era canciller, para deshacerse de la violenta e independiente fuerza paramilitar reconocida como SA (Sturmabteilung), aprovechando la desconfianza que éstos provocaban en el interior del parlamento, en especial su dirigente, Ernst Röhm, a quien Hitler reconocía como un potencial rival en su camino a controlar el Estado alemán.

Las noches del 30 de junio y el 2 de julio Hitler utilizó a la SS y la Gestapo para ejecutar su plan. En total murieron por lo menos ochenta y cinco individuos y más de mil fueron arrestados, en un hecho que los alemanes llaman “Golpe de Röhm”, ya que los “cuchillos largos” es una expresión histórica que utilizan para nombrar cualquier purga del poder contra sus aliados.

Este sangriento golpe abrió el camino a Hitler a obtener su inmenso poder. A la muerte del presidente Hindenburg, el 2 de agosto de 1934, asciende a la presidencia de Alemania y, casi de inmediato, se autoproclama Führer con los resultados conocidos. ¿Qué hubiera pasado de fracasar la asonada contra los poderosos SA?, pregunta inútil.






miércoles, 29 de junio de 2011

Frases de memoria




"… a fin de cuentas todo recuerdo es mentiroso y toda memoria un producto más o menos elaborado de nuestra imaginación".



Rosa Montero

martes, 28 de junio de 2011

Gildo



El 28 de junio de 1902 muere el pintor guanajuatense Hermenegildo Bustos a los 80 años de edad. Su vida transcurrió en Purísima del Rincón, Guanajuato, dedicada a la creación. Se trata de un artista de raigambre popular que aprendió a pintar mientras limpiaba la casa y el estudio de un artista local, empleo que le duró seis meses. No estoy completamente seguro si para bien, pues Bustos era un creador inquieto que hubiera creado formas y colores de cualquier manera.

De sus manos brotaban flores, animales, máscaras, juguetes, retablos, santos. Y con la técnica aprendida pequeños retratos de sus amigos y vecinos. Se dice que diseñó un abrigo para pintarlo en uno de sus autoretratos. Para su sobrevivencia tuvo oficios varios: nevero, herrero, carpintero, artesano. Era como cualquier otro campesino de la Purísima del Rincón, pero los campesinos del lugar no eran, para nada, como Hermenegildo Bustos.

lunes, 27 de junio de 2011

El revés victorioso



El 27 de junio de 1910 el país amanece con un extraño regusto de intolerancia. Había acudido a las urnas el día anterior y, aunque las noticias de este día no eran nuevas, algo había cambiado en el proceso democrático mexicano.

La victoria por la presidencia de México correspondió, como muchos pudieron preverlo, a don Porfirio, pero a nadie pasó desapercibida la gran popularidad del candidato del Partido Nacional Antirreeleccionista, Francisco I. Madero ni, sobre todo, el alto índice de votación obtenido. Don Porfirio asumiría por séptima ocasión el poder de México, pero como nunca, desde 1876, un candidato le había mostrado tanta oposición.

La popularidad de Madero fue un balde de agua fría para el moribundo poder de don Porfirio; la temblorosa dictadura necesitaba muy poco para reaccionar con todo su aparato represor, y esto no había sido para nada poco. Francisco I. Madero fue acusado de “rebelión y ultraje a las autoridades” y se dicta orden de aprehensión en su contra. Madero huye a los Estados Unidos en donde promulga el Plan de San Luis que, ya sin maquillaje, llama a las fuerzas progresistas de México a unirse y armarse contra la longeva dictadura.

Era una derrota electora, sí, pero paradójicamente se trataba de una victoria política.






domingo, 26 de junio de 2011

Mick 68



El día de hoy, en algún lugar del planeta, Mick Jagger celebra su cumpleaños 68 por haber nacido esta mañana del año 1943, cincuenta de los cuales los ha pasado como el célebre cantante de los Rolling Stones.

Por ser uno de los tótems de la segunda mitad del siglo XX, por su vitalidad, su perseverancia, su inagotable habilidad para ser sí mismo durante tanto tiempo, Mick Jagger merece el mejor reconocimiento.






sábado, 25 de junio de 2011

Cementerio cultural



El 31 de enero de 1876 se venció en plazo para que los pueblos y tribus originarias en los Estados Unidos, los famosos “indios”, se reportaran a registrarse en las oficinas correspondientes para que les fuera asignada la reserva que les correspondía, se acuerdo a su filiación.

A partir de ese día, las siguientes semanas y meses fueron de tensión mayúscula en los territorios que se disputaban a los pueblos originarios, quienes eran tratados como extranjeros en su propia tierra.

En los primeros días de junio de ese año, las tribus sioux, lakota y cheyenne se reunieron en las márgenes del río Little Big Horn para formalizar pactos de defensa y tomar decisiones ante la inminente ofensiva del ejército yanqui. La cabeza más sobresaliente era la de Caballo Loco, al menos en el aspecto militar, como se comprobaría unos días después.

Al frente de los batallones del ejército del 7º Regimiento de Caballería fue nombrado el general George Custer, un exitoso militar famoso por su salvajismo y su incapacidad para seguir órdenes superiores. Contaba con unos cuatrocientos efectivos, bien armados, que dividió en tres divisiones. Custer se reunió con sus oficiales e hicieron planes para formar un cerco que atenazara las defensa indias.

Finalmente, en las primeras horas del 25 de junio de 1876, se da la orden para los primeros ataques que, para su desgracia, los sioux y los cheyenne ya habían previsto y estaban perfectamente preparados. Desde la primera batalla los resultados fueron desastrosos para el ejército de Custer, los atacantes fueron aplastados por los indios, perdiendo una cuarta parte de sus fuerzas. La retirada fue sangrienta y sorda, pues Custer, al otro lado del río, ignoraba tan funestos saldos. Atacó de acuerdo al plan con resultados similares: retirada en pánico de sus hombres hasta la cresta de un risco donde intentaron armar una defensa, pero la aplastante carga de unos 1,800 combatientes indios terminó por aniquilarlos al cabo de unas horas.

Murieron todos los soldados del ejército, incluido Custer, al grado de que los detalles de la batalla fueron recogidos de testigos indios, pues no hubo quien atestiguara de parte del bando militar. Fue una derrota aplastante y vergonzosa que, por desgracia, propició una prolongada carnicería de la que ya sabemos quiénes fueron los perdedores. Con todo, Little Bighorn es un símbolo de la resistencia originaria, de la dignidad, audacia y eficiencia mostrada por sus guerreros. El lugar fue declarado “cementerio nacional” y, aunque la reserva india no fue declarada sino eso, un campo de concentración, alguien pudo haberla declarado cementerio cultural de Norteamérica.

viernes, 24 de junio de 2011

Rufino finito



El martes de la semana pasada, obligados a tener un día libre por la actividad de los maestros en un aniversario de su lucha, nos dispusimos a visitar museos. Y uno en particular, el de Rufino Tamayo, que visité hace treinta años y que me dejó tan buena impresión.

Mi impresión del museo sigue siendo la misma de hace treinta años, pues los museos en Oaxaca cierran los martes (excepto el Santo Domingo) y nos quedamos con las ganas. Lo que recuerdo es su colección de piecesitas prehispánicas elegidas con un criterio eminentemente artístico. Cada esculturita una obra de arte. Las recuerdo pequeñas, no sé si realmente serán todas así.

El 24 de junio de 1991 murió Tamayo consagrado como el pintor mexicano más grande del siglo XX. Su pintura no deja indiferente a nadie, seas niño o anciano, campesino o urbano. No se dejó seducir por corrientes ideológicas ni artísticas, fue un artista profundamente personal, psicológico, un experimentador de técnicas y, como tal, un eterno aprendiz. Todo eso lo que lo convierte en un gran creador.

Tamayo, el hombre, murió a los 92 años de una neumonía. Olga, su esposa, cómplice y promotora murió tres años después, incapaz de concebir su vida sin él.

jueves, 23 de junio de 2011

Cazador de virus



El 23 de junio de 1995, a los 81 años, tras vanos intentos por crear una vacuna contra el SIDA, muere el científico Jonas Edward Salk, un neoyorkino descendiente de judíos rusos acostumbrado a las misiones imposibles, que eligió la investigación a la práctica médica para fortuna de la humanidad.

Pero Salk para entonces no era un médico más, sino un célebre científico cuyo apellido nombra el prestigiado Instituto Salk para Estudios Biológicos en La Jolla. Habían pasado cuarenta años desde que el doctor Salk presentó al mundo su vacuna Salk, que detuvo de tajo la peor pesadilla epidémica de mediados de siglo que afectaba a millones de niños en el mundo: la poliomielitis. Tras una fabulosa inversión económica y social, con el concurso de veinte mil médicos y setenta y cinco mil especialistas avocados a encontrar una cura, en 1955 casi dos millones de niños fueron vacunados contra el terrible virus de verano, que tres años antes había reportado cerca de 60 mil casos en los Estados Unidos.

Salk iba a ahora por una vacuna contra el Sida, pero la muerte, implacable y natural como es a cierta edad, se lo impidió.






miércoles, 22 de junio de 2011

¿Quién justifica a Maquiavelo?



“Cuando una república se dirige a la corrupción, no basta poner a este mal el preservativo de buenas leyes, sino que es necesario mudar poco a poco las instituciones antiguas, a fin de que ellas no estén en oposición con estas nuevas leyes.”

Podría pensarse que esta reflexión fue expresamente hecha para nuestro atribulado país, pero no, pertenecen a El Príncipe, de Nicolás Maquiavelo, que muere un 22 de junio del lejano 1527.

Maquiavelo fue ante todo un gran observador de la naturaleza humana, que en la política, frente al poder, resuma una sustancia natural que circula por las venas de los hombres: la ambición, la perpetuación, el árbol de la abundancia, el disfrute de los privilegios, la fastuosidad, la arrogancia.

Desde hace siglos se leyó a Maquiavelo con pasión, pues a nadie dejó indiferente. Hay quien lo leyó desde el prejuicio destructivo, entendiendo en El Príncipe un atentado perverso contra el humanitarismo. “El Príncipe de Maquiavelo es a la ética lo que la obra de Spinoza es a la fe”, escribió Federico de Prusia en su ensayo sobre el florentino titulado El Anti-Maquiavelo.

“Me animo a oponer la Razón y la Justicia al engaño y al crimen –escribió el soberano ilustrado-; he colocado mis reflexiones sobre El Príncipe de Maquiavelo, capítulo por capítulo, de modo tal que el antídoto se encuentre inmediatamente próximo al veneno”. Y lo hizo en el lejano Siglo XVIII.

O bien, quien lo acusó de "doblez" e "ingenuidad" en su visión política, como fue el caso de Antonio Gramsaci, quien sin embargo consideró a El Príncipe como un libro "viviente", donde la ideología política y la ciencia política se fundan en la forma dramática del "mito".

“El moderno príncipe, el mito-príncipe, no puede ser una persona real, un individuo concreto; sólo puede ser un organismo, un elemento de sociedad complejo en el cual comience a concretarse una voluntad colectiva reconocida y afirmada parcialmente en la acción”, escribió el autor de Los cuadernos de la cárcel en su tratado sobre Maquiavelo: El moderno príncipe.

Como sea, Maquiavelo estará presente en cada negociación política, en cada cobertura periodística, en cada gesto de pragmatismo partidario que explica la apócrifa frase de que “el fin justifica los medios”, que Maquiavelo nunca expresó.

martes, 21 de junio de 2011

Payno



El 21 de junio 1810 nace en la ciudad de México Manuel Payno, distinguido periodista, poeta, dramaturgo, cuentista, político y diplomático, cuya célebre novela Los Bandidos de Río Frío aún se lee obligatoriamente en la secundaria, para beneficio de todos.

Payno es un caso paradigmático de la inteligencia mexicana, un producto muy emblemático del siglo XIX mexicano, pero no porque haya habido muchos Paynos, desgraciadamente, sino porque su vida reúne prototipos muy típicos de nuestra vida nacional. Un hombre bien nacido que pudo acomodarse a las circunstancias de un país en guerra permanente, un buen burócrata que alcanzó puestos relevantes, fue un funcionario cumplido (aduanas, rentas, ministerio de guerra), trabajó en tareas de riesgo durante la intervención yanqui, fue secretario de Mariano Arista, ministro de hacienda de José Joaquín de Herrera, político proscrito durante el imperio de Maximiliano, diputado con Benito Juárez. Después viajó a Europa donde llegó a ser cónsul mexicano en España, de donde regresó para ser senador hasta el día de su muerte a los 84 años de edad.

Hasta aquí los parecidos con muchas vidas de los políticos exitosos de nuestra historia, que nunca tienen necesidad de voltear para atrás, de volver a empezar nada, que ascienden, ascienden y ascienden.

Pero Manuel Payno también fue un intelectual comprometido, cosa menos común en nuestra clase política. Fue maestro en la Preparatoria Nacional, fue articulista de temas diversos como la historia, la política o las finanzas nacionales, miembro de la real Academia Española, lector insaciable y escritor prolífico.

Payno se atravesó en mi camino mientras investigaba la historia del telégrafo Morse en México, fue muy amigo de Juan de la Granja, el pionero de la comunicación eléctrica; compadre, debería agregar. Anduvo con don Juan subiendo y bajando cerros por Río Frío mientras éste buscaba “palos” rectos que le sirvieran de postes para los cables de su telegrafía, entonces Payno aprovechó para tomar apuntes y fraguar la historia de unos bandidos que azolaban a los caminantes de ese paso ineludible. Fue así que concibió Los bandidos de Río Frío, su popular novela que nos regala los mejores escenarios de aquellos bosques impenetrables, la peligrosa cuesta que llevaba al Valle de México, Chalco y sus canales que comunicaban hasta el mismísimo centro de la ciudad de México. Payno el de El Fistol del diablo que reclamaba tanta mocharía escudada en supuestos preceptos morales. Pues cómo no, Payno, un parteaguas de la inteligencia mexicana.



lunes, 20 de junio de 2011

La ruta muda



En el mundo hay mucha gente ingeniosa que merecería tener un mejor sitio en la historia. La mayoría pasan desapercibidos, con sus quince minutos de fama y sin una clara retribución. Por ejemplo, entre las múltiples empresas de transporte público, lo apropiado que sería que alguna se llamara “Autotransportes Valdés”, en honor de este señor de finales del siglo XVIII que tuvo una ingeniosa idea para mover a la gente.

El 29 de junio de 1793, el impresor y literato mexicano Manuel Antonio Valdés, se lanza a una aventura comercial al establecer la primera empresa de transporte público en la Nueva España con carretas jaladas por un solo caballo. Taxis, pues. Ante tan original propuesta, el virrey Revillagigedo no tiene objeciones en autorizar esa veloz opción para viajar de un lugar a otro de la ciudad. Nacen las rutas.

No fue la única idea ingeniosa del loco Valdés, en 1780 inventó una suerte de género literario que llamó “romance mudo”. Consistía en una secuencia de dibujitos que el lector tendría que ir interpretando como dios le diera a entender, aunque con cierta sintaxis.

En la imagen que acompaña esta entrega está el primer fragmento de Romance Mudo y, lo que sea de cada quien, a mí me deja mudo de estupefacción.

En el primer renglón se “lee”: Dedos-Esferas-Osa- Grada- Aurora
En el segundo aparecen: la-Beata- Trinidad- hoz- Muestra –Reina
El tercero “dice”: Cuya-mano-de-luces-peregrinas
Y el cuarto indica: Abce-terno-hoz-destina-la- Diadema.

El habilísimo lector del romance mudo, una vez que tenía permiso de hablar, interpretaba poéticamente el fragmento de ideogramas como:

“De dos esferas oh sagrada Aurora
la Beata Trinidad os muestra reina,
cuya mano de luces peregrinas
el alfabeto destina la diadema”.

La verdad, no le encuentro mucho sentido a la poesía, pero el sentimiento nadie se lo quita.






domingo, 19 de junio de 2011

Tres tristes tigres



El 19 de junio de 1867, a las seis de la mañana, cuatro mil hombres formaron cuadro en el Cerro de las Campañas, a las afueras de Querétaro. Los célebres reos, Maximiliano, Miramón y Mejía, esperan pacientemente su ejecución.

Maximiliano está exultante, casi podría decirse que feliz. Mira el sombrío semblante de Miramón y de Mejía y hace lo posible por animarlos:

- ¡Qué hermoso día, Miramón! así lo había deseado siempre para el día de mi muerte. Ahhh... pido al señor Juárez que nuestra sangre sea la última que se derrame, y que su triunfo lo consagre a la más noble tarea de reconciliar los ánimos, y de fundar de una manera estable la paz y la tranquilidad de este país infortunado.....

Miramón le responde por deferencia, pero en realidad está pensando en otra cosa. La belleza del día lo tiene sin cuidado.

- Así es, Excelencia. –Se dirige luego al jefe del pelotón- ¡Oficial!

- Dígame, general Miramón.

- Es lícito...¿y es posible despedirme de mi esposa?

El militar lo mira desconcertado. Su esposa Concha no está aquí, ni siquiera se halla en Querétaro. Le responde arrastrando las palabras:

- Ella... no está aquí, general.

- Pero está Dios, está usted... y yo tengo su retrato.

Tras una pausa meditabunda, calculando el alcance de su decisión, el oficial responde mientras alza los hombros:

- Siendo así... hágalo, general.

Miramón le habla a un retrato que sostiene en su mano. Su mirada, como su voz, es dulce y emocionada.

- Adiós, Concha, hija mía; Dios te bendiga en unión de mis hijos; adiós hasta la eternidad....

Desde la cima del Cerro de las Campanas se observa un vasto panorama abigarrado; árboles, fusiles, rostros de piedra; la torre de la cruz, la silueta sombría del convento y el confuso caserío extraviado en el amanecer.

El jefe militar comprueba en su reloj que ha llegado la hora. Sin demasiadas ceremonias, pero con solemnidad, se dirige a sus célebres reos:

- Excelencia… generales… por aquí, por favor.

Maximiliano se adelanta un paso. Cualquiera diría que se dirige a un desayuno en su honor.

- Vamos...

Los tres hombres son escoltados hasta un muro de piedra maltratado donde se realizan los fusilamientos. Una morbosa muchedumbre de rancheros, niños y perros los sigue silenciosa. Maximiliano se acomoda en el costado izquierdo, Miramón le reclama con humildad.

- Por favor, Emperador, usted en medio....

- No, Miramón, un valiente debe ser admirado hasta por los monarcas. Hágame ese favor... Y usted, Mejía, recuerde que lo que Dios no premia en la tierra lo premia en la gloria.

Luego se dirige al jefe militar

- ¿Oficial ?

- ¿Sí, Excelencia? –el hombre está emocionado. Inicia un intento de disculpa- Quiero que sepa que siento mucho lo que....

Pero Maximiliano lo interrumpe.

- Nada... nada tengo que perdonar; un oficial cumple con su consigna. Agradezco en el alma los generosos sentimientos de su corazón, y me complace manifestarle que lo aprecio.

- ¿Desea agregar algo... ?

Maximiliano mira las nopaleras que bajan la suave cuesta del cerro de las Campanas. La emoción borda lágrimas en sus ojos azules.

- Mexicanos: voy a morir por una causa justa, de la independencia y la libertad de México. Que mi sangre selle las desgracias de mi buena patria. ¡Viva México !

La única respuesta a su breve discurso es el viento. El jefe militar espera unos segundos por si el emperador defenestrado quiere agregar algo, pero Maximiliano se observa el pecho, como si su casaca tuviera una manchita fuera de lugar. El jefe se dirige al general Mejía.

- General Mejía, ¿quiere decir algo?

De nuevo el viento es la respuesta. Se dirige a Miramón.

- ¿General Miramón ?

- Sí, oficial. Mexicanos: en el Consejo mis defensoras quisieron salvar mi vida. Aquí, pronto a perderla, cuando ya no me pertenece, cuando voy a comparecer ante Dios, protesto contra la nota de traición que se ha querido arrojarme para cubrir mi sacrificio. Muero inocente de ese crimen, y perdono a los que me lo imputan, esperando que Dios me perdone, y que mis compatriotas aparten tan fea mancha de mis hijos, haciéndome justicia. ¡Viva México !

El militar levanta su espada.

- Pelotón, ¡preparen !

Maximiliano, de buen humor, no resiste hacer una especie de broma, algo macabra, dadas las circunstancias.

- Apunten bien al corazón...

- Apunten... ¡Fuego... !

Los poderosos fusiles de manufactura francesa arrojan sus esputos de plomo y cubren la distancia de seis metros en una fracción de segundo. Arriban plenos a los pechos henchidos de Maximiliano, Miramón y Mejía, que caen sobre la tierra levantando una efímera nube de polvo. Terminaba una era y empezaba otra.

Durante todo el día hubo un ambiente enrarecido en cada rincón del imposible imperio.









sábado, 18 de junio de 2011

Una disculpita



Tal vez volviste a notar la ausencia de entradas en la última semana. La razón fue Oaxaca, un viaje por la mixteca profunda que me hizo comprender un montón de cosas que sabía de oídas, a través de los nebulosos medios o que simplemente no sabía, como la existencia de una etnia en la costa chica oaxaqueña, concretamente en Santa María Zacatepec, al poniente de Putla, llamada Tacuate. Los tacuates, que hablan la lengua tacuate y tiene una filiación claramente ñuu savi (mixteca) “pero no somos mixtecos”. Un pueblo originario sumamente orgulloso que las circunstancias prácticas de sobrevivencia acercan cada vez más a eso que no quieren ser, ñuu savi, pues a pesar de sus esfuerzos por singularizarse los niños terminan por estudiar la enseñanza bilingüe en el idioma mixteco, que cuenta ya con una academia de la lengua, congresos anuales, organización, libros de texto. De forma tal que el tacuate cada vez es más ñuu savi, sus reglas gramaticales se uniforman, se unifican, se convierten en eso.

Nuestra primera misión era el albergue escolar de Fortín Alto de San Miguel Chicahua el martes 14, pero ese día se festejaba un aniversario más de la resistencia de la Sección 22 y no hubo forma. Nos quedamos en la hermosa Oaxaca engentados con sesenta mil maestros que atiborraron el zócalo bajo un sol inclemente. Pensamos en aprovechar el día libre para turistear por los museos, pero oh sorpresa, ese día descansan. Nos tuvimos que conformar con el de Santo Domingo que es el único que trabaja ese día. Muy impresionante todo, desde el edificio, pero lo que más me gustó fueron las urnas funerarias mixtecas, que tienen en respetable número.

Al día siguiente por fin pudimos comenzar a trabajar, pero hubo que hacer algunos ajustes. Llegamos por la “pista” a Nochistlán y luego emprendimos un largo trayecto por terracería. Una sierra de discreta vegetación que siguió la ruta de Unión Buena Vista, Apaola, El Jazmín Morelos, donde paramos a tomar un pulque fresco que insistieron en que tomáramos y cuyo fabricante se negó a recibir pago alguno. De ahí pasamos a Amatlán y por esa vía retornamos a Nochitlán. De ahí a Oaxaca tras diez horas de camino de tierra. Pero eso no era más que el calentamiento.

El 16 salimos muy temprano por la “pista” hacia Nochistlán, pero ahora emprendimos camino hacia la sierra verde y alta de la costa. En Yanhuitlán nos desviamos hacia Tlaxiaco a la altura de Teposcolula, fuimos a Yolomécatl y finalmente Tlaxiaco; de ahí partimos hacia Santiago Yosondúa, nuestro destino de trabajo.

A las tres de la tarde de ese día ya estábamos nuevamente de camino hacia Putla, un trayecto de altura entre enormes precipicios y verdes montañas. “En la zona triqui no tomen fotografías”, nos alertó el chofer. ¿Dónde está la zona triqui?, preguntamos. “Allá arriba”, respondió misterioso. La sombra de San Juan Copala me acompañó la eterna subida de la sierra. En algún momento, a 3,400 metros sobre el nivel del mar (mediciones cortesía del GPS de mi compañero fotógrafo), la niebla se hizo densa como si fuera un gélido baño sauna, y como una metáfora fiel de su apartamiento voluntario, los largos vestidos rojos de las triques comenzaron a aparecer en el camino como fantasmas de un infierno inacabado. Miradas huidizas y gestos agrios en sus bellos rostros, comercios cerrados, caminos encadenados. Laguna Guadalupe, San Isidro del Estado, Llano San Vicente. Estábamos a treinta kilómetros del famoso pueblo de San Juan Copala (mañana te hablaré de él), no había nada qué decir, nadie decía nada. Entre la niebla y los fantasmas, las curvas y el ambiente de la inminente noche, caminamos callados, en cierta forma tristes, como si hablar fuera suficiente para morir linchados.

Bajamos la montaña rusa en una carretera de mediano pelo, con algunos hoyos y derrumbes. En la bajada comenzó a llover. La llegada a Putla no podría haber sido más escabrosa. ¿Esta es la entrada principal? Esta es. No puede ser ¿no existe aquí un ayuntamiento? Pareciera que no. Pedazos de pavimento entre profundos hoyos, una ciudad con complejo de pueblo, sin orden ni arquitectura. Casas y edificios a medio acabar y oscuridad profunda hasta en el centro. “Un hotel”, pedían nuestras espaldas. No hay. Si quieren medio hotel, cuarto hotel. Un hospedaje de menos cuatro estrellas me recordó el hotel Oaxaca de mi pueblo, el más sombrío de los hoteles. Una enorme y amable cucaracha de las que Chava Flores llamba langostinos nos recibió en el cuarto. La invitamos amablemente a patadas a abandonar el cuarto.

Enmedio de la lluvia hablé a la casa para preguntar si todo estaba bien. Todo lo estaba, pero Teresa no creía que hubiera un lugar llamado Putla. Y yo, mojado, sabía que sí lo había, por increíble que pareciera.

Al día siguiente nuestro destino estaba más hacia la costa: Santa María Zacatepec. Bajamos con un sol costeño aderezado de palmeras y mangos. San Marcos Cogulito, Santa Rosa, Llano la Plaza, Mesones y, por fin, Santa María Zacatepec. Buen expediente, en lo laboral todo fue afortunado y emotivo. Sorprendente incluso, ahí estaban los tacuates.

Al mediodía nos regresamos a Oaxaca, llegamos a la diez de la noche, molidos, cargados de orquídeas (esta es otra historia que tengo que contarte), entusiastas por haber terminado. Hoy nos levantamos tarde, como a las nueve, el amable Marco Antonio de trajo a Puebla, yo sintiéndome Cleopatra. ¿Qué importa?, me preocupabas tú, te tuve una semana abandonado. Perdón, pues.






lunes, 13 de junio de 2011

Día del poeta



Este día tendría que estar dedicado a la poesía. Festivales municipales y estatales. Los poetas tiernos y maduros recitando poemas en las plazas, en los cafés y en los famosos medios. Brindis y medallas, discursos y ponencias. Los poetas excelsos y los mediocres, juntos por 24 horas con el pretexto de sus hábitos creativos, sus aficiones eruditas o modestas.

“El pequeño mono me mira...
¡Quisiera decirme
algo que se le olvida!”

Gracias José Juan Tablada. Háganle campo a don Amado; ahí viene Sabines ¿no son acaso Cuesta y Villaurrutia los que tocan la puerta? Ahí está Paz, Becerra, Díaz Mirón.
González Martínez, López Velarde, Reyes, Pellicer, Leduc, Nandino, Gorostiza, Torres Bodet, Novo, Owen, Huerta, Michelena, Chumacero y tantos más. No hay nadie, por supuesto, todos han muerto, pero están sus poemas, están los ecos que han dejado sus versos y hoy, Día del Poeta, los sacamos a la luz a que se oreen.

El 13 de junio de muy diversos años es un día de poetas. Nace en Portugal Fernando Pessoa, en 1888; nace el admirado poeta argentino Leopoldo Lugones en 1874, así como el poeta y ensayista paraguayo Augusto Roa Bastos; por su parte, muere en 1901 el popular poeta español Leopoldo Alas “Clarín”.

No existe el día del poeta pero qué importa, aquí lo hemos inventado.






domingo, 12 de junio de 2011

Ana




El 12 de junio de 1926 nace Ana Frank, la torturada niña judía del Holocausto que escribió un diario publicado por su padre bajo el título de Las habitaciones de atrás, aunque lo conocemos mundialmente como El diario de Ana Frank.

La historia de esta niña me cautivó desde la primera vez que la escuché, aún cuando me fue contada sin demasiados detalles por alguien a quien no recuerdo. Posteriormente vinieron las películas inspiradas en su vida y finalmente el libro que me fue regalado en una edición muy elegante por mi estimado Miguel Ángel Domínguez.

Los escritos de Ana Frank relatan con extrema ternura la importancia que pueden adquirir los pequeños detalles de la vida, el valor de la sonrisa y el carácter justo de los seres humanos en condiciones infrahumanas. Sus escritos los hizo en su largo cautiverio de casi tres años cuando estuvo ella y su familia (además de otras cuatro personas) escondidas en la parte posterior de una casa en Ámsterdam, Holanda. Ana vivió ahí de los 12 a los 15 años, de tal forma que sus historias no tienen que ver con la política sino con la vida de una adolescente, pero a los ojos de la historias resultan profundamente políticas. Temas como: La tarea diaria en la comunidad: ¡Pelar papas!; Cuando el reloj da las ocho y media; Día de Embutidos; El Dentista; La codiciada mesita o El Anexo con ocho personas a la mesa, muestran el breve horizonte de su encierro.

Ana Frank fue capturada junto a su familia, excepto su padre, y llevada al temible campo de concentración nazi de Auschwitz en 1944, posteriormente a otro de nombre
Bergen-Belsen, donde murió de tifus el 12 de marzo de 1945, unos días antes de su liberación. Hoy cumpliría 85 años de edad.




sábado, 11 de junio de 2011

El Duque



Quizás en algún momento de mi vida creí que John Wayne era uno de mis tíos que vivían en los Estados Unidos. Eran gringos, por supuesto, porque se habían casado hacía muchísimo tiempo con las hermanas de mi abuelita. Mi tío Jim, mi tío George ¿mi tío John?, probablemente. Al menos lo conocía más que a mis tíos verdaderos. Lo veíamos cada fin de semana en las matinés del cine Plaza que pasaban sólo películas estadounidenses. El otro cine, el Variedades, tenía su matinée el sábado, y eran las películas mexicanas de Capulina y Santo el enmascarado de plata.

En algún momento me di cuenta que no era mi tío, que era un actor un tanto inexpresivo conocido popularmente como El Duque. Había iniciado su carrera de actor 37 años antes de mi nacimiento y era lógico que en los años sesenta estuviera algo envejecido. Era el Sylvester Stallone de la época y, a mi modo de ver, de calidades histriónicas similares. Caminaba como el Charrito Pemex y con el tiempo me di cuenta que pertenecía al ala política más conservadora de los actores holliwoodenses. No tenía nada que ver con mis tíos, que eran obreros bien pensados del área de San Francisco.

Wayne fue jugador de futbol americano y gracias a ello pudo ingresar a la universidad, pero una lesión lo dejó fuera del equipo (y también de la universidad), fue cuando se acercó al cine como extra. En 1930 hace su primer estelar en La gran jornada, y de ahí pa´l real. De las setenta y un películas en las que interviene, en cincuenta y siete fue actor protagónico, lo que le valió un premio Oscar en 1969 (por Temple de Acero) y dos Globos de Oro.

En su último filme, que también fue un homenaje, llamado El último pistolero (The Shootist), aquejado por un cáncer que le coqueteaba desde los años sesenta, lo que vemos es un anciano relajado, taciturno y resignado a su suerte, cargando a todos lados una cojín dona para poder sentarse, con el caballo estacionado afuera de la cantina del pueblo-set que tantas veces habitó.

El 11 de junio de 1979 el cáncer de pulmón lo sorprende en el pueblo de Victoria, en Durango, México. A pesar de que parecía tener noventa años, Wayne contaba sólo con setenta y dos años recién cumplidos. Una vida agitada, llena de emociones y placeres. Podían decir lo que quisieran de él, pero lo bailado nadie podría quitárselo jamás.






viernes, 10 de junio de 2011

Ausencia



Tal vez notaste la ausencia del redactor por unos días. Sucede que andaba trepado en las cumbres de los cerros más altos de las sierras más verdes que hacen frontera en el norte de Puebla y la región totonaca de Veracruz, perdido con un fotógrafo en un mar de cafetales bajo un sol inclemente y una temperatura de 40 grados centígrados. Fuera de algunos lapsos de angustia, todo lo demás fue agasajo para los sentidos y el enorme placer de visitar a esos mexicanos con complejo de aves que fueron a fundar sus comunidades en las nubes, como fue el caso de Mecatlán y Filomeno Mata, Veracruz.

La aventura comenzó el domingo en Huachinango, donde nos reunimos para viajar a Pantepec, donde nos pusimos de acuerdo para internarnos hasta la comunidad de Tejería, cruzar algunos ríos, afortunadamente mansos todavía; de ahí viajamos a Papantla, la sonriente, donde nos preparamos para viajar a la lejana comunidad de Santa Isabel el Mango y retornar luego de unas horas; siguió Entabladero Espinal, Coyutla y Mecatlán, de donde partimos a unas cumbres nada borrascosas a una comunidad llamada La Escalera, llamada así porque está justamente 700 metros abajo, cuyo camino más corto es “la escalera”, una vereda de 90º que felizmente no tuvimos que bajar y, aún mejor, que subir. Fue de ahí que, tras subir de nuevo a Mecatlán y Filomeno Mata, bajamos por interminables brechas (“se va derecho derecho”) y nos fuimos derechito al extravío, cruzando cafetales sin un ser humano a la vista, sin Sanborns ni Oxxos (el fotógrafo quería café) hasta que, tras cuatro o cinco horas, terminamos en un pueblo que parece una escultura de bajo relieve en la mitad de una majestuosa montaña, llamado San Felipe Tepatlán, en donde terminó el extravío pero no la brecha, que todavía siguió una hora y pico hasta Amixtlan, donde finalmente hallamos la carretera que nos condujo a la hermosa Zacatlán. Era el penúltimo destino de nuestro viaje. Ayer amanecimos en esta tierra de manzanas sonrientes y partimos a temprana hora, con sendos ¡cafés del Oxxo! hasta Cuautempan, donde nos pusimos de acuerdo para llegar a la comunidad de Vista Hermosa, llamada así porque también está en las nubes, desde donde se aprecia la panorámica de una barranca profunda y verde que marcó en final de nuestro viaje. Hicimos un brindis con licor de piña.

Por eso estuve ausente, porque en la mayoría de estros lugares, como podrás prever, no había forma de acceder al internet.






lunes, 6 de junio de 2011

El hermano



El 6 de junio de 1811 es fusilado en Chihuahua el insurgente Mariano Hidalgo y Costilla, hermano de don Miguel, que luchó hombro con hombro desde el mismo día del Grito de Dolores. Mariano Hidalgo tuvo a su cargo la tesorería del ejército insurgente y la historia ha sido francamente ingrata con su memoria.

Si Mariano se te hace parecido a Miguel, no es por otra cosa que la ilustración, brevemente modificada, pertenece al mismísimo Miguel, cuya imagen vemos en cualquier cantidad de impresos útiles e inútiles, bustos, monumentos, billetes, monedas; bueno, lo que se te ocurra. Pero del pobre Mariano nada, ni una callecita, ni un polvoriento pueblecito, un día o por lo menos medio día dedicado a su memoria. Alguna mención. Nada. Tengo más de medio siglo en este país y acabo de enterarme de que Hidalgo, el gran padre de la patria, tuvo un hermano once años menor que murió 54 días antes que él, también fusilado, también en Chihuahua, a pesar de que no tenía grado militar y de que no se le probó ningún delito ni que hubiera hecho “armas contra el Rey”. No, señor, se le fusiló porque era hermano de Miguel, porque se negó a declarar en su contra, se le mató por su fidelidad y su hombría. Y la patria le pagó con indiferencia.

domingo, 5 de junio de 2011

La memoria gitana



Como seguramente te ocurre a ti, conocí a García Lorca mucho antes de saber quién era García Lorca. Lo conocí en aquellas veladas de la escuela secundaria en las que nunca faltaba el maestro que animaba a un muchacho que tampoco faltaba y que se sabía algunas recitaciones del tipo de la Chacha Micaila, El brindis del bohemio y, claro, La casada infiel de Federico García Lorca. Y que si me la llevé p´al río, que si la mozuela, los peces y los grillos. En un mundo francamente cándido de aquel estado de Chihuahua tan desconocido hoy, aquellos breves encantos intelectuales eran nuestra bohemia y los primeros atisbos de algo que después supimos –algunos- que se llamaba literatura.

Federico García Lorca nace el 5 de junio de 1898 en Fuente Vaqueros, Granada, para ser el más célebre poeta español del siglo XX. Tuvo una vida loca y vertiginosa. De salud frágil, se refugió en los libros desde pequeño y al poco de cumplir los veinte años publica su primer libro. Estudió derecho y se recibió de abogado, pero nunca ejerció, él era un escritor. Y cuando pudo ir a Madrid se hizo amigo de los escritores y de los artistas: Guillén, Alberti, Buñuel y Dalí. Fue a Nueva York y a La Habana, tuvo un gran éxito en Argentina, pero fue en el periodo de la Segunda República donde pudo dar rienda suelta a sus impulsos emprendedores. Al frente de la compañía estatal de teatro pudo escribir, producir y dirigir teatro a sus anchas.

A escasos treinta días de estallar la Guerra Civil Española, tras el fracasado golpe de estado contra la República, Federico es aprehendido, torturado y muerto por ser republicano y homosexual, dos crímenes muy graves individualmente, mucho más reunidos en un solo individuo. Tenía 38 años de edad.

Hace dos años el gobierno de Rodríguez Zapatero se propuso exhumar los restos de García Lorca del supuesto lugar en donde fue enterrado. Se abrieron hoyos y hoyos y se encontraron huesos y huesos pero, al parecer, ninguno de Federico. Él está enterrado en otra parte, se halla disperso en 47 millones de fragmentos en el corazón, la sensibilidad y en la vergüenza de cada español que merezca ese nombre. Él, que odiaba que le llamaran gitano, no pudo evitar que su memoria se volviera… gitana.






sábado, 4 de junio de 2011

Ay, Pánfilo



En 1520, las fuerzas de Hernán Cortés, minoritarias por cierto, atacan, derrotan y aprehenden a Pánfilo de Narváez en Zempoala, que peleaba bajo las órdenes del enemigo acérrimo del primero, Diego de Velázquez, gobernador de Cuba. Pánfilo llora ante Cortés y pide que le perdone la vida, cosa que hace, para asombro de todos; a cambio, ganará un fiel aliado de la guerra entre españoles que puso en peligro sus ambiciosos planes.

El hecho impresionó mucho a los tlaxcaltecas que estaban presentes, pues la piedad era un atributo que no habían observado en Cortés ni en ningún español. Por eso se tomaron el trabajo de dejar una constancia por escrito, como se muestra en este detalle del Lienzo de Tlaxcala, donde vemos al pobre de Pánfilo siendo maltratado por el propio Cortés, que ya le ha tirado el sombrero y le arrebata un objeto alargado. Se le ve muy enterito en la ilustración, pero algunas crónicas mencionan que Pánfilo estaba hecho un santo cristo, había perdido un ojo en la batalla previa y tenía espantosas heridas en el cuerpo. ¡Ay, Pánfilo!






viernes, 3 de junio de 2011

Yanomami



El 3 de junio de 1758, la comisión de límites de la corona española encuentra en condiciones similares a las del día de hoy a la comunidad de los yanomami, en los estados fronterizos de Venezuela y Brasil, en plena selva amazónica cruzada por los afluentes del Orinoco.

Conocí a los Yanomami a través del antropólogo francés Pierre Clastres, que pasó largas temporadas comiendo plátanos de diversas especies entre estos bosquesinos aparentemente inmutables a las influencias externas que no buscan, que no desean y que han logrado repeler durante décadas, a pesar de los embates siempre incisivos de los misioneros religiosos obstinados en hacerlos cristianos, piratas madereros que saquean la selva, invasores variopintos y depredadores garimpeiros en busca de oro. Unos con mejores intenciones que otros, pero todos con la consigna consciente o inconciente de modificar de algún modo la armónica relación de los yanomamis con la naturaleza, quitarles la práctica de costumbres (como azotar con amor a sus mujeres) y algunos otros hábitos sociales menos peligrosos -pero muy olorosos-, como echarse pedos sobre los despistados que duermen apaciblemente en hamacas para deleite de toda la concurrencia. El estruendo y el olor provocado por los plátanos, su principal alimento, hace de este acontecimiento una verdadera celebración. Otra más extravagante: comerse a sus muertos.

“Los Yanomami de la Amazonia venezolana queman el cadáver en una hoguera, recogen los fragmentos óseos que escaparon a la combustión y los reducen a polvo. Este será más tarde consumido, mezclado con una papilla de plátanos, por los parientes del muerto.” (p. 77)

Nada de esto ha parecido bien a los visitantes que, después de tantos siglos, con invasiones y masacres de por medio, han insistido en cambiar las costumbres de los yanomamis, los otrora pacíficos habitantes que entre muchas otras cosas no producen basura, no contaminan su hábitat y nunca han necesitado de nadie más que de ellos mismos. Es decir, son autosuficientes, y en un mundo global como el de hoy eso es intolerable. Algo tendrán que necesitar.

“He aquí mi voto para los Yanomami –afirma Clastres con ironía-. ¿Piadoso? Probablemente sí. Son los últimos asediados. Una sombra mortal se extiende por todas partes… ¿y después qué? Quizás nos sintamos mejor, una vez que se ha roto el último círculo de esta postrera libertad. Quizás podamos dormir sin despertarnos ni una sola vez… Algún día, se alzarán cerca de los chabuno las torres de los petroleros, las laderas de las colinas se llenarán de las excavaciones de los buscadores de diamantes, habrá policías en los caminos y tiendas a la orilla de los ríos… Y reinará la armonía en todas partes.” (p. 32)

* Clastres, Pierre, Investigaciones en antropología política, Gedisa, Barcelona, 1981.

jueves, 2 de junio de 2011

Quién Sade



El 2 de junio de 1740 nace en París un hombre que puso la sexualidad humana a prueba; montañas de amantes, cuerpos elásticos, martirios indecibles, fantasías pueriles, orgasmos imposibles; seres de vigor inaudito que son quienes pueblan las páginas eróticas del Marqués de Sade.

Leí con fruición el primer libro del Marqués de Sade que cayó en mis manos: Justine. También fue el último. Algo anacrónico resaltaba en aquella lectura de un libro del siglo XVIII que, en tiempos de Bukowski, Anaís Nin y Henry Miller, no estaba a la altura de mi adolescencia. Con todo, lo leí completo, quizás entusiasmado por las artes circenses de los protagonistas, por la exageración casi humorística de las poses y la dosis de efectivo sadismo que los amantes desplegaban en aquellas orgías.

Mucho tiempo después me enteré que Sade, a quien en un principio consideré un ser acomplejado y tímido, participó efectivamente en algunas bacanales que hicieron época en aquel París convulsionado por la revolución. Tuvo muy mala fama y sus influencias fueron la razón de que sólo terminara en un sanatorio y no en la popular guillotina que cortaba cabezas con vigor industrial.

La más famosa de sus “travesuras” ocurrió en Marsella, cuando suministró a sus comensales un poderoso químico de origen natural, llamado cantárida, proveniente de un animalito del Mediterráneo que inflama los genitales, excita en efecto, pero produce un daño hepático que, en dosis inadecuadas, puede conducir a la muerte. Para fortuna de todos no llegó a tanto aquella noche de junio de 1772, cuando cuatro prostitutas resultaron envenenadas pero sobrevivieron, llevando a juicio al perverso marqués que, ni tardo ni perezoso, huyó a Italia, salvando el pellejo de una fatal acusación por sodomía y envenenamiento. Para entonces su mala fama cruzaba las fronteras.

Sade murió en diciembre de 1914 a los 74 años de edad, cuando ya todo estaba escrito. Sus libros circularon en el mercado subterráneo de las apetencias indebidas durante más de cien años. En el siglo XX fueron finalmente desenterrados por importantes escritores (Flaubert, Apollinaire, Rimbaud, Bretón y Bataille), algunos de los cuales llegaron a proclamarlo el Divino Marqués.


* Imagen: detalle de un grabado de la novela Justine.






De dos a tres caídas






La revista Bulevar y su inagotable director (escritor, editor, agente de ventas y repartidor) José Luis Naval, que además es galerista, nos invita a este singular taller que inicia mañana viernes en la Galería Casa del Carril. Suerte.




miércoles, 1 de junio de 2011

Escándalo




El lamentable evento del perverso polimorfo francés, exdirector del FMI, incapaz de contener sus instintos ante el sexo opuesto, puso una vez más sobre la mesa el eterno efecto de la primavera en ciertos ejemplares de mamíferos insatisfechos, prepotentes y agresivos. Nos enteramos sólo de los muy famosos, pues el resto ocasionalmente alcanzan la nota roja de los diarios y los noticiarios o, en el peor de los casos, el inconfesable expediente familiar. Cuando son muy famosos, le llamamos escándalo, son escandalosamente caros, escandalosamente populares y cuando ocurre alguno, como ahora, no nos queda sino esperar el siguiente.

El primero de junio de 1962 Mónica Lewinski no había nacido, pero Christine Keeler era una atractiva bailarina de la noche londinense de veinte años recién cumplidos. A ella le toca protagonizar el escándalo, en este caso inglés, que cimbra el mojigato ambiente del partido conservador (tory) y acabaría ocasionando una cadena de desastres.

La relación amorosa de esta muchacha con el ministro de defensa británico, John Profumo, era un secreto a voces en algunos ambientes periodísticos y políticos del Reino Unido, pero la situación se salió de control cuando un amante despechado de la chica fue y balaceó la puerta de su casa atrayendo las miradas en el delicado equilibrio político de la guerra fría.

Para complicar más las cosas, entre los amores de Christine, además del ministro de defensa, estaba el agregado naval soviético, Yevgeny Ivanov, de quien se sospechaban actividades de espionaje. Para no hacer el cuento largo, el escándalo cimbró el sistema completo de la Gran Bretaña los siguientes meses con un histórico saldo: desde luego la renuncia del ministro Profumo, nueve meses de prisión para Christine por conspiración, el suicidio de un médico involucrado y la final renuncia del primer ministro Harold Macmillan por motivos de salud, pues le empezó a fallar el corazón. La estocada del evento ocurrió en las elecciones de 1969, cuando los laboristas se alzan con la victoria frente al desprestigio de los conservadores. Un polvo caro, ni qué decir.

martes, 31 de mayo de 2011

Garganta profunda



Luego de treinta años de silencio, el misterioso informante denominado Garganta Profunda que fue pieza clave en la derrota política de Richard Nixon conocida como el Escándalo Watergate, hace pública su identidad: Mark Felt.

Garganta Profunda fue la asociación de dos fenómenos de alto impacto y popularidad en la sociedad estadounidense. Por un lado, la fuente original, que fue la película porno (Deep Throat) de Jerry Gerard estrenada en junio de 1972; por el otro, un informante del FBI de alto nivel, apodado Garganta Profunda, que informó al periodista del Washington Post, Bob Woodward, la implicación del presidente Nixon en una sucia operación de espionaje en el edificio Watergate, sede del Partido Demócrata en Washington, D.C., que costó la presidencia a Nixon y el poder al Partido Republicano, además de dos o tres importantes cabezas de la Casa Blanca que terminaron en la cárcel.

Los lectores de la crónica novelada que resultó de la serie de artículos publicados en el diario capitalino, llamada Todos los hombres del presidente, no pudimos menos que deshacernos los nudillos por el ansia de tener alguna noción sobre la identidad de ese personaje que se entrevistaba con el periodista en un oscuro estacionamiento, pero estaba claro que se trataba del mayor secreto que difícilmente se iría a revelar. Al menos, no por el lado de Woodward.

El 31 de mayo de 2005, finalmente, quien fuera el tercero en la jerarquía del FBI en 1971, explicó a los medios de comunicación que decidió traicionar la confianza del presidente Nixon debido a la desilusión que le causó el nombramiento de Patrick Gray al frente de la agencia federal, a la muerte del histórico cacique Edgar Hoover en 1972. Ahora, al parecer, el viejo y enfermo Felt, que moriría apenas tres años después, además de la gloria y el crédito de haber sido “la fuente anónima más famosa en la historia de Estados Unidos", en palabra del New York Times, también necesitaba un poco de dinero.






domingo, 29 de mayo de 2011

El jugoso Jack



El día que mataron a John F. Kennedy acababa de cumplir seis años de edad, estábamos en la cocina de la casa y escuchábamos un radio que estaba encima del refrigerador. Mi mamá lloraba (Aída lloraba con casi cualquier muerto que tuviera una mínima relación con su vida, y en ocasiones sin ninguna relación, como el día que se metió a una funeraria y lloró copiosamente al difunto; al rato descubrió que no era el muerto al que iba a ver, lloró otro rato, se despidió, entró a la sala de “su” muerto y volvió a llorar. Así era Aída. Pero a JFK lo quería porque periódicamente enviaba alimentos que llegaban por ferrocarril y ella ayudaba a repartir entre los pobres de Cuauhtémoc, además de que era guapo y joven, apenas siete años mayor que mi papá) y miraba el radio como si allí estuviera el féretro. Yo no alcanzaba a verlo, pero escuchamos emocionados unos jets que surcaban el cielo en homenaje al presidente asesinado. Sinceramente yo pensé que era nuestro presidente, todavía no acababa de comprender que nuestro país no era Estados Unidos, al que estábamos tan estrechamente ligados en nuestro estado fronterizo, sino un país del sur de los Estados Unidos que conocí después.

John Fitzgerald Kennedy nace el 29 de mayo de 1917 en la casa familiar de la calle Beals de Brookline, Massachusetts, segundo de los nueve hermanos, hijos de un traficante de licor que hizo su fortuna al margen de la ley en el periodo de la prohibición. No se sabe de ningún apodo profesional, pero probablemente le decían el Chapo K o algo parecido, pues sus influencias en la mafia le duraron algunas décadas y todavía alcanzaron para ayudar a su hijo a ganar la presidencia en los albores de los años sesenta.

Kennedy fue el primer presidente estadounidense que nació en el siglo XX, el primer –y único- católico en alcanzar ese puesto. Antes de ser presidente sobrevivió a un grave incidente en la Segunda Guerra Mundial, fue senador y finalmente venció a Ricky “El Sucio” Nixon en las competidas elecciones de 1961. El mito dice que es uno de los grandes mandatarios que ha tenido Estados Unidos, pero sus cuentas, antes de morir asesinado, no son completamente optimistas. Si bien consolida el movimiento por los derechos civiles que les otorga un nuevo estatus a los negros que todavía vivían en una suerte de apartheid, hace el oso de invadir a los cubanos en una desastrosa misión conocida como Bahía de Cochinos, se rezaga en la carrera espacial contra los rusos, a quienes además mira impávido construir el muro de Berlín; finalmente interviene en las primeras acciones de la guerra de Vietnam, que resultaría tan costosa a la humanidad. Pero su muerte violenta, cinematográfica y oscura lo reviste de un halo heroico que tal vez no merecía, pero que sucedió. Lo cierto es que su breve estadía en el poder estuvo signada por su popular matrimonio, con una esposa de abundante personalidad, sus muchas amantes -algunas célebres y otras con claros nexos con la mafia-, sus graves achaques de salud que mantuvieron en vilo a la clase política y sí, su magnética y agraciada personalidad que le daba un aire de rebelde con causa.

Jack, como le conocían sus cercanos, muere a la edad de 54 años a manos de un perturbado personaje, hábilmente manipulado por una combinación de intereses de la mafia y los servicios de inteligencia, que nunca pudo declarar porque lo mataron de inmediato. Previsiblemente, las investigaciones posteriores concluyeron (¿dónde he escuchado esto?) que, sin ninguna duda, Lee Harvey Oswald había actuado “enteramente solo” en el magnicidio. Como quiera, su historia, a la que asocian insistentemente con la leyenda de Camelot, ha sido una jugosa caja de naranjas que han estado exprimiendo durante sesenta años, con ganancias fabulosas, y no se ve el día en que la dotación de cítricos se vayan a terminar.






sábado, 28 de mayo de 2011

Bajen las armas y festejen



El 28 de mayo de 1864, a bordo de las fragata Novara de bandera austriaca, arriban a Veracruz el Archiduque José Maximiliano de Habsburgo y su esposa Carlota, acompañados de un numerosos séquito de austriacos, franceses y mexicanos.

En Puebla todo mundo corría nerviosísimo. Ya se habían hecho los arreglos pertinentes un año antes. Fernando Pardo, el Prefecto Político del Departamento de Puebla, había transmitido a los vecinos desde julio de 1863 lo que el Supremo Poder Ejecutivo Provisional de la Nación ordenaba a todos los habitantes de México: “La Nación mexicana adapta por forma de gobierno la monarquía moderada hereditaria, con un príncipe. El soberano tomará el título de Emperador de México.”

En una reciente y sabrosísima publicación del Archivo Municipal de Puebla, titulada Destino México*, se dan los pormenores de las celebraciones que debían hacerse en honor del imperio, en una ciudad que sólo dos meses antes se había batido en un doloroso sitio de sesenta días contra el ejército francés. Ahora se le pedía buena cara. El material no tiene desperdicio.

Juan E. de Uriarte, prefecto municipal de Puebla, anuncia en el Diario Oficial de la Prefectura de Puebla que “a fin de solemnizar de la manera más digna la declaración del imperio que debe regir al país y para ceñir la corona ha hecho por unanimidad y aplauso de toda ella, a favor de Emperador Fernando Maximiliano, Archiduque de Austria”, había que hacerse todo un irigote en honor de “la restauración del imperio y el nombramiento del esclarecido monarca el Archiduque Fernando Maximiliano.”

El festejo consistía más o menos en esto: “desde las cinco de la mañana se anunciará la festividad con salvas de viento y un cañonazo, con el repique general a vuelo, con el disparo de millones de cohetes y con la música y vítores que reconocieron las calles, en seguida nuestro hermoso pabellón fue izado en todos los edificios públicos.”

“A las diez abrirá la marcha una escuadra de gastadores de caballería; seguirán los representantes de los barrios con sus pendones respectivos y los dependientes del Ayuntamiento con los instrumentos propios de las comisiones que desempeñan, vistosamente adornado, y precedida cada una de estas de una bandera tricolor con el nombre de la comisión y este tema: ¡Viva Fernando Maximiliano, Emperador de México!”

Y como dice el ranchero del anuncio de la televisión: ¡A darle!



* Destino México, Testimonios en el Archivo Histórico Municipal de Puebla 1808-1931, Coordinadoras: Felícitas Ocampo López y María Aurelia Hernández Yahuitl, Buap/Ayuntamiento de Puebla, 2010, p. 191-192