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Manuel Esperón

El doctor David Sánchez Rodríguez fue un médico radiólogo poblano que conducía en nuestra estación un programa semanal llamado Caminos de Ayer; era la radiodifusora de Sergio Mastretta y sus hermanos en la ciudad de Puebla, en la frecuencia del 105.1 FM. Yo era productor. Cuando el programa arrancó fungí de patiño de David unos dos años, antes de convencer al pediatra Luis Di Lauro para que fuera su patiño los siguientes años. Porque era claro desde el principio que el programa de David Sánchez iba a durar hasta que el cuerpo le aguantara, como ocurrió. Durante una hora, a las 8 de la noche, el doctor programaba boleros de su selecta discoteca particular y hacía comentarios entre canción y canción. Y sabía mucho, eso que ni qué: anécdotas de primera mano, datos raros sobre las canciones o sus autores y más. El Doctor Sánchez tuvo algún momento de farándula en su vida y conocía a gente del medio como Amparo Montes, que estuvo en el programa, Carmela y Rafael con quienes compart...

Memoria y alcoholismo

Las pancitas fueron ley para ese fuereño con muy malos hábitos alimenticios. En Cuauhtémoc, como adolescentes candidatos a alcohólicos, preferíamos el caldo de camarón, que se hace con camarón seco y chile de árbol. Definitivamente te levanta al día siguiente de una borrachera. Es un martillazo en el estómago y el golpe químico de una enchilada memorable. Se te incendia la boca y el cerebro se achispa. Es un estimulante para seguir adelante y comerse otro caldo de camarón. Páseme una cervecita, doña Chole. Porque siempre fueron buenas mujeres las que nos servían maternalmente las pancitas. Nos trataban como a sus hijos. Igual en Xochimilco o en el metro Portales, en Tlalpan, en Azcapotzalco, hasta donde acudimos varias veces exclusivamente a atravesarnos una pancita. En una ocasión me desperté a las tres de la tarde de un domingo cualquiera al cabo de una larga juerga. Tenía 25 años, mi propio departamento y un empleo fijo en la burocracia. El viernes a mediodía había ingerido...

Yo debí haberme rebelado

Rosita Gastelum me recibió gracias a su hija Rosa que hizo el contacto y nos reunió en la cocina de su casa en el barrio de San Antonio. Ahora se ha rebelado contra la opresión, pero a sus más de ochenta años tal vez sea demasiado tarde. Hoy nadie la reprime ni la explota, tiene tanta libertad que hasta es capaz de recordar su historia sin rencor… Bueno, sin mucho rencor. Este testimonio forma parte de mi último libro llamado El Club de los recuerdos , una  alegoría sobre la memoria poblana que muy pronto verá la luz. Fui una niña muy obediente, muy bien portada y muy babosa. Ahora comprendo –demasiado tarde–, que debía yo de haberme rebelado, haber protestado porque aparte de eso, de ser sirvienta de mis tíos, el maltrato que me daban. Me refugiaba en la religión, que me dio el consuelo de decir hay un Dios que me ayuda. Yo tuve muchos problemas. Sobre todo porque yo había salido del Colegio Salesiano, donde estuve dos años, y yo, según mi mamá, iba a seguir estudiando, y...

El malestar del bienestar

En 2004 me dio varicela. Estaba a punto de cumplir 47 años. El virus inoculó primero a las niñas, y un día antes de viajar a la sierra norte de Puebla, una alta temperatura y un malestar general inundaron cada célula de mi cuerpo. Me inoculó a mí. A la semana mi cuerpo entero ostentaba cientos de granos que no me podía rascar bajo amenaza de quedar como López Dóriga. Estaba profundamente debilitado, lloré con un comercial de un brandy donde el hijo llevaba al padre una botella con motivo de su cumpleaños, o algo así. Lo que sigue es una trascripción de escritos hechos en el rigor de los 39 grados, en medio de la enfermedad, cuyo embate duró más o menos una semana, que fue cuando realicé también esos dibujos. “Cuando entré por primera vez a un maizal me sorprendió la hostilidad de los surcos. Eran mucho más grandes y lodosos de lo que hubiera imaginado. Esa imagen vuelve una y otra vez, cuando miro la condición de mi cabeza.” “Al tercer día la cabeza es el tema. L...

Desdeño para el diseño

En 1979 la UAM-Xochimilco era una unidad recién inaugurada, quedaba en las márgenes de Xochimilco justo en los límites de Chimalhuacán, frente al canal de Chalco que va y desemboca en Cuemanco. Todavía está ahí, claro, pero ahora la urbanización ocupa todo, antes estaba vacío, el campus estaba apartado, no tenía las colonias encima como ocurre hoy. El sistema modular de educación de la carrera de Diseño Gráfico de la Comunicación, como se llamaba, me decepcionó desde los primeros días, pues se trataba de enfocar nuestras carreras a la sociología, cuando lo que yo esperaba era dibujar sin fin sobre papeles en un restirador. Lo hicimos muy parcialmente, pues estuvimos tirando líneas verticales sobre cartulinas en una materia de dibujo, mientras que las otras cinco consistían en leer un volumen de historia y sociología bastante bien hecho, pero insuficiente para interesar a aquellos estudiantes en esos temas, pues tenían, incluidos los maestros, mentalidad de ingenieros, muy técn...

La reja del muerto

En este barrio de San Pedro Cholula, llamado San Gregorio Zecapechpan, hay una leyenda -que amablemente me cuenta Emilio Ramiro-, que tiene que ver con el antiguo panteón y una serie de robos que ocurrieron en tiempos de la colonia. Los vecinos, cansados de que las tumbas de sus muertos aparecieran saqueadas cada tercer día, decidieron montar guardias vecinales en las noches para ahuyentar a los ladrones. Así pasaron los meses y los vecinos no pudieron aprehender a nadie, pero los robos a las tumbas seguían sucediendo sin ninguna explicación. Comenzaron a circular rumores de que se trataba de espíritus malignos que robaban con una intención desconocida. Desaparecían los cristos de hierro, la cantera y hasta la herrería que protegía a las tumbas. Una noche, en medio de un torrencial aguacero, los ladrones vivos o fantasmales se llevaron las rejas que rodeaban la tumba de un personaje que era un vecino conocido y respetado por todos, un hombre noble que se distinguió como un b...

Chiles en nogada

La leyenda de los chiles en nogada tal vez no sea propiamente una leyenda sino historia, simplemente, puesto que no hay nada excepcional excepto el talento y el arte culinario depositados en ellos. Viene al caso porque ha iniciado en Puebla la esperada temporada de chiles en nogada, una tradición excelsa y exquisita que me ha contado para un proyecto llamado preventivamente Leyendas poblanas vueltas a contar , Ernestina Madrid Cáceres. La historia de los chiles en nogada no comienza en un convento, sino en una casa de la ciudad de Puebla que pertenecía a tres señoritas hermanas que tenían gran amistad con las religiosas. Ellas llevaban noviazgos formales con tres oficiales del ejército trigarante, que en esos días de 1821 había entrado triunfal a la ciudad de México. Un día de principios del mes de agosto, los novios de las señoritas les preguntaron de qué forma podrían recibir en Puebla al generalísimo Iturbide, pues tenía planeado visitar la ciudad; que en opinión de ell...