lunes, 23 de mayo de 2011

Góngora



El 23 de mayo de 1627 muere de apoplejía y en lamentable estado de pobreza Luis de Góngora y Argote, tras haber perdido su capital, su lucidez y su memoria, a los que ya no pudo dedicarles alguno de sus famosos sonetos gongorianos cargados de cabriolas verbales.

Góngora cumplía 66 años tras haber sido poeta y dramaturgo que, a pesar de ser clérigo –o debido a ello, más bien-, tuvo una vida disipada acorde con su personalidad juvenil y parlanchina; le encantaba el lujo, los juegos de mesa y los toros, era buscado por los músicos y artistas y regañado por sus superiores que no veían con buenos ojos tanta disipación. Felipe III le nombró capellán real en 1617 y, tras la divulgación de su poema cumbre Soledades –siempre inconcluso-, lo único que nunca tuvo fue soledad, granjeándole fanáticos a ultranza, sin medias tintas, que lo mismo querían adorarle que ahorcarle, ganándose enemigos de talla como Francisco de Quevedo y Lope de Vega.

Tal vez la soledad le llegó al final, cuando ya no importaba a nadie, pero ni adeptos ni enemigos le negaron nunca su originalidad de pensamiento y su agudeza para crear sonetos satíricos y amorosos, filosóficos o religiosos, que lo hicieron un clásico en vida, creador del culteranismo o gongorismo, tan recurrente a posteriori en toda clase de políticos y candidatos a diputados que llevaron su estilo al arrabal.

“Si corréis sordos, no quiero hablaros;
mejor es que corráis murmuradores,
que llevo muchas cosas que contaros.”*


*Luis de Góngora, Tercetos 1

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