lunes, 3 de octubre de 2016

Puebla en los años sesenta


 En 1965 la vida en México era otra. Los jóvenes habían ganado un espacio en las ciudades que antes no tenían. No existían. Los niños de pantaloncillo corto pasaban a ser adultos con trajes que les quedaban grandes. Apenas una década antes se había inventado la juventud, única y extravagante. Ahí, en ese marco, irrumpió Elvis, se aceptó a Little Richard y muy pronto llegaron de Inglaterra cuatro gotas peludas que derramarían el vaso de la modernidad; el reflejo de ellos en nuestro propio espejo nos dieron figuras como Enrique Guzmán, César Costa, Alberto Vázquez, Angélica María y Julissa; se formaba el Peace and Love mientras los vietnamitas morían derretidos por napalm; se reafirmaba la Revolución Cubana y, con ese pretexto, Kennedy y Krushev nos ponían al borde de una guerra atómica.

Fue una década fundacional. El Apollo 11 llegó a la luna el 20 de julio de 1969 y el 17 de agosto de ese año los jóvenes estadounidenses se reunieron durante tres días en un monumental concierto en Woodstock, Nueva York. El sacrificio daba sus frutos. El movimiento juvenil había estallado un año antes en París, México y los propios Estados Unidos, mientras los tanques soviéticos habían mostrado su verdadero rostro con la invasión de Checoslovaquia.

Durante las Olimpiadas de México 68 el país ofreció una imagen moderna y progresista de sí mismo. Bueno, hasta en las matanzas era evidente ya el mundo desarrollado. Ejércitos, tanques, movimientos estudiantiles, ráfagas de metralleta, helicópteros. En esa primera gran ventana al mundo en las Olimpiadas de 1968 México procuró mostrar, aún con la violencia de dos semanas antes, una imagen de unidad, de modernidad y de progreso, francamente lejana de la antigua postal que nos mostraba con sarape y sombrero recargados en un nopal. Ciento doce países recibieron la señal televisiva en directo, donde pudieron apreciar el desempeño de sus 5 530 atletas reunidos para la justa, que pudimos ver en televisiones como aquella enorme Philco Predicta que salió al mercado en 1960.

Las casas por sí mismas tuvieron importantes avances en su acceso a la tecnología de punta. Aparecieron en los escritorios de los estudiantes y las secretarias máquinas de escribir Royal Typewriter, modelo 1961; el abuelo pudo comprarse un proyector de cine en 8  milímetros Bell & Howell, para ver las películas que él mismo filmó en el lago de Valsequillo el año de 1963. Aparece también la cámara Sony de Video Rover DV-2400 Portapack en 1967. 

 Toda esta revolución social y tecnológica no dejó de causar polémicas en ciertos sectores de la sociedad. Padres de familia y eclesiásticos pusieron el grito en el cielo con la aparición de la primera minifalda. Y se pusieron peor cuando se generalizó su uso entre las jóvenes estudiantes. Se dijeron encendidos discursos sobre la inmoralidad y la satánica música que los hijos insistían en escuchar. La vida parecía empezar a no tener sentido en los últimos tiempos, es una década absurda sobre todo para las mentes tradicionalistas y conservadoras que no ocultaron su conmoción. Andy Warhol hacía “arte” con latas de sopa y el plástico comenzó a remplazar casi todo, desde ropa hasta vasos para tomar refresco. La ropa ya no tenía sexo, ahora se hablaba de la moda unisex. Y las hijas parecían árboles de Navidad con toda clase de accesorios colgados de donde era posible colgarse algo: aros, collares, anillos, carteras y flores; y el hijo… ¡Cristo revivido!, córtate esas mechas inmediatamente.

“… cuando vinieron los rebeldes sin causa y los melenudos, se fueron las peluquerías para abajo. Se acabó”, apreció don Carlos Alberto Julián Galis.


Aunque la incidencia de drogas en Puebla fue casi inexistente respecto al consumo masivo de marihuana y ácido lisérgico en los Estados Unidos o en el propio Distrito Federal, la experimentación y la búsqueda de identidad entre los jóvenes fue intensa y emancipadora. Muchos rasgos de esa Era de la psicodelia y el hippismo se pudieron advertir en las telas y los vestidos de la época, la sencillez femenina respecto al maquillaje y la elección de ambientes que voltearon la vista nuevamente a la naturaleza, al uso de materiales nobles y sencillos como el algodón y la lana.

Los jóvenes del mundo occidental advirtieron entonces la desmedida ambición del voraz capitalismo y levantaron su voz a favor de la libertad absoluta, abrazaron con misticismo la doctrina marxista y otras cosmovisiones que los hicieron madurar como seres humanos y mirar experiencias algo exóticas como las del Oriente, específicamente de la India y sus innumerables religiones. Apareció también una nueva palabra: feminismo, que cuestionaba un tema pendiente de la humanidad.

“Había una necesidad de manifestarse –recuerda el periodista Aurelio Fernández Fuentes-, de organizarse y de hacer algo; de discutir mucho, de cantar canciones, de leer poesía; en la Casa de los Azulejos, allá en la 11, hicimos obras de teatro, un grupo de cine y leíamos libros como Cien años de soledad, toda una revelación; a Carlos Fuentes, empezamos a conocer a Monsiváis.”

En todo esto la música jugó un rol fundamental, pues apostó directamente a la ruptura entre las generaciones. Y de algunos tímpanos delicados. Se empezaron a escuchar sonidos radicales como los de Janis Joplin, Jimi Hendrix y Jim Morrison, que para muchos jóvenes representaron los mitos vivientes (y murientes, pues los tres murieron por sus excesos) de su generación. Fue la década de los cabellos extralargos y el amor libre, el toque obligatorio, el pacifismo a ultranza, la revolución a ultranza, el universal deseo del amor y la paz tras el embriagador aroma del pachule.


Son años claves para la ciudad de Puebla, momentos de definición ideológica en el que se enfrentan las vanguardias de un antiguo y arraigado estatus representado por el movimiento derechista de los FÚAS y su contraparte de izquierda ortodoxa autodenominados Carolinos, que marcaron un antes y un después en la conformación social de los poblanos.

“Las reuniones más importantes no tenían un lugar fijo –recuerda el político Armando Etcheverry-, pero una de las cosas que aprendimos fue a vivir en la clandestinidad. `No te puedo decir ni dónde ni a qué horas´, uno se iba enterando poco a poco. Eran los que clandestinamente estaban promoviendo en el interior de la universidad su viraje a la izquierda. La universidad debía de ser una universidad de lucha. Un programa que se lanzó entonces, decía que se debía luchar por una universidad crítica, democrática y popular, y era un proyecto de universidad que ponía énfasis en la investigación sin dejar de estar vinculada a las organizaciones obreras y populares, barrios y mercados, ahora el vínculo se ha perdido.”

En esta década se quintuplica la superficie del municipio de Puebla al pasar de 123 Km2 a 524 Km2 en 1962, cuando el Congreso del Estado decreta la anexión de 17 poblaciones adyacentes añadiendo 170 mil habitantes al municipio de Puebla, que pasó de 124,013 a 297,557 habitantes de un solo plumazo. En los siguientes ocho años la población creció hasta los 532 mil al final de la década.

El crecimiento se ve reforzado con el incremento de la conversión de tierras agrícolas en urbanas y la conurbación de asentamientos antiguos.1 La construcción de la autopista Puebla-México, inaugurada en 1962, fue un acontecimiento que también contribuyó a la expansión de la zona urbana y a la integración de las localidades de la parte norte de la ciudad.2 En 1965 es puesto en operación el tramo Puebla-Orizaba y, entre 1963 y 1968, se construye el ramal de la carretera a Veracruz en la periferia de la ciudad, en dirección Nororiente.

María Antonieta Espinoza era niña y recuerda el paisaje campirano que entonces mostraba el suroriente de la ciudad: “Estaba yo en la primaria y un tío nos llevaba a andar en bicicleta por lo que actualmente es Plaza Dorada. Todo ahí eran sembradíos, eran milpas, y mi tío nos llevaba por unas brechas angostas que había en varias direcciones. Nos íbamos por una brechita hasta lo que es actualmente San Manuel. Me Acuerdo que había unas cuantas casas por allá, eran ranchitos, todo muy lejanos. Es más, San Baltazar era una población muy lejana a Puebla. Sí llegábamos para allá, pero era un pueblo del municipio, ahora es junta auxiliar. Todo eso eran sembradíos.”


 La implantación industrial tiene un auge inusitado: en 1960 entra en operación la empresa Cementos Atoyac; en 1965 se construye la planta Volkswagen; en 1967 entra en funcionamiento la empresa Hylsa de México y otras industrias como Petrocel, Pheps, Dodge, Pycsa, Conelec y la Industria de Baleros Internacionales, con un impacto regional.
En este periodo se desarrollan, al oriente, las colonias Santa Bárbara, Ignacio Zaragoza y Resurgimiento; al norte, las colonias 20 de Noviembre y los Pinos y, al sur, la colonia Santa Cruz. Una buena parte de estos asentamientos ocurren sobre áreas ejidales. Se estima que la mancha urbana consolidada de la ciudad está comprendida en un área de 7 kilómetros a la redonda, tomando como punto de referencia el zócalo de la ciudad.3
Con el Decreto del 6 de septiembre de 1962 el Congreso del Estado de Puebla incorpora al municipio de la capital cinco municipios aledaños: San Jerónimo Caleras, San Felipe Hueyotlipan, San Miguel Canoa, La Resurrección y San Francisco Totimehuacán, que dejan de ser municipios autónomos y pasan a formar parte del de Puebla como Juntas Auxiliares. También son modificados los límites de los municipios de Amozoc, San Andrés Cholula y Cuautlancingo.

En 1964 desaparece de la vista el río de San Francisco, a consecuencia del entubamiento para dar lugar al actual bulevar Héroes del 5 de Mayo, terminado en 1971; se habilitan tres nuevos ingresos a la ciudad: el boulevard Hermanos Serdán, el entronque con la carretera a Tlaxcala y el de la calzada Ignacio Zaragoza.4  

“El entubamiento del río de San Francisco fue un crimen perfecto. Fue perfecto, además, para el enriquecimiento de muchos vivales poblanos. Se llevaron los campos de futbol de Las Águilas, donde yo jugaba; bueno, muchas cosas, en lugar de recuperar el río y darle un tratamiento ecológico. ¿Qué pasó? Al entubarse el río las arcillas, que eran parte natural de un sistema, ya no pueden escurrir, porque ya está cubierto el río. Se han expandido. El resultado es que hay pequeños temblores que han hecho inestable toda la zona del Centro Escolar, mi querida y amada escuela “de la república”. El Carolino mismo, que está a 30 ó 40 metros de lo que era antes el río, casi se cae (en 1999) precisamente por descontrol de las arcillas por el entubamiento del río. Así puedes ver todo el trayecto convertido en zona de alto riesgo por eso. Y lo hicieron poblanos. El desorden que fue tolerado, cobijado y auspiciado por ayuntamientos priístas como los que tenemos hasta la fecha”, apreció el vulcanólogo Alejandro Rivera Domínguez.

En 1965 se desata la construcción de mercados en la ciudad como El Carmen, el 5 de Mayo y el mercado Venustiano Carranza. Esta década estuvo a cargo de dos gobernadores: Aarón Merino Fernández (1964) y Rafael Moreno Valle, (1969-72) y de seis presidentes municipales: Rafael Artasánchez R. (1957-1960), Francisco Rodríguez Pacheco (1960), Eduardo Cué Merlo (1961-1963), Carlos Vergara Soto (1963-1966), Arcadio Medel Marín (1966-1969) y Carlos J. Arruti (1969-1972). Todos ellos impulsan una política de fomento a la producción privada de vivienda que favorece el nacimiento de la Unidad Aquiles Serdán (1965), la tercera sección del fraccionamiento San Manuel (1965) y subvención a los fraccionamientos Alpha Dos, Gustavo Díaz Ordaz, Reforma Agua Azul y Rivera del Atoyac, al suroeste de la ciudad. También se edificaron exclusivos fraccionamientos en las zonas altas de la ciudad, como el cerro de San Juan, donde se construyó La Paz, que se prolongó hacia el centro con la exclusiva Zona Comercial Esmeralda, sobre avenida Juárez; nació Rincón del Bosque, en tanto que en las faldas del cerro Tepoxuchitl aparecieron Loreto y La Calera, algo alejadas de la ciudad.



Citas:
1) La primera modernidad urbano-arquitectónica: 1900-1950. El caso Puebla.
Varinia López Vargas y Zeús Moreno Muñoz en www.rafaellopezrangel.com/
Fuente: Puebla: Una ciudad histórica ante un futuro incierto, Juan Francisco Salamanca Montes, en http://www.ub.es/geocrit/sn/sn-194-42.htm
3) Capítulo del libro: Desarrollo metropolitano, análisis y perspectivas. Sergio Flores González (compilador), BUAP, 1993, p. 276- 278
4) Puebla: Una ciudad histórica ante un futuro incierto, Juan Francisco Salamanca Montes, en http://www.ub.es/geocrit/sn/sn-194-42.htm




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