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Los años treinta en Puebla

Parte dos . El drama de la telefonía. Hablando del servicio telefónico, en el México de los años treinta ocurrió una cosa muy singular entre las dos empresas telefónica extranjeras que recibieron concesiones del gobierno para explotar el servicio público, y Puebla no fue la excepción: la Compañía Mexicana, que de mexicana sólo tenía el nombre, pertenecía a la Bell Company de los Estados Unidos y la Ericsson, de la transnacional sueca. El gobierno permitió que las líneas de cada una crecieran cada una por su lado y, para la década de los años treinta, era una situación bastante confusa, pues los usuarios de teléfonos únicamente podían comunicarse si contaban con la línea de la misma compañía. Las empresas tuvieron que poner teléfonos de ambas compañías paras prestar un servicio eficiente al público, de tal forma que el Cinema Royal, por ejemplo, que estaba en la avenida Reforma número 112, tenía con la Ericsson el teléfono 68-36, mientras que con la Compañía Mexicana el 17-81. O ...

Ay Popocatépetl

En diciembre de 1994 mi jefe me despertó a las 2 de la madrugada para avisarme que el Popocatépetl estaba haciendo “erupción”, debíamos correr a la estación de radio para informar del evento y ayudar en la contingencia, pues a la sazón éramos periodistas. Salimos a las calles desiertas de Puebla en medio de una virtual tormenta de arena, pero antes que una imagen del desierto del Sahara debes imaginar más bien  una escena invernal de algún pueblo de Alaska, pues parecía en todo caso una nevada. Como se sabe, el Popo no hizo una erupción importante hasta diciembre de 1999, mientras que espolvoreadas de ceniza las distribuye cada fin de semana, en complicidad y a capricho de los vientos, hacia sus cuatro puntos cardinales. Anoche, nuevamente nos tocó en la ciudad de Puebla y les aseguro que no es ninguna broma. Una capa más bien gruesa de polvo finísimo cubre los exteriores de la zona sur de la ciudad; se siente en la garganta, se siente en los ojos, y las autoridades “com...

Los años treinta en Puebla 1

PARTE UNO (de dos) El año de 1930 Puebla lo amaneció con elegantes faroles tipo “Hollywood” que fueron la avanzada de una industria cinematográfica que marcaría la década. Olvídense de los pianitos amenizando las imágenes mudas en las pantallas de los cines Variedades, del Colonial o el Guerrero, ahora sería posible escuchar de viva voz   la actuación de los actores, los balazos y los rechinidos de los veloces automóviles. Por si fuera poco, la radio crecía vertiginosamente y la perfecta señal de la XEX y, muy poco después, la XEW, nos mostraban a todos lo que antes era sólo privilegio de unos cuantos adultos: la música mexicana en todo su esplendor, con famosas figuras como Lucha Reyes, la Orquesta del maestro Miguel Lerdo de Tejada y los nuevos valores de nuestra bohemia encabezados por José Mojica, Alfonso Ortiz Tirado y el inigualable Agustín Lara. Pero no parábamos aquí, traspasamos entonces las fronteras de una inimaginable globalización y el cine estadounidense se en...

Un músico en la vagina

La última víctima de Hipócrates fue la inocente de Mar, que en medio de su baño semanal –bueno, día de por medio-, descubrió una nada pequeña bola en su vagina que por supuesto la asustó. Mi especializada auscultación no hizo sino incrementar el pánico, pues lo que vi fue efectivamente una bola del tamaño de una nuez que había crecido en la entradita de sus labios australes. Veinticuatro horas antes no estaba ahí, aseguró la víctima. Como no tenía ni dolor, ni nada, lo sensato –una cualidad que casi nos ha sido negada a ambos- era acudir al ginecólogo mal despuntara el día siguiente. O sea que el casi siempre deja un resquicio de prudencia, afortunadamente. Lo que sucedió a continuación tiene más que ver con las artes musicales que con la ginecología; me llevó a investigarlo. El tal Bartolini era seguramente la combinación exacta de Bart Simpson y Nicolo Paganinni, y tuvo a bien nominar esa glándula con su nombre inconfundiblemente musical, en un arranque de creativa misogi...

Conferencia universitaria

Fui invitado a dar esta conferencia sobre la materia del radio mexicano en la Universidad Interamericana de Puebla. Lamento que mi mensaje es más bien oscuro, pesimista respecto al radio, en el que observo desde hace décadas una creciente decadencia argumentativa, contrastante con sus presuntos avances tecnológicos. Por lo que se aprecia en el cartel, la discusión de estas conferencias tiende a centrarse en el tema mercadotécnico. ¡Ay!, el callo más doloroso de la radio mexicana, un proceso que no se ha sabido afrontar con criterio ni inteligencia, que se ha dejado crecer como un monstruo construido a retazos por un enloquecido genio, que ha crecido, crecido, crecido hasta llegar en los meses altos, como diciembre, a competir en tiempos con su programación artística. He contado los minutos de un corte decembrino y he llegado a ¡diez minutos!, antes de abandonar la cuenta. Una retahíla de anuncios en formato de veinte segundos apilados como ladrillos de una construcción surre...