martes, 21 de julio de 2009

¡Autogoo...gle!


El sorprendente y generoso Google ha quedado debiendo a millones con su brillante idea de Idea brillante, una chabacana y luminosa iniciativa que buscaba recoger ideas altruistas en la comunidad de internautas mundial. ¿Cuántas ideas pensaban recopilar?, no se sabe, pero de que la situación se les salió de control no hay ninguna duda. Es comprensible que, debido a la inesperada demanda, tuvieran que modificar algunas fechas, algunos criterios, pero la avalancha de ideas recibidas dio al traste no sólo con las fechas previstas, sino con su sistema de información, sus criterios de evaluación y cualquier atisbo de eficiencia que parecían tener en los puntuales requisitos de inscripción, las leoninas cláusulas de participación y los votos de silencio y propiedad que los presuntos ganadores tuvieron que aceptar de antemano.

La recepción de formularios se cerró el 20 de octubre de 2008, en la idea de que las votaciones, de una selección de cien proyectos para elegir cinco de ellos, iniciarían a partir del 27 de enero de 2009. Como se ha comentado aquí y allá, el beneficio económico que Google ofrecía era para la idea en sí, no para sus creadores, pues se trataba de beneficiar al mayor número de gente, de elegir ideas que transformaran realidades a favor de la mayor cantidad de personas, por lo que los individuos tendrían para sí únicamente el gusto de haber ayudado a una gran causa.

Unos días antes del plazo del 27 de enero Google informó que “debido a la gran acogida de este proyecto, el proceso de revisión de ideas está siendo más largo de lo esperado. Vuelve a esta página más tarde o regístrate para recibir un correo electrónico cuando hayamos anunciado las ideas ganadoras”. Afirmaba haber recibido más de 150 mil ideas y nos agradecía por ello, solicitando un correo a donde nos pudiera informar sobre los avances y las nuevas fechas de votación.

Concientes de esa dificultad, los ideosos del mundo han esperado con paciencia el desarrollo del asunto, lo llamativo es que pasan los meses y Google permanece no sólo impávido sino congelado en ese españolado mensaje colocado en enero: “Gracias a todos los que nos habéis enviado una idea…” Hablando en plata, en México actitudes como éstas no sorprenden, los gobiernos tardan meses en responder preguntas ciudadanas, cuando lo hacen; meses en pagar adeudos a sus apurados acreedores, cuando no años. Una simple lista de guarderías a las que se les paga puntualmente cada mes tardó más de treinta días en ser procesada. Estamos acostumbrados a esas tardanzas o a, simplemente, la indiferencia de presuntos patrocinadores de nuestras brillantes ideas, pero de Google, sinceramente, esperaba otra cosa. Cuando menos un sistema de información más eficiente, algo así como: “A vosotros se os quemáis las habas por saber…” o alguna boludez de esa naturaleza, por lo que su ostracismo y silencio absoluto no deja de sorprender seis meses después. ¡Ociosos del mundo uníos! En México, cuando alguien mete la pata, decimos que se metió autogol. No sé qué tan pertinente sea en este caso, pero el nombre de esta empresa brillante y novedosa no ha estado a la altura de su ecuación (10 a la 100), por lo que la imagen futbolera queda que ni mandada a hacer: Gool..gle, pues.

La página de referencia es esta: http://www.project10tothe100.com/intl/ES/index.html



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