martes, 29 de septiembre de 2009

Las Margaritas


El gobierno municipal de Blanca Alcalá propuso recientemente la construcción de un segundo piso sobre una de las más amplias avenidas de la ciudad, el Boulevard Atlixco, al estilo del Distrito Federal, que mediría mil doscientos metros con una inversión de 272 millones de pesos. Mucha gente es convencida por esas imágenes de modernidad desatada y debo decir que a mi me seducen los segundos pisos en el Distrito Federal, se ven geniales desde arriba y desde abajo, pero al escuchar los argumentos de sus detractores no puedo menos que coincidir con ellos y darles la razón. Los segundos pisos o los distribuidores viales suelen convertirse en una monserga para los habitantes aledaños y los vecinos que se ven precisados a cambiar su entorno pacífico por espacios sórdidos e inseguros. Se me ocurre, por ejemplo, el distribuidor vial de Taxqueña (Tlalpan y Miguel Ángel de Quevedo) en el DF, cuyos bajos quedaron abandonados, desiertos, sucios y peligrosos. Las pocas veces que tuve que cruzar por la parte inferior ese distribuidor sentí que me estaba jugando la vida.



Cualquier aplicación futurista debe cuidarse de incurrir en aberraciones urbanas, en las contradicciones que una modernidad forzada pueden causar cuando está rodeada de desastres y urgencias mayores, como la existencia de miles de baches, megabaches, pequeñas cuevas, diminutos cañones y hoyos de toda catadura que impiden el tránsito de los automotores metropolitanos, además de accidentes, descomposturas y daños a la propiedad privada, como nos ocurre actualmente a los habitantes angelopolitanos.

En esta ciudad hay problemas urbanos que merecen atención inmediata, cuatro carriles que se convierten en dos en varios puntos de la ciudad, topes y ausencia de semáforos en entronques de mucho tráfico, calles inmensas sin contemplación por los peatones, desorden, negligencia, corrupción. Algunos de estos problemas requieren inversión y otros simplemente necesitan imaginación y un poco de pintura. Es decir, cualquier cosa cuesta, pero no 272 millones, que de querer mejorar el funcionamiento urbano -que es tarea natural del Ayuntamiento-, alcanzarían para remediar un conjunto de menores pero apremiantes problemas de la ciudad.



Por ejemplo, hace veinte años se determinó la ampliación de la calle Circunvalación, que se convierte en Las Margaritas después de la avenida 16 de Septiembre. Media ciudad cruza diariamente, viniendo de la 11 Sur, del poniente al oriente, para llegar a Ciudad Universitaria, a San Manuel, a La Margarita. Decenas de miles la cruzamos dos o tres veces al día, y justo en la 16 de septiembre, la avenida de seis carriles de Las Margaritas se convierte, por un largo kilómetro, en una calle agujerada de sólo dos carriles. El flujo de vehículos, que es considerable, tiene que hacer una maniobra con un alto grado de peligrosidad. Cada tres minutos, durante sesenta segundos, decenas de vehículos tienen que modificar su trayecto de cuatro carriles a sólo dos. Si a esto agregas que somos los conductores más civilizados y atentos del mundo, el índice de riesgo es muy alto, pues la crisis se presenta cada tres minutos a lo largo del día.
Los vecinos hace años se echaron “para atrás”, recorriendo sus casas a donde quedará la nueva calle que ya está configurada, sólo es necesario abrirla. Esta obra, definitivamente sería menos espectacular que un segundo piso, pero también sería más económica y más provechosa, pues evitaría que miles de poblanos estén en riesgo de accidentarse (hice la cuenta) 480 veces cada día.

Las fotos cortesía de Google Earth retocadas por mi.

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