miércoles, 23 de diciembre de 2009

Las posadas poblanas


En Puebla se celebran las posadas que, de acuerdo a la tradición, inician el 16 de diciembre y terminan en la Nochebuena del día 24.

Es su aspecto básico, las posadas consisten en solicitar alojamiento y alimentos a través del canto de villancicos; el posadero al principio se niega con su propia respuesta cantada y, tras algunos intercambios musicales, al final se concede la posada estallando el júbilo de los presentes, pues señala a los peregrinos el final de la travesía.

Las posadas, netamente mexicanas, simbolizan el recorrido de María y José, desde Nazaret, para cumplir con el edicto que ordenaba a los habitantes de Judea empadronarse en las ciudades de origen; y como José era descendiente de David, nativo de Belén, la pareja tuvo que ir a esa población en un viaje que duró 9 jornadas, por lo que las posadas se festejan durante 9 días y concluyen con la llegada a Belén, la inútil búsqueda de hospedaje y el alumbramiento de su hijo en un humilde establo.

Las posadas tradicionales tiene ligeras variantes de acuerdo al lugar en donde se celebren e, inclusive, han tenido cambios importantes a través del tiempo. En Puebla, por ejemplo, están las posadas tradicionales, ligadas intrínsecamente a la religión, y las posadas juveniles, enteramente laicas, que consisten en fiestas populares con este nombre y en las mismas fechas, pero sin connotaciones religiosas de ningún tipo.

Sin embargo, en cada rincón de esta ciudad, las posadas tradicionales siguen celebrándose, ya sea por los fieles de toda una parroquia, en un barrio o sencillamente en el interior de las familias.

En relación a la liturgia, la tradición de las posadas se basa en cuatro aspectos fundamentales: pedir posada con los cantos tradicionales; rezar el Rosario; romper las piñatas y celebrar la cena en convivencia familiar.

En los barrios populares de Puebla los vecinos recorren la calle con velas prendidas, mientras pasean la imagen de la Virgen y San José, hasta que llegan a una casa donde, mediante el canto de los villancicos, solicitan posada.

Al tercer intento se abren las puertas y los participantes de la procesión acceden a la vivienda donde se organiza el festejo, utilizando antiguos artefactos y artilugios que son parte esencial de la tradición, como guíjolas, panderos, triángulos, velitas, luces de bengala y faroles, que ponen el marco indicado a la celebración, entre los que destacan, en lugar predominante, las mexicanísimas piñatas.

Hoy se celebra la penúltima posada.


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