lunes, 28 de diciembre de 2009

Mor


Mentiría su dijera que nuestro matrimonio de veintitantos años es modelo de nada. No, no es modelo. Es más, se trata de un matrimonio con problemas de diversa índole, como la inmensa mayoría. Y seguramente como la mayoría habremos pensado ambos en qué hubiera pasado de si en vez de mi hubiera sido aquél otro; o en vez de ti, hubiera sido aquella otra joven. Veintitrés años después esas nostalgias carecen de sustento y, en realidad, de sentido. Aquí nos ves, juntos, muy juntos, amando a nuestras hijas ya grandes, a nuestros amigos y amigas, ya viejos, o en vías de serlo. Disfrutando las pequeñas cosas que nos permite esta crisis perenne, sufriendo solidariamente nuestras deudas, recibiendo los dones que el cariño (a veces inmerecido) de los seres que venturosamente están en nuestro entorno. ¿Por qué nos quieren tanto? ¿por qué nos protegen, empezando por nuestros hermanos, seguidos por nuestras amigas y amigos, nuestros vecinos, nuestra dentista, nuestro mecánico? Mi primera conclusión, contundente, es que no he sido yo la causa de tanto cariño y solidaridad. Mi segunda conclusión es que has sido tú, transparente en esa personalidad algo infantil que convoca al abrazo y la protección, porque eres un ser de pocas palabras pero evidentemente de larga humanidad; un ser escrito en criptogramas que llevo veintitantos años leyendo sin acabar de descifrar. Eres como tus figuras incorpóreas de barro: uno y más rostros con líneas de narices que se deslizan como iceberg y bocas que bailan en una superficie húmeda y calcárea como rocas de cañones que antes fueron cursos de enormes caudales de agua; pequeñas ceras pétreas con rostros humanos extrañamente amables y concordantes. Es mi mejor definición al atisbar este día un fragmento de tu interior artístico, que es el de una artista funcionando a través de posturas que rompen cánones y crean nuevas formas de percepción. Pues siendo un ama de casa más bien convencional, escondes en tu biografía el perfil más tradicional que la historia nos ha enseñado sobre los verdaderos artistas. Eres tozuda y absolutamente personal. Y aunque no has llegado a cortarte ninguna oreja, eres capaz de pasarte una noche en vela imaginando un matiz o una forma que se te ha metido en la cabeza realizar. Puede apreciarse mi entusiasmo al leerte pero también mi intacta confusión, porque después de veintitantos años te sigo descubriendo, descifrando, en espera de acabar de entenderte alguna vez.

Mor: disfruta del último año de la última década de tu juventud, feliz cumpleaños, trataremos de agasajarte de la manera más ruidosa y amorosa que nuestra capacidad nos de. Recibe un beso subjetivo, pues el objetivo espero dártelo yo mismo.



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