Ir al contenido principal

Que digan que estoy dormido


La mañana del 4 de diciembre de 1953, cuatro días después de festejar su cumpleaños, la salud de Jorge Negrete provocó que todo un país contuviera la respiración. Las noticias no eran buenas, el ídolo del cine y la canción mexicana estaba gravemente enfermo.

Todos hablaban este día de Jorge Negrete, de sus canciones y de sus películas; sus ojitos pícaros y sus bigotes recortados eran como imágenes de cine que pasaban ese día, como una película, sobre los pensamientos de la colectividad. No era un muchacho, pero a sus 42 años tampoco un viejo; líder sindical, charro entre los charros y el único cantor que podía hacerle alguna sombra al indiscutible Pedro Infante.

Jorge Negrete no era un ídolo popular convencional. Su refinada educación, que incluía el dominio de cinco idiomas; su fama de caballero, sus preferencias por la música de alta cultura que, añadido a su matrimonio con María Félix hacían de él, más que un ser real, un personaje de leyenda, un mito que se alimentaba más aún con las proximidades de su muerte.

Unas horas después, como se temía, el charro cantor muere en Los Angeles, California. Su cuerpo será recibido en el aeropuerto de la ciudad de México por cien organizaciones de mariachis que interpretaron al unísono México lindo y querido. Aunque no hubo necesidad de decir que venía dormido, sí lo trajeron aquí.


Comentarios

Entradas populares de este blog

El Tentzo

El taller de la FEEP de Tzicatlacoyan, con financiamiento de la ONG española Ayuda en Acción, concluyó su escultura de papel maché con la representación del Tentzo, figura mítica de origen prehispánica situada en la parte alta del kiosco de la plaza principal de la comunidad de San Juan Tzicatlacoyan, Puebla. De acuerdo con la investigadora Antonella Fogetti ( Tenzonhuehue: El simbolismo del cuerpo y la naturaleza ), El Tentzo es una entidad “mitad dios y mitad no”, deidad antigua intrínsecamente buena, dadora de dones, que de acuerdo a la tradición tiene la facultad de asumir diferentes apariencias: catrín, charro, viejo barbón, anciana, mujer hermosa o animales diversos, que también podría ser interpretado como el famoso nahual o entidad similar. Hoy todos niegan venerar al Tentzo, pero las ofrendas periódicamente depositadas en su honor refieren todo lo contrario. Es una suerte de deidad negada pero viva, vigente. El Tentzo, cuyo nombre ostenta una montaña y la propia cordi...

Tratado de Bucareli

Tras haber cumplido tres años de gobierno, el 31 de agosto de 1923 el gobierno de Álvaro Obregón consigue reanudar las relaciones diplomáticas con Estados Unidos, de vital importancia para su gobierno, pero con una condición: la firma de un tratado que el senado mexicano había rechazado en primera instancia, pero que las presiones del gobierno y el asesinato del senador Fidel Jurado obligan a dar un viraje y aceleraron su aceptación. Durante años busqué el texto completo de este tratado que en la universidad nos había sido contado de manera inexacta. Ignoro las razones que suscitaron esa versión, que entre muchas escandalosas cláusulas reasaltaba una en la que se prohibía a México la producción de motores de combustión interna que prácticamente paralizaban el principal avance tecnológico de las primeras décadas del siglo XX. Como era de esperarse, neceé durante varios años y hasta pulí mi argumentación pues era un elemento clave a mi parecer para explicar el enanismo tecnológico de...

Yoquivo

Luz a la izquierda y atrás de ella su hermano Alfonso Escuché hablar de Yoquivo desde mi más tierna edad como el lugar de nacimiento de mi abuelita Luz. Siempre supe que estaba en la sierra de Chihuahua, pero no dónde. A pesar de haber sido mencionado innumerables veces, Yoquivo nunca fue destino de nadie cercano a la familia, hasta que Mario Rocha lo visitó en los años setenta para tramitar un acta de nacimiento de Luz. Que yo sepa es la única visita de un familiar a ese mítico lugar que imaginé de mil maneras diferentes. Con los años supe que estaba cerca de San Juanito, pueblo famoso e importante, pero tampoco sabía muy bien donde estaba San Juanito. Mi abuela abandonó Yoquivo para siempre cuando huyó con mi abuelo Leopoldo a vivir un prolongado exilio familiar que duraría décadas. Murió su madre sin que ella lo supiera oportunamente y, con el tiempo, toda su familia abandonó este pueblo. Sus hermanas, excepto Livia, que emigró a la capital del estado, se mudaron a los Estados Unido...