viernes, 19 de febrero de 2010

Casablanca


Casablanca, Marruecos, Febrero de 1943. Segunda Guerra Mundial.
Misión: el amor imposible.

En el centro de esa ciudad norafricana, un hombre atribulado por el amor, Rick, en el papel de Hamphrey Bogart, es enfrentado nuevamente a su dilema. El dilema es una asombrosa rubia, Ilsa (Ingrid Bergman), que acompaña a su marido, Claude Rains, importante miembro de la resistencia a quien Bogart ayudará a huir de los nazis.

Flash back. Unos años antes: en una estación de trenes, Rick pregunta a Ilsa sorprendido: “¡Eh!, ahora qué te pasas?” Ilsa responde: “Nada, que te quiero mucho y odio esta guerra. En este loco mundo todo puede pasar. Si algo sucediera, si no... si algo viniera a separarnos... donde quiera que vayas y donde yo me encuentre, quiero que sepas que...”

Rick la besa mientras los alemanes invaden París.

El drama de Casablanca (1942, Michael Curtiz) es, a final de cuentas, la inconsistencia del amor y la falsedad de sus estrategias. Por eso, más de medio siglo después, seguimos viéndolo como si fuera estreno.



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