domingo, 4 de abril de 2010

Hastío


La separación de don Manuel con la radiodifusora se concreta y Manuelito se queda al frente de ella. La campaña publicitaria de su nuevo producto, Paco Trejo, es algo más complicado de lo que imaginó el joven Manuel. Tiene problemas con una productora independiente que le quiere sacar más dinero del acordado. Y, de hecho, le está sacando.
El adiós de don Manuel es prolongado, casi con cada personaje y varias veces con grupos. Servando Picaso, el ingeniero, por primera vez en su vida se atreverá a criticar el cambio de perfil musical a don Manuel y a expresar sus desconfianzas por el sindicalista Álvarez.
Raúl, el galán de la telenovela, tuvo un súbito enamoramiento. Desde el primer momento en que la vio la semana anterior, en la cabina de producción, estaba enamorado de esa muchacha. Y ella, por supuesto, también cayó de hinojos ante el encanto y la belleza de él. “En su mirada hay honestidad”, contó Alma a una amiga. Guillermo, el productor lo nota y cela a Alma, que es su asistente de producción, pero sólo logra reafirmar el interés de ésta.

(fade in) “Matanzas, Cuba. Dámaso Pérez Prado, nacido el 11 de diciembre de 1916, siempre estuvo relacionado con la música. Luego de seis años de piano en el Conservatorio, el joven Dámaso soñaba ser un intérprete de la gran música clásica: Chopin, Berthoveen, Tchiaikovski eran anhelo y realidad en sus manos, pero para sorpresa de todos se hizo músico de una orquesta en el Casino de la Playa, en La Habana. ¿Qué lo hizo cambiar de género?, se le preguntó en una ocasión. Pérez Prado respondió: “Una sola cosa, hermano: ver a los compositores de la música clásica con el cuello sucio, desarrapados, desarreglados. Si después de tantos trabajos, estas personas no han logrado ganar dinero suficiente para estar limpios y bien vestidos, eso significa que el camino no es por ahí.” ¿Por dónde es el camino, don Dámaso...? “Ahhhhhúh...”

Continuará…

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