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La caza del león


Tras haberse ganado su confianza durante meses, el agente Jaques Monard, conocido en 1940 como Ramón Mercader, llega la tarde del 20 de agosto a la casa del exjefe revolucionario ruso, León Trotski, en la calle de Viena número 19, en Coyoacán, Distrito Federal, decidido a completar su misión.

La vigilancia, que había tenido varios incidentes en defensa de la vida del comunista ruso, le permite el paso, pues ya Mercader era hombre de confianza, novio incluso de una de las mujeres de la casa. Trotski lo recibe en su estudio y la conversación gira en torno a las novedades del día: la guerra en Europa, Diego Rivera que siempre era noticia y cosas por el estilo. Al cabo de un rato, con Trotski de espaldas, Mercader extrae un piolet, herramienta de alpinismo, y asesta varios golpes sobre la cabeza del anciano.

Trotski voltea y lo mira descontrolado, sangra abundantemente pero, para sorpresa de Mercader, no cae inconsciente, sino que hace aún por defenderse. Seguro de haber dado golpes mortales, Mercader huye por donde había llegado, mientras el líder Trotski se debate entre la vida y la muerte.

Al día siguiente, no obstante los esfuerzos del eminente médico Gustavo Baz, León Trotski muere en el país que lo acogió de acuerdo a su dignidad, pero muy lejos de su patria.



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