sábado, 30 de octubre de 2010

Cala Vera


Javier López Zavala

Una calaca muy mala
Vino a Puebla en elecciones
Miró una lista de opciones
Y escogió, claro, a Zavala.

“No quiero perder el tiempo
Debo volver al infierno
Este gordito está tierno
Muy sonriente y muy contento”

La madrugada del cinco
De aquel julio inolvidable
Con semblante poco amable
Le hincó el diente con ahínco.

“No quiero irme de aquí
No me mandes con los muertos
Tengo un montón de proyectos
Como presidir el PRI”.

“No Javier, mejor despierta,
Es la hora de tu fin
No te quiere ni Marín
Tu carrera está bien muerta”.

“De perdida una curul…”
La muerte le apretó el cuello
Y sin aire y sin resuello
Terminó Javier azul.

“¡No, por favor, azul no….!
Mejor rojo o amarillo”
Su mirada perdió brillo
Y su aliento ronroneó.

Hay muertes sin parangón
Muertos ilustres acaso
No fue Zavala ese caso
Es un muerto del montón.

Pasado su funeral
No existirá quien recuerde
A este político verde
Al que todo salió mal.

¿Era Zavala o era López?
¿Poblano o guatemalteco?
Me dejó el gaznate seco
Mejor sírvame otro sope.



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