Ir al contenido principal

La guerra de los pasteles


El 13 de noviembre de 1838 llega a Veracruz el contralmirante francés Charles Baudín, quien trae la consigna de cobrar a México 600 mil pesos por daños causados en una pastelería de Tacubaya, propiedad de un francés, en alguna de las múltiples revueltas civiles mexicanas. Lo que ocurrió después lo conocemos como la Guerra de los pasteles”, pintoresco nombre que me hizo creer de niño que los franceses eran agradables, bromistas y locochones. La guerra de los pasteles, a quién podía ocurrírsele un nombre así sino al gordo y el flaco o a viruta y capulina, tenía que ser un juego. Imaginaba a Santa Anna batido de merengue aventando pasteles al contralmirante Baudín, que respondía muerto de la risa con una cremosa torta de limón.

Lo que ocurrió fue ciertamente menos alegre. La guerra de los pasteles es en realidad la primera intervención francesa en México. Unos oficiales comieron en la pastelería de Mesié Remontel en Tacubaya y se olvidaron de pagar la cuenta que ascendía, según las cuentas de los franceses, a ¡sesenta mil pesos! Tras penosas negociaciones no se llegó a ningún acuerdo, pues la deuda crecía todos los días, de ahí que este día arribaron a Veracruz diez barcos de guerra con las peores intenciones. Bloquearon el puerto durante ocho meses, lo que afortunadamente lesionó los intereses de los ingleses que tenían en México uno de sus mercados más importantes de Hispanoamérica, por lo que acercaron a las costas veracruzanas su famosa Flota de las Indias Occidentales, persuadiendo a los franceses a entrar en razón y terminar poniendo pies en polvorosa. Al parecer nunca se pagaron los dichosos pasteles.

Comentarios

Entradas populares de este blog

El Tentzo

El taller de la FEEP de Tzicatlacoyan, con financiamiento de la ONG española Ayuda en Acción, concluyó su escultura de papel maché con la representación del Tentzo, figura mítica de origen prehispánica situada en la parte alta del kiosco de la plaza principal de la comunidad de San Juan Tzicatlacoyan, Puebla. De acuerdo con la investigadora Antonella Fogetti ( Tenzonhuehue: El simbolismo del cuerpo y la naturaleza ), El Tentzo es una entidad “mitad dios y mitad no”, deidad antigua intrínsecamente buena, dadora de dones, que de acuerdo a la tradición tiene la facultad de asumir diferentes apariencias: catrín, charro, viejo barbón, anciana, mujer hermosa o animales diversos, que también podría ser interpretado como el famoso nahual o entidad similar. Hoy todos niegan venerar al Tentzo, pero las ofrendas periódicamente depositadas en su honor refieren todo lo contrario. Es una suerte de deidad negada pero viva, vigente. El Tentzo, cuyo nombre ostenta una montaña y la propia cordi...

Tratado de Bucareli

Tras haber cumplido tres años de gobierno, el 31 de agosto de 1923 el gobierno de Álvaro Obregón consigue reanudar las relaciones diplomáticas con Estados Unidos, de vital importancia para su gobierno, pero con una condición: la firma de un tratado que el senado mexicano había rechazado en primera instancia, pero que las presiones del gobierno y el asesinato del senador Fidel Jurado obligan a dar un viraje y aceleraron su aceptación. Durante años busqué el texto completo de este tratado que en la universidad nos había sido contado de manera inexacta. Ignoro las razones que suscitaron esa versión, que entre muchas escandalosas cláusulas reasaltaba una en la que se prohibía a México la producción de motores de combustión interna que prácticamente paralizaban el principal avance tecnológico de las primeras décadas del siglo XX. Como era de esperarse, neceé durante varios años y hasta pulí mi argumentación pues era un elemento clave a mi parecer para explicar el enanismo tecnológico de...

Yoquivo

Luz a la izquierda y atrás de ella su hermano Alfonso Escuché hablar de Yoquivo desde mi más tierna edad como el lugar de nacimiento de mi abuelita Luz. Siempre supe que estaba en la sierra de Chihuahua, pero no dónde. A pesar de haber sido mencionado innumerables veces, Yoquivo nunca fue destino de nadie cercano a la familia, hasta que Mario Rocha lo visitó en los años setenta para tramitar un acta de nacimiento de Luz. Que yo sepa es la única visita de un familiar a ese mítico lugar que imaginé de mil maneras diferentes. Con los años supe que estaba cerca de San Juanito, pueblo famoso e importante, pero tampoco sabía muy bien donde estaba San Juanito. Mi abuela abandonó Yoquivo para siempre cuando huyó con mi abuelo Leopoldo a vivir un prolongado exilio familiar que duraría décadas. Murió su madre sin que ella lo supiera oportunamente y, con el tiempo, toda su familia abandonó este pueblo. Sus hermanas, excepto Livia, que emigró a la capital del estado, se mudaron a los Estados Unido...