lunes, 14 de febrero de 2011

Silencio


Se impone silencio cuando las palabras mortifican y dañan, cuando penetran heridas abiertas o supurantes, cuando son proferidas por voces que ejercen influencia porque son creíbles, porque son respetadas, porque son confiables. Vi en repetición la fatídica solicitud de Carmen Aristegui a que la Presidencia de México aclarara de una buena vez si el presidente es alcohólico o tiene problemas de alcoholismo, su solicitud no es irrespetuosa, es simple, es llana: ¿es o no un alcohólico?, nos interesa saberlo. La respuesta del “poder” es pedestre y represiva: se le quita del micrófono. No importan los detalles de la maniobra acallante, puesto que la evidencia es más que clara: ella dijo eso y la respuesta fue esa.

En Puebla, el renovado Congreso con mayoría panista busca despenalizar los delitos de chantaje y difamación para crear la figura de daño moral, informa hoy el periódico El Universal. Buscaría tipificar como delito la información inexacta que circule en medios de comunicación, pues, de acuerdo al diputado Mario Riestra, "la línea es muy delgada entre la libertad de expresión y el libertinaje, esos son los dos valores que se estudian. Se debe proteger la libertad de expresión pero también proteger la privacidad de todas las figuras públicas”, pero para la Asociación Mexicana de Derecho a la Información, la modificación del Código Civil pondría en riesgo la libertad de expresión.*

Viene a cuanto porque el 14 de febrero de 1989 el ayatola Jomeini decreta la pena de muerte al escritor Salman Rusdhie por su novela Los Versos Satánicos, que supuestamente ofendía la imagen de Mahoma. Desde entonces, hace 22 años, el pobre Rusdhie tiene una vida de conejo de campo, viajando a salto de mata hacia cualquiera de sus refugios clandestinos, habitualmente ingleses, pero sin dejar de escribir sus novelas maravillosas.

Las penas por hablar libremente son diversas, van desde la amenaza legal, pasando por el despido, la detención, hasta llegar a la pena de muerte. En México se aplican todas las gamas. Pero el resultado siempre es el mismo. Cuando se calla a alguien, lo único que sobreviene es el silencio. El silencio simple y contundente.


* El Universal, nota de Xóchitl Rangel corresponsal, Lunes, 14 de febrero de 2011

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