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¡Ah, carbono...!


Hasta antes del 4 de marzo de 1946 la datación de artilugios y objetos del pasado era al tanteo:

- ¿Observáis que este instrumento tiene más años que las cucharas de mi tía, doctor?
- De vuestra tía y de mi abuela Pancha. Este sarro se parece al de los dientes de señor director, que es más antiguo que Matusalén.
- Pero además, al ser un aparato gordito, muestra que quienes lo hayan hecho eran más fuertes que un buey.
- Por su olor deduzco que tiene 10 mil años.
- Muy similar al de los sobacos de mi tío Gaudencio. Pero no tan antiguo. Yo diría que ocho mil.
- Ni uno ni otro, dejémosle en nueve mil y avisemos al museo.

Pero a partir de este día de aquel año de 1946 la edad de los restos antiguos encontrados por los arqueólogos dejó de ser insondable secreto. Willard Libby descubre en su laboratorio de la Universidad de Chicago el procedimiento del radiocarbono, conocido como carbono 14, y lo explicó así:

- El carbono 14 es un isótopo radioactivo natural creado por el sol en la atmósfera, producto derivado del bombardeo de átomos de nitrógeno por neutrones cósmicos, por lo que, espontáneamente, se trueca en nitrógeno 14, que he llamado Método de Datación Radiocarbónica.

Fuera de los científicos nadie entendió mucho de la explicación, todos salieron preocupados porque volver a hablar de bombardeos en 1946 no era popular, pero confiaron en que Libby hablaba de otro género de bombas.



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