domingo, 27 de marzo de 2011

La princesa triste


El 27 de marzo de 1952 nace la huidiza estrella francesa de El último tango en París, María Schneider, que murió hace cosa de un mes. Su polémico papel en El último tango en París (1972) de Bernardo Bertolucci, en donde supuestamente hacía el amor durante noventa minutos con Marlon Brando me dejó frío, pues no era ella el prototipo de belleza que uno quisiera ver en cueros, porque tenía una personalidad esquiva y frágil como una cerámica de baja temperatura, porque su enorme melena setentera le tapaba medio cuerpo, no lo sé (haciendo cuentas me percato que la vi mucho tiempo después de su estreno, pues en 1972 yo apenas tenía 15 años), pero como entonces no había en casi ningún lado el erotismo explícito que vemos hoy en casi todos lados (hasta el Playboy era recatado entonces), en aquella rústica mentalidad adolescente, pueblerina por si fuera poco, El último tango fue sinónimo de sexualidad desenfrenada, de algunos kilos de morbo y finalmente, al verla, de decepción. No volví a saber de María Schneider hasta el 3 de febrero pasado, cuando murió en París. Las notas necrológicas hablaron de la actriz maldecida por aquel papel de Jeanne que la encasilló en el erotismo a sus cortos 19 años, lo que la perturbó el resto de su vida y la orilló a periodos depresivos y consumo de drogas. Nunca más quiso desnudarse en pantalla, aunque hizo películas posteriores con grandes actores como Jack Nicholson, Gerard Depardieu y David Bowie y, al parecer, mucha televisión en su país. El único premio actoral fue un César del cine francés, pero por lo visto lo que ganó en grandes cantidades fue el premio a la tristeza. Hoy cumpliría 59 años, pero no quiso hacerlo.



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