miércoles, 30 de marzo de 2011

Sin Esperanza y sin Paz


Me gustaría enseñarle a mi papá el funcionamiento de You Tube, si estuviera aquí: “mira, aquí escribes “hermanas Águila” ¿y qué sale? “Capullito de alhelí en la hora azul de la W.” Imagino cuánto disfrutaría el video de una grabación muy antigua de la televisión mexicana en la que Esperanza y Paz Águila llenan el acotado escenario con sus redondas y graciosas figuras mientras entonan con sus maravillosas voces la famosa canción del jibarito Rafael Hernández.


Recordaríamos juntos la cantidad de tardes y tempranas noches que estuvimos en la sala escuchando a este dueto que conozco desde mi más tierna edad: Humanidad, hasta dónde nos vas a llevar; Arráncame la vida, con el último beso de amor; Santa, santa mía… Sus voces compaginadas con la justeza de un reloj rebotan todavía en mi cerebro como si fuera ayer cuando las escuchaba con mi papá; limpias las notas en los agudos de Esperanza bajo la sombra de la segunda voz de Paz; una rubia, otra morena; una extrovertida, la otra tímida.


El 31 de marzo de 2004 muere Paz Águila a los 92 años de edad, su hermana Esperanza se le había adelantado desde 1991. Juntas hicieron uno de los duetos más memorables de la música mexicana, “patrimonio cultural de la historia de México”, como alguien las calificó sin exagerar. Detrás quedó una época y una estética musical de un país que ya no reconoceríamos y que, por desgracia, hay muy poco entusiasmo por recuperar. El dueto de América, como también se les consideró, desde su mismo nacimiento en una estación de radio de Jalisco, fue intérprete de lo mejor del bolero mexicano de todo un siglo: Lara, Curiel, Domínguez, con una mística profesional que no reconocía menjurjes. Su vigorosa voz les duró hasta su último aliento, al grado que Esperanza murió un día antes de una presentación que Paz ya no quiso cumplir (“no puedo cantar sola, no podré ir esta noche, Esperanza murió”, dijo con su singular humor negro), que con la muerte de su hermana concluyó su actuación: “sin Esperanza ya no me interesa”.


Quedarnos sin esperanza y sin paz sólo nos deja la nostalgia.



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