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El Nacional y las narices frías



No voy a decir que leí nunca el periódico El Nacional, que cuando tuve intención de leer periódicos este diario pertenecía al gobierno que a su vez pertenecía al Partido Revolucionario Institucional. No tenía la menor intención de leerlo. Recuerdo que era un periódico tradicional, a colores, en formato grandote como todos los periódicos antes de que aparecieran el Uno más Uno y La Jornada, tabloides. Supongo que tenía muy pocos lectores fuera del partidazo, que por supuesto lo utilizaba para todo tipo de grillas. En verdad no lo sé, pero hay una historia muy interesante de este periódico hoy desaparecido que ocurrió durante el cardenismo, cuando el Tata lo convirtió en un órgano de difusión obrera y campesina de corte socialista que sirvió a sus fines de propaganda y acción revolucionaria. “Concilió paradójicamente el dogmatismo del órgano de partido con una notable imaginación creativa”, afirma la investigadora de la Universidad Charles de Gaulle-Lille III, Jacqueline Covo, en un ensayo dedicado al tema.*

Cárdenas heredó el periódico creado por Plutarco Elías Calles en el 27 de mayo de 1929 con el nombre de El Nacional Revolucionario, órgano oficial del partido Nacional Revolucionario, de corte tradicional, convirtiéndolo en un órgano de “contacto popular directo” que representara el “gobierno de acción” del general Cárdenas, con secciones muy imaginativas sobre ciencia, socialismo, religión, higiene y trabajo que procuraba observar la realidad nacional y recibir las quejas que tuvieran que hacerse sobre su gobierno. Lo llamo, simplemente, El Nacional.

Puso se director a un joven revolucionario llamado Froylán C. Manjarrez, que a pesar de su edad, que no llegaba a los cincuenta, había sido diputado al Congreso Constituyente de Querétaro y gobernador de Puebla en 1922, desde donde tuvo que huir al extranjero y esperar a que se enfriaran las aguas, para luego volver tras el triunfo de Cárdenas. El lenguaje editorial nos recuerda sin remedio al Granma cubano, salvajemente demagógico y unilateral, luminoso y combativo.

Decía El Nacional el 13 de enero de 1935:

“Camarada: este periódico es para ti, mujer que trabajas en el campo; para ti, mujer compañera del obrero, del soldado, del labrador; sirvienta que con el trabajo de tus brazos haces muelle la vida de los hogares burgueses; mujer que en el fondo de tu miseria has aprendido a luchar para que tus hijos triunfen; obrerita, maestra, empleada: en esta página encontrarás siempre algo que te interesa porque está hecho especialmente para ti.”

Después del periodo cardenista El Nacional volvió por sus fueros, se convirtió en un periódico más, de corte y estructura tradicional, aunque oficial, claro está. El tiempo y la competencia lo fueron deslavando, desajustando, dilapidando. A finales de siglo un presidente lo puso en venta, alguien lo compró, pero nunca volvió a levantar el vuelo. El 9 de enero de 2009 una escueta noticia anunciaba la liquidación de El Nacional, S.A. de C.V.: “El Servicio de Administración y Enajenación de Bienes (SAE) pone a disposición del público, en términos que señala el Artículo 7 de la Ley Federal de Transparencia y Acceso a la Información Pública Gubernamental, la información de Periódico El Nacional, S.A. de C.V. (El Nacional), en liquidación. Etcétera. Ya no tenía ningún interés, ya no le importaba a nadie, ni a la Historia. Busca si no, en Google, alguna noticia sobre El Nacional y te llevarás un palmo de narices.

* Jacqueline Covo, El periódico al servicio del cardenismo: El Nacional, 1935, Universidad Charles de Gaulle-Lille III



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