sábado, 21 de mayo de 2011

La marca



Una presencia sostenida en el sistema educativo mexicano es el Politécnico Nacional, el primer sueño en nuestro país por tener obreros calificados, técnicos creativos, inventos nacionales que apenas han significado algo en la abrumadora avalancha tecnológica de los Estados Unidos.

Pero el Politécnico nació de un sueño feliz en 1932, con maestros como Narciso Basols y Luis Enrique Erro; en 1936, bajo los auspicios del Tata Cárdenas, se inaugura nuestra primera apuesta seria por la ciencia mexicana. Eran tiempos en que los mexicanos creímos posible figurar en desarrollo tecnológico a nivel internacional.

Pocos años después, el secretario de comunicaciones, Walter Cross Buchannan, 100 por ciento politécnico, fabrica con los ingenieros del Politécnico los primeros y únicos cohetes de manufactura mexicana. Lo que salía disparado de llanos guanajuatenses podrían ser llamados cuetes, pero el sólo hecho habla de la ambición de aquellos politécnicos.

Hoy se festeja el día del Politécnico. Nuestros ingenieros dominan los sistemas técnicos más sofisticados, pero con pena debemos aceptar que, a casi ocho décadas de Politécnico Nacional, aún no es hora de que exista una marca tecnológica mexicana, una especie de Sónitl.






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