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Oscar



El 16 de mayo de 1929, sin la parafernalia ni la elegancia posterior, se hace la primera entrega de las estatuillas de la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas de Los Ángeles, California, que llevarían posteriormente el nombre de Oscar y que en la actualidad nos pone a girar anualmente a los cinéfilos del mundo.

El Oscar es un monito muy mono que originalmente estaba hecho de bronce y, en tiempos de escasez, de yeso, pero terminó siendo de oro, no sé si macizo, elaborada por un productor de la Metro Golden Mayer. La leyenda dice que en 1931 una empleada que había visto a su tío Oscar desnudo tapándose su desnudez con una escoba (eso lo he deducido yo), al ver la estatuilla exclamó: “Tío Oscar”. Le dejaron el nombre. El monito está parado sobre cinco rollos, supuestamente de cine, que simbolizan las cinco categorías originales: actor, director, etc.

Ha ocurrido de todo en las entregas de los Premios Oscar, desde justicias verdaderas hasta grande fraudes. Recuerdo la rabieta que hice cuando se declaró la mejor película del año a Rocky. Estuve a punto de romper la televisión a patadas. Con el tiempo alguien ha madurado, no sé si la película o yo, pero como la he visto 834 veces en la televisión, ahora me parece un clásico de la cinematografía. Cada vez encuentro más verosímil el papel de Stallone. No sé qué haría si la dejaran de programar.

En fin. O para estar a tono con el tema: The end.



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