domingo, 24 de febrero de 2013

Banderas



Hoy es día de la bandera mexicana y no desaprovecho la ocasión para reflexionar en torno a este símbolo antiguo que siempre sirvió para distinguir un bando de otro, un ejército frente a su rival, equipos deportivos, clubes y cuanta filiación se nos ocurra. La bandera es un pedazo de tela diseñado para simbolizar una pertenencia.

Me llama mucho la atención cómo, por ejemplo, en la conquista española en México los bandos ostentaban banderas como si hiciera falta para distinguirse unos y otros. Por supuesto fueron útiles cuando Cortés logra alianzas con señoríos tlaxcaltecas para atacar Tenochtitlan, entonces ya no eran tan distinguibles unos guerreros de otros, pero los símbolos funcionaron desde el primer momento, en la primera batalla de Tehuatzingo ondeaban las banderas de unos y otros con el mismo sentido en que se usan actualmente. Y es llamativo porque eran dos ejércitos tan distintos, provenientes de culturas aparentemente opuestas en sus orígenes y evolución, como lo eran los españoles y los pobladores americanos.

Bernal Díaz del Castillo habla de esas banderas: el capitán Xicotenga “traía cinco capitanes consigo y cada capitanía traía diez mil guerreros” (…), que en total hacían unos cincuenta mil hombres, con banderas que ostentaban un ave blanca con las alas extendidas. Más adelante afirma: “vimos asomar los campos llenos de guerreros con grandes penachos y sus divisas, y mucho ruido de trompetillas y bocinas”. (1)

No hay edad ni tiempos para referirse a ellas. Leía hoy en El País las indignadas cartas de lectores sobre el escándalo Urdangarin, el incomodísimo yerno del rey, en donde sale a relucir el tema de las banderas. Dice uno de ellos: “Cada vez se ven más banderas republicanas y eso quiere decir algo, digo yo.”


Este día me gusta pensar en lo inútil también que es aferrarse dogmáticamente a un símbolo rectangular que supuestamente significan no sé qué tantas virtudes de nuestra asociación humana, que llamamos nación y presuntamente nos enorgullece tanto. El verde de la esperanza, el blanco de quién sabe qué y el rojo yo creo que de la abundan te sangre derramada en nuestros doscientos años de vida independiente.

Como lo he dicho en otros 24 de febrero, los profundos sentimientos que nos suscitan esos tres colores representativos los compartimos con muchos otros países que decidieron en su momento elegir el verde, el blanco y el rojo como colores patrios; algunos de ellos son países cercanos, conocidos, Italia, Bulgaria, Hungría, Irlanda, Argelia e Irán; otros me cuesta trabajo imaginar su ubicación geográfica o el tipo de régimen político que tendrán como gobiernos, como es el caso de Omán, Madagascar, Costa de Marfil y Tayiquistán.

Creo sinceramente que los símbolos deben respaldarse con acciones de lo que supuestamente representan, y la bandera nacional, tan llevada y traída, es traicionada cotidianamente por políticos y líderes que no es posible que crean en las supuestas virtudes de la patria, cuando actúan como lo hacen. Y el resto de los mexicanos, que cantamos solemnemente nuestro himno y saludamos marcialmente a la bandera, tampoco, pues los dejamos actuar como lo hacemos. Este tema me aburre y me abruma.


1 Bernal Díaz del Castillo, Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, capítulos XXV y XVIII, dominio público
 

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