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Ideas sin sentido

Dos ideas raras:
Una de comunicación y otra artística. La primera consiste en que los diputados decretaran concesionar a los ancianos mexicanos una estación de radio en cada ciudad mexicana mayor a cien mil habitantes; éstos se comprometerían a programar música mexicana que la usura de la radiodifusión ha impedido a varias generaciones conocer. El beneficio sería incalculable, los ancianos tendrían un poco de atención y recursos propios para crear una organización con infraestructura para ancianos, a que la tienen derecho, y los mexicanos, sobre todo los jóvenes, podrían conocer un rasgo fundamental de su cultura que solo les es transmitida por sus padres e increíblemente permanece oculta en los medios de comunicación, que programan lo que desean que la gente escuche.

Démosle recursos a los ancianos mexicanos, valores verdaderos y productivos como una estación de radio, cierta independencia para que mejoren sus vidas y dejémosles organizarse, experimentar, mostrar la riqueza de la memoria y del periodo romántico del bolero, que es una vena romántica que las nuevas generaciones deben de tener la oportunidad de conocer.


Cómic en barro

La segunda idea completamente metida en otro plan es advertir de algo muy obvio y nadie hace nada para remediarlo. Cuando además podría ser hasta negocio: en México, un país de barro, no existe barro comercial para que la gente lo consuma fácilmente, no existe el barro en las negociaciones comerciales de materiales infantiles, es decir, en las papelerías mexicanas, no obstante que hay mucho barro en nuestros suelos y que dos tercios de la mitología y del arte prehispànico de los mexicanos están hechos en barro. Basta ver el acervo del Museo Nacional de Antropología. 

Se trata de poner barro en las manos infantiles de nuestros niños, a precios y en sitios accesibles, como ocurre con la plastilina; de estimular el uso del barro a través de planes educativos de la SEP.

Es una desgracia cultural que los niños no conozcan el barro, su barro, el barro de su historia matria. Debe estar accesible a ellos. Y los adultos también podemos disfrutarlo.

Dicho así tal vez parezcan ocurrencias, pero estas ideas, desarrolladas, tienen mucho sentido. Pongamos barro en las manos de los niños mexicanos, construyamos hornos ecológicos y devolvamos la cerámica al pueblo.


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