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Subenestrujanbajan

En un viejo chiste mexicano se hace una pregunta capciosa: ¿cómo se dice camión urbano en alemán? La respuesta era: “subenestrujanbajan”. El chiste lo entendemos muy bien en México porque acá transporte urbano es sinónimo de maltrato y riesgo: subes, te estrujan y te bajan. Hay en la cultura automovilística de nuestro país una inclinación a la violencia identificable en los nombres populares que tienen algunas funciones en el manejo de un vehículo. No se avanza, se arranca; al frenar con cierta violencia “te amarras”; para dar una vuelta a izquierda o derecha das un “volantazo”; si llevas a alguien le estás dando “un  aventón”, no limpias el parabrisas le das un “trapazo”, a la defensa le llaman “tumba burros” y cuando tienes un accidente: “te pusiste en la madre”. El agente de tránsito “muerde”, los conductores extorsionados son mordidos. La violencia es parte sustantiva en nuestra transportación. Subirse a un autobús en el Paseo Bravo de la ciudad de Puebla y viajar al su...

¿Quiere crédito?

Mi amiga no quería un crédito, mucho menos bancario. La mala fama que persigue a la insaciable y ciega usura de los bancos era suficiente como para huir de esa posibilidad, pero su cuenta en HSBC la puso en una lista de candidatos a recibir un crédito al que reiteradamente se negó en los últimos meses, no obstante que le hablaron cinco o seis veces. Por fin, incómodas y pequeñas deudas y otra clase de necesidades perentorias la obligaron a aceptar el día de ayer el ofrecimiento, pidió la información necesaria para gestionarlo y se aseguró de cumplir con los requisitos que le solicitaban. Muy fácil, el amable empleado le indicó que con una identificación y un comprobante domiciliario era suficiente, que acudiera con ellos a su sucursal. Me pidió acompañarla. En el banco todo resultó sencillo. Una ejecutiva, muy amable también, le tomó los datos y le informó que su línea de crédito era de veinte mil pesos. Mi amiga no necesitaba tanto, pidió que fuera de diez mil, así las cuotas ...

Flecha

El año pasado tuve el gusto de presentar a un escritor paraguayo en una de las sedes culturales del Ayuntamiento poblano, el Dr. Víctor-jacinto Flecha, un hombre bajito, de sesenta y seis años de edad, que inició su ponencia sobre la importancia de la memoria en los pueblos con la lectura de una decena de poesías en español y guaraní. Una semana antes nunca había escuchado hablar del poeta y ensayista Víctor-jacinto Flecha, lo que no sólo era una vergüenza, sino una gran pena, pues en esos pocos días pude enterarme del significado que tiene en Paraguay este nombre. Sea en análisis político, social, cultural, económico, la voz del Dr. Flecha ha estado presente ahí desde la cárcel de la longeva dictadura, desde el exilio o desde su propia patria, a su regreso hace veinte años. Crítico hasta lo involuntario, el Dr. Flecha es ese tipo de personajes incómodos que son indispensables en nuestras incipientes democracias, pues de ellos emerge una voz sin miedo y con las bases suficiente...

Ay Chi Pat

El 18 de julio de 1847 se desata la llamada Guerra de Castas en la Península de Yucatán, en realidad guerra de reivindicación maya que puso en alerta a aquellos que discutían en el centro de México qué hacer con el candente “problema indígena”. “Si los educamos ya ven lo que está pasando en Yucatán”, se convierte en un argumento de peso contra los que abogaban por la educación indígena como medida pacífica de incorporación a la patria. La guerra de castas encendió un cerillo que se convirtió en incendio regional para permanecer encendido durante 54 años. Yucatán estaba del otro lado de una selva inextricable para los incipientes medios de comunicación de la época, por ello pudo convertirse en una virtual república porque no había manera de impedirlo desde el centro, apurado de por si en sus propios conflictos. Debe recordarse que ese año de 1947 México sufre la peor de las invasiones yanquis a su territorio y estuvo muy cerca de perder “todo” ante su poderoso invasor. Pero la guerra en...

¿Civilizar?

El 16 de julio de 1894 nace en Teziutlán, Puebla, Vicente Lombardo Toledano: abogado, filósofo, político, orador y educador de ideas avanzadas. Lombardo fue director de la Escuela Nacional Preparatoria, gobernador interino de Puebla, fundador de la CTM, la Universidad Obrera y el Partido Popular Socialista, del que fue presidente del comité ejecutivo nacional desde su fundación en 1948, hasta su muerte en 1968. Leí a Lombardo como material alternativo de mi tesis de antropología, pues no sólo era contemporáneo a mi autor de referencia, Miguel Othón de Mendizábal, sino además era su amigo. Creo que Lombardo era más un ideólogo que un estudioso o académico, a pesar de haberse licenciado como abogado y haber obtenido el título de doctor en filosofía. Sus opiniones respecto al indígena mexicano son certeras y simples, coincidentes por cierto con Mendizábal que creía que había mucho qué ver en los pueblos originarios y que sus lenguas no debían desaparecer, como apuntaba la tendencia del in...

El paseo de la mudanza

El 15 de julio de 1867, luego de cuatro años de resistencia contra los invasores franceses y sus aliados mexicanos, Benito Juárez hace su entrada triunfal a la ciudad de México, de donde había huido para hacer una presidencia itinerante. El camino de San Luis Potosí a la ciudad de México había sido glorioso. En pueblos y ciudades los habitantes tronaron cuetes y echaron la casa por la ventana para festejar el regreso de los republicanos. Por ahí se encontró a Porfirio Díaz, algo ladino con el presidente; frente a las costas amenazaba el inefable Antonio López de Santa Anna, que buscaba alguna coyuntura para meter su único pie, pero los gringos no se lo autorizaron, lo hicieron huir a Cuba. La República había sido restaurada y Juárez llegaba a la capital cargado de deudas, de promesas y de esperanzas, esperando que el espíritu de las leyes prevaleciera en la caótica circunstancia nacional. Regresaba Benito a una ciudad que por cuatro años fue imperial; su equipo presidencial andaba a la...

La deuda

El 14 de julio de 1918 nace el director de cine sueco Ingmar Bergman, para muchos el más grande realizador de la historia. Pongo mi modesto voto a esa opinión. Como cinéfilo, se es uno antes de Bergman y otro después de él. Debo confesar que su fama me llegó antes que su cine, de modo que cuando vi El último sello estaba algo prejuiciado y me pareció un poco acartonado. Fue cuando vi por primera vez Fresas Silvestres que caí víctima de su magia narrativa, de su capacidad de mirar hacia el pasado y el futuro a la vez, su especial manera de acercarse a la intimidad, a los enigmas ridículos de la vida y también a los insondables; el cine de Bergman, o mejor, sus personajes, refieren lo humano con una sensibilidad universal. Yo pensé que habría visto buena parte de la bibliografía de Bergman, iluso. De sus sesenta películas, que comienza a hacer en 1945 ( Kris ), sólo conozco una decena que, en orden de satisfacción recuerdo, además de las dos mencionadas, Gritos y susurros, Fanny y...