viernes, 7 de abril de 2017

Viaje al sur


Aterrizamos en Santiago de Chile el 1 de febrero de 2017 en el sopor de un candente verano agudizado por la sequía y una serie de incendios forestales que tienen al país en estado de shock. Cris y Frank nos esperan en la abarrotada sala del aeropuerto y rápidamente nos conducen por las modernas carreteras interiores de la capital hasta el frescor de su domicilio en la comuna de Peñolén, en el suroriente de Santiago. Nuestros anfitriones responden a cada una de nuestras numerosas preguntas porque ese día todo lo queremos ver y también todo nos lo quieren mostrar. Por la tarde subimos al cerro de San Cristóbal, el parque metropolitano y paseo recurrente de la capital con su funicular y teleférico, desde donde no es posible disfrutar del habitual paisaje espectacular pues la ciudad está cubierta con una blanca capa de humo; con todo y eso no deja de ser espectacular esta ciudad que ha crecido exponencialmente en las últimas décadas y a la que, nos dicen, custodia una imponente cordillera de los Andes que por ahora es imposible ver, aunque nos aseguran que está ahí, detrás de todo ese humo. Lo que sí es visible justo desde la moderna cabina del teleférico es Sanatthan, nombre sardónico del barrio que encabeza la desproporcionada Torre de Josh Paulman, construida por el dueño de una cadena de supermercados Jumbo y de la poderosa constructora ISI, que sobresale en proporción de 10 a uno de sus edificios vecinos.

Descendimos del cerro por el barrio Bellavista, una agradable zona de cafés y restaurantes donde una multitud de jóvenes con poca ropa beben cerveza en bares al aire libre ostentando en sus disímbolas extremidades tatuajes de toda índole que es claramente la moda del momento. Bonitas las chilenas.

Nuestros amigos nos han invitado a asistir a una tradicional peregrinación que por generaciones sus familias han realizado en periodos vacacionales. Es al sur del país y toda nuestra información se circunscribe a ello, lo inesperado es darnos cuenta de que ellos también parten de esa previsión, pues no se sabe de bien a bien los sitios específicos que visitaremos, ni los días ni las actividades. De a poco comenzamos a comprender el sentido de aventura que tiene para ellos esta peregrinación tradicional.



Dos días más tarde partimos hacia nuestro ignoto destino, lo que no quiere decir que lo hiciéramos en la inopia, pues tuve tiempo de preparar alguna clase de información sobre este querido, añorado país, que me sirviera de soporte en nuestro “viaje al sur”. La que más me llamó la atención fue la relativa al asunto de los bosques. En julio de 2015 la presidenta Bachelet prorroga por tres años Decreto Ley (DL) 701 de 1974, dictado ese año por Augusto Pinochet con el argumento de que impulsaría la industria forestal con el subsidio de un monocultivo forestal.

A precios irrisoriamente bajos, la dictadura vendió a grupos económicos grandes extensiones de tierras, algunas de ellas arrebatadas a comunidades mapuche, así como viveros y plantas industriales. El subsidio para las plantaciones era de casi el 100% con la eliminación de impuestos de los terrenos y de la producción forestal; créditos estatales en extraordinarias condiciones, excusión del pago de aranceles de exportación. A la fecha se han plantado casi 3 millones de hectáreas de pino radiata y eucaliptus, la mayor parte sobre milenarios bosques nativos, pues estas variedades crecen a edad comercial en una década, lo que representa un jugoso negocio. Cuánto –me preguntaba yo-, como para que la nueva democracia de izquierda hubiera dado su brazo a torcer al no revertir la dañina ley forestal. Bueno, si hablamos de que el sector forestal en 1980 representaba exportaciones por 254 mil dólares, en el 2014 la madera chilena representó 6 mil 904 millones de dólares, la segunda entrada de divisas chilena tras la minería. Claro, en 1974 se hablaba de 300 mil hectáreas de pino maderable y ahora hablamos de 3 millones de hectáreas ganadas al bosque nativo.1

Ya que iba a andar por ahí, me interesaba hasta qué punto era visible la producción del monocultivo maderable en el sur chileno que siempre imaginé boscoso. Las sorpresas iban a ser muchas y, en ocasiones, devastadoras.



1 Fuentes: Víctor Toledo Llancaqueo, historiador mapuche, “El enclave forestal chileno en territorio mapuche” (artículo)/proceso.com.mx/ Ministerio de Planificación en su Encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional (CASEN) de 2009/ Estudio de la Corporación Nacional Forestal (Conaf), Gonzalo Durán de la Fundación Sol/ http://www.elmostrador.cl/noticias/opinion/2016/12/26/joven-mapuche-baleado-simbolo-de-la-represion-del-estado/

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