lunes, 18 de julio de 2011

Ay Chi Pat



El 18 de julio de 1847 se desata la llamada Guerra de Castas en la Península de Yucatán, en realidad guerra de reivindicación maya que puso en alerta a aquellos que discutían en el centro de México qué hacer con el candente “problema indígena”.

“Si los educamos ya ven lo que está pasando en Yucatán”, se convierte en un argumento de peso contra los que abogaban por la educación indígena como medida pacífica de incorporación a la patria.

La guerra de castas encendió un cerillo que se convirtió en incendio regional para permanecer encendido durante 54 años. Yucatán estaba del otro lado de una selva inextricable para los incipientes medios de comunicación de la época, por ello pudo convertirse en una virtual república porque no había manera de impedirlo desde el centro, apurado de por si en sus propios conflictos. Debe recordarse que ese año de 1947 México sufre la peor de las invasiones yanquis a su territorio y estuvo muy cerca de perder “todo” ante su poderoso invasor.
Pero la guerra en Yucatán no era propiamente política, aunque había grandes problemas políticos entre los intereses campechanos y los meridanos, representados por Santiago Méndez y Miguel Barbachano, que se vieron rebasados por la sublevación. La guerra estalla por el hartazgo maya de las precarias condiciones de vida de la mayoría de la población, las deudas impagables y hereditarias de las tiendas de raya de las haciendas, el tráfico de trabajadores para ser comerciados como esclavos en la vecina Cuba, el feroz control social, la disfrazada esclavitud, el hambre, el abandono, el cinismo.

La chispa se encendió en la hacienda Culumpich, propiedad de Jacinto Pat, con cientos de mayas armados por el propio gobierno yucateco para la defensa de la nueva república que voltearon sus armas contra el opresor. En unos días se desató la represión. Antonio Ay, líder maya en Chichimilá, es aprehendido y ahorcado en una plaza. Cecilio Chi, proveniente de la oriental Tepich, ordena la muerte de los blancos. Desde el sur, Jacinto Pat avanza con sus tropas. Era la guerra, llamada posteriormente de castas, pero en realidad la guerra maya, que duraría la friolera de medio siglo, con un cuarto de millón de muertos, hasta que el gobierno federal estuvo en condiciones de intervenir con ventaja en 1901. Claro, en el camino de disolvió la república yucateca, pasando a ser parte de la república mexicana.

sábado, 16 de julio de 2011

¿Civilizar?




El 16 de julio de 1894 nace en Teziutlán, Puebla, Vicente Lombardo Toledano: abogado, filósofo, político, orador y educador de ideas avanzadas. Lombardo fue director de la Escuela Nacional Preparatoria, gobernador interino de Puebla, fundador de la CTM, la Universidad Obrera y el Partido Popular Socialista, del que fue presidente del comité ejecutivo nacional desde su fundación en 1948, hasta su muerte en 1968.

Leí a Lombardo como material alternativo de mi tesis de antropología, pues no sólo era contemporáneo a mi autor de referencia, Miguel Othón de Mendizábal, sino además era su amigo. Creo que Lombardo era más un ideólogo que un estudioso o académico, a pesar de haberse licenciado como abogado y haber obtenido el título de doctor en filosofía. Sus opiniones respecto al indígena mexicano son certeras y simples, coincidentes por cierto con Mendizábal que creía que había mucho qué ver en los pueblos originarios y que sus lenguas no debían desaparecer, como apuntaba la tendencia del indigenismo cardenista. Con ironía, Lombardo preguntó qué clase de “cultura” presuntamente superior era la que se pretendía “enseñar” a los indios de México.

“…queriendo hacer un beneficio a nuestro país –escribió Lombardo Toledano-, sintiéndonos renovadores de la nación, abjurando del pasado equivocado y funesto, hemos hallado una fórmula que parece maravillosa: incorporar al indio a la civilización. ¿En cuál civilización?, pregunto yo. ¿En la civilización de los filósofos espiritualistas que tenemos? ¿en la civilización de los representantes de la prensa burguesa y clerical como el Excélsior? ¿en la civilización que preconizan los órganos del clero mexicano? (…) ¿en la civilización que preconiza la mayoría de nuestros maestros, que tiene una cobardía formidable respecto de las nuevas ideas, y que las viejas no las entienden? ¿en la civilización que preconizan los españoles, los ingleses, los norteamericanos, los alemanes y los franceses dueños de la escasa industria nacional? ¿en cuál civilización vamos a incorporar al indio? No hay civilización mexicana, por una razón: porque lo poco que tenemos de civilización europea no es más que la representativa de una cultura burguesa en decadencia”.*

* Lombardo Toledano, Vicente: El problema del indio, Septetentas, México 1973, p. 208.




viernes, 15 de julio de 2011

El paseo de la mudanza



El 15 de julio de 1867, luego de cuatro años de resistencia contra los invasores franceses y sus aliados mexicanos, Benito Juárez hace su entrada triunfal a la ciudad de México, de donde había huido para hacer una presidencia itinerante.

El camino de San Luis Potosí a la ciudad de México había sido glorioso. En pueblos y ciudades los habitantes tronaron cuetes y echaron la casa por la ventana para festejar el regreso de los republicanos. Por ahí se encontró a Porfirio Díaz, algo ladino con el presidente; frente a las costas amenazaba el inefable Antonio López de Santa Anna, que buscaba alguna coyuntura para meter su único pie, pero los gringos no se lo autorizaron, lo hicieron huir a Cuba.

La República había sido restaurada y Juárez llegaba a la capital cargado de deudas, de promesas y de esperanzas, esperando que el espíritu de las leyes prevaleciera en la caótica circunstancia nacional. Regresaba Benito a una ciudad que por cuatro años fue imperial; su equipo presidencial andaba a las carreras desimperializando el Castillo de Chapultepec para que llegara don Benito y lo sintiera lo más republicano posible, pero el presidente les mandó decir Juárez con gran visión: “No destruyan nada, todo eso es historia”.

Extrañaba a Margarita, no tenía ropa, quería ir al barbero, estar a la altura de las circunstancias en su nueva condición de gobernante indiscutible. Era urgente convocar a elecciones para darle legitimidad a su presidencia, que por supuesto iba a ganar.

La tarde de este día, con impecable traje y disimulando sus emociones, mientras se dirige al Palacio de Minería a dar su discurso de la república restaurada, cuando su carreta circula por “El Paseo de la Emperatriz”, le comentó a su acompañante, Sebastián Lerdo de Tejada: “esta gran avenida cambia su nombre por el Paseo de la Reforma”.

jueves, 14 de julio de 2011

La deuda



El 14 de julio de 1918 nace el director de cine sueco Ingmar Bergman, para muchos el más grande realizador de la historia. Pongo mi modesto voto a esa opinión. Como cinéfilo, se es uno antes de Bergman y otro después de él. Debo confesar que su fama me llegó antes que su cine, de modo que cuando vi El último sello estaba algo prejuiciado y me pareció un poco acartonado. Fue cuando vi por primera vez Fresas Silvestres que caí víctima de su magia narrativa, de su capacidad de mirar hacia el pasado y el futuro a la vez, su especial manera de acercarse a la intimidad, a los enigmas ridículos de la vida y también a los insondables; el cine de Bergman, o mejor, sus personajes, refieren lo humano con una sensibilidad universal.

Yo pensé que habría visto buena parte de la bibliografía de Bergman, qué iluso. De sus sesenta películas, que comienza a hacer en 1945 (Kris), sólo conozco una decena que, en orden de satisfacción recuerdo, además de las dos mencionadas, Gritos y susurros, Pasión, Escenas de un matrimonio, Sonata de Otoño, Cara a cara, El huevo de la serpiente y no estoy seguro de De la vida de las marionetas. Hace algunos años leí su autobiografía: La flauta mágica, homónima de uno de sus filmes, que cerró un círculo en mi experiencia como seguidor y acólito de su sacramento. La experiencia completa de su cine es filosófica a la vez que artística. Cuánto debo a este hombre.

De no haber muerto el 30 de julio de 2007, el mismo día que Michelangelo Antonioni, Ingmar Bergman cumpliría hoy 93 años.

miércoles, 13 de julio de 2011

Los preindignados



El primer signo de la indignación española que llenó las plazas públicas desde hace dos meses en ese país, y cuyas peticiones llegaron para quedarse en la agenda política, ocurrieron el 13 de julio de 1997 cuando, tras dos días de permanecer desaparecido, el concejal del Partido Popular de Ermua, Vizcaya, apareció herido de muerte la madrugada de este día, con dos tiros en la cabeza, para morir cuatro horas después.

Miguel Ángel Blanco era el nombre de una víctima más de las acciones de ETA, pero terminó siendo el símbolo del hartazgo nacional a la violencia irracional de los radicales vascos. Los papás y los abuelos de los indignados de hoy salieron a las calles a vociferar consignas contra ETA, contra la violencia, contra la impunidad: "ETA, escucha, aquí tienes mi nuca..."

El joven Miguel, de 29 años, pronto a casarse y con proyectos musicales, deportivos y políticos, se convirtió en un símbolo que aglutinó a millones de españoles en torno a una misma idea: paz, sensatez política, alto a los crímenes inútiles. Fueron los preindignados que hoy toman las plazas españolas contra el pacto del euro, la crisis económica y la clase política de su país. Creo.






martes, 12 de julio de 2011

Robocop mexicano



Tras dos accidentes de aviación bastante severos, como suelen ser esos accidentes para los que quedan vivos, el joven Emilio Carranza tenía tornillos de platino con los que le habían reconstruido el rostro. No era cualquier Carranza, hacía tan sólo diez años su tío abuelo, don Venustiano, había sido el jefe de la revolución y artífice de la Constitución de 1917 y, aunque había perdido la vida en circunstancias parecidas a la derrota, su obra política tenía ya un sentido republicano más que honroso.

Como sea, Emilio, que se interesó en la aeronáutica desde los trece años, obtuvo apoyos del gobierno y a los 21 era teniente piloto aviador de la Fuerza Aérea Mexicana, por lo que fue comisionado para las campañas del Yaqui, acompañado de su hermano, donde sufrieron justamente el accidente que le costó la cara.

En julio de 1928 el capitán coahuilense, a bordo de su avión México Excélsior, inicia un vuelo sin escala México-Washington. No llega a la capital de Estados Unidos, aterriza en Carolina del Norte, a sólo 90 kilómetros de su objetivo, donde igual le brindan un modesto homenaje.

Emilio Carranza no volvería a su país, el 12 de julio de 1928, sobrecargado su avión de combustible con el afán de hacer un viaje sin escalas, la aeronave es vencida por la tormenta derrumbándose sobre los campos de Mount Hally, Nueva Jersey. En esta ocasión, no había platino que lo reconstruyese. Tenía 23 años, seis meses de casado, toda una vida por delante. Sus restos, recuperados al siguiente día, se fueron derechito a la Rotonda de los Hombres Ilustres, aún cuando este hombre, sobre el papel, fuera todavía un adolescente aventurero. El primer Robocop mexicano.

domingo, 10 de julio de 2011

Louis el ceniciento



Dos días de la primera semana de julio, separadas por 70 años, celebran el nacimiento y la muerte de Louis Armstrong, el genial trompetista de jazz.

Es 1910, Louis tiene 9 años, deambula sin rumbo por las barriadas de Nueva Orleans, hurga en los botes de basura y rescata panes, frutas con mitades podridas. Louis Daniel, hijo de un tal Armstrong (que abandonó la casa desde que se acuerda) y de Mayann, una ya no tan joven negra que reparte su tiempo trabajando como sirvienta en las casas de blancos y de prostituta en los bares de los barrios bajos que abundan en las márgenes del Missisipi. Louis es un niño observador, esquivo, delincuente.

A los 15 años, es internado en el Hogar Municipal para Muchachos de Nueva Orleans tras haber disparado un revólver en plena calle para celebrar el Año Nuevo de 1913. No había día que no tuviera a la policía encima; la calle y Louis eran una misma cosa. De espíritu festivo, exultante, de luces esporádicas, dispersas, casi perdidas en la inmensidad de la noche adulta, en los desvelos y los amaneceres doloridos; de intenso olor a pez, sudor, delito, Louis es la mejor representación de los jóvenes negros de la calle de las primeras décadas del siglo XX.

El asilo ofrece a Louis el punto de referencia que necesitaba, ya que tenía un buen oído por haber cantado en un cuarteto de niños ahulladores en rondas esquineras de a centavo; ahora obtenía su primera corneta, percibía las diferencias en la música; aprendió marchas populares, rags y baladas. Es decir, entendió el jazz, lo adoptó. Cuando se dio cuenta de lo que tenía, estaba dispuesto a perderlo.

En el Nuevo Orleans de los años veinte un músico con talento sólo tenía que doblar la esquina para encontrar trabajo. Louis Armstrong conoció a los principales músicos de la ciudad; no hubo antro, salas de baile, cafés, honky tonks y burdeles que no amenizara con su inigualable trompeta.

Hacia 1923, Louis Armstrong es un trompeta que se distingue por su vigor, al grado que debió ser colocado a unos metros de la banda. En un foro aparte entregado a su público en charola de plata brillante como su trompeta. El jazz primitivo de Nueva Orleans era una música de grupo, con breves lucimientos de los diferentes solistas, pero este trompetista estaba desarrollando un estilo propio movido por fuerzas ocultas y una extraña disposición personal. Cantaba, hacía chistes, lanzaba tremendas carcajadas con sus blancos dientes que contrastaban con el oscuro acento de su piel. Este jazzista... estaba cambiando el show.

Por derecho propio, en 1925 Louis Armstrong dirige su propia banda; graba discos y se descubre a un hombre que, además de brillante trompeta, es un cantante excepcional y un showman de categoría. Louis Armstrong en 1930 ya era una leyenda.

Hasta su muerte en 1971 aparece en 50 películas, graba decenas de álbumes, es una estrella que brilla en todos los escenarios; mundialmente famoso, el más grande trompetista del jazz, el primer músico solista, el gran ceniciento.

El espíritu de Louis luminoso de su música, pícaro como sus ojos... rondará los escenarios del jazz para señalar que su trompeta, en sus numerosos discos y películas que nos negamos a guardar, está más viva que nunca.

* Datos de libro: Jazz, de John Fordham.






viernes, 8 de julio de 2011

El roto de Chile



El 8 de julio de 1538 fue ejecutado en Cuzco, Perú, Diego de Almagro, quien suplicó por su vida de forma no precisamente honrosa. Su propio ejecutor, Hernando Pizarro, se sorprendió de su terror considerando que venía de un hombre que había estado frente a la muerte en numerosas ocasiones: “Me maravillo que un hombre de vuestro ánimo tema tanto a la muerte”, le expresó Pizarro, conminándolo a confesarse porque su hora había llegado.

Almagro tuvo esa extraña proyección que los moribundos tienen en los albores de la muerte; su vida pasó como una película frente a sus inexpresivos ojos desenfocados. El torniquete del garrote vil comenzó su trabajo de estrangulamiento desde la parte posterior de la cabeza. Almagro recordó a sus padres en su lejana Almagro, su villa en ciudad Real, España; su llegada a Perú; su amistad con Francisco Pizarro y su posterior rivalidad; la conquista del Cuzco, la ejecución de Atahualpa, su nombramiento como gobernante de la Nueva Toledo y el título de Adelantado en las tierras al sur del lago Titicaca. Y bueno, antes de perder la conciencia debido a la presión del torniquete que le perforaba el cráneo, su desastroso viaje a Chile, la ida gélida de las montañas y el retorno ardiente del desierto. No había encontrado oro, no había encontrado nada, excepto indios belicosos, bravos como los que más. Su viaje sólo sirvió para que se les inventara un mote ridículo: “los rotos de Chile”, pues fue esa la condición en que retornaron. En ese momento se extinguió la luz.

jueves, 7 de julio de 2011

Hawai 7-7



A finales de los años sesenta la televisión se veía francamente mal en el pueblo. Mejoraba en las noches. Entre las primeras experiencias familiares en torno a este novedoso aparato se hallaba la serie Hawai Cinco 0, en la que un atractivo y arrugado detective, James McGarrett (James MacArthur) ponía en su lugar a los maleantes chinos (después comprendí que no eran chinos, sino hawaianos) y combatía la corrupción y el crimen de manera implacable. Fue mi primera experiencia con esa entidad llamada Hawai, que después volvería una y otra vez en forma de ola, de paraíso y de historia.

Hace unos meses nos quedamos sin televisión por cable. Una verdadera pena. En las noches, cuando ya el cuerpo pide un poco de relax, nos tumbamos en el sillón y vemos en televisión abierta la nueva versión de Hawai Cinco 0. La historia es la misma; la música es la misma, aparece el detective McGarrett (ahora Alex O'Loughlin), vapuleando hawaianos mafiosos y muchas otras entidades étnicas que han llegado de todo el mundo a estas islas del Pacífico Norte. El problema es que yo ya no soy el mismo, y las violentas batallas de McGarrett y su asociado, el detective Danny Williams (Scott Caan), perturban mi entendimiento ante todo porque son unas islas muy lejanas del resto del mundo que no tendrían por qué contar con los servicios de un detective de Chicago o Nueva York que se encargue de limpiar las cloacas locales. Aunque tiene dos subordinados “hawaianos” (Daniel Dae Kim y Grace Park, que a mí me suenan francamente coreanos), la historia renueva aquella vieja versión de que un pueblo sin estadounidenses no podría funcionar, por lo que es menester ir a gobernarlos. Y es lo que los Estados Unidos hicieron a finales del siglo XIX, antes de cualquier serie de televisión.

El 7 de julio de 1898, tras quedarse con Cuba y Puerto Rico, Estados Unidos pone su estrellada garra sobre estas ocho islas de Pacífico central, antiguamente conocidas como las Islas Sándwich, de acuerdo al nombre que les puso el primer explorador occidental, James Cook, en 1778, que los nativos se comieron unos meses después. Por esos mismos años se desata una guerra civil que termina en 1810 con el reinado de Kamehameha, iniciador de un linaje que gobernaría hasta 1891. A su muerte siguió el deterioro familiar, el malhadado gobierno de una pariente, golpes de Estado, gobiernos provisionales y la llegada de Estados Unidos e Inglaterra a poner orden en la escena.

Finalmente, este día de 1898 Estados Unidos lo “anexa” a su territorio y hasta 1959, seis décadas después, le otorga el estatus de Estado de la Unión. Es entonces cuando llega McGarrett y nosotros nos sentamos en aquella televisión que apenas se veía pero que mejoraba en las noches. Tata tata ta tataaan, ta ta ta ta taaann.






miércoles, 6 de julio de 2011

Sismo electoral



El 6 de julio de 1997 los mexicanos vivimos una jornada electoral largamente anhelada, que aunque no lo sabíamos entonces, era el preludio de otro acontecimiento todavía más contundente en el 2000: la derrota del PRI en la cámara baja y el Distrito Federal.

La noche de este día, el inexpresivo presidente Ernesto Zedillo aparece en cadena nacional para decir estas palabras:

“A estas horas, sin embargo, gracias a los conteos rápidos, debidamente acreditados, y a las declaraciones que los propios partidos han hecho, considero propio, sin demérito de lo que determine la autoridad electoral, expresar algunos reconocimientos. (…) Quiero felicitar muy sinceramente al Ing. Cuauhtémoc Cárdenas por el triunfo que, conforme los datos de la votación hasta ahora disponibles, ha obtenido para la Jefatura del Gobierno del Distrito Federal. (…) Considero que es prematuro referirme a otros posibles resultados de las elecciones federales y estatales que hoy hemos tenido. Podré hacerlo el día de mañana, cuando las autoridades competentes hayan proporcionado la información pertinente, con el suficiente grado de confiabilidad”.

Y en efecto, las autoridades electorales de aquel IFE de José Woldenberg informaban del fin de la hegemonía priísta en la legislación mexicana. Por primera vez en la historia, el PRI pierde la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados. Ese mismo día ocurrió un terremoto de magnitud 6,8 en Chile, pero el sismo político mexicano no nos permitió solidarizarnos adecuadamente con nuestros amigos chilenos, había tantas cosas que reconstruir aquí.

martes, 5 de julio de 2011

Los poetas mienten



En el planeta Marte el anciano capitán John Black encuentra algo inesperado: su pueblo natal, que recorre emocionado. Dispuesto a no hacer demasiadas preguntas, camina por las calles conocidas hasta llegar a su casa, que ve con la mirada obnubilada por el llanto. Ahí está su madre, su querido hermano. Su padre andará en el cuarto de las herramientas, como siempre. Sus familiares lo reciben como si apenas ayer se hubieran despedido de él. Black está consciente de encontrarse en Marte y, sin embargo, también sabe que está es su casa. Es la tercera expedición de abril del año 2000 de Crónicas Marcianas, de Ray Bradbury. Pero todo era una fantasía, literatura.

La madrugada del 5 de julio de 1997 (¿tres años antes?), luego de haber amartizado la noche anterior en el Valle de la Muerte, de la Planicie de Oro del planeta Marte, el pequeño Sojourner, de escasos 10 kilogramos de peso, avanza con sus seis rueditas por el accidentado piso marciano. No había familiares, ni padres, ni madres, ni nada que no fueran piedras y tierra; no había pueblos de Ohio, ni sueños, ni capitanes excepto dos lunas indiferentes que lo miraron transitar durante 83 días que duró la misión Mars Pathfinder de la NASA.

Sin el romanticismo de los soñadores, sin la prolífica fantasía de Verne, de Arthur C. Clark, de Bradbury, de Frederik Pohl, de Kim Stanley Robinson, de Edgar Rice Burroughs, de Philip K. Dick y todos los creadores de mundos extraordinarios imaginados para Marte, el Sojourner caminó y miró con su lente óptica para refrendar lo que todos en la tierra habíamos sospechado: los escritores mentían. O como lo pensó Nietzsche; “los poetas mienten demasiado”

lunes, 4 de julio de 2011

El tren



El 4 de julio de 1857 se realiza la primera parte de un largo sueño que tenía la forma de un convoy de ferrocarril. Durante muchos años se estuvieron instalando toneladas de rieles de acero sobre miles de durmientes para darle forma a una fantasía que dejaba obsoletos a los carruajes de caballos y todas sus implicaciones: la lentitud, la incomodidad, la inseguridad. La entelequia prometía comodidad, rapidez y seguridad para la vida y los bienes de los pasajeros. Los habitantes de la ciudad de México podrían viajar al puerto de Acapulco en sólo un día sin dejar los huesos adheridos a los asientos, sin el zangoloteo inclemente de los caminos, sin el Jesús en la boca después de cada curva. En el fondo nadie lo creía “¿será posible, don Julián?”. Pues sí, por lo visto sí.

La mañana lluviosa de este día, el momentáneo presidente de la república, Ignacio Comonfort, inaugura la línea de ferrocarril México-Acapulco. Con precaución los asistentes comprobaron que “la cola” del tren no chicoteara contra la estación arrasando con todo, pero pronto vieron que el largo convoy caminaba ordenadamente sobre las negras líneas de acero en medio de un enorme estruendo de fierros, vapor y pitidos. Por el momento viajaría sólo a unos kilómetros de la capital, hasta la Villa de Guadalupe, pero de que era una realidad no había ninguna duda. El telegrafista de la estación avisó a través de sus sofisticados aparatos que el tren había partido. México ponía un pie –o mejor, unas poderosas ruedas de acero- en la modernidad.






domingo, 3 de julio de 2011

Pequeño gran Kafka



Aún cuando hay versiones de que nació en Tacubaya, las evidencias muestran que el 3 de julio de 1883 nace en Praga, República Checa, un pequeño y atormentado ser que llegaría a convertirse en unos de los símbolos del siglo XX: Franz Kafka, autor de La Metamorfosis y El Proceso.

Lo de Tacubaya se utiliza como prueba palpable de que vivimos en un país kafkiano en el que buena parte del año nos sentimos cucarachas, de los interminables trámites y vericuetos que hay que seguir casi para cualquier cosa, país se ventanillas y apapachos sexenales. Después, la indiferencia y el miedo, la insatisfacción y la alienación; la desesperación y el absurdo; millones de seres movidos por la angustia de ver pasar el tiempo con las mismas promesas, los mismos juegos de palabras, las mismas caras de siempre. De ahí la pertinencia de nuestro kafkanismo.

Durante cien años las inteligencias más destacadas han tratado de encontrarle sentido a las palabras de Franz Kafka con resultados por demás contrastantes, pero han coincidido en un punto: se trata de uno de los escritores más influyentes de su siglo. Al igual que Juan Rulfo, a Kafka le bastó muy poco para conmover los cimientos de la humanidad. Su pequeña obra es, sin duda, una de las más grandes de la literatura moderna.

sábado, 2 de julio de 2011

El fin de una Era



El 2 de julio de 1915 el anciano no recordaba ni su nombre y ya tenía varias semanas así, alucinando cosas, viviendo en otro lugar que no era París, su lugar de residencia. Pensando locuras, irrealidades, incoherencias.

José de la Cruz Porfirio Díaz Mori tenía 84 años de edad y había sido de todo en su país natal: seminarista, diputado, militar liberal, general de división, gobernador, presidente de la república y dictador. Era todo un paquete de experiencias y complejidades.

Tras 34 años en el poder absoluto, el 25 de mayo de 1911 Porfirio Díaz renuncia a su enésimo mandato por orgullo, sintió que el pueblo ya no lo quería. Viajó a París, Francia, donde duró cuatro años enterándose a retazos sobre los acontecimientos de su amada patria, ahora convulsionada por cuartelazos, escisiones y revoluciones. Hasta la tarde parisina del día de hoy, mediodía mexicano, cuando su médico cerró sus ojos. El odiado y el amado don Porfis había muerto.

No moría un hombre, moría una Era.






viernes, 1 de julio de 2011

Tan al norte



En un país de tan cara independencia como el nuestro, nos es difícil comprender la fiesta nacional canadiense, que se festeja hoy.

Canadá no tuvo guerra de independencia, no tiene caudillos militares, ni mártires; no tuvo revolución, ni brazos cercenados, ni monumentos necrófilos. Fue una colonia inglesa, luego miembro de la comunidad británica, después, por la Constitución de 1867, país independiente. Ahora es una de las grandes economías de América.

Felicidades, pues.