martes, 31 de mayo de 2011

Garganta profunda



Luego de treinta años de silencio, el misterioso informante denominado Garganta Profunda que fue pieza clave en la derrota política de Richard Nixon conocida como el Escándalo Watergate, hace pública su identidad: Mark Felt.

Garganta Profunda fue la asociación de dos fenómenos de alto impacto y popularidad en la sociedad estadounidense. Por un lado, la fuente original, que fue la película porno (Deep Throat) de Jerry Gerard estrenada en junio de 1972; por el otro, un informante del FBI de alto nivel, apodado Garganta Profunda, que informó al periodista del Washington Post, Bob Woodward, la implicación del presidente Nixon en una sucia operación de espionaje en el edificio Watergate, sede del Partido Demócrata en Washington, D.C., que costó la presidencia a Nixon y el poder al Partido Republicano, además de dos o tres importantes cabezas de la Casa Blanca que terminaron en la cárcel.

Los lectores de la crónica novelada que resultó de la serie de artículos publicados en el diario capitalino, llamada Todos los hombres del presidente, no pudimos menos que deshacernos los nudillos por el ansia de tener alguna noción sobre la identidad de ese personaje que se entrevistaba con el periodista en un oscuro estacionamiento, pero estaba claro que se trataba del mayor secreto que difícilmente se iría a revelar. Al menos, no por el lado de Woodward.

El 31 de mayo de 2005, finalmente, quien fuera el tercero en la jerarquía del FBI en 1971, explicó a los medios de comunicación que decidió traicionar la confianza del presidente Nixon debido a la desilusión que le causó el nombramiento de Patrick Gray al frente de la agencia federal, a la muerte del histórico cacique Edgar Hoover en 1972. Ahora, al parecer, el viejo y enfermo Felt, que moriría apenas tres años después, además de la gloria y el crédito de haber sido “la fuente anónima más famosa en la historia de Estados Unidos", en palabra del New York Times, también necesitaba un poco de dinero.






domingo, 29 de mayo de 2011

El jugoso Jack



El día que mataron a John F. Kennedy acababa de cumplir seis años de edad, estábamos en la cocina de la casa y escuchábamos un radio que estaba encima del refrigerador. Mi mamá lloraba (Aída lloraba con casi cualquier muerto que tuviera una mínima relación con su vida, y en ocasiones sin ninguna relación, como el día que se metió a una funeraria y lloró copiosamente al difunto; al rato descubrió que no era el muerto al que iba a ver, lloró otro rato, se despidió, entró a la sala de “su” muerto y volvió a llorar. Así era Aída. Pero a JFK lo quería porque periódicamente enviaba alimentos que llegaban por ferrocarril y ella ayudaba a repartir entre los pobres de Cuauhtémoc, además de que era guapo y joven, apenas siete años mayor que mi papá) y miraba el radio como si allí estuviera el féretro. Yo no alcanzaba a verlo, pero escuchamos emocionados unos jets que surcaban el cielo en homenaje al presidente asesinado. Sinceramente yo pensé que era nuestro presidente, todavía no acababa de comprender que nuestro país no era Estados Unidos, al que estábamos tan estrechamente ligados en nuestro estado fronterizo, sino un país del sur de los Estados Unidos que conocí después.

John Fitzgerald Kennedy nace el 29 de mayo de 1917 en la casa familiar de la calle Beals de Brookline, Massachusetts, segundo de los nueve hermanos, hijos de un traficante de licor que hizo su fortuna al margen de la ley en el periodo de la prohibición. No se sabe de ningún apodo profesional, pero probablemente le decían el Chapo K o algo parecido, pues sus influencias en la mafia le duraron algunas décadas y todavía alcanzaron para ayudar a su hijo a ganar la presidencia en los albores de los años sesenta.

Kennedy fue el primer presidente estadounidense que nació en el siglo XX, el primer –y único- católico en alcanzar ese puesto. Antes de ser presidente sobrevivió a un grave incidente en la Segunda Guerra Mundial, fue senador y finalmente venció a Ricky “El Sucio” Nixon en las competidas elecciones de 1961. El mito dice que es uno de los grandes mandatarios que ha tenido Estados Unidos, pero sus cuentas, antes de morir asesinado, no son completamente optimistas. Si bien consolida el movimiento por los derechos civiles que les otorga un nuevo estatus a los negros que todavía vivían en una suerte de apartheid, hace el oso de invadir a los cubanos en una desastrosa misión conocida como Bahía de Cochinos, se rezaga en la carrera espacial contra los rusos, a quienes además mira impávido construir el muro de Berlín; finalmente interviene en las primeras acciones de la guerra de Vietnam, que resultaría tan costosa a la humanidad. Pero su muerte violenta, cinematográfica y oscura lo reviste de un halo heroico que tal vez no merecía, pero que sucedió. Lo cierto es que su breve estadía en el poder estuvo signada por su popular matrimonio, con una esposa de abundante personalidad, sus muchas amantes -algunas célebres y otras con claros nexos con la mafia-, sus graves achaques de salud que mantuvieron en vilo a la clase política y sí, su magnética y agraciada personalidad que le daba un aire de rebelde con causa.

Jack, como le conocían sus cercanos, muere a la edad de 54 años a manos de un perturbado personaje, hábilmente manipulado por una combinación de intereses de la mafia y los servicios de inteligencia, que nunca pudo declarar porque lo mataron de inmediato. Previsiblemente, las investigaciones posteriores concluyeron (¿dónde he escuchado esto?) que, sin ninguna duda, Lee Harvey Oswald había actuado “enteramente solo” en el magnicidio. Como quiera, su historia, a la que asocian insistentemente con la leyenda de Camelot, ha sido una jugosa caja de naranjas que han estado exprimiendo durante sesenta años, con ganancias fabulosas, y no se ve el día en que la dotación de cítricos se vayan a terminar.






sábado, 28 de mayo de 2011

Bajen las armas y festejen



El 28 de mayo de 1864, a bordo de las fragata Novara de bandera austriaca, arriban a Veracruz el Archiduque José Maximiliano de Habsburgo y su esposa Carlota, acompañados de un numerosos séquito de austriacos, franceses y mexicanos.

En Puebla todo mundo corría nerviosísimo. Ya se habían hecho los arreglos pertinentes un año antes. Fernando Pardo, el Prefecto Político del Departamento de Puebla, había transmitido a los vecinos desde julio de 1863 lo que el Supremo Poder Ejecutivo Provisional de la Nación ordenaba a todos los habitantes de México: “La Nación mexicana adapta por forma de gobierno la monarquía moderada hereditaria, con un príncipe. El soberano tomará el título de Emperador de México.”

En una reciente y sabrosísima publicación del Archivo Municipal de Puebla, titulada Destino México*, se dan los pormenores de las celebraciones que debían hacerse en honor del imperio, en una ciudad que sólo dos meses antes se había batido en un doloroso sitio de sesenta días contra el ejército francés. Ahora se le pedía buena cara. El material no tiene desperdicio.

Juan E. de Uriarte, prefecto municipal de Puebla, anuncia en el Diario Oficial de la Prefectura de Puebla que “a fin de solemnizar de la manera más digna la declaración del imperio que debe regir al país y para ceñir la corona ha hecho por unanimidad y aplauso de toda ella, a favor de Emperador Fernando Maximiliano, Archiduque de Austria”, había que hacerse todo un irigote en honor de “la restauración del imperio y el nombramiento del esclarecido monarca el Archiduque Fernando Maximiliano.”

El festejo consistía más o menos en esto: “desde las cinco de la mañana se anunciará la festividad con salvas de viento y un cañonazo, con el repique general a vuelo, con el disparo de millones de cohetes y con la música y vítores que reconocieron las calles, en seguida nuestro hermoso pabellón fue izado en todos los edificios públicos.”

“A las diez abrirá la marcha una escuadra de gastadores de caballería; seguirán los representantes de los barrios con sus pendones respectivos y los dependientes del Ayuntamiento con los instrumentos propios de las comisiones que desempeñan, vistosamente adornado, y precedida cada una de estas de una bandera tricolor con el nombre de la comisión y este tema: ¡Viva Fernando Maximiliano, Emperador de México!”

Y como dice el ranchero del anuncio de la televisión: ¡A darle!



* Destino México, Testimonios en el Archivo Histórico Municipal de Puebla 1808-1931, Coordinadoras: Felícitas Ocampo López y María Aurelia Hernández Yahuitl, Buap/Ayuntamiento de Puebla, 2010, p. 191-192






viernes, 27 de mayo de 2011

El Nacional y las narices frías



No voy a decir que leí nunca el periódico El Nacional, que cuando tuve intención de leer periódicos este diario pertenecía al gobierno que a su vez pertenecía al Partido Revolucionario Institucional. No tenía la menor intención de leerlo. Recuerdo que era un periódico tradicional, a colores, en formato grandote como todos los periódicos antes de que aparecieran el Uno más Uno y La Jornada, tabloides. Supongo que tenía muy pocos lectores fuera del partidazo, que por supuesto lo utilizaba para todo tipo de grillas. En verdad no lo sé, pero hay una historia muy interesante de este periódico hoy desaparecido que ocurrió durante el cardenismo, cuando el Tata lo convirtió en un órgano de difusión obrera y campesina de corte socialista que sirvió a sus fines de propaganda y acción revolucionaria. “Concilió paradójicamente el dogmatismo del órgano de partido con una notable imaginación creativa”, afirma la investigadora de la Universidad Charles de Gaulle-Lille III, Jacqueline Covo, en un ensayo dedicado al tema.*

Cárdenas heredó el periódico creado por Plutarco Elías Calles en el 27 de mayo de 1929 con el nombre de El Nacional Revolucionario, órgano oficial del partido Nacional Revolucionario, de corte tradicional, convirtiéndolo en un órgano de “contacto popular directo” que representara el “gobierno de acción” del general Cárdenas, con secciones muy imaginativas sobre ciencia, socialismo, religión, higiene y trabajo que procuraba observar la realidad nacional y recibir las quejas que tuvieran que hacerse sobre su gobierno. Lo llamo, simplemente, El Nacional.

Puso se director a un joven revolucionario llamado Froylán C. Manjarrez, que a pesar de su edad, que no llegaba a los cincuenta, había sido diputado al Congreso Constituyente de Querétaro y gobernador de Puebla en 1922, desde donde tuvo que huir al extranjero y esperar a que se enfriaran las aguas, para luego volver tras el triunfo de Cárdenas. El lenguaje editorial nos recuerda sin remedio al Granma cubano, salvajemente demagógico y unilateral, luminoso y combativo.

Decía El Nacional el 13 de enero de 1935:

“Camarada: este periódico es para ti, mujer que trabajas en el campo; para ti, mujer compañera del obrero, del soldado, del labrador; sirvienta que con el trabajo de tus brazos haces muelle la vida de los hogares burgueses; mujer que en el fondo de tu miseria has aprendido a luchar para que tus hijos triunfen; obrerita, maestra, empleada: en esta página encontrarás siempre algo que te interesa porque está hecho especialmente para ti.”

Después del periodo cardenista El Nacional volvió por sus fueros, se convirtió en un periódico más, de corte y estructura tradicional, aunque oficial, claro está. El tiempo y la competencia lo fueron deslavando, desajustando, dilapidando. A finales de siglo un presidente lo puso en venta, alguien lo compró, pero nunca volvió a levantar el vuelo. El 9 de enero de 2009 una escueta noticia anunciaba la liquidación de El Nacional, S.A. de C.V.: “El Servicio de Administración y Enajenación de Bienes (SAE) pone a disposición del público, en términos que señala el Artículo 7 de la Ley Federal de Transparencia y Acceso a la Información Pública Gubernamental, la información de Periódico El Nacional, S.A. de C.V. (El Nacional), en liquidación. Etcétera. Ya no tenía ningún interés, ya no le importaba a nadie, ni a la Historia. Busca si no, en Google, alguna noticia sobre El Nacional y te llevarás un palmo de narices.

* Jacqueline Covo, El periódico al servicio del cardenismo: El Nacional, 1935, Universidad Charles de Gaulle-Lille III



jueves, 26 de mayo de 2011

Nocaut efectivo



Al día siguiente cumpliría doce años de edad, portaba el brazo derecho enyesado y estaba dispuesto hasta a bañarme con tal de tener un cumpleaños feliz. Era la tarde del lunes, la monja Sara nos avisó: ha muerto Adolfo López Mateos -el primer presidente mexicano de mi vida-, recemos un padre nuestro por él. “Pero ahora tenemos a Diezgordas”, me acuerdo que grité. No le debes decir así al presidente, me amonestó la monja, como sea debemos respetarlo, pues es el presidente. El “como sea” de la monja llevaba jiribilla, Diezgordas había masacrado a los estudiantes un año antes en Tlaltelolco.

Qué extraño recuerdo, lo mantengo fresco como si lo hubiera grabado en una inexistente grabadora magnetofónica. Por supuesto tenía una vaguísima idea de quién era Adolfo López Mateos. Muchos años después lo fui entendiendo, pero lo primero que supe de él es que era un presidente muy popular y estimado por la gente (menos por los ferrocarrileros, los estudiantes, los maestros, muchos líderes obreros y numerosas familias como la Jaramillo, supe después), presunción que se esgrimía debido a la afición del presidente por asistir a las funciones de box en la arena Coliseo. “Nos acompaña, respetable público…” (me enteré posteriormente que el público de la arena tampoco era tan respetable), sin que lo agredieran ni le echaran miados desde la gayola; también que le encantaba manejar autos deportivos y que fue el primer mexicano que viajó a toda velocidad por la autopista México-Puebla y de regreso ¡sin pagar peaje! –después me enteré que los políticos nunca pagan nada, pero igual.

El 26 de mayo de 1910 nace en Atizapan, Edomex, Adolfo López Mateos, que fue abogado, profesor y director de la escuela secundaria en la que estudió él mismo. A sus veinte años impresionó a José Vasconcelos cuando, en su campaña por la presidencia, el joven Adolfo se echó tremendos discursos revelándose como un astuto y convincente orador que de mucho le iba a servir en su carrera política, en la que ascendió escalones en el mejor estilo del oficio: senador, secretario de trabajo de Ruiz Cortines y presidente de México entre 1958 y 1964, cuando ganó las elecciones contra un popular panista chihuahuense, Luis H. Álvarez.

La presidencia de López Mateos estuvo marcada por sus viajes y la creación de
importantes instituciones que todavía hoy son símbolos de nuestro sistema político y cultural, como el Issste, el Museo de Antropología, el de Arte Moderno y el Hospital 20 de Noviembre, por mencionar cuatro importantes. Crea el sistema de libros de texto y hace dos unidades habitaciones imaginadas para seres humanos y no para gallinas, como las de hoy: Tlaltelolco y la Unidad Independencia; nacionaliza el sistema eléctrico que estaba en manos de empresas extranjeras y rompe relaciones diplomáticas con Guatemala.

Tiempos de autoritarismo a ultranza, la represión social también fue uno de los signos de su gobierno. Un dudó, como no lo hicieron ninguno de los presidentes de la época, en reprimir con extrema violencia las legítimas peticiones de los gremios, que habían crecido y se habían desarrollado y ya no cabían en la cuna revolucionaria confeccionada para ellos. Sacó a la policía y se dio gusto toleteando a los ferrocarrileros, a los maestros y a los estudiantes, a los que descabezó y encerró en la cárcel de Lecumberri con el garlito de la “disolución social” que usan los tiranos. El más lamentable de los crímenes de su gobierno fue el asesinato de toda una familia, la de Rubén Jaramillo, que no respetó edades ni sexos y se los echó a todos, dejando helada a la nación. “Yo no fui, fue Teté”, se usaba entonces como respuesta a cualquier solicitud de investigación y se cerraba el expediente.

López Mateos fue el presidente más enfermizo de cuantos hemos tenido en México. Sus dolores de cabeza fueron un quebradero de cabeza no sólo para él, sino para todo el país. Aparentes migrañas que lo dejaban fuera de combate en un cuarto especial junto a su despacho. No eran migrañas, se supo después, el presidente sufrió siete aneurismas que en 1967 le quitaron el habla y, un poco después, el cerebro todo, viviendo los dos años restantes en estado vegetativo hasta el lunes 22 de septiembre de 1969, un día antes de mi cumpleaños número 12, en que por fin murió.

miércoles, 25 de mayo de 2011

Dolor, infección, hartazgo



Lo que vemos es a un hombre cansado, sordo, agotado no tanto por sus largos ochenta años sino por un dolor de muelas espantoso que no le permite casi pensar. Lleva 39 años en el poder y por primera vez se ha atrevido a pensar seriamente en dimitir, de acuerdo a lo que confió al señor obispo desde el día 17. Motines populares, dolor, cansancio. Ya. La noche anterior Porfirio Díaz comenzó a redactar su esperada renuncia para pronunciarla el día de hoy, 25 de mayo de 1911, ante el pleno de la Cámara de Diputados:

“El Pueblo mexicano, ese pueblo que tan generosamente me ha colmado de honores…” Etcétera, etcétera.

Firmada la paz con los tratados de ciudad Juárez el camino a París se abre franco. No hay necesidad de más sangre ahora que el pueblo “se ha insurreccionado en bandas milenarias armadas”, afirma en su despedida. “No conozco hecho alguno imputable a mí que motivara ese fenómeno social; pero permitiendo, sin conceder, que pueda ser culpable inconsciente, esa posibilidad hace de mi persona la menos a propósito para raciocinar y decir sobre mi propia culpabilidad.”

La culpabilidad de los tiranos es la ceguera, Porfirio. Nadie te quiere aquí… ¿o sí? ¡Qué haremos sin don Porfirio! La Cámara de Diputados aprobó por unanimidad la renuncia, pero no hubo aplausos. Las miradas incómodas se arrastraban por los pasillos del palacio cargadas de emoción y preocupación. Los gritos de la chusma afuera dificultaban el desciframiento de los susurros interiores. Dolor, gritos, vejes, cansancio. ¿Qué estoy haciendo aquí?

París, Europa y sus palacios; Díaz será recibido como dignatario por el rey español Alfonso XIII en el palacio de la Zarzuela; será invitado por el káiser Guillermo II de Alemania; se curará de su infección bucal, viajará por los Alpes de Suiza, por las pirámides de Egipto. ¿Qué estoy haciendo aquí?

“Espero, señores diputados, que calmadas las pasiones que acompañan a toda revolución, un estudio más concienzudo y comprobado haga surgir en la conciencia nacional, un juicio correcto que me permita morir, llevando en el fondo de mi alma una justa correspondencia de la estimación que en toda mi vida he consagrado y consagraré a mis compatriotas. Con todo respeto.”

Dolor, infección, hartazgo.

martes, 24 de mayo de 2011

El Rey Viejo



Cualquiera podría pensar que don Venus tenía unos cien años de edad. Noventa cuando menos, ochenta siendo amable. Pero no, Venustiano Carranza tenía apenas sesenta años de edad cuando arribó en forma de fiambre a la ciudad de México el 24 de mayo de 1920. Con todo, los embalsamadores hicieron buen trabajo en su cadáver, no sólo al conservarlo durante cuatro días de aquel lluvioso y caluroso mayo, sino en el rostro del viejo constitucionalista, que lucía restirado y suave, como si tuviera cincuenta. Edad indefinida la de algunos muertos, sobre todo si son célebres como lo era “El Viejo”.

Cuatro días antes, en una casucha de madera donde se había refugiado de las tormentas que suelen caer en la sierra norte de Puebla, don Venus recibió las ráfagas de balas ciegas disparadas a la oscuridad por los hombres del general Rodolfo Herrera, que lo siguió como un perro de presa por toda la sierra hasta que lo alcanzó en Tlaxcalantongo.

Atrás quedaba el alto y robusto hacendado de Coahuila que se unió a la lucha tras el asesinato de Madero con el firme propósito de derribar a Victoriano Huerta, el usurpador y asesino. Había pasado seis años en el poder ejecutivo mexicano y su mayor satisfacción, que era la cereza del pastel carrancista, fue ver proclamada una constitución política a la altura de los tiempos. Había vencido a Villa en Celaya, aniquilado a Zapata en Chinameca, pero ese propio brazo armado, aunque mocho, era el que ahora se había volteado contra él. Y mira nomás la condición en que lo dejó, todo agujereado. Pero si con el cadáver de Zapata hubo suspicacias y sospechas, que dizque no era el general, el bulto inmóvil de don Venus no dejaba dudas a la especulación. Un poco hinchado, quizás, sin sus famosos lentecitos quevedos que lo identificaban tanto, pero era él, con sus barbitas blancas y deslavadas. El Rey Viejo que describió Fernando Benítez.

“A Carranza lo conocí por el rumbo de Atlixco –me contó doña María Santillana en su casa de la 7 Oriente de la capital-, a él le cantaban un corrido que decía: `Con las barbas de Carranza voy a hacer una tortilla pa`ponérselo de sombrero al general Pancho Villa`.”

Días después, en el Congreso de la Unión, el jefe del Plan de Agua Prieta, Adolfo de la Huerta, es designado presidente interino de la República para cubrir el periodo que don Venus dejaba inconcluso, hasta el 30 de noviembre de ese año.



lunes, 23 de mayo de 2011

Góngora



El 23 de mayo de 1627 muere de apoplejía y en lamentable estado de pobreza Luis de Góngora y Argote, tras haber perdido su capital, su lucidez y su memoria, a los que ya no pudo dedicarles alguno de sus famosos sonetos gongorianos cargados de cabriolas verbales.

Góngora cumplía 66 años tras haber sido poeta y dramaturgo que, a pesar de ser clérigo –o debido a ello, más bien-, tuvo una vida disipada acorde con su personalidad juvenil y parlanchina; le encantaba el lujo, los juegos de mesa y los toros, era buscado por los músicos y artistas y regañado por sus superiores que no veían con buenos ojos tanta disipación. Felipe III le nombró capellán real en 1617 y, tras la divulgación de su poema cumbre Soledades –siempre inconcluso-, lo único que nunca tuvo fue soledad, granjeándole fanáticos a ultranza, sin medias tintas, que lo mismo querían adorarle que ahorcarle, ganándose enemigos de talla como Francisco de Quevedo y Lope de Vega.

Tal vez la soledad le llegó al final, cuando ya no importaba a nadie, pero ni adeptos ni enemigos le negaron nunca su originalidad de pensamiento y su agudeza para crear sonetos satíricos y amorosos, filosóficos o religiosos, que lo hicieron un clásico en vida, creador del culteranismo o gongorismo, tan recurrente a posteriori en toda clase de políticos y candidatos a diputados que llevaron su estilo al arrabal.

“Si corréis sordos, no quiero hablaros;
mejor es que corráis murmuradores,
que llevo muchas cosas que contaros.”*


*Luis de Góngora, Tercetos 1

sábado, 21 de mayo de 2011

La marca



Una presencia sostenida en el sistema educativo mexicano es el Politécnico Nacional, el primer sueño en nuestro país por tener obreros calificados, técnicos creativos, inventos nacionales que apenas han significado algo en la abrumadora avalancha tecnológica de los Estados Unidos.

Pero el Politécnico nació de un sueño feliz en 1932, con maestros como Narciso Basols y Luis Enrique Erro; en 1936, bajo los auspicios del Tata Cárdenas, se inaugura nuestra primera apuesta seria por la ciencia mexicana. Eran tiempos en que los mexicanos creímos posible figurar en desarrollo tecnológico a nivel internacional.

Pocos años después, el secretario de comunicaciones, Walter Cross Buchannan, 100 por ciento politécnico, fabrica con los ingenieros del Politécnico los primeros y únicos cohetes de manufactura mexicana. Lo que salía disparado de llanos guanajuatenses podrían ser llamados cuetes, pero el sólo hecho habla de la ambición de aquellos politécnicos.

Hoy se festeja el día del Politécnico. Nuestros ingenieros dominan los sistemas técnicos más sofisticados, pero con pena debemos aceptar que, a casi ocho décadas de Politécnico Nacional, aún no es hora de que exista una marca tecnológica mexicana, una especie de Sónitl.






viernes, 20 de mayo de 2011

Día del Llanto



Si fuéramos consecuentes con la Historia hoy debería ser nombrado el Día del Llanto o el de la tristeza. Pero nunca fuimos consecuentes. Octavio Paz deplora, y con razón, una clase de hipocresía histórica de los mexicanos que considera el periodo colonial como un lapso en el que estuvimos “gobernados” por los españoles que llegaron en 1521 y que después “corrimos” en 1824. Claro, todos sabemos que después de la “visita” los mexicanos terminamos hablando su idioma y pidiendo fabada para el fin de semana. Es decir, se quedaron los hijos de aquellos españoles para someter de la misma forma a los pueblos originarios, a los que hasta el día de hoy llama indígenas y en los momentos emotivos y patrioteros se refiere a ellos como “hermanos”.

En la semifinal del futbol de la semana pasada un aficionado irrumpió en la cancha y propició una bronca entre los futbolistas. El locutor de TV Azteca, en su restringida búsqueda de adjetivos para denostar al invasor lo llamó “aborigen”; no es para sorprenderse, el insulto más recurrente en los conflictos automovilísticos de nuestras calles es “pinche indio”, etc.

El 20 de mayo 1520, durante la fiesta de Tozcatl o renacimiento de Tezcatlipoca, cuando estaban reunidos los nobles mexicas en el Templo Mayor, Pedro de Alvarado aprovechó para atacarlos y apoderarse de sus joyas. Ahí fueron masacrados cerca de 450 nobles aztecas en lo que se conoce como la Matanza del Templo Mayor. Fue tan grave y cruenta la masacre, que Bartolomé de las Casas escribió conmocionado veinte años después: “les desgarraron la cabeza: les rebanaron la cabeza, enteramente hecha trizas quedó su cabeza. Los nobles iban arrastrando los intestinos y parecían enredarse los pies en ellos” (…) “de aquí a que se acabe el mundo o ellos del todo se acaben, no dexarán de lamentar y cantar”.*

El mundo no se ha acabado y nosotros tampoco nos hemos acabado “del todo”, aunque hacemos un gran esfuerzo, pero en realidad la matanza del Templo Mayor no merece la más modesta ceremonia de nadie, banderas a media hasta, un minuto de silencio, un monumento, una canción, una plegaria, bueno, ni siquiera un recuerdo periodístico, aún cuando la crónica de la barbarie no deja duda del martirio y heroicidad de “nuestros ancestros”.


* Miguel León-Portilla, La Visión de los vencidos.






jueves, 19 de mayo de 2011

Por un pacto nacional



Como seguramente te sucede a ti, recibo de parte de mis amigos izquierdosos decenas de documentos panfletarios al año sobre las más variadas demandas, denuncias y peticiones al gobierno o a la misma “sociedad”. La mayoría de las veces me parecen un poco necios o repetitivos o mal informados o ideológicos o partidistas o de plano sangrones, frecuentemente mal escritos o mal enfocados. A veces los leo, frecuentemente, después de dos o tres renglones, paso de largo.

Mi buen amigo José Luis, que ha sido pródigo en este clase de envíos, me transmite ahora un largo texto de madre desconocida (es decir, no existe el nombre de un redactor visible), probablemente resultado de las plumas de Javier Sicilia y personas que lo acompañan en su airada protesta contra desastre nacional y el maltrato ciudadano. Contra la costumbre de este blog, que prefiere utilizar sólo textos del autor (o sea míos), he decidido publicar este largo documento sobre la coyuntura mexicana, pues me parece una propuesta seria, informada, contundente y coherente que nos atañe a millones de habitantes de este país, no sólo de los sectores sociales más desfavorecidos, sino de la otrora clase media que sobrevive del subempleo, sin ninguna clase de seguridad, de garantía social y sin defensa alguna. Va la trascripción, pues. PN

Para un Pacto Nacional
Dirección Editorial
mayo 11, 2011


I. Razones y urgencia

Ante la emergencia nacional, hoy más que nunca resulta necesario tomar medidas urgentes para detener esta guerra con su escalada de violencia y regenerar el tejido social y comunitario.

Este momento histórico adverso y profundamente violento es resultado de estructuras económicas y sociales que generan desigualdad y exclusión. Aquí impera la muerte, muerte lenta causada por la miseria, la pobreza, el desempleo, la falta de oportunidades para el desarrollo pleno de nuestras vidas, y por la destrucción del ambiente. Se trata de una violencia sistémica donde los más afectados provienen de los sectores excluidos, marginados y vulnerabilizados de esta sociedad: mujeres, jóvenes, niños, migrantes, pueblos indígenas.

Esta guerra es fruto del monopolio que está configurando el narcotráfico en nuestro país a través de sus interconexiones transnacionales de territorios e imponiendo sus reglas de acción al Estado-Nación, lo que implica la pérdida de la capacidad gubernamental para decidir el rumbo de las políticas económicas y responder a los grupos menos favorecidos, creando, a la vez, “territorios-sin-gobierno”, en donde las bandas se disputan el dominio del trasiego de la droga desde Sudamérica y Centroamérica hasta aquí para enviarlas a Estados Unidos.

Así, la guerra contra el narcotráfico es una manifestación de políticas y acuerdos internacionales que sitúan a México como el campo de batalla donde a los pobres de este país y Centroamérica les toca pagar una alta cuota de vidas humanas para que las drogas lleguen a su destino y consoliden grandes negocios.

Frente a este escenario, el Estado ha optado por una estrategia militar para enfrentar al crimen organizado y la protesta social, privilegiando un proceso de militarización intensivo y extensivo de la seguridad pública, no sólo por el amplio despliegue de las fuerzas militares en territorio nacional, sino también por la creciente presencia de los mandos castrenses en la dirección de las policías civiles: actualmente 500 miembros del Ejército –desde generales hasta tropa– tienen licencia para ocupar cargos en las policías estatales y municipales de todo el país. Avanza la preeminencia de la lógica militar sobre la lógica civil en múltiples ámbitos de la vida nacional.

Resultado de esta estrategia que pone en el centro la confrontación violenta, es una guerra civil donde mexicanos matan mexicanos, generando 40 000 ejecuciones en lo que va del sexenio. Sólo en el mes pasado, en abril, se contabilizaron 1 427 asesinatos, considerando los cuerpos hallados en las narcofosas. Las víctimas civiles se cuentan ya por miles en todo el país: más de 230 mil personas desplazadas, 10 000 huérfanos; (la Redim calcula 30, 000, aunque no es una cifra oficial); 10 000 secuestros de migrantes; más de 30 alcaldes asesinados.

Además de estos saldos, esta estrategia, y la diversificación de la acción criminal, han impactado directamente la vida social de numerosas poblaciones, presas del secuestro, la extorsión, la desaparición forzada; trata de personas, feminicidios, reclutamiento forzado de jóvenes, en comunidades urbanas y rurales que quedan bajo control económico, social y político de los grupos violentos.

Preocupa especialmente que el sector de la juventud más vulnerable ha sido estigmatizado y criminalizado bajo la categoría de “ninis”, 7 millones de jóvenes en el país, sin el reconocimiento de que tal condición es producto de las acciones y omisiones del gobierno mexicano al negarles condiciones de acceso a la educación y al trabajo digno. Es central la responsabilidad del gobierno, en las políticas económicas, sociales, educativas y urbanas que generan exclusión, rompimiento de los lazos familiares, desgarre del tejido social, estas políticas son las responsables de la generación de “ninis”. Se trata de miles de jóvenes y menores de edad sin educación ni empleo que para sobrevivir no tienen otra opción que engrosar las filas del ejército a través del servicio militar o cooperar con el narcotráfico, para así morir o ser encarcelados; se trata de miles de adolescentes en el ejército, miles en las cárceles, y miles en las tumbas.

Los intentos del gobierno por atacar de otras formas el problema de la inseguridad, como el programa Todos Somos Juárez implementado desde hace quince meses, han fracasado a ojos de la ciudadanía. Se ha buscado sustituir con dinero a la exigencia de justicia. Ha sido un intento de contener con obra pública la indignación y el dolor de una comunidad vulnerada y agraviada. Ha beneficiado a un puñado de constructoras y no ha atacado las raíces sociales de las violencias. Ha generado además efectos perversos porque obstaculiza la organización autónoma de la sociedad y donde se implanta se hace sin tomar en cuenta la dinámica de los actores, las iniciativas y los conflictos locales.

Un componente fundamental que explica esta escalada de violencia y guerra es la enorme corrupción y su infiltración en el Estado en todos sus niveles: federal, estatal y municipal. Según datos que se han hecho públicos por expertos, más del 70% de los gobiernos municipales se encuentran bajo presión del crimen organizado, por amenaza, o por corrupción de los funcionarios.

La impunidad es otro de los factores que determinan lo que hoy sucede en el país: el 98.3% de los delitos quedan impunes. Tenemos un sistema de procuración e impartición de justicia incapaz de investigar y sancionar a quienes cometen los delitos y la violación de derechos.

El deterioro de las instituciones democráticas en México se refleja en la situación de los derechos humanos en el país: se han sextuplicado las violaciones a los derechos humanos cometidas por las fuerzas del orden; entre éstas, múltiples casos de ejecuciones extrajudiciales, torturas, violaciones, desapariciones y detenciones arbitrarias. De manera simultánea se ha dado un proceso de regresión en materia de derechos humanos tanto para el ejercicio de libertades, como en los derechos sociales, particularmente los laborales; de los derechos colectivos de comunidades sobre sus territorios y bienes naturales, así como la criminalización de la protesta social y el hostigamiento a los defensores de derechos.

Los efectos en la vida cotidiana de las personas y las colectividades producen un profundo proceso de fragmentación del tejido social; sentimientos de impotencia e indefensión frente a la imposibilidad de obtener justicia y protección; miedo, culpa, ira e incertidumbre frente a la realidad; desesperanza y trastocamiento de las visiones de futuro.

II. Visión común con exigencias mínimas y compromisos

En esta hora de emergencia nacional, la Nación se debe articular de manera plural e incluyente, desde abajo y entre todos y todas, para impulsar cambios de fondo que recuperen el piso común que nos une y que posibilita la convivencia social.
Proponemos a la sociedad y planteamos la exigencia y mandato a las autoridades acciones de corto y mediano plazo que inicien un nuevo camino de paz con justicia y dignidad:

1- Exigimos verdad y justicia.

A. Se deben esclarecer y resolver los asesinatos, las desapariciones, los secuestros, las fosas clandestinas, la trata de persona, y el conjunto de delitos que han agraviado a la sociedad, mediante procesos transparentes y efectivos de investigación, procuración y administración de justicia, en que se procese a los autores intelectuales y materiales, incluyendo las redes de complicidad y omisión de las autoridades responsables. Determinar la identidad de todas las victimas de homicidio es un requisito indispensable para generar confianza.

B. Exigimos a las autoridades estatales y federal, como señal de la capacidad de funcionamiento del Estado, la resolución pública que presente, en un máximo de 3 meses, a los autores intelectuales y materiales de algunos de los casos emblemáticos que han agraviado a la sociedad, como son:
la familia Reyes: Josefina Reyes Salazar, María Magdalena Reyes Salazar, Elías Reyes Salazar, Luisa Ornelas Soto (esposa de Elías), Julio César Reyes Reyes, Rubén Reyes Salazar (hermano), Marisela Escobedo y su hija Rubí, Susana Chávez, Bety Cariño y Jiri Jaakola, las niñas y niños de la guardería ABC: María Magdalena Millán García
Andrea Nicole Figueroa, Emilia Fraijo Navarro, Valeria Muñoz Ramos, Sofía Martínez Robles, Fátima Sofía Moreno Escalante, Dafne Yesenia Blanco Losoya, Ruth Nahomi Madrid Pacheco, Denisse Alejandra Figueroa Ortiz, Lucía Guadalupe Carrillo Campos,
Jazmín Pamela Tapia Ruiz, Camila Fuentes Cervera, Ana Paula Acosta Jiménez, Monserrat Granados Pérez, Pauleth Daniela Coronado Padilla, Ariadna Aragón Valenzuela, María Fernanda Miranda Hugues, Yoselín Valentina Tamayo Trujillo
Marian Ximena Hugues Mendoza, Nayeli Estefania González Daniel, Ximena Yanes Madrid, Yeseli Nahomi Baceli Meza, Ian Isaac Martínez Valle, Santiago Corona Carranza, Axel Abraham Angulo Cázares, Javier Ángel Merancio Valdez, Andrés Alonso García Duarte, Carlos Alán Santos Martínez, Martín Raymundo de la Cruz Armenta, Julio César Márquez Báez, Jesús Julián Valdez Rivera, Santiago de Jesús Zavala Lemas, Daniel Alberto Gayzueta Cabanillas, Xiunelth Emmanuel Rodríguez García, Aquiles Dreneth Hernández Márquez, Daniel Rafael Navarro Valenzuela,
Juan Carlos Rodríguez Othón, Germán Paúl León Vázquez, Bryan Alexander Méndez García, Jesús Antonio Chambert López, Luis Denzel Durazo López, Daré Omar Valenzuela Contreras, Jonathan Jesús de los Reyes Luna, Emily Guadalupe Cevallos Badilla, Juan Israel Fernández Lara, Jorge Sebastián Carrillo González, Ximena Álvarez Cota, Daniela Guadalupe Reyes Carretas, Juan Carlos Rascón Holguín, la familia Le Barón: Erick Le Barón, Benjamín Le Barón, Luis Widmar Stubbs, los jóvenes de Villas de Salvarcar: Marcos Piña Dávila, José Luis Piña Dávila, Rodrigo Cadena Dávila, Juan Carlos Medrano, Horacio Alberto Soto Camargo, José Luis Aguilar Camargo, Yomira Aurora Delgado, Brenda Ivonne Escamilla, José Adrian Encino Hernández, Edgar Martínez Díaz, Jesús Enríquez, Jesús Armando Segovia Ortiz, Carlos Lucio Moreno,
Eduardo Becerra, Jaime Rosales, los jóvenes de Morelos: Juan Francisco Sicilia, Luis Romero, Julio Romero, Gabriel Alejos, Álvaro Jaime y Socorro Estrada.

C. Convocamos a la sociedad civil a rescatar la memoria de las víctimas de la violencia, a no olvidar y exigir justicia, colocando en cada plaza o espacio público placas con los nombres de las víctimas.

2- Exigimos poner fin a la estrategia guerra y asumir un enfoque de seguridad ciudadana.

A. Se debe cambiar el enfoque militarista y la estrategia de guerra de la seguridad pública y asumir una nueva estrategia de seguridad ciudadana, con enfoque en los derechos humanos, que evite la participación del ejército en tareas policiales; que avance un modelo de seguridad alternativo basado en la reconstrucción del tejido social, y que recupere las experiencias comunitarias autogestivas y la participación ciudadana en las colonias, barrios y unidades habitacionales.

B.I Exigimos que, antes de dos meses, los Congresos locales aprueben la reforma constitucional en derechos humanos y sea publicada para darle plena efectividad, y que en el mismo plazo se instituya el mecanismo de protección de periodistas y defensores de derechos humanos.

B.II Exigimos que no se aprueben leyes o normas que conculquen los derechos humanos y las garantías individuales bajo el concepto de seguridad nacional, y que no se aprueben las modificaciones propuestas al dictamen de la Ley de Seguridad Nacional. Que se aprueben Leyes consensadas con las organizaciones de derechos humanos y de la sociedad civil con un enfoque democrático y de respeto a los derechos humanos.

C. Convocamos a la sociedad civil a organizar un “Encuentro Nacional” de las experiencias de seguridad pública y defensa ciudadana autogestiva y comunitaria, que ya existen en el país, para poder reflexionar colectivamente las alternativas ciudadanas al respecto, y cómo reconstruir el tejido social en las comunidades, barrios y colonias a partir de conocer y diagnosticar la forma que toma la delincuencia en cada región y saber cómo frenarla.

3- Exigimos combatir la corrupción y la impunidad.

A. Se requiere una amplia reforma en la procuración y administración de justicia que dote de verdadera autonomía al Ministerio Público y al Poder Judicial, que establezca el control ciudadano sobre las policías y los cuerpos de seguridad, avance en la reforma de los juicios orales y establezca sistemas más efectivos de control judicial que reduzcan la discrecionalidad en los procedimientos y resoluciones de fondo. La justicia no puede seguir al servicio de intereses y cálculos políticos. También se requiere legislar para generar la capacidad y atribuciones de investigación y consignación de funcionarios públicos de los tres órdenes de gobierno en casos de corrupción.

B. Exigimos que, en máximo 6 meses, el Congreso elimine el fuero de legisladores y funcionarios de los tres órdenes de gobierno, en materia de actos de corrupción, delitos del orden común y de crimen organizado.

4- Exigimos combatir la raíz económica y las ganancias del crimen

A. La criminalidad y su violencia tiene como su motor las ganancias derivadas del narcotráfico, los secuestros, la trata de personas, la extorsión, la venta de “protección” y demás delitos que después reinyectan los recursos en la economía mediante el lavado de dinero. Exigimos un combate frontal al lavado de dinero y activos de los delincuentes mediante la creación de unidades autónomas de investigación patrimonial, en coordinación con la Unidad Federal de Inteligencia Financiera, que permitan reunir material probatorio para formular acusaciones y dictar sentencias por los actos de negocios ilegales.

B. Exigimos la presentación de un Informe a la Nación sobre los resultados de la investigación patrimonial y el lavado de dinero, que muestre los casos más notorios que se han sancionado en este sexenio y sobre el avance en la integración de las Unidades de investigación sobre lavado de dinero de las 32 entidades federativas y la federal.

C. Llamamos a la ciudadanía a denunciar los casos notorios de riqueza mal habida y lavado de dinero, así como los casos de infiltración de recursos del crimen organizado en las campañas políticas y los negocios.

5- Exigimos la atención de emergencia a la juventud y acciones efectivas de recuperación del tejido social.

A. La seguridad ciudadana no se resolverá con armas y violencia. Exigimos una política económica y social que genere oportunidades reales de educación, salud, cultura y empleo para jóvenes, porque son las y los principales víctimas de esta estrategia. Exigimos la recuperación del carácter público de la educación y romper el control corporativo que ejerce la cúpula del SNTE sobre la política educativa, así como el incremento inmediato en los recursos destinados a las acciones sociales de seguridad ciudadana, al menos en la misma proporción de los destinados a las fuerzas armadas y de seguridad pública

B- Exigimos que en los próximos 3 meses se establezca un programa especial de emergencia nacional para y de jóvenes que invierta las prioridades del presupuesto, garantizando, al menos, lo mismo que se destina a seguridad para la construcción de escuelas y el aumento de la matrícula en educación secundaria, media superior y superior; un sistema universal de becas para estudiantes de secundaria, EMS y superior de escuelas públicas, así como recursos para proyectos culturales, deportivos, productivos y sociales realizados por los propios jóvenes y sus organizaciones, como actores de reconstrucción del tejido social en sus barrios, comunidades y unidades habitacionales.

6- Exigimos democracia participativa, mejor democracia representativa y democratización en los medios de comunicación.

La seguridad requiere democracia y nuevos medios de participación ciudadana. Exigimos que se amplíen los medios e instrumentos de participación ciudadana en los asuntos públicos mediante el reconocimiento institucional de la consulta popular, las candidaturas independientes, la revocación de mandato, la contraloría social y las acciones colectivas.

Se requiere una política de Estado en materia de telecomunicaciones que rompa, en el menor tiempo posible, los monopolios y genere una amplia democratización y apertura, no sólo a la competencia, sino al fortalecimiento de los medios públicos.

Exigimos a la Cámara de Diputados que en un periodo extraordinario a más tardar en dos meses, apruebe la minuta de reforma política constitucional aprobada por el Senado que establece, la consulta popular, la iniciativa legislativa, las candidaturas independientes y la reelección inmediata de legisladores y alcaldes.

B..I. Exigimos que la legislación reglamentaria de la reforma política considere una amplia consulta y participación ciudadana que incluya la revocación del mandato y la reducción del financiamiento a los partidos políticos, y que retome los asuntos pendientes en materia de la legislación de las acciones colectivas evitando su restricción y retroceso, así como la aprobación de la Ley Federal Telecomunicaciones y Contenidos Audiovisuales propuesta por la sociedad civil y legisladores de varios partidos.

III. Para iniciar el camino

Estas propuestas buscan detonar una nueva convivencia y nuevas bases para la legalidad, son el inicio de un camino, no son su fin.
Proponemos dos momentos para lograr esto: un pacto ciudadano entre los miembros de la sociedad civil y en un segundo momento, una serie de planteamientos y de mandatos, de exigencias a los gobernantes, a los líderes de los partidos políticos y a los factores de poder.

Este momento requiere la participación de todas y todos; el Pacto de la sociedad civil implica un esfuerzo de unidad y organización de la sociedad civil nacional, para que tengamos una voz y acciones con el fin de parar esta guerra y la violencia social, corrupción e impunidad que nos está destruyendo como personas y como nación. Tenemos que dejar la apatía, la queja, el paternalismo, las visiones sectarias, para sumarnos activamente con una nueva responsabilidad de participación en los asuntos públicos.

Esta es una invitación, por un lado, a la sociedad civil para organizarnos y unirnos en torno a demandas y ejes fundamentales de lucha para detener la guerra. Por otro lado, con esta unidad podremos realizar un emplazamiento a las más altas autoridades y responsables frente a la nación para exigirles que se comprometan públicamente a construir unas acciones básicas con el fin de empezar a construir una paz verdadera con justicia y dignidad en México ¡ya! No se trata de sentarse con las autoridades y responsables de esta emergencia nacional en un mismo estrado y sacar fotos.

El 10 de junio nos reuniremos en Cd. Juárez con las Comisiones de Verificación y Sanción que la sociedad civil nacional establecerá en este tiempo con especialistas y gente honorable para cada unos de los 6 puntos.

La sociedad civil va a monitorear con mucho cuidado el cumplimiento de sus exigencias y a establecer las consecuencias de sanciones necesarias si no se cumplen. Todos y todas seremos testigos del compromiso real de estos actores, y verificaremos que cumplan cada punto.

Se crearán estas Comisiones Civiles de Verificación y Sanción para cada punto, las cuales evaluarán el compromiso y cumplimiento muy concreto, y, en caso que no se acepten las exigencias o se hagan discursos y no se cumplan, se establecerán, junto a la sociedad civil, las acciones de resistencia civil y pacífica correspondientes para lograr el cumplimiento de este “suelo” mínimo que consideramos para la reconstrucción de la nación.

Durante este periodo hasta el 10 de junio, las Comisiones, con las aportaciones del resto de la sociedad civil, irán especificando con más detalle las acciones correspondientes a cada exigencia. Invitamos a toda la ciudadanía, en las comunidades, barrios, colonias, lugares de trabajo, a aportar en esta discusión y construir “espacios de reflexión y acción colectiva nacional” permanentes. Necesitamos fortalecer y visibilizar problemáticas regionales, articularnos en reflexión y acciones locales y nacionales, promover en todo momento una memoria activa y la participación central de todas las víctimas de este proceso de guerra hecha en nuestro nombre y sin nuestro consenso.
Con el Pacto civil estableceremos un mandato ciudadano y exigiremos respuesta precisa a los titulares del Ejecutivo Federal y los Ejecutivos Estatales; a los presidentes nacionales de los partidos políticos y los coordinadores de las fracciones en el Congreso de la Unión; a los representantes del Poder Judicial, así como de los sectores empresarial y financiero; a los sindicatos, las iglesias y las organizaciones sociales.
Hacemos además un llamado a nuestros compatriotas que radican allá y al pueblo de los Estados Unidos de América para que apoyen nuestra movilización y exijan al gobierno y al Congreso de ese país que detengan el flujo de armas hacia México y el lavado de dinero. Unamos nuestras voces de ambos lados de la frontera para exigir paz y detener el negocio de las drogas y el delito que destruyen vidas a ambos lados de la frontera.

Sigamos caminando juntos y juntas para construir ¡YA! un México en paz con justicia y dignidad.

¡Estamos hasta la madre! ¡Alto a la guerra! ¡Por un México justo y en paz!
Mayo 8, 2011


* La foto (detalle) la tomé de El Universa on line, no acompañaba originalmente el texto.









El fundador de mitos



Lo que vemos es un hombre muy deteriorado por la tortura que ha sufrido en el intento infructuoso de que delate a sus compañeros de lucha. Permanece impávido. Sus amigos y aliados son decapitados en su presencia. Nada. Siguen su esposa y sus dos hijos, que son muertos con irracional crueldad. No confesará. Le cortan la lengua. Después intentan descoyuntarlo con cuatro caballos amarrados a sus brazos y piernas, pero no lo consiguen, entonces le cortan la cabeza, que será exhibida en una picota; le cortan los brazos para exhibirlos en otras ciudades, también las piernas con las que hará lo propio. Es la tarde del 18 de mayo de 1781. El muerto es Tupac Amaru II y las autoridades españolas del Virreinato del Perú deben de haberle tenido mucho miedo para hacerle todo eso. Y después de ello aplastar cualquier movimiento y omitir cualquier divulgación de su lucha porque en verdad fue el más grande peligro que vivió España en su larga estancia colonial. Había que borrarlo para siempre, así lo entendieron también los gobiernos que siguieron a la independencia de España. Y aún hoy sus reivindicaciones son sesgadas, ayustadas artificialmente a una presunta identidad nacional.

Tupac Amaru II no fue indígena como Benito Juárez, tampoco pobre como el zapoteco, en sus venas mestizas corría la sangre del inca, del que tomó su nombre, en la misma proporción en que corría sangre española. Fue criado como criollo acaudalado, hablaba perfecto español, además de latín y en su adolescencia no se distinguía en nada de los junior bonitos que vestían con elegancia distinguidos ropajes europeos y andaban en carrozas y enormes caballos para acabar viviendo apacibles vidas rodeadas de esclavos y sirvientes indios que les complacían las más grotescas apetencias. Pero José Gabriel Condoranqui, que era su nombre verdadero, poseía otra cualidad inusual: era inteligente y observador, era justo y equilibrado; era, a pesar de tantos atavíos o, quizás, debido a ellos, un héroe en potencia.

Un día abandonó su ropa y sus refinados sombreros; abandonó su nombre y su elegante residencia. Vestido como inca y entregado a sus costumbres y usos, encabezó el movimiento más radical de corte indigenista del que se tenga memoria. Él no hizo listas de peticiones al gobierno virreinal, su lucha iba por cada detalle del conjunto que representaban cada una de las acciones de gobierno español en América. Decreta la abolición de la esclavitud negra en 1780, la eliminación de todas las formas de explotación indígena, que tanto enorgullecía a los misioneros por su “humanitarismo”(la mitra de las minas, las encomiendas, los obrajes) y expresó la terrible consigna que todavía hoy lastima los sensibles oídos del autoritarismo: libertad sin adjetivos, autogobierno, autonomía. No más corregimientos, alcabalas y aduanas.

Por eso el pánico español, seguido del criollo, seguido del mestizo. Su reivindicación ocurrida doscientos años después con el velasquismo fue icónica, no argumentativa. Lo andino era folclor, belleza pétrea, Cuzco, Machu Piccho. Tupac Amaru II un héroe, un antepasado, un fundador… de esta gloriosa democracia.

¿Acaso crees que Keiko Fujimori pueda entender a Tupac Amaru II?



miércoles, 18 de mayo de 2011

Zapatista sin zapatos



El 18 de mayo de 1917, por chismes, maledicencias y malos entendidos, fue fusilado en Morelos el profesor Otilio Montaño, redactor del Plan de Ayala zapatista, no por soldados carrancistas, sino por las propias fuerzas del general Zapata que no hizo ningún esfuerzo por salvar a su fiel y útil redactor de proclamas revolucionarias.

El profe Otilio, que había atendido escuelas morelenses y era director de una cuando se unió al movimiento de Francisco I. Madero en 1911, fue un esmerado intelectual del movimiento del jefe suriano al grado de provocar el celo y las envidias de otros agregados a la causa, como Manuel Palafox y Antonio Díaz Soto y Gama. Mientras mantuvo la confianza de Zapata, Otilio Montaño participó como comisionado zapatista y acompañante de su jefe en la primera entrevista que tuvo con Francisco Villa en Xochimilco.

En 1916 fue secretario de Instrucción Publica del gobierno convencionalista de Francisco Lagos Cházaro, pero al año siguiente, las incisivas críticas de sus colegas de plano le movieron el piso y Montaño pensó seriamente en abandonar el movimiento. Al año siguiente se vio precisado a refugiarse en una población de nombre Bellavista, habitada por zapatistas marginales que pedían el reconocimiento del gobierno de Venustiano Carranza. Cuando esa solicitud subió de tono, Montaño y otros compañeros se encontraban en medio, por lo que fueron acusados de ser autores intelectuales del movimiento. En unas cuantas horas, el profesor, de 30 años de edad, fue enjuiciado y fusilado.

El profe Montaño todavía tuvo tiempo de redactar un testamento político donde expresaba la injusta maniobra que se urdió en su contra.



AfroMéxico



El Guajo ataca de nuevo:

En ocasión del Año Mundial de la Población Afrodescendiente se presentan algunos de los trabajos de Rafael Rebollar, nuestro querido Guajo.

Por más de treinta años he sido testigo del interés de Rafael por las comunidades afromexicanas de Guerrero y Veracruz, en algún momento llegamos a acompañarlo a Cuajinicuilapa, el emblemático sitio que estudió Gonzalo Aguirre Beltrán, y pasamos una semana felices por la cordialidad de las amistades del Guajo. Ahora todo ese trabajo y todos esos viajes son reunidos en estos documentales en donde hay algo más que material videográfico y etnológico de este videoasta tan apreciado en Canadá y los Estados Unidos, sino mucho espíritu y mucho corazón de lo que estas experiencias han marcado en la vida de Rafael, que trabaja sin guión escrito, sin locutores, que permite hablar a las imágenes y a los escenarios y pobladores por su propia voz y cuyos resultados ustedes podrán apreciar en este par de funciones.

Miércoles 18 de mayo, a las 12 hrs en la UPN. Correrías en el monte y La tercera raíz.

Viernes 20 de mayo en el Museo Franz Mayer a partir de las 16 hrs, Africanías, Exhibición ininterrumpida.

La entrada es gratuita y el juego completo de DVDs del proyecto AfroMéxico estará a la venta.

Suerte, mi buen.






martes, 17 de mayo de 2011

El sitio de Puebla



El 17 de mayo de 1863 termina el Sitio de Puebla. El general González Ortega, viendo perdida la esperanza de resistir sin refuerzos, decide rendirse incondicionalmente a los franceses. Era el fin de un sueño, iniciado con aquella insólita victoria del 5 de mayo del año anterior a la que siguió una heroica defensa de ocho largas semanas.

El sitio había iniciado el 16 de marzo y contra lo que pudiera creerse los franceses estuvieron a un pelito de sufrir su segunda derrota al hilo en la ciudad de Puebla. De hecho, se plantearon muy seriamente dejar esta ciudad por la paz y seguir a la ciudad de México, pues los del Ejército de Oriente se defendieron como gatos boca arriba en casi cada esquina del centro histórico de la hermosa ciudad, que quedó, obviamente, muy deteriorado.

Como se sabe, el emblemático general Zaragoza había muerto ocho meses antes del ataque, pero su espíritu andaba rondando por aquí y por allá, pues los franchutes no hallaban la forma de doblegar la resistencia. Sobre todo porque en los primeros días los invasores creyeron que sería un día de campo, pero al llegar a las cercanías del Paseo Bravo, cuál holgura. Encontraron una férrea tenacidad que los obligó a recular una y otra vez.

Con grandes esfuerzos lograron por fin tomar el templo de la Villita, frente al Gallito del propio Paseo Bravo y avanzaron una cuadra por la avenida Reforma con dirección al Zócalo. El la calle del Hospicio, actual 9 Sur, los esperaba el batallón de Porfirio Díaz que les impidió avanzar un metro más. Atacaron por San Agustín, en la 5 Sur y 3 Poniente e igual, tuvieron que retroceder no sin antes incendiar el convento. En Santa Inés no estaban las famosas chalupitas ni nadie más que beligerantes defensores. Lograron tomar el patio del convento pero nada más. El sitio ya duraba sesenta días, los defensores no tenían manera de recibir refuerzos, ni municiones, ni alimentos. Esto fue lo que reflexionó el comandante François Achille Bazaine a punto de abandonar el ataque y sucumbir una vez más en esta simbólica ciudad, pero esta vez su reflexión tuvo sentido. En efecto, los defensores no podían más.

El 17 de mayo González Ortega reunió a sus generales y ordenó destruir el armamento, pues entregaría la plaza a los franceses. Casi todos cayeron prisioneros, el propio González Ortega. Miguel Negrete, Juan C. Bonilla y Miguel Auza. Porfirio Díaz, con su costal de mañas que después los mexicanos conocieron tan bien, logró escapar.



lunes, 16 de mayo de 2011

Oscar



El 16 de mayo de 1929, sin la parafernalia ni la elegancia posterior, se hace la primera entrega de las estatuillas de la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas de Los Ángeles, California, que llevarían posteriormente el nombre de Oscar y que en la actualidad nos pone a girar anualmente a los cinéfilos del mundo.

El Oscar es un monito muy mono que originalmente estaba hecho de bronce y, en tiempos de escasez, de yeso, pero terminó siendo de oro, no sé si macizo, elaborada por un productor de la Metro Golden Mayer. La leyenda dice que en 1931 una empleada que había visto a su tío Oscar desnudo tapándose su desnudez con una escoba (eso lo he deducido yo), al ver la estatuilla exclamó: “Tío Oscar”. Le dejaron el nombre. El monito está parado sobre cinco rollos, supuestamente de cine, que simbolizan las cinco categorías originales: actor, director, etc.

Ha ocurrido de todo en las entregas de los Premios Oscar, desde justicias verdaderas hasta grande fraudes. Recuerdo la rabieta que hice cuando se declaró la mejor película del año a Rocky. Estuve a punto de romper la televisión a patadas. Con el tiempo alguien ha madurado, no sé si la película o yo, pero como la he visto 834 veces en la televisión, ahora me parece un clásico de la cinematografía. Cada vez encuentro más verosímil el papel de Stallone. No sé qué haría si la dejaran de programar.

En fin. O para estar a tono con el tema: The end.



domingo, 15 de mayo de 2011

Rayón en las nylon



El 15 de mayo de 1940, en plena guerra mundial, se inicia en las tiendas de Estados Unidos la venta de una prenda que pronto puso de cabeza al mundo femenino (y también al masculino): las medias nylon.

El nylon fue inventado en 1935 por un tipo llamado Wallace Hume Carothers, lo patenta con la empresa DuPont al año siguiente y cuando todos se tallaban las manos por el gran negocio que se avecinaba, estalla la segunda guerra mundial y los deja con el My God en la boca. Hicieron negocio igual, fabricando paracaídas y cuerdas de nylon para la guerra, pero en 1940 pudieron finalmente salir al mercado de la moda causando una verdadera conmoción, pues las medias femeninas eran hasta entonces, a precios en verdad inaccesibles, de seda y de rayón.

Hay quien puede creer ingenuamente que nylon es un eufemismo de nalga, pero en realidad eso es una leperada mexicana que, como se sabe, a todo le sacan un doble sentido. No, al parecer, la versión más consistente del nombre de nylon viene del lugar de residencia de sus desarrolladores que vivían uno en NY y el otro en Londres: Nylon, NY primero porque quizá Lonny tenía aspecto de nombre de perro. Aunque hay otras versiones sobre el origen del nombre. ¿Qué importancia tiene?






sábado, 14 de mayo de 2011

Pionero del aire



El 14 de mayo de 1910 inicia la aviación mexicana en llanos de Balbuena con un avión Bleriot de manufactura francesa piloteado por Miguel Lebrija. Todo un acontecimiento.

Se sabe que Lebrija había construido un avión que hizo volar con el impulso de un automóvil en llanos de la hacienda de San Juan de Dios en el pueblo de Tlalpan, Distrito Federal, cuando tenía 23 años de edad. Lo cierto es que fue el primer mexicano en volar un avión sobre la ciudad de México y el primero en volar a alturas superiores a los mil metros. Vale decir que no fue el primero en ver a la ciudad de México desde las alturas, pues para entonces ya se habían volado algunos globos aerostáticos, en uno de los cuales se subió el mismísimo secretario de Instrucción Pública, Justo Sierra, pero sí es suya la primicia de volar aviones, con tanto éxito que el gobierno lo nombró jefe de la aviación mexicana y lo envió a Francia para adquirir algunas aeronaves.

No tuvo mucho éxito, primero porque en México las cosas políticas estaban del cocol, en plena revolución, segundo porque una lesión en su pierna derecha lo hizo padecer horrores en aquellas lejanas tierras, donde fue operado, convaleció un tiempo y finalmente murió el 15 de diciembre de 1913, a los 26 años de edad.

Con todo, su nombre quedó como el del pionero de la aviación mexicana.



viernes, 13 de mayo de 2011

La levedad del ser



En 1648 aquella noble iglesia estaba parapetada en el poder político sin ambages. Un día como hoy, Marcos de Torres y Rueda, obispo de Yucatán, asume el gobierno de la Nueva España con el nombramiento de gobernador o presidente de audiencias. Pero ¿quién era el tal Torres?

Torres era un académico graduado en artes en la Universidad Complutense, de donde pasó a la universidad de Valladolid y posteriormente a la de Burgos. Hasta allí llegó el dedazo de Felipe IV que lo nombró obispo de Yucatán que, como todos sabían, estaba del otro lado del mar.

Si se habla de una carrera política meteórica la suya lo fue, aunque no por rápida puede decirse que fulgurante. Al año y seis meses de estar en México, el ajedrez de la política lo puso en el más alto cargo del poder, cuando el propio Felipe IV lo nombró Virrey y Presidente de la Audiencia.

La crónica de su breve mandato es ayuna en actos de gobierno importantes, que no sea la ejecución de trece individuos en la Plaza del Volador de la capital que fueron desmembrados por la Inquisición en lo que se llamaba un Auto de Fe, que tuvo como entremés a 99 penitentes que fueron latigueados para desquite de la fe, del auto o de algún piadoso juez. Todos se divirtieron mucho, excepto el virrey, que no pudo asistir porque estaba agonizante en su cama de alguna enfermedad tropical o algo parecido, muriendo diez días después, el 22 de abril de 1649.

La vida está en otra parte, reflexionó Milan Kundera, pero para Torres y Rueda no estaba acá. Por ello tomé prestado el nombre de otra de sus novelas sobre la levedad del ser.






jueves, 12 de mayo de 2011

La amargura de Juan



El 12 de Mayo de 1891 nace en Olinalá, Guerrero, Juan Andrew Almazán, un ubicuo personaje que rompe con Madero para unirse a Zapata, con quien se pelea, paro luego apoyar a Victoriano Huerta y combate a Carranza, vuelve con Zapata y termina uniéndose al plan de Agua Prieta de De la Huerta, Obregón y Calles, donde llegará a ser general y secretario de comunicaciones con Ortiz Rubio.

Sin embargo, a pesar de tantas aventuras, la parte más emocionante de su vida política la vive a partir de 1939, cuando ya había hecho fortuna como empresario de la construcción y del turismo gracias a los jugosos contratos que le adjudicaba el propio gobierno que él mismo componía, práctica común, por lo demás. Presuntos amigos que nunca faltan lo convencieron que lo único que le faltaba lograr era la presidencia de la república y que, con su dinero, sus influencias y su innegable carisma podría lograr convencer al presidente Cárdenas de que lo postulara. Cárdenas tenía otros planes, pero Almazán no se arredró y siguió adelante con sus propósitos para los que se creó un partido llamado Partido Revolucionario de Unificación Nacional y el apoyo del mismísimo PAN y del Partido Laborista. En ese momento era Jefe de Operaciones de la Zona Militar de Nuevo León, la guerra en Europa había estallado, todo mundo andaba nervioso e inquieto. Y la filiación ideológica del ubicuo Almazán era verdaderamente una ensalada de todos los colores, aunque la opinión pública –influenciada por el cardenismo en el poder-, tendió a ubicarlo más bien a la derecha, por su mensaje dizque liberal que decía combatir los extremismos y un que otro amigo nazi que se le conoció.

México ya había vivido elecciones muy violentas, algunas recientes, como las del movimiento vasconcelista había sido aplastado por el poder del Jefe Máximo apenas en 1930, pero la campaña y las elecciones de Ávila Camacho y Andrew Almazán en 1939 eclipsaron a todas las anteriores por su virulencia, salvajismo y desorden. Montones de muertos antes y durante la elección. El 7 de julio de 1940 unos 300 matones comandados por Gonzalo N. Santos, según narra el propio cacique potosino en sus insólitas Memorias, ametrallaron las filas de votantes en los bastiones capitalinos de Andrew Almazán; asaltaron casillas, embarazaron urnas con votos avilacamachistas, quemaron, corretearon y provocaron un verdadero pandemónium en la capital del país. El saldo: más de 150 muertos.

El panorama postelectoral no podía ser más sombrío. Pasó más de un mes para que el colegio electoral, que por supuesto controlaba el gobierno, diera el triunfo a Ávila Camacho con un porcentaje aplastante ¿quiénes eran los almazanistas? ¿alguien había oído hablar de un tan Andrew Almazán? Entonces no se usaban las protestas “pacíficas”, nada de cerrar Reforma como en 2006 o retirarse cabizbajo como en el 88. Andrew sopesó seriamente la lucha armada, midió sus fuerzas y su capital, viajó a Estados Unidos para sondear al gobierno de Franklin Delano Roosevelt y regresó muy triste por el resultado. Roosevelt apoyaría la decisión de Cárdenas, pues Ávila Camacho sería un aliado contra las potencias del Eje, como lo fue, mientras que Andrew Almazán quién sabe, era demasiado volátil y algo loco, como lo había demostrado en la Revolución.

Allí acabó la aventura de Juan Andrew Almazán, se fue a su casa y envejeció amargado, rencoroso y a la defensiva con quienes lo tildaban de cobarde y hasta de traidor. Hoy cumpliría 120 años y la rabia seguiría intacta, pero murió en 1965 a los 74 años de edad.






miércoles, 11 de mayo de 2011

Polk quería



El 11 de Mayo de 1846 el presidente de los Estados Unidos, James K. Polk, envía al Congreso la declaratoria de guerra contra México, aunque su ejército ya llevaba algunas semanas combatiendo en distintos frentes a los mexicanos.

Era una guerra con historia, como la mayoría de las guerras, que había iniciado con la independencia yanqui de los ingleses en 1776, cuando presintieron que el territorio era muy grande y que España en realidad no tenía posesión de él sino hasta ciertos límites al sur de las llanuras.

Con todo y eso, esperaron pacientemente a que los mexicanos se independizaran de España y reconocieron al nuevo país en 1822, cuando empezaron a ofrecer una buena lana por los territorios de Texas: un millón en 1825 y hasta cinco millones en los meses siguientes. Pero el territorio, que se antojaba vacío, no estaba en venta.

Diez años después lograron que miles de colonos variopintos (yanquis, franceses, holandeses) obtuvieran permiso para colonizar esos vastos territorios, pero con ciertas chocantes obligaciones como no tener esclavos y abrazar la religión católica, que los recién llegados hicieron como que obedecían. La farsa duró apenas dos años, en 1836 los texanos declararon su independencia de México y, tras algunas batallas en las que repartieron triunfos, finalmente ganaron los texanos al aprehender al mismísimo presidente Santa Anna y obligarlo a firmar el Tratado de Velasco. Un asco.

Para este momento, los planes expansionistas de Estados Unidos estaban en plena marcha y querían más, mucho más del territorio que en realidad pertenecían a decenas de tribus y pueblos originarios que nadie había tomado en cuenta. Además de Texas con sus ricos yacimientos de oro, le echaron el ojo a Nuevo México y la lejana California, suficientemente ricas como para justificar echar toda la carne al asador y guerrear con el desordenado México, enfrascado en sus propios problemas internos.

Los gringos atacaron por tres frentes: por la alta California, por Tamaulipas y por mar en el puerto de Veracruz, donde echaron montón, pues la idea era marchar desde ahí a la ciudad de México. Avanzadas ya las refriegas bélicas, el Congreso de Estados Unidos acepta la declaración de guerra el día 13 de mayo y el de los mexicanos un poco después, el 23 de mayo, cuando ya tenían el agua hasta el cuello.

Estados Unidos ocupa buena parte del actual México, mochan más de la mitad de su territorio, humillan, matan y roban hasta la firma del Tratado de Guadalupe Hidalgo, cuando el 2 de febrero de 1848 comienzan la desocupación. El presidente Polk “tuvo que admitir” que la frontera fuera establecida en el río Bravo, pues Polk quería más.

Esa fue la triste historia que empezó oficialmente un día como hoy y de la que los mexicanos nunca nos acabamos de reponer. Hoy estamos reconquistando esos territorios con la invasión hormiga, lenta pero consistente. Ahí la llevamos.






martes, 10 de mayo de 2011

El kamikaze Azueta



En el panteón de los héroes casi desconocidos destaca el joven José Azueta Abad, quien en 1914 dio muestras de un valor suicida ante los invasores yanquis en Veracruz, ganándose un volátil reconocimiento de su patria.

Azueta Abad nació en Acapulco como hijo de un comodoro de la fuerza naval mexicana, razón por la que desde muy pequeño vivió en Veracruz, rodeado de la parafernalia marítima y amigo de cadetes y uniformes blancos con los que tuvo relación toda su vida. No fue sorpresa que desde muy pequeño abrazara el anhelo de asistir a la Escuela Naval Militar, a la que finalmente accedió a los 15 años, en 1910.

El país, sin embargo, vivía sus propias convulsiones con el retiro de su anciano dictador y el advenimiento de una guerra intestina e invasiones extranjeras que reclamarían todo el valor posible de sus habitantes, por lo que el joven José pide su baja de la Escuela Naval para darse de alta como artillero del ejército.

El 21 de abril de 1914 Veracruz sufre el arribo de las tropas estadounidenses, que avanzan a bayoneta calada. El joven Azueta combate con una ametralladora desde un sensible punto tan estratégico para causar problemas a los invasores como para ser visible y vulnerable a su propia artillería. Desde ahí causa numerosas bajas al ejército invasor, evitando que el enemigo alcance la escuela militar durante muchas horas.

Finalmente es alcanzado en una pierna por proyectiles enemigos, pero eso no arredra su entusiasmo y sigue disparando con suicida valor. El tiempo pasa y no es hasta que Azueta es herido en la otra pierna que ya no les es posible seguir disparando. Al ser rescatado por sus compañeros recibe una tercera herida que incrementa la pérdida de sangre.

Su valor, sin embargo, no pasó desapercibido ni al propio enemigo, que envió un médico especializado en heridas de guerra para que atendiera al joven guerrero mexicano que, para sorpresa de todos, se negó a ser atendido por un médico invasor.

Sólo su juvenil fortaleza impidió que Azueta muriera en unas horas, de tal forma que los días pasaron entre inútiles cuidados y reconocimientos de propios y extraños a su insólito valor. El 24 de abril el propio Presidente de la República ordena que el artillero ascienda un grado en su categoría militar, y el primero de mayo nuevamente se le reconoce con la cruz de Tercera Clase del Mérito Militar al Capitán Segundo de Artillería. Pero Azueta perdía la batalla. La tarde del 10 de mayo de 1914, tras veinte días de luchar contra la muerte, el joven valiente muere a los 19 años de edad, con aureola de héroe.

Faltaban muchos muertos aún en la guerra revolucionaria, muchos héroes, también. El tiempo y la sangre de otros valientes borraron este nombre que, creo, deberíamos tener más presente en el panteón de los héroes.



lunes, 9 de mayo de 2011

Subterfugios fecundos



El 9 de mayo de 1809 muere atado con grilletes en una celda de San Juan de Ulúa el
Fraile mercedario peruano Fray Melchor de Talamantes, llegado de aquellas tierras del sur una década antes a los 33 años de edad, en tránsito a España, pero el ambiente liberal que comulgaba con sus ideas y que privaba en los círculos intelectuales de la Nueva España lo convencieron de quedarse. No lo sabía, por supuesto, pero su estancia alcanzaría el resto de su vida.

Fray Melchor de Talamantes es considerado precursor de la Independencia de México y no sin razón, aunque a decir verdad su participación en tangencial y obedece a haber apostado al bando equivocado, el del virrey José de Iturrigaray, que en el momento de la invasión francesa a la metrópoli española no pudo, no quiso o simplemente equivocó sus movimientos anticipando su defenestración. Fray Melchor estaba en medio, primero como destacado orador de las audiencias y luego como el más incidido escritor de cuantos rodeaban al malhadado gobernante, que pretendía una suerte de independencia de la colonia, no tanto de España y mucho menos del rey, sino de las juntas que se organizaron allá con motivo de la invasión napoleónica.

Un rasgo muy interesante de fray Melchor de Talamantes fue una visión sobre el prolongado norte de la Nueva España, derivada de una tarea que el propio Iturrigaray le encomendó para fijar los límites fronterizos con los avorazados yanquis recientemente independizados de Inglaterra que se fortalecían en Norteamérica. Talamantes escribió el Plan de límites de Texas y demás dominios de Su Majestad en la América septentrional española, donde con una prospectiva iluminada se adelanta cuarenta años a los acontecimientos y pronostica (en realidad advierte) la pérdida de la provincia de Texas a manos de esos vecinos “inquietos y turbulentos” que avanzaban a sangre y fuego.

Los escritos de Talamantes que reflejaban las ideas propias pero, sobre todo, las de un importante grupo político de la Nueva España, fueron su ruina. Tras un juicio de seis meses el tribunal mixto de la Inquisición lo encuentra culpable, no tanto de ser inteligente y de escribir tan bien las ideas liberales, sino de “discolo, insubordinado y escandaloso; turbado y fecundo en subterfugios”. En espera de ser trasladado a España, atado a grilletes y en condiciones lamentables, el fraile muere este día de fiebre amarilla a los 44 años de edad.



domingo, 8 de mayo de 2011

La cabeza, el aire, la oxidación



“En una reacción, la cantidad de materia siempre es la misma al final y al comienzo de la reacción.” Segundos después de reflexionar probablemente en esta frase, muy propia para medir la especificidad del peso de la guillotina sobre su cuello, la cabeza de Lavoisier rodó por el tablado revolucionario de aquel convulso París de Robespierre, quien moriría de la misma forma apenas dos meses después.

Era el 8 de mayo de 1794, Antoine-Laurent de Lavoisier, más conocido por su inquietud científica que por su profesión de abogado, moría a los 50 años a pesar de la férrea defensa de innumerables voces que solicitaron su perdón. Pero la sentencia del juez fue implacable: “La república no necesita sabios” y que ruede la bola, que era la cabeza de este sabio.

Lavoisier es un nombre asociado inevitablemente a nuestra educación elemental, pues puso las bases de la química moderna en su Tratado de Química Elemental, por lo que se le considera padre de esta disciplina. Lavoisier, siempre con la ayuda de su esposa Mary, establece la Ley de conservación de la masa y estudia el aire, la respiración y los procesos de oxidación, además de participar en el método de la nomenclatura de los elementos químicos que tantos dolores de cabeza nos causó en la escuela secundaria.



sábado, 7 de mayo de 2011

Mientras Lucrecia muere



Hoy, en Teorema, Rolando Hernández Alducin presenta su primera novela: Mientras Lucrecia muere, una historia de amor y de crimen que espero leer pronto. Por ahora, basta con asistir a la presentación de esta noche en el cálido ambiente de esta noble cafetería del centro de Puebla.

Resumen incluido en la invitación:

Lucrecia vive una tragedia. Después del amor perdido, después de una muerte pequeña, experimenta un renacimiento, resurge de las tinieblas y vuelve a amar. El hombre que ha llegado la cura de todo y le construye un nuevo corazón. Pero la felicidad es efímera. En el ir y venir de la vida diaria se encuentra con un asesino en serie, un psicópata con ansias de destrucción que la desea locamente y la persigue a todos lados, queriendo apoderarse de ella para satisfacer sus ansias demoníacas. El que la ama da la vida por ella, la protege y se enfrenta con todas sus fuerzas con el psicópata, al que sólo podrá aniquilar si primero se aniquila a sí mismo. El encuentro de Lucrecia y el asesino es una metáfora que se construye entre el amor y el odio, que vive en el corazón y en la mente de todo aquel que ha sabido amar y odiar.

Mientras Lucrecia Muere es, en muchos sentidos, una obra tendiente a la crítica de un mundo en decadencia que experimenta cada día, a todas horas y por todas partes, una dinámica predatoria que lleva a las náuseas y al desencanto, cosas que ya muchos han denunciado antes y que seguramente muchos más denunciarán después. El pesar existencialista no es vano por sí solo, ni se descalifica automáticamente sólo por pertenecer a una nueva lógica en la que la crítica es un concepto en desuso que ya no merece ser analizado; por el contrario, da cuenta del malestar generalizado que de a poco, aunque cada vez de forma más intensa, va construyendo el aniquilamiento de lo que por todas partes se ha dado por llamar “lo humano”, cosa ilusoria nada más, según lo veo.

Café Teorema; 2 poniente 703, Centro Histórico. Puebla, Pue.
Tel. 2-98-00-28.
Sábado 7 de mayo 2011 a las 18 horas.

Ahí nos vemos.






La efímera embajada



El 7 de mayo de 1769 nace en San Miguel de Allende, Guanajuato, Ignacio Aldama, el primer embajador mexicano en Los Estados Unidos que carecía de patria libre y soberana qué representar, pero que enarbolaba fielmente los anhelos de una nación que quería ser libre, luego de tres siglos de colonia española.

Ignacio Aldama, junto a su hermano Juan, se unen a la lucha por la independencia desde su propio pueblo en Guanajuato, en donde fue nombrado jefe militar por el propio Miguel Hidalgo y Costilla. Posteriormente, en vista de su educación y buen juicio político, Hidalgo lo designa embajador insurgente ante la Unión Americana, a donde se dirige siempre acompañado de su inseparable hermano. Al parecer no llegan nunca a la frontera, en Coahuila son apresados por el enemigo y unos meses después fusilados en la ciudad Monclova. Fin de la historia.









La marcha



La marcha es mañana, ya se sabe.

viernes, 6 de mayo de 2011

Piernas de tango



Uno de mis primeros impulsos homosexuales –o un sentimiento parecido a ello- lo tuve admirando el rostro de Rodolfo Valentino, que me recordaba a la más bonita de mis tías. Con el tiempo percibí que la belleza de Valentino no era precisamente masculina y que el impulso aquel, paradójicamente, había sido heterosexual. Pero a estas alturas de mi vida ya no importaba. Ahora comprendía que Valentino era uno de los más grandes astros del cine, el primer latino.

Rodolfo Valentino nace el 6 de mayo de 1895 y cumpliría el día de hoy 116 años, lo que no le deseo ni a Valentino ni a nadie. Como casi todo en el Hollywood original, tan estadounidense, no era de los Estados Unidos, sino de Italia. Un jovencito mimado por su madre que no destacaba en otra cosa que no fuera la de buscarse líos escolares, esquineros y familiares. Probaron suerte en muchos ámbitos, lo enviaron a París, a Roma, en donde su principal habilidad consistía en dilapidar el dinero que se le daba. Entonces decidieron enviarlo a los Estados Unidos que entonces, más que ahora, era la tierra de la gran promesa.

En Nueva York Valentino vive en las calles y trabaja de cualquier cosa. Buen bailarín y gigoló, se enreda en una relación con una acaudalada dama chilena que, para no hacerte largo el cuento, termina asesinando a su marido. Valentino huye a Hollywood, en donde sus atípicas habilidades cobran sentido y devienen cualidades artísticas. En aquel cine mudo gobernado por un criterio estético muy blanco, representado por el jinete aquel, enmascarado y todo, de Dogulas Fairbanks, la aceitunada piel de Valentino y sus ojos soñadores y femeninos crearon una nueva tendencia que llegó para quedarse en el Séptimo Arte: el sex-symbol latino.

Después de “Los cuatro jinetes del Apocalipsis”, papel por el que fue apodado “piernas de tango”, Valentino se convirtió en la mayor estrella masculina de su tiempo. El breve tiempo que duró en el planeta Tierra fue de lo más placentero y rutilante. Se casó y se divorció, publicó un libro de poesía, una autobiografía, grabó un disco y un día súbitamente se murió de peritonitis. Una vida vertiginosa, como la ambigua estrella de Valentino. Era 1926, tenía 31 años.






jueves, 5 de mayo de 2011

Pequeño Cabo



Isla de Santa Helena, 5 de mayo de 1821. Lo que vemos es un hombre enconchado sobre sus rodillas con un rictus de un dolor añejo que perlea su frente de sudor frío. Está muriendo de algo indefinido, los médicos dicen que es una afección de los riñones o el hígado, pero él cree que es la misma enfermedad que mató a su padre: cáncer de estómago. Investigaciones químicas efectuadas doscientos años después en algunos de sus cabellos indican que era la ingestión de arsénico la causa de su sufrimiento. Lo único cierto es una cosa: el pequeño hombre sufría dolores verdaderos. Y no eran nada nuevos.

Toda la vida adulta padeció dolores estomacales, desde sus exitosas campañas militares como oficial del ejército francés, cuando fue proclamado Emperador en 1804 o Rey de Italia al año siguiente. Napoleón fue el hombre más poderoso de la tierra en los primeros lustros del siglo XIX, uno de los más grandes genios militares de la historia que no conocía las medias tintas, pues hasta sus derrotas eran apoteósicas. Napoleón el iluminado, el tirano, el megalómano cuyas órdenes costaron millones de vidas.

Odiado y amado con la misma intensidad (sus soldados le llamaban el Pequeño Cabo: Le petit Caporal), movilizó ejércitos nunca vistos en su época y tan sólo en la campaña rusa perdió a 650 mil soldados de sus tropas. Todo en grande, como su gran derrota final en Waterloo el 18 de junio de 1815, cuando finalmente fue vencido por los ingleses, para vivir un exilio de seis años en una isla del Atlántico, que hoy terminaban con dolor a los 51 años de edad.






miércoles, 4 de mayo de 2011

Titoísmo



Sin imaginar el desastre que significó su muerte para el país que gobernó por décadas, este día de 1980 muere Tito, estadista de la Guerra Fría que hizo posible la estabilidad en un lugar en donde parecía imposible...

Josip Broz, "Tito", que nace en el vetusto Imperio austrohúngaro en 1892, es uno de los personajes más fascinantes de la segunda mitad del siglo XX, el único que fue capaz de imponer su personalidad a los aliados y a los propios soviéticos al terminar la Segunda Guerra Mundial, cuando fundó en heterogéneas naciones una federación socialista llamada Yugoslavia, que por supuesto dirigió los siguientes 56 años. Fue ahí donde fundó y también dirigió- el Movimiento de los Países no Alineados.

Hombre polémico como el que más, Tito fue acusado de horrendos crímenes y excéntricos placeres poco proletarios que disfrutó con fruición. Y un culto a la personalidad sólo comparable con los grandes tiranos de la historia. Su muerte comenzó con el año 1991, cuando le fue amputada una pierna, acción que no logró contener la gangrena que le quitó la vida este día a la edad de 87 años en Liubliana, actual Eslovenia. Se dice que tuvo el mayor funeral de la historia con la presencia de medio centenar de presidentes, reyes, príncipes y primeros ministros y decenas de cancilleres de 128 países.

Su enorme poder no sólo fue evidente el día de su entierro, sino en las semanas y los meses siguientes, cuando la orgullosa Yugoslavia se disolvió en intereses y rencores étnicos que llevaron a la región a una de las peores experiencias bélicas de las últimas décadas, a un gran costo humano y material, que sólo se contuvo con la intervención de la ONU y la desmembración del territorio en seis naciones que configuran hoy la geografía de la antigua Yugoslavia: Bosnia/Herzegovina, Croacia, Eslovenia, Macedonia, Montenegro y Serbia, además de Kosovo que aún lucha por abandonar a Servia y formar la república de Kosovo.

Una muerte cara la de Tito, como las que más.









martes, 3 de mayo de 2011

Oh cálida fornax



El 3 de mayo de distintos años hubo dos acontecimientos en la vida de Hernán Cortés que marcan dos relevantes puntos de la geografía americana.

En 1519 Cortés funda la ciudad de la Villa Rica de la Veracruz, quema sus naves y emprende el camino para la conquista de México.

Dieciséis años después, en 1535, el propio Cortés desembarca este día en lo que hoy es La Paz, Baja California Sur, que antes había sido descubierta por sus capitanes, y aunque no era poeta, el aire fresco del golfo que llevará su nombre, las frías y cristalinas aguas de un azul cobalto visto y las formas caprichosas de las rocas que distinguen este punto de México, lo soliviantó a expresar una frase en latín que marcó la suerte de la zona o, al menos, la designación que ostentan mil kilómetros de la costa pacífica del continente todavía el día de hoy: “Oh cálida fornax”, resultando de ella el nombre de California.