En el marco de los setenta años del exilio español en México que el periódico El País ha estado recordando en estos días, pongo mi granito de arena con esta historia de una exiliada que terminó en la ciudad de Puebla de aquellos años aciagos, a donde doña Violeta Fernández llegó para quedarse, hasta su muerte hace algunos años. Esta es su historia. En 1913 estábamos en Cuba, mi madre estaba en Cuba y yo nací ahí. Pero luego, para el año 20 ya estábamos otra vez en España. Entonces al cabo del tiempo, cuando yo quise hacer el ingreso a la Normal de Maestras, mis padres no me habían registrado. Y doña Leticia, que era la comadrona que había asistido a mi madre, ya se había muerto. Entonces se recurrió a una cosa que luego se hizo mucho en la guerra nuestra, decir que en un juzgado de Barcelona que había sido quemado desapareció mi acta de nacimiento. Entonces me inscribieron en Barcelona. Entonces aparece que soy nacida en Barcelona. Mi padre madrileño y mi ma...