Me enteré hoy en nuestra reunión semanal de Teorema la muerte de Magno Sánchez Jiménez, uno de nuestros principales “viejos” que en realidad tenía setenta y tres. Era dentista, masón, maestro pensionado, buen amigo y nuestro mejor cantante de tangos que, ante la ausencia de un músico tanguero, Magno cantaba simplemente a capela. Lo disfrutaba en verdad. Era un hombre de pocas palabras, observador, taciturno y en cierta forma de espíritu oculto. Habitantes de la misma colonia, Magno me visitaba de vez en cuando y nos sentábamos a escucharme porque, como te digo, no era un hombre hablantín. Hace dos meses, sin embargo, sin muchos temas qué tratar, le propuse hacerle una entrevista sobre su niñez. Entonces me habló durante un buen rato. Este fragmento corresponde a una faceta poco conocida de él, su trabajo en el teatro: “A mí me tocó trabajar teatro, un teatro hecho por poblanos. Algunos poblanos destacados se fueron al cine, inclusive. La hacía de malo en las películas, estuvo aqu...