jueves, 23 de septiembre de 2021

Esto todavía no se acaba

 

Muchas gracias, preciosa, me enternece que te hayas acordado en medio de tanta confusión y no poca histeria. Me alejé del Facebook como lo haría de un incendio porque me ensordecieron los gritos de tantos de mis amigos y amigas buscando aclarar (declarar, documentar, vociferar) que ellos o ellas fueron los primeros en donar, en vincular, en asistir a los damnificados ¡dos veces!, que están sufriendo casi tanto como las víctimas y que debemos cantar el himno nacional, porque ahora, súbitamente, son los mexicanos más orgullosos de la historia. Por lo demás, desde el año 85 todos sabemos que ese México extravagante está ahí, capaz de darlo todo por su vecino e incapaz de autoprocurarse un gobierno decente. Como verás, querida, mi confusión es grande.

Pero bueno, debido a tanto funesto acontecimiento, debes saber que he decidido prolongar mi cumpleaños el resto del año, de modo que a partir de mañana comenzará el verdadero festejo, espero que sea un relato largo, reposado, que incluya arte, literatura y fantasías. Se va a poner bien padre. Pero, sobre todo, esto todavía no se acaba.

Te mando muchos abrazos y besos esperando que todos estén bien, quiera Tezcatlipoca que un buen día de este año podamos vernos para abrazarnos como él manda.


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miércoles, 15 de septiembre de 2021

Levántate y fuma

                                 

Querido Pepe: quiero que te levantes de tu cama para poder cumplirte tu deseo de hacer una fiesta de disfraces; quiero verte el sábado ahí. Y el mes que entra también y festejar tu cumpleaños número 96 el 15 de septiembre; quiero que te levantes, Pepe, o que te mueras ya, pues no soporto –y tú menos que nadie– a un anciano entubado y dependiente, incapaz de moverse y de correr como tú lo haces; de ir al baño, de subir y bajar las escaleras; de podar los rosales y plantar los geranios que se te dan tan bien; no soporto la espera de una muerte inminente si ya no estás bien, si ya no podrás caminar a tu mesa, tomarte tu tequila y fumarte mis cigarros; eso no es poesía, Pepe, eso no es vida. Ahora, si te compones, olvidaremos todos los presagios. Te espero ahí en Teorema y, si no, tú espérame allá, del lado de la poesía.

Como sabemos, Pepe decidió esperarme –a mí y a ustedes– allá, en la cosa esperada, el silencio obligado, la impostura celestial en la que por supuesto no creía, por más que en sus últimos años aludiera a Dios, hiciera como que comulgaba con la idea poética de un creador, de algo absurdamente desconocido que todos, con los nombres y apariencias diversas, terminamos por sospechar.

No le daré muchas vueltas a esto: no creo en el cielo, el de la religión, pero no puedo negar que sobre nuestras cabezas hay un universo que llamamos cielo y al cual pertenecemos ineludiblemente. 

Hablé muchas veces de esto con Pepe Donoso. Coincidía conmigo en que somos polvo de estrellas, tal vez insignificantes frente a la grandeza del universo, pero con la divina sustancia de la inteligencia, la conciencia de saberse parte del universo. Hoy cumpliría 96 años terrenales.

El gran Glenn Miller interpretaba un tema de Hoagy Carmichael llamado Stardust, “polvo de estrellas” que, aunque es una evocación poco religiosa, permítanme decirles que yo creo en eso, no en el hecho de que seamos una canción, aunque algunos de nosotros somos bien “músicas”, sino en el que seamos polvo de estrellas, resabios muy antiguos de enormes explosiones estelares que resultaron de la combinación de elementos químicos y de condiciones térmicas.

Si algo distinguía a nuestro querido amigo Pepe era el humor, nunca autocomplaciente; el humor mordaz, escatológico si se le permitía; vulgar si venía al caso, presto en todo momento al juego de palabras, al escape lúdico, a veces insensato, del idioma.


martes, 14 de septiembre de 2021

Los motivos

 


Usted cultiva media docena de “ideas” que ha ido desarrollado en su vida. Los periodos de Picasso podrían ser una burda pero útil explicación de esas fases que por largos periodos gobiernan nuestras vidas. Tres o cuatro importantes.

¿Ingeniero? Te ando buscando.

Yo cultivo media docena de ideas –fijas– y las exploto sin compasión. Repetirlas, reconstruirlas es lo que me hace dichoso. Creo.

sábado, 11 de septiembre de 2021

Seres universos


Somos universos para las bacterias, parte de un organismo menos mineral que biológico, un universo compuesto de gases y carbonatos,  nosotros mismos existencias universales.

Somos un universo para millones de seres que habitan los rincones de nuestro cuerpo, organismos que entran y salen de nosotros para su breve existencia. Aunque eso también es relativo ¿importa el tiempo a una bacteria? Seremos eternos para la mayoría de ellas. Nuestros órganos actúan como municipios o distritos para el mantenimiento de la estructura. En nuestro cuerpo ocurren miles de interacciones de esos pequeñísimos seres vivos, que transmiten órdenes y consejos entre sí, electricidad; somos la causa última de su existencia; seres atemporales que habitan el cuerpo humano.

Si lo que predomina en nuestro universo formado por galaxias son gases, nuestro cuerpo también depende en sus niveles atómicos y moleculares de media docena de elementos químicos que reconocemos como carbono, hidrógeno, oxígeno, nitrógeno, azufre y fósforo. Es el aparato universal en el que conviven 38 billones de células, de las cuales siete de cada diez son glóbulos rojos o hematíes de la sangre. Se supone que podrían existir 10 bacterias por cada célula, lo que da por resultado la nada despreciable población de  380 billones de individuos adheridos o transitorios en nuestra estructura compuesta de cabeza, tronco y extremidades, aparatos y sistemas, formados por órganos, a su vez formados por tejidos; ellos formados por células, compuestas de átomos.

38 x 1012 bacterias que representan un peso aproximado de 200 gramos, más o menos la fluctuación diaria de peso en un humano, pero en esos doscientos gramos habitan miles de millones de serecillos invisibles a nuestra mirada que siempre es preferible no conocer personalmente. Buena parte de ellas bacterias benignas que cumplen funciones de mantenimiento imprescindibles. La mayor parte se localiza en el intestino grueso, en el intestino delgado, la cavidad oral y anal y en la piel. Podrían existir 10 bacterias por cada célula, 38 x 1012 bacterias ¿a quién le importa? Tal vez a nadie, pero ahí están.

domingo, 5 de septiembre de 2021

Cultura popular

 


No hay una ciencia que determine algo fijo para explicar la cultura popular, que no cabe en un solo concepto, existen las opiniones de especialistas que hace décadas estudian este fenómeno desde el análisis académico. Un asunto de varias dimensiones donde el gobierno de un estado, de una ciudad,  puede tener una participación importante en los procesos de placer social múltiple que se reconocen en la cultura popular.

Si alguien lo ha discutido es Néstor García Canclini, que afirma en su libro Culturas Híbridas: estrategias para entrar y salir de la modernidad, que la cultura popular es un ámbito de estudio cuya complejidad surge de los diversos cruces e hibridaciones y de la existencia de un objeto que permanentemente se vuelve esquivo a la investigación por su perenne evolución y dinamismo. Dinamismo que surge, de hecho, desde la propia concepción del ámbito de la cultura popular como un campo de lucha. Canclini ve reelaboraciones y transformaciones permanentes de la cultura popular.

 

Otro estudioso de la cultura popular, Jesús Martín-Barbero, observa en Cultura popular y comunicación de masas, que el proceso de masificación cultural producido en el siglo XIX da lugar a otro fenómeno con respecto a la cultura popular. Ya no designará los objetos culturales creados por los sectores del pueblo, sino la cultura que consumirá la masa. Sin embargo los objetos permanecen ahí, son la obra cultural de los pueblos que no desaparece porque la radio toque todo el día a Michael Jackson. James Bowman, editor del Times Literary Supplement en Londres, hace notar que existe una cultura popular oficial y una no oficial, y que a través de la historia ha habido culturas oficiales y no oficiales. Los jóvenes han gravitado hacia la cultura no oficial abierta, libre y carente de estructura. ¿Cómo canalizarlo?

Otro estudioso del fenómeno de la cultura popular, Claudio Lobeto, afirma que en los años '60 y '70 artistas e intelectuales se vincularon con los sectores sociales subalternos, lo que significó que se creara un "arte comprometido con el pueblo" en oposición a la noción del "arte burgués”. Afirma que la "hibridez" universaliza la cultural popular, se torna cotidiana y supera la clasificación, “el arte culto se mixtura con lo masivo, lo popular se nutre de la cultura de masas, la publicidad tiñe la estética popular y así sucesivamente es posible seguir desagregando –afirma Lobeto–, relacionando e integrando manifestaciones culturales de diversa índole y procedencias”.

En algún momento me tocó analizar la cultura popular en Puebla, lo que observé fue una gama de subculturas alternativas y marginadas, autoexcluidas o integradas, manifestaciones reivindicatorias, arte originario y contraculturas o el mero resabio del consumo televisivo, que se atraviesan entre sí en continuo movimiento, resultando inmersa en una dinámica donde la cultura popular también se reconstruye a cada instante. ¿Cómo influir en ese caos? Si ahora lo elitista, lo popular y lo masivo como categorías resultan insuficientes para clasificar fenómenos culturales y artísticos, como opina Lobeto, la única vía de acción es evitar la parálisis, ser creativos en las instancias destinadas para ese efecto cultural. ¿La sociedad cuenta con un organismo plural donde están representados todos los gobiernos y sectores de la sociedad? 

El estudioso estadounidense, Stuart Hall, en sus Notas sobre la deconstrucción de “lo popular”, observa que la cultura popular trae aparejada una resonancia afirmativa por la prominencia de la palabra "popular". Y que, en algún sentido, la cultura popular siempre tiene su base en las experiencias, los placeres, los recuerdos, las tradiciones de la gente. Está en conexión con las esperanzas y aspiraciones sociales, tragedias y escenarios locales, que son las prácticas y las experiencias diarias del pueblo común.

Hall afirma que lo popular fija la autenticidad de las formas populares. “Siempre hay posiciones para ganar en la cultura popular –dice–, pero ninguna batalla puede atraer a la cultura popular en sí hacia nuestro lado, o para el lado contrario”.  Dicho de otra forma, no es posible apropiarse de la cultura popular, a los gobiernos solo les toca sembrar, discutir sus programas y tomar mejores decisiones. O asumir decisiones políticas respecto a la cultura. Su obligación es cuidar que sus programas se mantengan vigentes y no sean elegidos por ocurrencias y no estorbar a la cultura popular, impulsarla, fortalecerla, estimular su autorreproducción.

Lo único que me ha quedado claro de todo este periplo sobre la cultura social es la complejidad del tema…

 

 

Bibliografía

García Canclini, Néstor. Culturas Híbridas: estrategias para entrar y salir de la modernidad. Sudamericana. Buenos Aires. 1992.

Martín-Barbero, Jesús. Cultura popular y comunicación de masas.

Culturas populares. En Términos críticos de sociología de la cultura. Buenos Aires, Paidós, 2002.

Lobeto, Claudio: Cultura popular: hacia una redefinición, Instituto Internacional del Desarrollo, Universidad de Buenos Aires, tomado de internet: ucm.es/info

Hall, Stuart. Notas sobre la deconstrucción de “lo popular”. En Historia popular y teoría socialista. Barcelona, Crítica, 1984.

Bowman, James, Cultura Pop, Facetas No. 99, Enero, 1993. USIA Information Service. Tomado del internet: www.mty.itesm.mx

Lara, José: Las culturas populares e indígenas, símbolos de cohesión e identidad nacional, http://www.conaculta.gob.mx/saladeprensa/2004/26feb/cultpops.htm

 

 Fotos de piezas de barro del autor

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sábado, 28 de agosto de 2021

Cuando Hernán Cortés pasó por Puebla

 


El municipio de Zautla, Puebla, pertenece a una región de gran riqueza histórica donde confluyeron importantes corrientes culturales prehispánicas, como la totonaca y otomí, que recibieron el “impacto olmeca” del periodo denominado Preclásico Tardío de 1,200 años antes de nuestra Era.1 Como vestigios de aquel florecimiento, a cinco kilómetros de Zautla se hallan las ruinas arqueológicas de Tenampulco (o Cuacal), donde se encontraron restos de pirámides y figuras de cerámica.

Los Totonacos llegan a esta región alrededor del año 719 y permanecen ahí hasta a invasión chichimeca del año 1173 que, de acuerdo con Juan de Torquemada, llegaron destruyendo los pueblos totonacos. A partir de entonces los Chichimecas fundan, entre otros, los señoríos de Tlatlauquitepec, Tzautla e lxtacamaxtitlán.

Posteriormente, en el año de 1464, la región es dominada y anexada al universo mexica del Tlatoani Moctezuma Ilhuicamina por el jefe guerrero Ahuizotl. Para entonces su población estaba formada por una mayoría de origen nahua (mexicas, Acolhua-chichirneca y teochichimecas).

En agosto de 1519, Hernán Cortés en su trayecto a Tenochtitlán es “invitado” por el Teuctli o jefe militar mexica de lztacmastitán (Ixtacamaxtitlán) Temamascuicuil, vasallo de Moctezuma. La región que comprendía el señorío de Temamascuicuil es la que cubre actualmente los municipios de Ixtacamaxtitlán, Zautla, Ocotepec, Santa María (cañada), la Noria y San Juan de Llanos (Ciudad de Libres).

Se especula que quizás el Teuctli Temamascuicuil trataba astutamente de convencer a los españoles de seguir otra ruta con destino a Tenochtitlán y evitar el cruce por territorios tlaxcaltecas para evitar una posible alianza con ellos, pero el noble totonaca Mamexi advirtió a Cortés de una posible celada y le propuso enviar mensajeros de paz a los dirigentes tlaxcaltecas para buscar una posible alianza en contra de los mexicas, cosa que finalmente ocurrió.

Antes de la llegada de los españoles, los dos señoríos más grandes de esta región parecen haber sido Ixtacamaxtitlan (con Tlaxocoapan) al sur, y Tlatlahuiquitepec (con Nauhtzontlan, Yauhnáhuac, Yayauhquitlapan y Zacapoaxtlan) en el norte; es posible que las dependencias mencionadas tuvieran cierta autonomía política y un tlatoani cada una.2

La mayor parte del área, sino la totalidad, pagaba tributos a los mexicas, mismos que eran recolectados en Tlatlauhquitepec  e Ixtaquimaxtitlan, aunque la segunda se limitaba a apoyo militar. Esta ciudad de unas 5 000 familias, que tanto impactó a Hernán Cortés, estaba en la cima de un cerro y tenía una guarnición y una frontera fortificada con el territorio hostil de Texcallan (Tlaxcala).3

Aunque la lengua era el náhuatl, es posible que hubiera una minoría totonaca en el norte y otomíes dispersos por la misma zona. Cortés y sus hombres estuvieron una semana en Ixtacamaxtitlan, cuya riqueza les produjo gran admiración. Cuenta Cortés en su Segunda Carta de Relación del 30 de octubre de 1520: 

“La cual ciudad es tan grande y de tanta admiración que aunque mucho de lo que de ella podría decir dejé, lo poco que diré creo que es casi increíble, porque es muy mayor que Granada y muy más fuerte y de tan buenos edificios y de mucha más gente que Granada tema al tiempo que se ganó y muy mejor abastecida de las cosas de la tierra, que es de pan, de aves, caza, pescado de ríos y de otras legumbres y cosas que ellos comen muy buenas. Hay en esta ciudad un mercado en que casi cotidianamente todos los días hay en él de treinta mil ánimas arriba, vendiendo y comprando, sin otros muchos mercadillos que hay por la ciudad en partes. En este mercado hay todas cuantas cosas, así de mantenimiento como de vestido y calzado, que ellos tratan y puede haber”.4 

Zautla, llamada así debido al nombre del cacique Zautic, estaba habitada por pobladores que alternaban el cultivo agrícola con la explotación de unas minas cercanas de oro y plata, que desaparecieron a la llegada de los españoles. Recogían dos cosechas anuales de maíz: la de temporal y la tolnamil o de invierno. La dieta básica, como en otras partes de México, la componían de maíz, frijol y chile. Las casas, de forma rectangular, estaban construidas en su mayoría con palma y zacate o con madera. Para el amarre utilizan el bejuco; el piso de tierra apisonada.

Desde aquellos tiempos la alfarería de la zona que hoy ocupa la Junta Auxiliar de San Miguel Tenextatiloyan, probablemente debido a sus ricos yacimientos de barro, destaca por su riqueza y calidad. Hernán Cortés, en su carta referida, hace encomiables comentarios sobre la cerámica utilitaria que ve en esta región: “Hay mucha loza de muchas maneras y muy buena y tal como la mejor de España”.5

Especialistas como Daniel Rubín de la Borbolla afirman que la alfarería precolonial fue inventada, técnica y artísticamente, por las mujeres si acaso con una pequeña participación del hombre en el acarreo del barro y en las labores del horneado. Se han identificado cuatro tipos de alfarería: la doméstica, que era la utilitaria en las labores cotidianas que incluía comales, ollas, tinajas, jarros, jarras, tecomates, cajetes, apaxtles, platos hondos, platos planos, cántaros, cucharas y malacates. La ceremonial, que eran figuras de diversos dioses, sahumadores o perfumadores, vasijas para ofrendas. La funeraria, que contemplaba urnas, vasijas para ofrendas de alimentos, sahumadores, efigies de animales, objetos suntuarios de barro, réplicas en miniatura de ciertos objetos de uso personal, figurillas humanas o representaciones de deidades; máscaras, braseros, cajas. Y la cerámica para construcciones, todo lo que eran adobes, ladrillos, mascarones y elementos decorativos para fachadas de edificios, tubería.

Tanto por la calidad como por la variedad, lo que se aprecia en la cerámica precolombina son cinco características que hacen a la alfarería un recurso indispensable e irrenunciable de su cultura: tenían un profundo conocimiento de los materiales; desarrollaron técnicas para muy diversos usos, desde aquellos indispensables para la vida cotidiana hasta los más elaborados usos ceremoniales; que ya utilizaban el “desgrasante”, un elemento que aportaba cuerpo y consistencia a las arcillas; que usaban la técnica del bruñido y, desde luego el horneado de jagüete y el de decoración, y que sus decoraciones contemplaban rasgos específicos de las distintas culturas que los distinguían de las demás. Una de las características más llamativas que vinculan la cerámica antigua con la contemporánea de San Miguel Tenextatiloyan es el uso de moldes, lo que desde entonces, como ahora, les permitió el ensamble de piezas y el aumento de su producción.6

El periodo colonial, a la llegada y conquista de los españoles, es naturalmente una hecatombe que modifica radicalmente las condiciones de vida y la cultura en general de todas las regiones.

 

Una historia para contar

En  la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España de Bernal Díaz del Castillo hay un pasaje sobre la primera gran batalla de las fuerzas españolas en México, que ocurre muy cerca de San Miguel Tenextatiloyan y que, por lo tanto, involucra a la región en una singular historia de guerra que es conveniente conocer.

Todo sucede en el primer viaje del ejército de Hernán Cortés narrado entre los capítulos XXV y XVIII del libro de Bernal Díaz, cuando en el mes de agosto de 1519 salen de Zempoala con doscientos tamemes para que cargaran la artillería y cincuenta guerreros para que lo acompañaran en la travesía por la sierra. Su recorrido no tuvo incidentes de consideración en la primera semana, fuera del hambre, la lluvia, el granizo y el frío de la sierra. A principios de septiembre, sin embargo, se encontraron de frente a dos batallones de guerreros, unos seis mil hombres que gritaban desaforadamente, pitaban trompetillas y batían tambores: en un alarde de fuerza dispararon flechas y lanzas a la vez que trataban de parecer feroces. Los españoles enviaron a tres prisioneros que habían hecho ese día a decirles que no querían problemas. Pero la chispa estaba encendida, la escaramuza se dio y los españoles dieron la primera muestra de la mortal efectividad de sus armas de fuego, de tal forma que tres jefes náhoas quedaron tirados en el campo, además de decenas de soldados. En un momento dado los españoles entraron por una cañada, donde fueron blanco de las flechas mexicanas. Fue ahora que los guerreros aztecas demostraron que sus flechas y hondas también tenían una gran efectividad. Así llegaron al llano.

El saldo de la batalla fue calamitoso: los mexicanos perdieron ocho capitanes, hijos de importantes caciques, y fue la causa de que retrocedieran. Los españoles no intentaron seguirlos, pues también habían sido duramente golpeados. Se quedaron a resarcir sus heridas en un caserío muy poblado, guarecidos en unas cuevas habitadas, donde comieron gallinas que llevaban los tamemes y algunos “perrillos” que se procuraron en el propio pueblo.

Según Bernal el capitán Xicotenga “traía cinco capitanes consigo y cada capitanía traía diez mil guerreros” (…), que en total hacían unos cincuenta mil hombres, con banderas que ostentaban un ave blanca con las alas extendidas. 


La batalla de Tehuatzingo

El 5 de septiembre de 1519 ocurre la batalla de Tehuacingo o Tehuacacingo, de acuerdo a los registros de Bernal Díaz del Castillo, que cabe suponer que se refiere a una ranchería del actual municipio de Libres llamada Tehuatzingo, topónimo que significa “en las piedritas”, situado en un amplio terreno donde, efectivamente, abundan las pequeñas piedras.

Fue una batalla decisiva en el sentido de que los dos ejércitos tuvieron posibilidades de ganarla, ya que contaban con un número similar de soldados y estaban, más o menos, en las mismas condiciones de combate de campo.

Muy temprano ese día, y habida cuenta de los resultados de la batalla anterior, los ballesteros y escopeteros españoles, pero especialmente los que montaban alguna temible cabalgadura, se prepararon para la batalla con la firme consigna de “tirar a matar”, así como evitar disgregarse. Recorridos unos cuantos cientos de metros, en el llano de Tehuatzingo, los españoles percibieron un número indeterminado de guerreros tlaxcaltecas que prácticamente salían de todos lados: “vimos asomar los campos llenos de guerreros con grandes penachos y sus divisas, y mucho ruido de trompetillas y bocinas”.

Tal parecía que la consigna de ellos era idéntica a la española: no dejar uno vivo, acabar con ellos de una vez por todas. Los guerreros mexicanos hicieron un cerco frente a los soldados españoles e iniciaron un nutrido granizo de piedras y, momentos después, de flechas que atravesaban el acero y ante las que no había defensa: “¡qué prisa nos daban y con qué braveza se juntaban con nosotros y con qué grandísimos gritos y alaridos!”, narra el testigo Bernal Díaz del Castillo. Los caballos, sin embargo, marcaron una diferencia en el combate cuerpo a cuerpo. Aún cuando hubo cierto desorden español, los españoles se reagruparon y a “puras estocadas” volvieron a organizar su frente de batalla. Otro detalle fue que los mexicanos atacaban amontonados, lo que facilitó el trabajo de los escopeteros españoles, que hicieron un gran daño. Por si fuera poco, había rencillas en las filas de los mexicanos entre los capitanes Xicotenga y otro capitán que era hijo del jefe Chimecatecle, que se negó a ofrendar la ayuda que aquél le demandaba ordenando a la capitanía de Guaxolzingo a que no pelease. Por último, la estrategia de recoger cualquier cuerpo muerto o herido del campo de batalla y ponerlo a buen  resguardo tampoco dio buenos resultados, pues distraían de sus labores a los soldados y descuidaban la batalla, aunque en efecto los españoles apenas vieron algún muerto. Todas estas circunstancias mermaron la moral de los guerreros tlaxcaltecas, “que ya peleaban de mala gana”, a decir de Bernal, que por su parte estaba herido en la cabeza a causa de una pedrada y del muslo por efecto de una flecha. Los tlaxcaltecas comenzaron a aflojar y, a la muerte de un importante jefe, “un capitán muy principal”, comenzaron a retirarse del campo de batalla. Los españoles, cansados y heridos, los dejaron ir, cantando la victoria.

El saldo fue de sesenta españoles heridos y un muerto; ninguno de sus caballos salió indemne, todos fueron heridos, pero no hubo muertos. Se retiraron a su base de operaciones y sepultaron discreta y profundamente al soldado fallecido, pues la idea era que los mexicanos no supieran que eran  mortales, “sino que creyesen que éramos teules, como ellos decían”, acota Bernal.

Después de la batalla de Tehuacingo Cortés armó una estrategia diplomática con los tlaxcaltecas, que fue bien recibida por los caciques de Tlaxcala. Ya se habían probado las armas, los dos ejércitos mostraron gallardía y determinación, pero era posible percibir que el “verdadero” enemigo de los españoles no eran precisamente los habitantes de Tlaxcala, sino los enemigos de éstos, los señores del gran poder que tenían su asiento en la mítica ciudad de Tenochtitlan. Ahora los españoles “rogaban” por la paz y ese mensaje pareció música en los oídos de Xicotenga, el gran jefe de los tlaxcaltecas.

“Les dijo otras muchas cosas tocantes a nuestra santa fe, y verdaderamente fueron muy bien declaradas, porque doña Marina y Jerónimo de Aguilar, nuestras lenguas, estaban ya tan expertos en ello que se lo daban a entender muy bien.”

A partir de entonces se abren las negociaciones que terminarán en el ataque coordinado de los españoles y los tlaxcaltecas a la fortaleza de Tenochtitlan. Esta región volverá momentáneamente a los titulares de  aquella guerra cuando muchos españoles huidos de alguna de las batallas contra los mexicas terminaron por aquí, con no muy buena fortuna. Pero eso ocurrió aquí cerquita, en los llanos de Libres, la otrora Tlaxocoapan, que posteriormente fue San Juan de los Llanos, hoy ciudad de Libres.7

 

Este texto pertenece al libro inédito “Oye Olla”, Testimonios alfareros de San Miguel Tenextatiloyan, de Leopoldo Noyola y Sergio Mastretta.

 

Citas:

 

1) INEGI, Censo de Población y Vivienda, 2010.

2)    Enciclopedia de los Municipios de México: Zautla, Puebla. Y Édgar Ramírez, curador de la muestra: Veracruz: antiguas culturas del Golfo,  nota de La Jornada de Oriente, 4 de enero de 2012.

3)    Gerhard, Peter, Geografía histórica de la Nueva España 1519-1821, UNAM,

1986, pp. 234-262

4) Ibid

5) Cortés, Hernán, Segunda Carta de Relación, 30 de octubre de 1520, p. 11

6) Cortés, Ibid

7) Universidad Veracruzana, La cerámica del centro del país, en

      http://www.uv.mx/popularte/esp/scriptphp.php?sid=658

lunes, 15 de marzo de 2021

Intermitente curiosidad

 

Siempre que se muere alguien con inmensos saberes me pregunto por la extraña cesación de esos saberes, que, por mucho que hayan quedado plasmados en tinta, desaparecen con la persona que los fue acumulando a lo largo de toda una vida.

La idea me causa tanta desazón como la desaparición de los recuerdos de cada individuo, que, sean anodinos o relevantes, espectaculares o vulgares, son suyos, y como tales únicos y unívocos.

Haberlos contado en memorias o en diarios o en una autobiografía no sirve de mucho desde mi punto de vista, porque los recuerdos ajenos, por sobresalientes que sean, suelen dejar indiferentes a los lectores de hoy. Nadie es capaz de apreciar nuestros recuerdos como nosotros mismos: lo que para nosotros tiene un sentido o es relevante, o nos conmueve de manera inexplicable, suele dejar frío al resto de la humanidad, que, en el mejor de los casos, lo escucha o lo lee con una combinación de impaciencia e intermitente merodeo.