viernes, 28 de enero de 2022

RegalArte

 Mi regalo para Luz fue largamente meditado. Ella puso el motivo: huitlacoche, yo puse las manos sobre el barro.

Lo primero que pude comprender sobre el arte plástico y el maíz fue la derivación natural hacia una estética tolteca.

zzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz

Tener una mazorca como motivo me empujó a realizar trazos cilíndricos y granulados, inspirados por mazorcas reales infectadas de huitlacoche que Luz guardaba en el refrigerador.

Como siempre lo inevitable de un rostro humano convencional: una nariz, dos ojos y una boca; a veces orejas, y acusar plásticamente la deformación propia del huitlacoche y semejar un rostro en redonda deformación por las agallas del hongo en la realidad, enormes ampollas grises y negras, saturadas de inflamación.










Las hojas de la mazorca debe estar siempre en las piezas, son las hojas que usamos para el consumo que hacemos del maíz, hojas protectoras de nuestros elotes, té medicinal, envoltura de tamales y mixiotes, quesos y hasta dulces.

 

zzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz




Este fue el resultado final de la observación plástica del Señor del Huitlacoche. Desde luego es mi favorita y representa a un ser abotagado, un hongombre inflamado por las agallas que le surgen aquí y allá. 

zzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz

Construir estos regalos fue una verdadera fiesta de oficio y compromiso, las fotografías tan malas no le hacen justicia a las piezas reales; en el arte plástico no hay discusión entre su calidad digital y material, como ahora lo disputa la pintura.

Y pegados a ella cantidad de oficios que se beneficiaron de la era digital para sus obras; no la plástica, que sigue siendo un arte para las yemas de los dedos.

martes, 4 de enero de 2022

La raza de la hebra 3

 


Para Ventura Mendoza, con afecto

El final de la pandemia me trajo una inesperada noticia que cambió el color de los dos fatigosos años de ostracismo doméstico: desde la lejana capital del estado de Chihuahua fui localizado en Puebla para ofrecerme una tercera edición de La raza de la hebra, historia del telégrafo Morse en México, libro que fue publicado en 2004 por la Universidad Autónoma de Puebla y en 2005 por la empresa de comunicación Syscom, que ahora quiso volver a editarlo en una versión corregida y aumentada, pues una suerte de presentimiento me aconsejó corregirlo y mejorarlo en los tiempos muertos de la cuarentena, que fueron muchos, de modo que cuando en octubre de 2021 recibí esa noticia, el libro estaba afinado como un violín.

La historia del telégrafo Morse es en apariencia un tema muy ajeno y lejano del siglo XXI, pero cuando avanzas te das cuenta que es una historia sobre uno mismo, ese ser moderno comunicado hoy hasta la histeria que efectivamente empieza con aquellos seres estrafalarios que se comunicaban con puntos y rayas a mediados del XIX, llamados telegrafistas; la conclusión de La raza de la hebra es que todos terminamos siendo telegrafistas y que el mensaje de texto mexicano, tan moderno ahora, comienza en 1851.

El detalle más espectacular de esta tercera edición es su tiraje de 10 mil ejemplares y su carácter de regalo navideño. Antes del final del año miles de familias mexicanas habrán recibido a la puerta de su casa un ejemplar; no puedo imaginar un mejor sistema de distribución. Arribo asegurado. Otra cosa es entender por qué regalar a tantas personas una historia sobre el telégrafo en México y no, por ejemplo, sobre el versátil internet, los lenguajes modernos de la comunicación, materia de Syscom. La explicación es simple: primero porque Jorge A. Saad, el empresario de telecomunicaciones que ha patrocinado esas dos ediciones, tiene mucho aprecio por el tema, y segundo, porque en esencia el telégrafo es el mismo internet, ambos son telecomunicación y comparten algo que han desarrollado hasta la perfección, tras 170 años de uso de la electricidad para comunicarnos, inventaron el mensaje de texto (el producto de los telegrafistas), llamado entonces telegrama, hoy Twiter, WhatsApp, ejecutado por nosotros mismos porque ya no necesitamos la intermediación de un telegrafista. Eso es todo, que no es poco. Los telegrafistas destacaron como profesionales empíricos y transmitieron a través del electromagnetismo nuestros mensajes de texto, que entonces no se llamaban así porque un texto era lo único que podían comunicar a través de ese código obtuso de puntos y rayas, solo que hoy transmitimos imágenes, sonidos, hablas, emoticones, mensajes de texto. El internet que hoy nos resulta familiar y hemos aprendido a operar eran territorio de los temibles web master que hasta hace muy poco dominaban por completo el balón. Y lo siguen haciendo, pero una parte importante de la humanidad ha podido independizarse para interactuar a través de la electricidad para beneficio de algo todavía inexplicado, que es la condición comunicante que ahora casi todos tenemos, en los más diversos grados. Ahí, en el soporte digital, hemos robustecido nuestras bibliotecas, coleccionamos películas y existen sitios asombrosos, globales y sorprendentes, que nos permiten escuchar música y ver conciertos y documentales que antes del internet solo podíamos soñar como ciencia ficción. Ahora vemos cosas que antes eran anécdotas de la ciudad porque cada vecino se ha convertido súbitamente en reportero y alcanza a grabar el accidente, el asalto, el abuso y el uso del poder; la caída graciosa, la mascota, el bebé. Con el internet las posibilidades de responder a las preguntas que uno se hacía hacia 1999 se simplifican hasta la intemperancia porque ahora es posible saber en segundos lo que antes nos llevaba días o semanas conocer. Socialmente, el internet comunicó a la masa. Desde la primavera árabe se utilizó el internet en la organización de las multitudes que derrocaron al tirano; a partir de entonces la movilización social tiene esa herramienta comunicante que sobra decir lo superior que es frente a los antiguos mecanismos de organización, no solo de grandes multitudes, sino de grupos sociales más reducidos que ahora cuentan con un instrumento de comunicación tremendamente eficaz. Todos nos hemos vuelto telegrafistas.

La historia del Telégrafo Morse trata de esos seres humanos que hicieron posible la comunicación eléctrica en México basada en el código binario punto y raya, que predominó por ocho décadas en las comunicaciones mexicanas. Después, el mismo torrente científico de inventos en el uso de la electricidad, que le dio vida y salud al Telégrafo Morse por tantos años, terminó por darle su licencia de retiro, ya entrado el siglo XX, con el éxito de la comunicación hablada, el teléfono. "Punto-Raya-Punto" dejaba de expresar, de acuerdo con las necesidades del nuevo siglo, el mensaje deseado, dando paso a la telefonía, primogénita del telégrafo eléctrico. De pronto era posible manifestar en palabras propias nuestra situación geográfica, comercial y emocional. ¿Bueno, quién habla…?

La historia arranca cuando el empresario español Juan de la Granja trajo a México esta revolucionaria invención a mediados del siglo XIX. El telégrafo modifica muchas costumbres mexicanas e impone otras nuevas, su historia ilustra cómo fue la comunicación telegráfica; el mensaje de texto, el telegrama, fue introduciéndose en las costumbres colectivas y poco a poco penetrando en los hábitos de gobiernos, comercios y familias (“Llegué bien a Celaya, favor de avisarle a mi mamá”); hasta que el telégrafo llegó a ser, en la cúspide del Porfiriato, un instrumento fundamental para las necesidades cotidianas de un país, del gobierno y la sociedad; el comercio de aquel primitivo capitalismo ampliamente beneficiado al manejar mejor su información, el medio por el cual se enviaban felicitaciones onomásticas, transacciones comerciales, giros telegráficos y muchas órdenes de fusilamientos, rupturas, adhesiones y noticias periodísticas. Fue así como llegó a operar las veinticuatro horas del día en las principales ciudades del amplísimo territorio nacional. Se hizo esencial en las relaciones humanas, incluso dentro de una misma ciudad (“No podré llegar a cenar”). El telégrafo facilitó una ganancia política, económica y social formidable, la comunicación eléctrica fundaba la modernidad (“Estoy bien, no te preocupes.”).

El periodo revolucionario somete al telégrafo Morse a una dura prueba por sus vulnerables instalaciones y la rudeza de la guerra. Contrastan las grandes hazañas militares con los pequeños y dañinos hurtos de cable telegráfico que suspendían abruptamente su operación. Había tramos que ya no eran reparados. En muchos casos el poste fue el árbol y el cable la soga del ahorcado. 

Desde la victoria del 5 de mayo de 1862 en Puebla el telégrafo fue el vocero y el medio de comunicación de la guerra. Un telegrama de Zaragoza es hoy un emblema patriótico: “las armas nacionales se han cubierto de gloria”. Hechos históricos como la toma de Cd. Juárez en 1914, donde el telégrafo juega un papel determinante en la ruptura de Francisco Villa con su jefe Venustiano Carranza, que el 13 de junio de 1914 le dio un giro decisivo a la revolución.

El periodismo en este largo proceso de la historia mexicana no sería explicable sin el uso diario del telégrafo; tampoco el sistema meteorológico que permitió un significativo avance portuario, para no hablar de las relaciones familiares y comerciales que pudieron fincarse en el aviso rápido, oportuno, urgente. En el envío de recursos por medio del giro telegráfico. La comunicación que ofrecía el sistema de correos-diligencias, por moderno que fuera, resultó súbitamente anacrónica como correo porque, cuando llegaban, las noticias tenían semanas de atraso.

Fernando Benítez llama al telégrafo en "El Rey Viejo" los oídos del tren militar; en realidad llegó a ser, entre 1850 y 1930, los oídos y el habla de toda una nación, su uso tan común que se instalaron buzones en las esquinas donde podían depositarse los telegramas con cobro revertido. Se hizo común el telegrama local, el aviso oportuno. El “propio” era un tipo de telegrama en el que se comisionaba al mensajero a entregar telegramas en lugares lejanos. El “propio” recibía una compensación de 2 pesos por entrega. Me tocó varias veces en Cuauhtémoc, Chihuahua, ser comisionado para entregar esos telegramas. Había que ir muy lejos y con noticias casi siempre funestas para el destinatario, quien por regla tenía que firmar de recibido en mi libreta, pero no siempre era posible cobrar la tarifa reglamentaria, la persona ya estaba llorando; todo mundo perdía.

La gran hecatombe de la revolución  puso a las instalaciones telegráficas a punto de desaparecer. En amplias zonas del país su infraestructura fue arrasada completamente, algunas estratégicas como La Laguna y el Bajío fueron ejemplo de grave destrucción, obligando a una completa reinstalación con nuevo equipamiento, ahora de teleimpresores, una vez alcanzada la paz. Las escenas revolucionarias de los altos mandos decidiendo el curso de la lucha no serían imaginables sin la presencia de un telegrafista al lado de cada general.

El golpe que implicó la sustitución del telégrafo por el teléfono y la teleimpresora, después de la lucha armada, fue lo suficientemente fuerte como para herir de muerte al Telégrafo Morse. La introducción de teletipos en el Distrito Federal y las principales capitales de los estados pusieron al telegrafista Morse de espaldas a la pared. Se iniciaba también el predominio de la ingeniería profesional sobre los conocimientos empíricos, tan socorridos y útiles durante el siglo XIX, desplazándole aún más.

Arranca, según esta historia, una decadencia que inicia con un drama. En febrero de 1933, un Estado constituido en la reciente Revolución corta de tajo, con innecesaria violencia, lo que pudo haber sido una mejor transición del signo al habla, del telégrafo Morse al teléfono, al teletipo, a la radiodifusión, la televisión y el internet con su amplio menú de opciones; ahora nuestras expectativas de comunicación son portátiles, podemos transmitir lo que queramos desde cualquier sitio.

Sin embargo, no es posible decretar una muerte oficial del telégrafo Morse en 1933, sería una injusticia para los telegrafistas Morse que subsistieron por lo menos hasta 1970. Lo digo como testigo presencial. Aun cuando había sido sustituido por el teletipo para el servicio regular, mi papá seguía trasmitiendo los domingos en clave Morse, manipulando el vibrador de tecla vertical que fue la última tecnología que el “lenguaje” telegráfico llegó a tener. Acompañé a mi papá a un concurso de oratoria Morse en Cuernavaca. “Haz de cuenta que eran oradores, con una dicción perfecta y una ortografía impecable”, me platicó emocionado; “como su letra” añadí yo en mis adentros, pues era famosa la caligrafía de los telegrafistas y mi papá le hacía el honor.

El Morse queda como una expresión cultural que en cualquier momento puede ser llamada a actuar. El cliché de película donde un atrapado bajo escombros se comunica con la superficie a través del Morse, es algo que hoy día puede ocurrir en cualquier momento.  La llamada Automatización de la Dirección General de Telégrafos, que se inicia virtualmente con la instalación de aparatos teleimpresores en los primeros años de los años treinta, alcanza un plano nacional iniciada la década de los setenta y llegó a totalizarse hasta los años noventa. Lo que ocurre después del Maximato del expresidente Elías Calles se mezcla con otras historias. Hay que descubrir a los modernos telegrafistas entre mecanógrafos y técnicos que trabajan en máquinas de diversos aspectos: escriben a máquina, son locutores, atienden ventanillas, que definir como "telegrafista" les hace poca justicia a aquellos de los que trata esta historia: los Morse, que eran seres que hablaban un lenguaje inextricable: "Punto raya, raya punto. Punto raya, punto, raya, raya", que se expresaban a través de un sonido corto y uno largo; largo-largo, corto-largo. El Morse de los puntos y las rayas que en su aparente rigidez escondía un refinamiento incontestado por cualquier otra comunicación sonora: la ortografía. En Morse no es posible expresar barbarismos: "buzcaré berte el biernez", sino "buscaré verte el viernes", detalle que no deja de ser interesante al acercarnos a esos seres incomprendidos que resultaron ser los telegrafistas, pues de personajes importantes en los pueblos que conocían la intimidad de los vecinos  –como el cura o el doctor–, y que además dieron su sangre a la revolución, solo recibieron desprecio de los generales que se hicieron del poder, y en los albores del siglo XXI, han caído en el más grande olvido.

En la huelga de febrero de 1933, oprimidos y humillados al ser puestos bajo las órdenes de los postales, encadenaron sus fuerzas en un compacto gremio que apeló, incluso con la huelga nacional, una mala medida administrativa; enfrentaron con audacia la arbitraria decisión (de la ciencia) aplicada por la Secretaría de Comunicaciones con represión militar y ceses masivos,  muriendo dignamente.

Fue en esta efímera lucha que se autodenominaron La Raza de la Hebra, significativo nombre que habla del entusiasmo, la energía casi biológica con que enfrentaron su inevitable transformación.

Por desgracia no puedo recomendar la compra de La raza de la hebra, pues como he explicado no está a la venta y sus diez mil ejemplares ya han sido distribuidos; tengo, sin embargo, su versión digital para todos aquellos entusiastas que deseen echarle un ojo al origen de su actual vocación: la comunicación eléctrica. Pueden solicitarla aquí: polo.noyola@gmail.com, y se los envío a vuelta de correo. Buen año 2022.

 

Publicado ayer en Mundo Nuestro, gracias.

 .


lunes, 3 de enero de 2022

Los 90 de Aída

 


Aída nunca tuvo muy buena relación con su abuela Magdalena y en mucho se debió al día de su nacimiento. Según su abuela paterna ella debería haberse llamado Genoveva. Esto lo pidió mucho antes de que Aída naciera, cuando mi abuela Luz quedaba embarazada por quinta ocasión en aquel largo invierno de 1931-1932 que derivó en el nacimiento de Aída a principios de enero. Magdalena pidió desde agosto o septiembre que sin era niña se llamara Genoveva, pero a mi abuela Luz no le pareció suficiente argumento ¿por qué Genoveva?, no había pariente, ni razón alguna para que se llamara Genoveva. Y todo el poder que la Nena tenía sobre su hijo Leopoldo no fue suficiente para doblegar la tozuda decisión de su nuera Luz. La niña se llamaría Aída. La fecha se acercó, pasaron las fiestas de diciembre, el año nuevo y el 3 de enero nació Aída, con la inconveniencia de que es el día de Santa Genoveva, efeméride que no ayudó en absoluto a su delicada relación con su abuela. Hoy hace 90 años nació.

.


martes, 21 de diciembre de 2021

Zócalo de Oaxaca

El día está movidísimo, una manifestación de profesores paraliza el zócalo de Oaxaca. El ruido es ensordecedor. Diferentes escuelas de la ciudad presentan espectáculos musicales y corales en la avenida peatonal que atraviesa el centro de la ciudad vieja. Lo que veo es un ir y venir de colores que danzan entre los edificios, músicas diversas, tambores

Tomo una cerveza en una mesa de los arcos. Una abeja ronda mi cerveza; una paloma se come mis cacahuates, el mesero la espanta. Pasan unas monjas felices, una pareja de ancianos abrumados. ¡Hastío!, proclamo; una joven con minifalda haciendo equilibrio en vertiginosos tacones. Entre los manifestantes caminan parejas disparejas, parejas interétnicas, parejas homogenizadas, vendedores de maderitas talladas, peines, separadores, hijitos habilitados como limosneros que cubren un área considerable del zócalo, nunca pierden contacto. Racimos de turistas unisex. Son ancianos o son ancianas. El palacio de gobierno está copado de mantas: loxicas, antorchistas, magisteriales.

En el último trago veo que la abeja está en el fondo de mi tarro, ahogada de borracha. La echo en una jardinera, todos merecemos una segunda oportunidad.


.

viernes, 10 de diciembre de 2021

Curso de guion. Enamorado

Ejercicio de Tzuyuki FR 


Secuencia 1 (Exterior/día). Centro comercial exclusivo

Diego, un chico alto de 17 años, delgado, de jeans, tenis y playera camina por la calle, se ve que busca algo. Se detiene de vez en cuando, mira aparadores de boutiques, joyerías, regalos. La gente que camina por el centro comercial es de un nivel económico medio y alto, visten ropa de marca y casual, llevan bolsas con sus compras. Diego sigue caminando. Entra a una tienda de regalos, sigue su búsqueda, ve unos globos, se acerca a los más grandes, hace gestos de desaprobación por lo cursi de los globos. Luego ve un oso, mueve la cabeza y sale de la tienda para continuar caminando. 



CORTE A:

Secuencia 2 (Exterior/día).

Edificio del departamento de Sofía 

Fondea la canción Precious, de Depeche Mode. Sofía (chica delgada, cabello lacio, negro, 21 años) se baja de un lujoso auto que inmediatamente después emprende la marcha. Lleva pendientes largos, vestido de color llamativo, tipo coctel, usa tacones altos, quizá su maquillaje es recargado, para ser de día, sin embargo no cae en lo vulgar, se ve elegante. Sofía atraviesa la entrada de un edificio lujoso de departamentos, le da los buenos días al vigilante, un hombre como de sesenta y tantos años, este apenas asiente, ve el reloj, son las 10 de la mañana, ella sigue de largo hacia el ascensor.  

CORTE A:

Secuencia 3 (Interior/día).

Tienda de ropa.

Diego ve obnubilado una chamarra marrón de piel, la toca, siente la textura, se aleja para ver el maniquí, imagina quizá cómo se vería Sofía con ella puesta. Pregunta el precio de la prenda al empleado, al recibir la respuesta, su rostro pasa de estar emocionado a la desilusión. Saca su cartera del bolsillo del pantalón, cuenta el dinero que tiene, vuelve a guardar la billetera, agradece al empleado y sale, inmediatamente entra a una joyería, ve aretes, pulseras, gargantillas, anillos, algunos de los precios lo sorprenden demasiado, cabizbajo sale de la joyería. 
 

CORTE A:

Secuencia 4 (Interior/día).

Departamento de Sofía 

Sofía entra a su departamento, de decoración minimalista, bien iluminado, de paredes y sillones blancos del mismo color, se pueden ver por ahí unas plantas de bambú, hay un par de cuadros modernistas, una barra, una pantalla LCD, un estéreo empotrado en un gran librero. Ella busca el control remoto y enciende el estéreo, inmediatamente se escucha In your room, de Depeche Mode, ella pone cara de agrado, empieza a moverse lentamente al ritmo de la música, se suelta el cabello con un movimiento hábil, se quita las zapatillas y camina hacia las habitaciones, en el trayecto baja el cierre del vestido, un tirante le cae por el hombro, antes de entrar ella al baño, vemos caer el vestido resbalando por sus piernas. 
 
CORTE A: 

Secuencia 5 (Interior/día).

Tienda de discos 

Diego pasa frente a una tienda de discos, entra casi instintivamente. Se escuchan varias melodías en segundo plano. Va a la parte donde se encuentran los audífonos, escucha dos o tres discos por breves instantes. Se detiene en varios anaqueles, pasa por el rock en español, la música alternativa, hasta llegar al rock en inglés. Al mirar las novedades ve varias “cajas”, colecciones completas de diferentes artistas y géneros. Los ojos se le iluminan al mirar la de Depeche Mode ve el diseño de la caja, el contenido y los tracks. Pasa mucho tiempo observando la caja, la llega a comparar con alguna otra, de Queen no un grupo clásico pero aparentemente esa otra opción no lo entusiasma tanto y la vuelve a poner en su lugar. Coloca bajo su brazo la caja elegida, estirando el cuello busca a algún empleado de la tienda. Una chica atiende su llamado. Se forma para pagar. Al llegar su turno en la caja, saca su cartera, cuenta los billetes y paga. La billetera se queda vacía, a él no le importa, toma su compra y sale SATISFECHO. 

CORTE A:

Secuencia 6 (Interior/día).

Baño departamento de Sofía 

Ella sale de bañarse, se mira en el espejo de cuerpo completo, roza la piel de sus hombros y llega a rozar levemente sus senos, sonríe. En segundo plano se escucha Dirt, de Depeche Mode. 

CORTE A:

Secuencia 7 (exterior/día) Flashback, Blanco y negro.

Calle vacía, atardecer, banqueta y arbolitos en la acera 

ESTÁ CON Recuerda a Diego, un beso loco, ellos dos recargados contra una pared, ella vestida de forma sencilla, muy distinta a cómo vestía hace rato. Luego las manos de Diego recorriéndola por primera vez, por encima de la ropa. Sofía con los ojos cerrados, disfrutando el beso. En medio de ese recuerdo viene a su mente otro beso, se cierra la toma, vemos el rostro de Sofía de perfil, con los ojos abiertos y de momento, aparece la cabeza calva de un hombre mayor, que no la besa, sino que casi quiere comérsela.  ELLA PERMANECE IMPÁVIDA.

CORTE A:

Secuencia 8 (Interior/día)

Baño del departamento de Sofía 

Sofía reacciona, sigue viéndose al espejo, tiene cara de asco, se envuelve el cabello con una toalla y el cuerpo con otra, sale del baño. Va a su cuarto, entra al closet, va a elegir qué ponerse. Pasa por varios vestidos: coctel y de noche, se alcanzan a ver varios pares de zapatos de tacón, sigue de largo hasta llegar a la ropa informal, elige una blusa de tirantes y unos jeans, sin maquillaje parece más joven de lo que es. 

CORTE A:

Secuencia 9 (Interior/día). Flashback en blanco y negro.

Gimnasio. 

Diego intenta levantar pesas, está en algún aparato de ejercicio. Se nota a leguas que no sabe lo que está haciendo. Sus movimientos son torpes, suda, se ve cansado. En eso, por la puerta de cristal del lugar, entra Sofía, sin maquillaje, con una cola de caballo. Lleva un pants ajustado y un top y sudadera a juego. Diego deja de hacer lo que estaba haciendo y la observa.  

CORTE A:

Secuencia 10 (Exterior/día)

Calle de colonia residencial 

Diego va entusiasmado con su regalo bajo el brazo.  

CORTE A:
 

Secuencia 11 (Interior/día) Flashback en blanco y negro.

Departamento de Sofía.

Ambos entran, se abrazan, se besan.  Ella suelta a Diego para poner música en el estéreo Home de Depeche Mode, se vuelven a abrazar. Se tumban sobre el sofá, siguen besándose cada vez con más vehemencia… 

CORTE A:

Secuencia 12 (Exterior/día)

Calle colonia residencial

Diego va caminando, en su rostro hay añoranza, felicidad por recordar sus encuentros con Sofía. Se dice así mismo:

            DIEGO:

            (VOZ OFF) dos meses, quién iba a pensar que me haría caso y cumpliríamos ya

dos meses… 

CORTE A:

Secuencia 13 (interior/día)

Departamento de Sofía

Ella en el sofá de la sala. Oye música, sonríe, bebe un poco de agua en una copa, SEGURAMENTE recuerda a Diego, sus manos, su cuerpo, sus ocurrencias, el jugueteo. SONRÍE SATISFECHA. En el estéreo suena World full of nothing, ella empieza a dormirse, luego suena el teléfono. Ella contesta:

SOFÍA:

¿Quién habla?

 Pone cara de fastidio. Agrega:

SOFÍA:

Está bien, en media hora estoy lista”

Cuelga. Se levanta y va hacia su habitación. 

CORTE A:

Secuencia 14 (Interior/día) Flashback en blanco y negro

Departamento de Sofía, habitación 

“Gracias por ese mes fabuloso, chiquita, te amo”, se lee en una tarjeta que Sofía vuelve a doblar. Sonríe, abraza a Diego, él la levanta y le da vueltas. Inmediatamente después caen en la cama, empiezan a besarse. 

CORTE A:

Secuencia 15 (Interior/día)

Departamento Sofía

Ella sale con el cabello recogido, maquillaje recargado, vestido negro entallado, tacones altos. Lleva en la mano su bolso y un abrigo.  CIERRA LA PUERTA.

CORTE A:

Secuencia 16 (Exterior/día)

Fuera del edificio de departamentos donde vive Sofía.

Un auto verde y elegante se detiene. Un guarura se baja y le abre la portezuela a alguien que va a bajar de la parte de atrás del auto. Es un hombre de baja estatura, gordo y bigotón, tiene alrededor de cincuenta y cinco años, se baja del auto y se recarga en él. Saca un puro que el guarura le enciende. Sofía aparece por la puerta del edificio. El hombre sonríe cínicamente (O CODICIOSO).  

CORTE A:

Secuencia 17 (Exterior/día)

Calle del edificio de Sofía.

Diego sigue contento, caminando rumbo a la casa de Sofía. A un lado de él ve pasar el auto verde. Sigue caminando.  
 

CORTE A:

Secuencia 18 (Exterior/día)

Fuera del edificio de departamentos.

Sofía se acerca al auto. El hombre le extiende los brazos, la besa efusivamente. Se da vuelta y sube por el otro lado al auto. El guarura espera a que ella suba y cierra la portezuela.  

CORTE A:

Secuencia 19 (Exterior/día)

Fuera del edificio de departamentos.

Diego observa toda la acción, se queda inmóvil, estupefacto. El automóvil arranca y se aleja veloz. Diego corre para seguirlo, grita dos o tres veces el nombre de Sofía. Se detiene por fin en medio de la calle, agitado. Regresa al edificio, cabisbajo y confundido. El vigilante está parado afuera. Diego le pregunta (SIN AUDIO) si esa que acaba de salir es Sofía, el vigilante responde que sí.

VEMOS EN UN PRIMER PLANO DEL ROSTRO PÍCARO DEL VIGILANTE:

VIGILANTE:

Le salió chambita de último minuto con el diputado Vargas. 

CORTE A:

Secuencia 20 (Exterior/día) Flashback en blanco y negro, serie de imágenes tipo collage.

-Diego preguntándole a Sofía en qué trabaja. Soy asistente ejecutiva. LOS DIÁLOGOS DEBEN ESTAR EN LA FORMA DESCRITA.

Él llegando al departamento, ella en tacones. Las uñas largas de Sofía. Los dos en la cama, haciendo el amor. Sala: ella haciéndole un streap tease a Diego con música suave. 

CORTE A:

Secuencia 21 (Interior/día)

Edificio de departamentos.  
Módulo de entrada.

De nuevo vemos el rostro del vigilante, ahora comprensivo y lastimero, que le dice a Diego:

VIGILANTE:

Nooo, mi joven, cómo cree que de asistente, no podría pagar el departamento y        no es rentado…

Diego está  llorando. Se limpia las lágrimas que escurren por sus mejillas. Le dice al vigilante:

DIEGO:

Por favor, entréguele la caja a Sofía cuando vuelva

Se va cabizbajo.

Se escucha la canción Wrong de Depeche Mode mientras él sale del edificio y camina por la misma calle por donde llegó.  

CORTE A: FINAL PROVISORIO. 


1

Tzuyuki:

Espero que estés tan satisfecha como yo, pues lo que sea de cada quien las secuencias quedaron muy bien. Y cuántas, además. No tengo tiempo de hacer el ejercicio de cuánto tiempo llevaremos de película, pero no son pocos minutos ¿unos quince o veinte? Tal vez arribita de diez. El único pero que le pongo es que casi es muda, tiene muy poco diálogo, lo que puede desconcertar al espectador. Pero coincido contigo –creo que tú coincides conmigo– en que tampoco necesita tanto diálogo. La historia está narrada muy cinematográficamente, son imágenes alternadas que cuentan una historia coherente, un drama de pasión en donde no hay cabos sueltos, todo es claro como el agua. Entonces me gusta mucho el ejercicio, ojalá puedas seguirlo.

Después de cada secuencia hay que poner un CORTE A la siguiente secuencia, estos cortes pueden IR A NEGROS, A BLANCOS, pueden DIFUMINARSE EN LA SIGUIENTE SECUENCIA o hacer un CORTE DIRECTO. Esto es estilo y en realidad atributo del director y el editor, pero el guionista, de venir al caso, puede solicitar en algunos casos. Si no, marcar en CORTE A:

Sospecho que le tuviste un poco de mieditis a los diálogos, pues cuando los pusiste estaban insertados en el texto. Bueno, ya te puse el ejemplo de cómo. Cada palabra, aunque sea un  monosílabo, debe ir antecedida del nombre del actor o actriz. Esto le da orden a las cosas en el set.

Bueno, Tzuyiki, espero que te hayas divertido. Yo me divertí con tu historia. Gracias.

2

Tzuyuki:

He revisado nuevamente tu guion y veo que lo que buscaba “corregir” en realidad ya está hecho, que era vestir las secuencias con sonido y las “escenas” con decorados afines a sus protagonistas. Me quedo con esa última sugerencia –y que ya no alcanzaste a corregir–, si gustas trabajar en ello, ya es cosa de detalles, con mucho gusto lo volveré a leer. Saludos.

Polo Noyola 


.

jueves, 2 de diciembre de 2021

El interés intrínseco del testimonio

"Espere, cuénteme más..."

El título expresa claramente por qué el género testimonial te interesa casi por default, porque se refiere a ti misma, a ti mismo; lo que ha expresado un antepasado poblano es necesariamente interesante para todas las nietas y nietos en sus edades respectivas, porque leer estos recuerdos es como estar oyendo al abuelo. 

El bisabuelo Pedro (derecha)

La importancia de la tradición oral radica en los vínculos familiares que interesan a nietos, bisnietos y toda la descendencia, que rápidamente se amplía a tíos, a familiaridades lejanas; y a escala de una ciudad, igual, cuando lees el testimonio de un hombre sobre los años 30, por ejemplo, que es poblano y fue joven en los años 30, el anciano es como tu abuelo. 

El tatarabuelo Chuchú

La vinculación con ese relato llega por otros lados, más allá de las familias. Emerge de ella la figura del ciudadano; la memoria te enfrenta al dilema de conocerte a ti mismo, te da un lugar en la historia; leer las palabras de tu tatarabuelo, escucharlo en una grabación, supone interrogarte como sujeto histórico sobre lo que eres; se dice que ya nadie lee, pero, más allá la lectura, la tradición oral, la memoria, los recuerdos te interesan intrínsecamente porque lo que estás leyendo o escuchando es sobre ti mismo.


Fotografías de familiares del autor

.

sábado, 13 de noviembre de 2021

Arete al garete

 


Representa las mutaciones del rostro humano en un movimiento perpetuo de ojos, nariz y boca, que proponen expresiones en las caras humanas; lo mismo recuerda planos de rostros en distintas perspectivas que sonrisas picassianas y un necesario guiño de Alexander Calder, el inventor del móvil escultural, rostro de cuatro piezas. 

José Lazcarro me regaló amables palabras sobre la escultura con el rostro mutante de movimiento perpetuo que instalamos en el jardín de la Ibero Puebla.

Ahora Eve Requena lo lleva en una oreja. Gracias, Eve.



La escultura la embalaron al año de haber sido instalada y al parecer la guardaron en una bodega de la universidad, no se mostró ninguna intención de volver a instalarla en un rincón más apropiado que el pórtico del auditorio principal.

Momificada pero viva, la escultura móvil envejece cada día en esa bodega, inmóvil e incapacitada para realizar su tarea con el arte y con el rostro humano, el arte del equilibrio que juega con el viento. No me parece sensato privar al arte poblano, al universitario, de esta escultura que representa a la humanidad sin distinción de sexo, si bien son las proporciones de un adulto, es un rostro que cambia continuamente de expresión, que se mueve en parsimonia, que transmite emociones. Y ahora grita desde su tumba.



Podría instalarse en un espacio abierto como un estacionamiento, un jardín o conectado a una pared blanca para la proyección de sombras nocturnas, uno de sus secretos. Enterrada en una bodega se boicotea al arte. O algo así. Supongo que no hay intención de parte de la Ibero. Simplemente la olvidaron y la dejaron ahí.


Y el escultor muere de tristeza.