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Mostrando las entradas etiquetadas como ENAH

¿Éramos civilizados? - Villa Olímpica

  Me enteré de su muerte, Daniel da Silveira, mi casero uruguayo en el departamento del edificio 3 de la Villa Olímpica. Daniel tenía costumbres higiénicas muy europeas para horror de la pudibunda Gisela, nívea puertorriqueña, fascistoide y elegante; también muy bella, estudiante de cine en el CUEC donde Daniel era profesor; Gisela odiaba a los mexicanos, pero me parece que odiaba a medio mundo; la tercera recámara la ocupaba Molgorito, alegre segundo apellido de una menuda joven rubiecita de la ciudad de México, de pelo muy cortito. Agradable, sencilla y bonita. Y yo el cuarto. Daniel Da Silveira era el anfitrión, el que rentaba el departamento, un profesor muy amable y uruguayo, muy uruguayo; melómano, lector empedernido de cuya biblioteca guardo grandes recuerdos; me serví la colección completa de novela negra de Bruguera. Revistas liberales, Play boy, etcétera; era el administrador, a él le daba mensualmente los 2.5 millones de pesos, que era el monto de la renta que pagábamo...

Paz en la tierra

El 31 de marzo de 1914 nace Octavio Paz en Mixcoac, Ciudad de México, en el seno de una familia de intelectuales revolucionarios. Su abuelo Ireneo y la Revolución le consintieron una niñez muy instructiva que combinó la literatura con el suceso histórico; por si fuera poco, su padre fue abogado de Emiliano Zapata y posteriormente vasconcelista perdedor, como todos ellos. Todas esas vivencias permiten al joven Octavio ser ya en 1937 ser una promesa literaria que, con el tiempo, a nadie defraudó. Don Octavio cumpliría el día de hoy 98 años y seguiría siendo sabio e insoportable, con toda seguridad. Es desde luego el artista más premiado de México y el que mayor influencia ha tenido en la cultura universal. Versátil intelectual, fue embajador en Francia desde 1945, donde escribe El laberinto de la soledad ; posteriormente en la India, legación a la que renuncia a raíz de la matanza de Tlaltelolco en 1968, sin dejar nunca de producir la obra poética iniciada en su juventud, paralela a una...

Lecturas del 2010

Cuatro quintas partes de los libros que tuve el gusto de leer este año provinieron de mi hermano y mis amigos, como ha ocurrido a lo largo de mi vida. La mayoría prestados, algunos de regalo. Otros fueron rezagos más o menos antiguos del librero doméstico que estaban pendientes en mi estado de ánimo; algunas relecturas y dos o tres de chambas y comprados. Desde mis veintitantos años, cuando comencé a leer con cierta regularidad, me hice el propósito de ir haciendo una ficha de cada libro que leía. Imagino que treinta años después sería interesante esa lista, pero nunca la hice (“Sí, po guevón”, en su acepción mexicana), de tal forma que autores y títulos son hoy una cortina cultural que me cubre pero a la vez me deja descubierto, como una cortina de regadera. O algo parecido. Cuando era joven recordaba la mayoría de títulos que había leído por lo menos el año anterior. Era una suerte de competencia conmigo mismo, en cierta forma los tenía clasificados y, en muchos casos, los traía ocio...

Café de chinos

Ya he platicado en este espacio la experiencia monsivaiana que tuve el gusto de vivir mientras estudiaba en la Escuela Nacional de Antropología (ENAH), fueron dos semestres medio irregulares porque él viajaba con frecuencia, pero los aguantó bien y nosotros también. Me pidió que llenara la hoja de calificaciones y le estuve recordando un buen rato a cada uno de los compañeros. ¿Ese cuál es?, me preguntaba Monsi. El chavo de barbita. Diez, respondía Monsi. Ese otro con ese nombre no puede merecer un diez. Total que repartí nueves y dieces a los compañeros y todos terminamos muy complacidos. Unos meses después de los semestres en la enah, en el verano de 1985, él estaba dando una conferencia sobre la Santa de Caborca en la casa del tiempo de la UAM en la colonia Condesa, cuando empezó a llover; el techo es de lámina y Monsi tuvo que suspender su charla porque el aguacero se puso insoportable. Anunció una prórroga de cinco minutos y todo el salón se distendió. Monsi bajó del podio y ca...

Resortes ocultos

Cuando estudiaba en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), en los años ochenta, Octavio Paz se atrevió a emitir unos juicios críticos sobre los antropólogos, la escuela en su conjunto reaccionó con indignación, incapaz de meditar en las palabras del escritor. Lo llenamos de vituperios y lo menos que le dijimos fue que era un aliado de Televisa, vocero de la derecha y cosas por el estilo. Muy pocos o ninguno leyó críticamente sus argumentos, por desgracia. Recuerdo que, entre lo más hiriente, Paz decía que la escuela se había convertido en una pasarela de modas de una clase media hippiosa y que todo se discutía ahí, menos la antropología mexicana. Yo terminaba entonces la carrera y buscaba afanosamente quién me dirigiera la tesis de, por cierto, antropología mexicana. No encontré ningún maestro interesado, ni ahí ni el Ciesas, donde por supuesto había algunos estudiosos del tema, pero que no tenían tiempo para un estudiante de licenciatura. Me dediqué entonces a ver a nu...

Monsi y yo

A mediados de 1984 se publicó un libro de chismes llamado Juan Gabriel y yo, que mostraba al Divo de Juárez en una cama muy contento y bien acompañado por el autor. Durante ese año tomamos una materia con Monsiváis y nos burlábamos de hacer un balance del curso con el nombre de Monsi y yo, la portada iría ilustrada con una buena caricatura del Monsi, de las muchas que, entonces como ahora, realizan los mejores dibujantes de México. Pero no hicimos ningún balance, tarea ni nada académico en los dos semestres que duró el periplo por la geografía de este famoso autor, que a diferencia de Juan Gabriel, no llegó a la cama y menos a los tribunales. Nos reunimos una vez a la semana durante dos semestres en la escuela de restauración de Churubusco –“cerca de una estación del metro”, condicionó Monsi cuando hablamos del lugar. Leímos autores alemanes sobre cuestión nacional y nos hizo muchas recomendaciones de lecturas mexicanas. Nos preguntó sobre los Magníficos y su libro crítico a la antro...