Lograda la restauración de la República, el país había expulsado a los invasores extranjeros pero sufría conflictos de armas prácticamente en todo el territorio, el talón de Aquiles de las comunicaciones eléctricas, como el telégrafo, que dependen del buen estado de sus instalaciones a la intemperie. El pan de cada día en la República Restaurada eran las comunicaciones suspendidas por robo de alambre, destrucción de postes, asalto y matanza de constructores. Instalar una línea telegráfica, con el consiguiente desembolso particular o federal, era un riesgo que pocos estaban en condiciones de afrontar. En consecuencia, los gobiernos de Juárez y Lerdo de Tejada, entre 1867 y 1872, se dedicaron a sostener en pie las líneas de los territorios vigilables; el resto de la República, era indispensable que esperarse una pacificación. En 1867 –afirma Luis González y González en su ensayo El Liberalismo Triunfante–, los liberales tenían en las comunicaciones "una fe ciega en s...