Mi mamá odiaba a Pancho Villa. Decía que había matado a su abuelo Candelario Rocha y que por eso lo odiaba. También porque era un asesino, un forajido, un asaltante, un mujeriego y un chillón. Toda esa carga de sentimientos me hizo percibir a Villa, desde pequeño, como un ser extrañamente asociado a mi vida. Y aún hoy no estoy seguro de entender mis sentimientos hacia él: jefe de la División del Norte y asesino de mi bisabuelo. En la muerte de Candelario Rocha parece que no existe confusión. Lo mataron en un ataque villista, aunque nunca se pudo comprobar nada, pues su cuerpo no apareció. Nadie vio su cadáver. Sucedió un día del crudo invierno chihuahuense cuando la familia completa de tres miembros viajaría a la capital del Estado para alguna diligencia o de compras o de paseo. Ese día, mi abuelo Leopoldo y sus papás llegaron a la estación de trenes en San Juanito con el propósito de abordar el CH-P que los conduciría a la ciudad de Chihuahua. Pero hubo un imprevisto: habían olvidad...