En 2004 me dio varicela. Estaba a punto de cumplir 47 años. El virus inoculó primero a las niñas, y un día antes de viajar a la sierra norte de Puebla, una alta temperatura y un malestar general inundaron cada célula de mi cuerpo. Me inoculó a mí. A la semana mi cuerpo entero ostentaba cientos de granos que no me podía rascar bajo amenaza de quedar como López Dóriga. Estaba profundamente debilitado, lloré con un comercial de un brandy donde el hijo llevaba al padre una botella con motivo de su cumpleaños, o algo así. Lo que sigue es una trascripción de escritos hechos en el rigor de los 39 grados, en medio de la enfermedad, cuyo embate duró más o menos una semana, que fue cuando realicé también esos dibujos. “Cuando entré por primera vez a un maizal me sorprendió la hostilidad de los surcos. Eran mucho más grandes y lodosos de lo que hubiera imaginado. Esa imagen vuelve una y otra vez, cuando miro la condición de mi cabeza.” “Al tercer día la cabeza es el tema. L...