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Mostrando las entradas etiquetadas como Testimonio

Sobre un archivo poblano de memoria oral

Son unos carcas que están todo el día con la guerra del abuelo, con la fosa de no sé quién. Pablo Casado presidente del PP español La memoria oral juega un papel en la identidad de lo que somos hoy, su preservación estimula el proceso de valoración de un patrimonio colectivo, tanto de una comunidad como de sus individuos, pues atañe lo mismo a la psicolog í a social que a la individual. Con estas características la memoria oral resulta terap é utica. No es casual que en varios países se haya tomado a la oralidad como remedio para grandes males, como guerras y dictaduras, representa la más antigua y la más humana forma de transmisión de nuestra memoria, puesto que integra a actores sociales comúnmente omitidos en la historia de las naciones: la gente común, que generamos recuerdos de lo que hemos sido, lo que somos y lo que, quizás, seremos; con ellos obtenemos r epresentaciones del ser que ninguna historia alcanza mejor que la oral, la memoria de los individuos. Es verda...

Clínica de almas

El viernes 6 de octubre fuimos invitados mi colega Flor Coca y yo a presentar un proyecto de memoria oral en los foros de consulta que Morena han organizado en los distintos niveles de gobierno a lo largo y ancho de la república mexicana. Fuimos incluidos en la segunda mesa de trabajo dedicada a SEGURIDAD CIUDADANA Y PREVISIÓN SOCIAL, cuando yo esperaba que lo fuéramos en la cuarta, dedicada a cultura y educación. Nos presentamos puntuales y en la séptima ronda nos tocó el turno, luego de haber escuchado a seis doctores en economía y en derecho exponer, en contrastantes niveles de erudición, la problemática de la inseguridad nuestra de cada día y sus muy difíciles soluciones, pues se abarca desde el vecino vigilante que en los pueblos deciden vigilar y castigar ahí mismo, hasta las grandes operaciones contra el crimen organizado. Contra lo que podría suponerse nuestros predecesores no calentaron la plaza, quizás porque los mexicanos estamos un poco hartos de tanta sangr...

El cielo

Mi amiga es católica de cierta profundidad. La última vez que la vi nuevamente inquirió sobre mi fastidioso ateísmo –más bien agnosticismo. No me oye–; volvió a preguntarme si ni la cercanía de la muerte me hacía considerar la existencia del cielo. Una indirecta para señalar mi edad, que ha alcanzado la senectud Le respondí con una pregunta. ¿Dónde crees que está tu papá, mi tío Livio? En el cielo, por supuesto -respondió a bote pronto-. ¿Qué crees que está haciendo? No tengo idea –me respondió tras una larga pausa–. Objetivamente, qué podrá estar haciendo Livio Manzanares en el imaginario cielo rodeado de nubes. Ojalá esté tocando su trompeta todo el día. Así es, el cielo sirve al humor y a la poesía -afirmé convencido de que mi agnosticismo está sustentado en la ciencia de la probabilidad. Borges afirmó que le parecía tediosa la idea de una eternidad, se aburriría rápidamente de seguir siendo Borges toda la eternidad. Mi amiga no supo qué decir. Tampoco dije nada. D...

Confesión de piedra

Como es de esperarse, en Puebla existen multitud de leyendas protagonizadas por curas o monjas; algunas son la misma leyenda con algunas variaciones y casi siempre los religiosos son víctimas de algo o alguien que les procura algún perjuicio, engaño o robo. La historia me la contó Francisco Jiménez. Esta es una historia sobre el bulevar 5 de mayo, por el barrio de Analco, donde hay una cruz de piedra cerca de un parque y trata de la historia de un sacerdote que, a finales de 1700, muy tarde en la noche, en el momento en que llegaba a su parroquia, una persona lo abordó solicitándole escuchar una confesión. -        Padre, quiero confesarme -        Claro que sí, hijo, con todo gusto –le dijo el sacerdote–. -        Quiero confesarme –repitió el hombre–. -        Vamos a la parroquia. Pero esta persona le dijo que no, que tenía que ser ahí, en la c...

Los líderes todo lo deforman

Esta foto se la tomé en el zócalo de Puebla, junto al asta bandera, donde Delfino Flores Melga con sus 90 años a cuestas protestaba frecuentemente por diferentes causas sociales derivadas en alguna de las colonias que él ayudó a fundar en los cordones populares de la ciudad. Sucedió muy poco antes de que el gobierno de Rafael Moreno Valle lo encarcelara sigilosamente y lo dejara morir en una helada celda acusado de despojo de un predio que un particular reclamaba como suyo pero que nunca pudo demostrar. No importaba la razón, por su edad, don Delfino, por ley, no debía estar detenido sino bajo arraigo domiciliario. Un buen día lo agarré de buenas y nos metimos en un café donde me platicó muchos detalles de su vida en una larga plática. Te comparto un fragmento. Don Delfino Flores Melga: Voy a platicarte cómo empecé yo ¿verdad? Yo nací en la Hacienda la Noria ¿sabes dónde está? Bueno, ahí tú sabes que, como toda persona que nace en una hacienda lleva una vida de trabaj...

El fólder

La cita con Martha Erika Alonso me la concedieron para un jueves a las cinco. Estuve puntual. Iba a hablarle de un proyecto urgente que llevaba en un fólder que había llamado El oficio hace al maestro , poco original pero muy preciso sobre memoria oral de los artesanos poblanos. Puebla es considerado uno de los estados con mayor producción artesanal del país. Esta actividad comprende dos grandes apartados: artesanías de origen colonial, resultado del sincretismo entre las culturas europeas y americana, y las que son artesanías de origen prehispánico o eminentemente indígenas. Pensaba decirle lo magnífico que sería tener una valoración de primera mano en cada una de estas actividades, un testimonio, sobre todo porque es indiscutible que la actividad artesanal se extingue vertiginosamente y cada vez hay menos candidatos para dedicarse a la artesanía, una actividad muy fina para tan pobres dividendos, pues se gana muy poco con ella; fracasó el modelo económico propuesto por e...

Por eso nos casamos

A mi marido lo conocí porque no vivía aquí y nunca coincidíamos. Francamente no coincidíamos. Y “te vamos a presentar a mi hermano, te vamos a presentar a mi hermano” y yo nunca acababa de conocer al hermano de mis amigas que vivían en la 5 Sur. “Pero te advertimos que es muy enamorado, si te llega a hablar no le hagas caso porque tiene muchas novias, es muy enamorado. Y tiene mucha suerte porque las muchachas le hablan mucho”. Y luego a veces me decían: “espéranos tantito, nomás nos acabamos de arreglar y nos vamos, ya tenemos permiso”. Bueno. “Por ahí contesta el teléfono”.  ¡Ring! era una amiguita: -         ¿No está Rafael...? -       No. -        ¿A qué horas llega? -       Pues no, no le doy razón. Ahorita no hay quien conteste, yo no sé. “Pues son sus amigas, te digo que lo buscan mucho. No le vayas a hacer caso.” Total que pasaron como seis meses para que conociera yo al he...

Una leyenda de azúcar

La leyenda de la Casa del Alfeñique tiene que ver directamente con el amor y los caprichos del amor. Se cuenta que en algún momento del periodo colonial un señor de apellido Morales estaba perdidamente enamorado de una señorita de nombre Ana, que era dulce como un alfeñique que es un dulce tradicional poblano basado en azúcar en pasta. Alfeñique es una palabra que proviene del sánscrito: phañita , que significa azúcar, pero fueron las costumbres árabes que traían en cantidad los españoles los que la introdujeron a América como alfeñique. El ejemplo más claro para identificar al alfeñique son las calaveras de azúcar, que en efecto están hechas con una pasta fabricada con el dulce y moldeadas con las manos como si fuera barro. Esto quiere decir que en la elaboración del alfeñique se juntaron muchas costumbres y habilidades provenientes de diversas culturas, lo que en la antropología llaman sincretismo. De esta forma el alfeñique tiene raíces árabes, españolas y por supuesto meso...

Un poblano muy memorioso

Uno de los pocos informantes (llamémosle) profesionales sobre el tema de la memoria poblana que he cultivado por casi tres décadas fue Pedro Ángel Palou Pérez, autor de libros de historia, profesor de varias generaciones de poblanos, funcionario de la cultura, cronista y amante de la plática y de los recuerdos como pude comprobarlo el día que lo visité en su oficina en las profundidades de la Casa de la Cultura. Era un poblano muy memorioso, a pesar de no haber nacido en Puebla, tal como fue su primera revelación, como nos suele ocurrir aquí a los fuereños. Don Pedro murió la noche de ayer a los 85 años, q.p.d. Esto fue lo que me platicó en aquella ocasión. Yo nací en Orizaba, vine a los 11 años interno a Puebla, y aquí me quedé hasta ahorita, aquí me casé. Era 1944-45, el internado estaba en la 9 Poniente, atrás de lo que es hora es avenida Juárez, que era entonces avenida de La Paz. Yo vine a estudiar al Instituto Oriente como interno, veníamos al centro caminando desde la 9...

Muertos tempranos

Un día se murió el esposo de nuestra vecina Vitola, estaba recién casada; el hombre se ahogó en una laguna y su féretro fue instalado frente a nuestra casa, lo que resultó irresistible tratándose del primer muerto de mi vida. Me hice acompañar de uno de mis primos y entramos a verlo en su caja de muerto. No lo reconocí, estaba hinchado y amoratado. Alejandro Rivera Domínguez recuerda ese momento infantil en el que nos vemos precisados enfrentar la muerte de alguien conocido, no lo suficiente para vivir la pena, pero sí conocido porque lo veía en la calle frecuentemente. De la tragedia pasa a la felicidad de aquella ciudad de los años 60. Alejandro:  Un día en el mercado del Carmen, que era un tianguis, tiré una lata de gelatinas. ¡Cómo me acuerdo! Mi mamá tuvo que pagar 3.75 centavos de gelatina, y por supuesto que me llevé una paliza tremenda. Era una lata que tenía, no sé, una lata de manteca aplanada y ahí ponían las gelatinas. Entonces las tiré todas. Bueno, er...

No somos perennes

En los inicios de la década de los años cincuenta, Puebla y el país saborearon otra clase de objetos y circunstancias que no existían antes de la segunda guerra mundial, concluida cinco años antes; los habitantes de la capital del Estado se habían modernizado de muchas formas, pero la modernidad sobrellevaba también novedosos rudimentos que se usaban en un moderno uso del poder, una moderna represión militar, las telecomunicaciones satelitales, las olimpiadas y las crisis económicas de un país con finanzas sanas. Ahí es donde corre este relato de Don Rafael Moreno Serrano, cuando una serie de infaustos eventos lo dejaron sin chamba. A raíz de eso, a los 29 años, ingresó al servicio de la policía federal. Mi madre, más grande, no necesitaba ya de hombre para vivir con él, entonces yo era el señor de la casa, llegaba yo con mi salario y le daba para su necesidad. Mi madre, para ayudarme, en la puerta del zaguán, hacía un tonel así de tamales y se ponía a vender. ¡Cómo vendía!, y...

El Sputnik en Puebla

En octubre de 1957, hace ya 60 años, los soviéticos sorprendieron al mundo al lanzar al espacio el primer satélite artificial de la historia. Todos estaban muy entretenidos en cualquier otra cosa, es especial los estadounidenses, de modo que el Sputnik los agarró con los dedos en la puerta. Uno de mis informantes poblanos favoritos, Alejandro Rivera Domínguez, interesado desde pequeño en esas cosas, narra lo que se vivió aquí con aquel acontecimiento. "Cuando lanzaron el Sputnik en mi familia fue todo un acontecimiento. Fue tan impresionante, que todos creímos vivir un momento determinante de la humanidad. ¡Han puesto un artefacto en el espacio! "En 1905 me llevaron a ver el primer foco eléctrico en la ciudad, en el Carolino –nos contaba mi abuela Angelina Osorio Linares–. Estaba la banda municipal y el señor presidente municipal que fue quien dio el clic. Vimos el foco. Ay mi´jo, mi´jo, esto es grande. Una sorpresa enorme para todos. Vi el foco y ahora cosas en e...

Aquellos bailes de aquella Puebla

Esta reunión nunca existió, los contertulios es probable que nunca se conocieran entre ellos, eran jóvenes poblanos entre los años 30 y 40 del siglo XX y estos recuerdos fueron recuperados independientemente cuando todos ellos ya eran ancianos. Pertenecen a más de una generación que fue testigo de la transformación de Puebla, de ser una pequeña ciudad típicamente provinciana donde el cine y los bailes eran las dos únicas diversiones de las jóvenes parejas –fuera de las cuales nada o casi nada estaba permitido–, en la metrópoli multitudinaria que habitamos. Pero, cuidado, no caigas en la tentación de imaginar que Puebla era un pueblito. No, era una ciudad de un cuarto de millón de habitantes, una de las más grandes y modernas de México, cosmopolita a su manera con todos los servicios modernos disponibles. Ahora los reúno en esta falsa entrevista, una suerte de alegoría, para que nos cuenten sus contrastantes visiones de aquella diversión nocturna: los bailes, el baile, cont...