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El fólder


La cita con Martha Erika Alonso me la concedieron para un jueves a las cinco. Estuve puntual. Iba a hablarle de un proyecto urgente que llevaba en un fólder que había llamado El oficio hace al maestro, poco original pero muy preciso sobre memoria oral de los artesanos poblanos.

Puebla es considerado uno de los estados con mayor producción artesanal del país. Esta actividad comprende dos grandes apartados: artesanías de origen colonial, resultado del sincretismo entre las culturas europeas y americana, y las que son artesanías de origen prehispánico o eminentemente indígenas.

Pensaba decirle lo magnífico que sería tener una valoración de primera mano en cada una de estas actividades, un testimonio, sobre todo porque es indiscutible que la actividad artesanal se extingue vertiginosamente y cada vez hay menos candidatos para dedicarse a la artesanía, una actividad muy fina para tan pobres dividendos, pues se gana muy poco con ella; fracasó el modelo económico propuesto por el indigenismo y posteriormente con Fonart, desde el gobierno de Echeverría, a pesar de que tuvo importantes encuentros, los gremios artesanales desaparecieron de la ciudad de Puebla pero sigue débilmente en los pueblos, en algunas circunstancias no han cambiado mucho en los últimos cincuenta años. Ponga por caso los alfareros de Tenextatiloyan.

Pan tradicional, cerámica, ebanistas y carpinteros de los de antes, ya no hay. Hoy los gremios de los artesanos han cambiado. En congruencia con un interés personal, me acerco a ustedes para señalar un interés colectivo, una necesidad, nunca una ocurrencia. Esperaba que llamara su atención, que podría interesarle.

Vengo, pues, con la propuesta de producir un libro patrocinado por el gobierno, por el DIF, por usted, sobre la experiencia directa de un grupo interdisciplinario de artesanos poblanos, personas maduras y ancianas. El panorama actual de la situación que guarda una docena de oficios severamente golpeados por una incomprendida modernidad que los ha segregado del interés comercial y cultural. Pero además es una artesanía estancada, no como la oaxaqueña, que cada año te sorprende con nuevas cosas; aquí los artesanos desaparecen y las artesanías que sobreviven repiten eternamente sus modelos. ¿Pero, qué tan grande es esa crisis? Esa es la respuesta que deberíamos obtener con esta iniciativa. Como verá , esto es crucial.


Mi propuesta contempla entrevistar a ceramistas, ebanistas, panaderos, dulceros, herreros, cocineros, jugueteros, etc. Por múltiples razones, la actividad artesanal pierde paulatinamente terreno frente a las manufacturas. Es necesario recoger esa memoria antes que desaparezca, aunque sea en papel, interesante para interesados en la cultura popular mexicana. La memoria fortalece el proceso cultural de las actividades artesanales, preservando los recuerdos de los maestros artesanos que también ayuda a sus procesos productivos al consignar esas experiencias para futuras generaciones de artesanos.

Iba a decirle a la esposa del gobernador sobre mi interés en seguir una saga de testimonios poblanos, que ha ido tomado forma con el tiempo y ha mantenido una continuidad alrededor de la oralidad; he grabado, transcrito y editado unas doscientos cincuenta entrevistas de fondo en sesenta locaciones del estado y otros puntos de la geografía nacional; mucho de ese material ha formado parte de libros como el de los ancianos poblanos de Los barrios de Puebla, publicado por el Consejo del Centro Histórico en 2002; otro de maestros que hablan de sus experiencias en los pueblos y sierras del estado (Memoria magisterial, SEP, 2004), Cien años de recuerdos poblanos, publicado por la BUAP en 2011; colaboré con Artes de México en Lo que nos queda en el corazón, sobre educación Indígena, SEP, 2011 y con ellos mismos Los saberes itinerantes, sobre familias de migrantes domésticos, SEP, 2012; otros libros inéditos, pero terminados: Ver para creer, memoria testimonial de una comunidad forestal de Oaxaca, 2013; Oye Olla, de alfareros de San Miguel Tenextatiloyan, 2012, Ambulantes, memoria la UPVA “28 de Octubre”, 2014 y últimamente una alegoría de ancianos habitantes de la ciudad de Puebla en El club de los recuerdos, 2017. Sobre los últimos cinco no podría habérselo dicho a la señora Alonso porque todavía no ocurrían, pero sí que tenía y tengo la intención y el interés de seguir con esta labor de recuperación de la memoria urbana y campesina a través de la oralidad. Interés que no comparte ningún gobierno, por cierto. He tocado todas las puertas, la de dios y la de satanás, pero a los gobiernos no les interesa recordar ¿para qué?


En ese momento una secretaria me señaló que me recibiría una funcionaria de La casa del abue, que me escuchó muy amable y me dijo que no podía hacer nada. Recogí mi fólder y me fui caminando.

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