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Mostrando las entradas etiquetadas como Leyendas

El cielo

Mi amiga es católica de cierta profundidad. La última vez que la vi nuevamente inquirió sobre mi fastidioso ateísmo –más bien agnosticismo. No me oye–; volvió a preguntarme si ni la cercanía de la muerte me hacía considerar la existencia del cielo. Una indirecta para señalar mi edad, que ha alcanzado la senectud Le respondí con una pregunta. ¿Dónde crees que está tu papá, mi tío Livio? En el cielo, por supuesto -respondió a bote pronto-. ¿Qué crees que está haciendo? No tengo idea –me respondió tras una larga pausa–. Objetivamente, qué podrá estar haciendo Livio Manzanares en el imaginario cielo rodeado de nubes. Ojalá esté tocando su trompeta todo el día. Así es, el cielo sirve al humor y a la poesía -afirmé convencido de que mi agnosticismo está sustentado en la ciencia de la probabilidad. Borges afirmó que le parecía tediosa la idea de una eternidad, se aburriría rápidamente de seguir siendo Borges toda la eternidad. Mi amiga no supo qué decir. Tampoco dije nada. D...

Confesión de piedra

Como es de esperarse, en Puebla existen multitud de leyendas protagonizadas por curas o monjas; algunas son la misma leyenda con algunas variaciones y casi siempre los religiosos son víctimas de algo o alguien que les procura algún perjuicio, engaño o robo. La historia me la contó Francisco Jiménez. Esta es una historia sobre el bulevar 5 de mayo, por el barrio de Analco, donde hay una cruz de piedra cerca de un parque y trata de la historia de un sacerdote que, a finales de 1700, muy tarde en la noche, en el momento en que llegaba a su parroquia, una persona lo abordó solicitándole escuchar una confesión. -        Padre, quiero confesarme -        Claro que sí, hijo, con todo gusto –le dijo el sacerdote–. -        Quiero confesarme –repitió el hombre–. -        Vamos a la parroquia. Pero esta persona le dijo que no, que tenía que ser ahí, en la c...

Una leyenda de azúcar

La leyenda de la Casa del Alfeñique tiene que ver directamente con el amor y los caprichos del amor. Se cuenta que en algún momento del periodo colonial un señor de apellido Morales estaba perdidamente enamorado de una señorita de nombre Ana, que era dulce como un alfeñique que es un dulce tradicional poblano basado en azúcar en pasta. Alfeñique es una palabra que proviene del sánscrito: phañita , que significa azúcar, pero fueron las costumbres árabes que traían en cantidad los españoles los que la introdujeron a América como alfeñique. El ejemplo más claro para identificar al alfeñique son las calaveras de azúcar, que en efecto están hechas con una pasta fabricada con el dulce y moldeadas con las manos como si fuera barro. Esto quiere decir que en la elaboración del alfeñique se juntaron muchas costumbres y habilidades provenientes de diversas culturas, lo que en la antropología llaman sincretismo. De esta forma el alfeñique tiene raíces árabes, españolas y por supuesto meso...

La dulce leyenda del camote

Margarita Guevara me contó esta historia que he escuchado en media docena de versiones; cambian muy poco, pues todas se refieren a esa dulce variedad de camote cocinado que en las dulcería de la 6 oriente adquieren un abanico de sabores, formas y colores tan encantadores como su sabor. Esta es la leyenda. Esta es una historia que nos remite a un lugar cercano a Puebla en donde se cultivaba –y se sigue cultivando- el camote, que puede ser Atlixco, Huaquechula, San Pedro o San Andrés Cholula, en donde existía un pequeño convento campirano cuyas monjitas fueron víctimas de una broma. Una novicia decidió hacerle una broma a su amiga, la monja de la cocina. Sobre uno de los casos que aquella había dejado al fuego, la novicia echó unos camotes a sabiendas de que se haría una pasta poco apetecible que además era muy difícil de lavar; para complicar más la cosa, le echó una taza de azúcar que la cocinera tenía preparada para la elaboración de un dulce, y claro, salió corriendo. ...

Chiles en nogada

La leyenda de los chiles en nogada tal vez no sea propiamente una leyenda sino historia, simplemente, puesto que no hay nada excepcional excepto el talento y el arte culinario depositados en ellos. Viene al caso porque ha iniciado en Puebla la esperada temporada de chiles en nogada, una tradición excelsa y exquisita que me ha contado para un proyecto llamado preventivamente Leyendas poblanas vueltas a contar , Ernestina Madrid Cáceres. La historia de los chiles en nogada no comienza en un convento, sino en una casa de la ciudad de Puebla que pertenecía a tres señoritas hermanas que tenían gran amistad con las religiosas. Ellas llevaban noviazgos formales con tres oficiales del ejército trigarante, que en esos días de 1821 había entrado triunfal a la ciudad de México. Un día de principios del mes de agosto, los novios de las señoritas les preguntaron de qué forma podrían recibir en Puebla al generalísimo Iturbide, pues tenía planeado visitar la ciudad; que en opinión de ell...