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Café de chinos

Ya he platicado en este espacio la experiencia monsivaiana que tuve el gusto de vivir mientras estudiaba en la Escuela Nacional de Antropología (ENAH), fueron dos semestres medio irregulares porque él viajaba con frecuencia, pero los aguantó bien y nosotros también. Me pidió que llenara la hoja de calificaciones y le estuve recordando un buen rato a cada uno de los compañeros. ¿Ese cuál es?, me preguntaba Monsi. El chavo de barbita. Diez, respondía Monsi. Ese otro con ese nombre no puede merecer un diez. Total que repartí nueves y dieces a los compañeros y todos terminamos muy complacidos. Unos meses después de los semestres en la enah, en el verano de 1985, él estaba dando una conferencia sobre la Santa de Caborca en la casa del tiempo de la UAM en la colonia Condesa, cuando empezó a llover; el techo es de lámina y Monsi tuvo que suspender su charla porque el aguacero se puso insoportable. Anunció una prórroga de cinco minutos y todo el salón se distendió. Monsi bajó del podio y caminó por el pasillo central, pasaría a mi lado, tal vez me reconocería, pensé. Me puse nervioso como una quinceañera. No sólo me reconoció, sino que venía a reunirse conmigo. Hola. ¿Qué andas haciendo tú aquí? Escuchándote. Por cierto, me atreví a decirle, pronuncias Tómochic cuando lo correcto es Tomochic. Se me quedó viendo sonriente. Vamos a ir Alejandro y yo a tomar un café, ¿quieren venir Ruth y tú? Encantados, claro. La lluvia amainó y Monsi volvió a su charla sobre la santa sonorense, el regalo de su inteligencia esa noche me brindó una enseñanza para toda la vida. No dudó en corregir la pronunciación de Tomochic y así lo hizo el resto de la conferencia. Él creía en la gente y sabía que yo era de Chihuahua; entendí su confianza por lo local como su referencia principal, su fuente primaria. Me sentí profundamente conmovido. Ruth y Ale eran compañeros de Historia en la ENAH, Monsi y yo éramos sus parejas. Fuimos al café de chinos de Álvaro Obregón y Monsi estuvo hablando toda la noche del poeta Kadafis y de que la única opción realista era la democracia. Salimos en la noche y caminamos por el camellón de esa bonita avenida de la Condesa. Ruth murió hace 22 años, Monsi ha muerto. Ahora son recuerdos.

Foto El Universal on line (detalle)

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